lunes, 19 de mayo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 139

LECCIÓN 139

Aceptaré la Expiación para mí mismo.

1. Con esto se acaban todas las decisiones. 2Pues con ésta lección llegamos a la decisión de aceptarnos a nosotros mismos tal como Dios nos creó. 3¿Y qué es elegir sino tener incertidumbre con res­pecto a lo que somos? 4No hay duda que no esté arraigada en esto. 5No hay pregunta que no sea un reflejo de ello. 6No hay conflicto que no entrañe la simple pregunta: "¿Qué soy?"

2. Mas ¿quién podría hacer esta pregunta sino alguien que se ha negado a reconocerse a sí mismo? 2Sólo esta negativa a aceptarte a ti mismo es lo que hace que la pregunta parezca sincera. 3Lo único que cualquier cosa viviente puede saber con certeza es lo que ella es. 4Desde esta perspectiva de certeza, contempla otras cosas que tienen tanta certeza como ella misma.

3. Tener incertidumbre con respecto a lo que indudablemente eres es una forma de auto-engaño tan monumental, que es difícil concebir su magnitud. 2Estar vivo y no conocerte a ti mismo es creer que en realidad estás muerto. 3Pues, ¿qué es la vida sino ser lo que eres? 8¿qué otra cosa sino tú podría estar viva en tu lugar? 4¿Quién es el que duda? 5¿De qué es de lo que duda? 6¿A quién le pregunta? 7¿Quién le puede responder?

4. Está simplemente declarando que él no es quien realmente es y, por lo tanto, al creer ser otra cosa, se convierte en inquisidor de lo que esa otra cosa es. 2Sin embargo, no podría estar vivo si no supiese la respuesta. 3Si pregunta como si no supiese, ello es señal de que no quiere ser lo que es. 4Mas él ha aceptado lo que es, puesto que vive; también ha juzgado contra ello y negado su valor; y ha decidido que desconoce la única certeza mediante la cual vive.

5. De esta manera, se vuelve inseguro con respecto a su vida, pues lo que ésta es, él mismo lo ha negado. 2Esta negación es lo que hace que tengas necesidad de la Expiación. 3Tu negación no cambió en nada lo que eres. 4Pero tú has dividido tu mente en dos partes: una que conoce la verdad y otra que no. 5Tú eres tú mismo. 6De esto no hay duda. 7Sin embargo, lo dudas. 8Mas no te preguntas qué parte de ti es la que puede realmente poner en duda lo que eres. 9Aquello que hace esa pregunta no puede real­mente ser parte de ti. 10Pues le hace la pregunta a alguien que sabe la respuesta. 11Mas si fuese parte de ti, entonces la certeza sería imposible.

6. La Expiación pone fin a la extraña idea de que es posible dudar de ti mismo y no estar seguro de lo que realmente eres. 2Esto es el colmo de la locura. 3Sin embargo, es la pregunta universal del mundo. 4¿Qué puede eso significar sino que el mundo está loco? 5¿Por qué compartir su locura aceptando la desafortunada creen­cia de que lo que aquí es universal es verdad?

7. Nada de lo que el mundo cree es verdad. 2Pues el mundo es un lugar cuyo propósito es servir de hogar para que aquellos que dicen no conocerse a sí mismos puedan venir a cuestionar lo que son. 3seguirán viniendo hasta que se acepte la Expiación y aprendan que es imposible dudar de uno mismo, así como no ser consciente de lo que se es.

8Lo único que se te puede pedir es tu aceptación, pues lo que eres es algo incuestionable. 2Lo que eres fue establecido para siempre en la santa Mente de Dios y en la tuya propia. 3Está tan lejos de cualquier duda o de que se cuestione que inquirir lo que debe ser es prueba suficiente de que crees en la contradicción de que no sabes aquello que es imposible que no sepas. 4¿Es esto una pregunta, o bien una afirmación que se niega a sí misma? 5No sigamos tolerando que nuestras santas mentes se entretengan en semejantes insensateces.

9. Tenemos una misión aquí. 2No vinimos a reforzar la locura en la que una vez creímos. 3No nos olvidemos del objetivo que acep­tamos. 4Vinimos a alcanzar mucho más que nuestra propia felici­dad. 5Lo que aceptamos ser, proclama lo que todo el mundo no puede sino ser junto con nosotros. 6No les falles a tus hermanos, pues, de lo contrario, te estarás fallando a ti mismo. 7Contémpla­los con amor, para que puedan saber que forman parte de ti y que tú formas parte de ellos.

10. Esto es lo que la Expiación enseña, y lo que demuestra que la unidad del Hijo de Dios no se ve afectada por su creencia de que no sabe lo que es. 2Acepta hoy la Expiación, no para cambiar la realidad, sino simplemente para aceptar la verdad de lo que eres, y luego sigue tu camino regocijándote en el infinito Amor de Dios. 3Esto es lo único que se nos pide hacer. 4Esto es lo único que haremos hoy.

11. Dedicaremos cinco minutos por la mañana y cinco por la noche a tener presente nuestro cometido de hoy. 2Comenzaremos con este repaso acerca de nuestra misión:

3Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó.

4No hemos perdido el conocimiento que Dios nos dio cuando nos creó semejantes a Él. 5Podemos recordarlo por todos, pues en la creación todas las mentes son una. 6Y en nuestra memoria yace el recuerdo de lo mucho que en verdad amamos a nuestros hermanos, de lo mucho que cada mente es parte de nosotros, de cuán fieles nos han sido realmente y de cómo el Amor de nuestro Padre los incluye a todos.

12. Como muestra de gratitud por toda la creación, y en el Nombre de su Creador y de Su Unidad con todos los aspectos de la crea­ción, reiteramos hoy nuestra dedicación a nuestra causa cada hora, dejando a un lado todos los pensamientos que nos pudiesen desviar de nuestro santo propósito. 2Durante varios minutos deja que tu mente quede libre de todas las disparatadas telarañas que el mundo quiere tejer en torno al santo Hijo de Dios. 3Y date cuenta de lo frágiles que son las cadenas que parecen mantener fuera de tu conciencia el conocimiento de ti mismo, según repites:

4Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección nos coloca ante la pregunta fundamental: ¿Qué soy?

Y el Curso no permite que la respondamos desde la costumbre, ni desde la biografía, ni desde el cuerpo. Nos lleva directamente al origen. Porque lo que somos sólo puede comprenderse a la luz de Quién nos creó.

Si Dios es nuestra Fuente, no podemos ser distintos de Él en naturaleza. La creación no fabrica opuestos a su origen. Por tanto, si Dios es Amor, nosotros no podemos ser miedo. Si Dios es eterno, nosotros no podemos ser temporales en esencia. Si Dios es Espíritu, nuestra identidad no puede ser material.

Cuando intentamos responder a la pregunta “¿qué soy?” desde la percepción física, el resultado es inevitablemente parcial. El ego define identidad a partir de lo que ve, siente y piensa: Soy un cuerpo que actúa. Soy una mente que piensa. Soy un conjunto de emociones que cambian.

Pero todo eso es variable. El cuerpo cambia. Las emociones cambian. Los pensamientos cambian. Y lo que cambia no puede ser nuestra identidad eterna.

El Curso es claro en este punto: lo que es real es inmutable.

Desde la perspectiva del ego, podríamos decir que somos un conjunto de “vehículos”: físico, emocional y mental. Pero esos vehículos son instrumentos, no el Ser.

Son formas de experiencia dentro del tiempo. No son la sustancia eterna que somos.

Confundirnos con ellos es el origen de la separación. Porque cuando me identifico con lo cambiante, inevitablemente me percibo vulnerable. Y lo vulnerable necesita defensa.

El Curso nos conduce a una afirmación radical: Somos tal como Dios nos creó.

Eso significa que soy Espíritu. Amor. Inocencia. Plenitud. Unidad.

No somos una mezcla de luz y sombra. No somos mitad espíritu y mitad cuerpo. No somos entidades en proceso de perfeccionamiento.

Somos creación perfecta que parece haber olvidado su origen.

La creencia en la separación surge cuando la mente interpreta erróneamente su experiencia temporal y la convierte en identidad. Entonces se hace necesaria la Expiación, que no es castigo ni reparación, sino corrección de percepción.

La Expiación nos recuerda que el error no alteró la realidad. La identidad no cambió. La Unidad no se fragmentó. Lo único que ocurrió fue una interpretación equivocada.

La lección 139 nos invita a hacer algo más que comprender intelectualmente. Nos invita a afirmar interiormente nuestra identidad real. No como un acto de arrogancia, sino de reconocimiento. No como un logro personal, sino como aceptación de lo que ya es.

Cuando la mente descansa en esa certeza, aunque sea por un instante, algo profundo se aquieta. No necesitamos demostrar nada. No necesitamos defender nada. No necesitamos mejorar nuestra esencia. Porque la esencia nunca estuvo dañada.

La pregunta “¿qué soy?” no se responde describiendo lo que hago o lo que siento. Se responde recordando de dónde procedo. Y si procedo de Dios, entonces mi identidad es espiritual, eterna e indivisible.

Todo lo demás —pensamientos, emociones, cuerpo— son medios de experiencia dentro del sueño. No son el soñador.

La lección 139 nos invita a despertar suavemente a esa verdad: No soy lo que cambia.  No soy lo que nace y muere.

No soy lo que teme. Soy tal como Dios me creó.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

El sentido profundo de esta lección es restaurar la certeza del Ser.

La Expiación no repara algo roto. No corrige una culpa real.
No cambia una naturaleza caída.

Deshace una idea: “Tal vez no soy lo que Dios creó.”

El mundo entero está construido sobre esa duda.

La mente que no sabe lo que es pregunta sin cesar. Se compara. Se defiende. Se fragmenta. Busca identidad en el cuerpo, en los logros, en el reconocimiento.

Aceptar la Expiación es terminar con la búsqueda.

Es aceptar: “Soy tal como Dios me creó.” Y en esa aceptación, toda decisión cesa.

EJES DOCTRINALES CENTRALES:

La raíz del conflicto es la duda sobre la identidad: Toda pregunta es un eco de: ¿Qué soy?

La división mental: Una parte conoce la verdad. Otra parte la niega. La Expiación corrige esta escisión.

La identidad no puede cambiar: La negación no altera la realidad. Solo altera la percepción.

El mundo es el escenario de la duda: El mundo existe como lugar donde se cuestiona la identidad.

La Expiación es aceptación, no transformación: No te convierte en algo nuevo. Te recuerda lo que siempre has sido.

La unidad es inalterable: Las mentes no están separadas. La Filiación es una.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

El propósito de la Lección 139 es:

  • Terminar con la auto-negación.
  • Deshacer la creencia en una identidad falsa.
  • Restaurar la certeza del Ser.
  • Aceptar la unidad con todos.
  • Liberarse de la locura colectiva del mundo.

Aquí el Curso confronta el error más profundo: La creencia de que puedes no saber lo que eres.

Aceptar la Expiación es abandonar la locura de esa pregunta.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce:

• Disolución de la inseguridad existencial: La raíz de la ansiedad es la duda sobre el yo.

• Reducción del conflicto interno: Al dejar de cuestionar la identidad, cesa la división mental.

• Disminución de la necesidad de validación externa: No necesitas demostrar lo que eres si ya lo sabes.

• Liberación del autojuicio: La culpa pierde fundamento cuando la identidad es intacta.

• Restauración de la coherencia interna: La mente deja de contradecirse.

Clave psicológica: El sufrimiento nace de la auto-negación.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma:

  • La identidad fue establecida en la Mente de Dios.
  • No puede ser alterada.
  • No puede dividirse.
  • No puede perderse.
  • No puede corromperse.

La Expiación revela que:

  • La duda no tiene causa.
  • El error no tiene efectos reales.
  • La unidad jamás fue rota.
  • El Amor no ha sido interrumpido.

Aceptar la Expiación es aceptar la unidad eterna del Hijo de Dios.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Práctica formal:

Cinco minutos por la mañana.
Cinco minutos por la noche.
Y recordatorios cada hora.

Repetir: Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó.

Durante la práctica:

  • Dejar a un lado preguntas innecesarias.
  • No analizar.
  • No buscar sensaciones.
  • No intentar comprender intelectualmente.
  • Permitir que la frase actúe.

Durante el día:

Cada hora:

  • Pausa breve.
  • Soltar pensamientos distractores.
  • Reafirmar la aceptación.

No es esfuerzo. Es recordatorio.

SIGNO DE PRÁCTICA CORRECTA:

El texto no promete experiencias místicas.

La señal es más sencilla:

  • Menos conflicto.
  • Menos necesidad de definirse.
  • Más serenidad.
  • Más inclusión.
  • Más amor espontáneo hacia los hermanos.

Cuando aceptas tu identidad, ya no necesitas protegerla.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No convertir la enseñanza en arrogancia espiritual.
❌ No usarla para negar emociones humanas.
❌ No forzar comprensión intelectual.
❌ No usarla como negación del proceso psicológico.

✔ Es aceptación, no afirmación mental rígida.
✔ Es suavidad, no imposición.
✔ Es recordar, no fabricar identidad.
✔ Es permitir, no conquistar.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Después de:

  • 134 → El perdón corrige la ilusión del pecado.
  • 135 → La defensa refuerza el miedo.
  • 136 → La enfermedad es defensa contra la verdad.
  • 137 → La curación es compartida.
  • 138 → El Cielo es la única alternativa real.

La Lección 139 va aún más profundo: La única decisión real es aceptar quién eres.

Aquí el Curso desmonta la raíz de todas las decisiones: la duda sobre la identidad.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 139 enseña que: No estás perdido. No estás fragmentado. No estás separado.  No estás equivocado en tu esencia.

La única locura fue creer que no sabías lo que eres.

Aceptar la Expiación es aceptar: Nunca dejé de ser tal como Dios me creó.

Y cuando esa aceptación ocurre Terminan las decisiones. Termina la duda. Termina el conflicto y comienza la paz.

FRASE INSPIRADORA: “Al aceptarme tal como fui creado, cesa toda duda y recuerdo que nunca estuve separado de la verdad.”

Ejemplo-Guía: "Una cuestión ancestral: ¿qué soy?"

Es curioso que esta pregunta aparezca tan explícitamente en este punto del proceso. Después de haber reflexionado sobre el mundo, el significado, la ilusión, Dios, el Cielo… finalmente llegamos al núcleo: ¿Qué soy?

No es casual. El Curso no responde antes porque primero necesita preparar la mente. Necesita que aprendamos a cuestionar lo que vemos, a sospechar de nuestras interpretaciones, a reconocer que la percepción puede engañar. Solo cuando la mente comienza a soltar sus certezas puede enfrentarse a esta pregunta sin responderla automáticamente desde el ego.

A veces hablamos del camino espiritual como si fuera un trayecto hacia algún lugar. Pero, en realidad, el camino no es una distancia que recorrer; es un cambio de identidad.

El instante santo —ese momento en que la mente se aquieta y recuerda— es el verdadero camino. No conduce a lo que somos; revela lo que ya somos. No caminamos hacia el Cristo. El Cristo es nuestra identidad olvidada.

La respuesta que demos a la pregunta “¿qué soy?” determina la experiencia completa de nuestra vida.

Si creo que soy un cuerpo: Viviré para protegerlo. Buscaré bienestar en lo externo. Temeré la pérdida. Interpretaré el dolor como amenaza real. Haré del tiempo mi escenario de supervivencia.

Esta es la identidad basada en la separación. Y todo lo que nace de ella lleva implícita la vulnerabilidad.

Si recuerdo que soy Espíritu: No necesito defensa. No compito. No pierdo lo que soy. No dependo de lo temporal para ser pleno. Vivo desde la certeza de pertenecer a la Unidad.

Esta no es una meta futura; es un reconocimiento presente.

Cuando nos identificamos con el cuerpo, organizamos nuestra vida alrededor del bienestar: comodidad, éxito, posesión, reconocimiento. Pero todo bienestar corporal es inestable. Lo que hoy produce placer mañana puede perderse. Y la pérdida genera miedo.

En cambio, cuando recordamos que somos Espíritu, ya no perseguimos bienestar como meta externa. Descubrimos el Bien-ser: la experiencia interior de plenitud que no depende de circunstancias.

El Bien-ser no se alcanza; se reconoce. No se acumula; se comparte. No se defiende; se extiende.

La lección 139 nos invita a hacer una elección radical, aunque parezca simple: elegir cómo nos definimos. No se trata de repetir una frase espiritual, sino de observar desde dónde vivimos. Cada pensamiento de ataque refuerza la identidad corporal. Cada acto de perdón recuerda la identidad espiritual.

Responder “soy Espíritu” no es una afirmación poética. Es una declaración ontológica que transforma la percepción.

Si me creo cuerpo, vivo bajo la sombra de la muerte. Si me recuerdo Espíritu, vivo desde la Vida misma.

La diferencia no está en las circunstancias externas, sino en la identidad que asumo.

La pregunta ancestral no exige una respuesta intelectual brillante. Exige honestidad.

Y cuando la mente responde desde el silencio interior, sin miedo y sin defensa, descubre algo muy sencillo y profundamente liberador: No soy lo que cambia. No soy lo que teme. No soy lo que nace y muere.

Soy tal como Dios me creó.


Reflexión: ¿Ser o hacer? ¿Ser o tener?

10 comentarios:

  1. Gracias aceptaré la expiación de mi mismo.

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  2. BUEN DIA ES UN GRAN ALIBIO HABER ENCONTRADO UN CURSO DE MILAGROS EN MI VIDA..GRACIAS ACEPOTO LA EXPIACION....

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  3. Acepto la expiación para mi mismo. Gracias por todo el amor.

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  4. Soy un Santo hijo de Dios gozando de la Alegría de Ser Instrumento del Espíritu Santo🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙💙💙

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  5. Soy Santo,Soy Pleno,Soy un Abundante hijo de Dios guiado por el Espíritu Santo🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️🤍🤍🤍🤍💙💙💙✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳

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  6. Me encantan tus reflexiones, excelente complemento en cada lección, gracias

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  7. En este momento me ayuda usar el plural “somos el santo hijo de Dios”, para traer a mi conciencia mi unidad con el otro, el ser uno con mis semejantes o, mejor dicho, mis iguales.

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