viernes, 22 de mayo de 2026

Capítulo 26. VI. El Amigo que Dios te dio (1ª parte).

VI. El Amigo que Dios te dio (1ª parte).

1. Cualquier cosa en este mundo que creas que es buena o valiosa, o que vale la pena luchar por ella, te puede hacer daño y lo hará. 2No porque tenga el poder de hacerlo, sino únicamente porque has negado que no es más que una ilusión, y le has otor­gado realidad. 3Y así, es real para ti 4y no algo que no es nada. 5Y al percibirse como real se le abrieron las puertas al mundo de las ilusiones enfermizas. 6Toda creencia en el pecado, en el poder del ataque, en herir y hacer daño, en el sacrificio y en la muerte, ha llegado a ti de esa manera. 7Pues nadie puede otorgarle realidad a una sola ilusión y escaparse del resto. 8Pues ¿quién podría ele­gir quedarse sólo con aquellas ilusiones que prefiere y, al mismo tiempo, encontrar la seguridad que sólo la verdad puede confe­rir? 9¿Quién podría creer que todas las ilusiones son iguales y, al mismo tiempo, mantener que una de ellas es mejor que las demás?

Este párrafo revela una ley muy clara: no puedes hacer una ilusión real… sin hacerlas todas reales.

La mente intenta seleccionar: “esto sí es valioso”, “esto sí es importante”, “esto sí merece defensa”.

Pero en ese gesto, ocurre algo sutil: se le da realidad a la ilusión.

Y una vez que una ilusión se vuelve “real” para ti… el sistema completo entra en juego.

Mensaje central del punto:

  • Nada del mundo tiene poder por sí mismo.
  • El daño surge de otorgar realidad a la ilusión.
  • Lo que se percibe como real afecta la experiencia.
  • No se puede elegir una ilusión sin aceptar todas.
  • La creencia en el ataque nace de esa elección.
  • La seguridad solo proviene de la verdad.
  • No hay jerarquías reales entre ilusiones.

Claves de comprensión:

  • La percepción define la experiencia.
  • El valor asignado crea apego.
  • El apego abre la puerta al miedo.
  • Las ilusiones funcionan como sistema, no como partes aisladas.
  • La mente busca excepciones, pero no las hay.
  • La verdad no admite fragmentación.
  • La seguridad no puede coexistir con ilusión sostenida.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa aquello que consideras “muy importante”, “imprescindible” o “no negociable”.
  • Pregúntate con honestidad: ¿le estoy dando un valor absoluto a algo relativo?
  • No se trata de rechazar el mundo, sino de no absolutizarlo.
  • Prueba este pensamiento: “Esto puede ser útil… pero no es mi seguridad.”
  • Y también: “Nada aquí tiene el poder que le estoy dando.”
  • Eso afloja el miedo.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Hay cosas en mi vida que considero indispensables para estar bien?
  • ¿Creo que algo externo puede dañarme o salvarme?
  • ¿Estoy haciendo excepciones entre ilusiones?
  • ¿Busco seguridad en lo cambiante?
  • ¿Puedo soltar el valor absoluto que doy a ciertas cosas?

Conclusión:

No es lo que ves lo que te afecta… es lo que decides que es real.

Y cuando algo se vuelve real para ti, entra en el mismo sistema que incluye miedo, pérdida, ataque y defensa.

No puedes elegir una parte sin aceptar el todo.

Pero también ocurre lo contrario: cuando dejas de otorgar realidad… todo el sistema se debilita.

Y entonces aparece algo distinto: una seguridad que no depende de nada externo.

Frase inspiradora: “Nada me afecta por sí mismo: solo aquello a lo que doy realidad.”

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