VI. El Amigo que Dios te dio (1ª parte).
1. Cualquier
cosa en este mundo que creas que es buena o valiosa, o que vale la pena luchar
por ella, te puede hacer daño y lo hará. 2No porque tenga el poder
de hacerlo, sino únicamente porque has negado que no es más que una ilusión, y
le has otorgado realidad. 3Y así, es real para ti 4y no
algo que no es nada. 5Y al
percibirse como real se le abrieron las puertas al mundo de las ilusiones
enfermizas. 6Toda creencia en el pecado, en el poder del ataque, en
herir y hacer daño, en el sacrificio y en la muerte, ha llegado a ti de esa
manera. 7Pues nadie puede otorgarle realidad a una sola ilusión y
escaparse del resto. 8Pues ¿quién podría elegir quedarse sólo con
aquellas ilusiones que prefiere y, al mismo tiempo, encontrar la seguridad que
sólo la verdad puede conferir? 9¿Quién podría creer que todas las
ilusiones son iguales y, al mismo tiempo, mantener que una de ellas es mejor
que las demás?
Este párrafo revela una
ley muy clara: no puedes hacer una ilusión real… sin hacerlas todas reales.
La mente intenta
seleccionar: “esto sí es valioso”, “esto sí es importante”, “esto sí merece
defensa”.
Pero en ese gesto, ocurre
algo sutil: se le da realidad a la ilusión.
Y una vez que una ilusión
se vuelve “real” para ti… el sistema completo entra en juego.
- Nada del mundo tiene poder por sí mismo.
- El daño surge de otorgar realidad a la ilusión.
- Lo que se percibe como real afecta la experiencia.
- No se puede elegir una ilusión sin aceptar todas.
- La creencia en el ataque nace de esa elección.
- La seguridad solo proviene de la verdad.
- No hay jerarquías reales entre ilusiones.
Claves de comprensión:
- La percepción define la experiencia.
- El valor asignado crea apego.
- El apego abre la puerta al miedo.
- Las ilusiones funcionan como sistema, no como partes aisladas.
- La mente busca excepciones, pero no las hay.
- La verdad no admite fragmentación.
- La seguridad no puede coexistir con ilusión sostenida.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Observa aquello que consideras “muy importante”, “imprescindible” o “no negociable”.
- Pregúntate con honestidad: ¿le estoy dando un valor absoluto a algo relativo?
- No se trata de rechazar el mundo, sino de no absolutizarlo.
- Prueba este pensamiento: → “Esto
puede ser útil… pero no es mi seguridad.”
- Y también: → “Nada
aquí tiene el poder que le estoy dando.”
- Eso afloja el miedo.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Hay cosas en mi vida que considero indispensables para estar bien?
- ¿Creo que algo externo puede dañarme o salvarme?
- ¿Estoy haciendo excepciones entre ilusiones?
- ¿Busco seguridad en lo cambiante?
- ¿Puedo soltar el valor absoluto que doy a ciertas cosas?
Conclusión:
No es lo que ves lo que te afecta… es lo que decides
que es real.
Y cuando algo se vuelve real para ti, entra en el mismo
sistema que incluye miedo, pérdida, ataque y defensa.
No puedes elegir una parte sin aceptar el todo.
Pero también ocurre lo contrario: cuando dejas de
otorgar realidad… todo el sistema se debilita.
Y entonces aparece algo distinto: una seguridad que no
depende de nada externo.
Frase inspiradora: “Nada
me afecta por sí mismo: solo aquello a lo que doy realidad.”

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