sábado, 21 de enero de 2017

Principio 12: Los milagros son pensamientos.

PRINCIPIO 12

 Los milagros son pensamientos. Los pensamientos pueden representar el nivel inferior o corporal de experiencia, o el nivel superior o espiritual de experiencia. Uno de ellos da lugar a lo físico, el otro crea lo espiritual.

La afirmación “los milagros son pensamientos”, viene a afirmar el aspecto esencial de lo que somos. Dios nos ha creado a Su Imagen y Semejanza, expandiendo Su Mente. Por lo tanto, nuestra realidad viene definida por la Fuente de la que hemos sido emanados. Nada tiene existencia fuera de nuestras mentes. Podemos concluir diciendo que los milagros son pensamientos porque todo es pensamiento.

La afirmación anterior, podríamos completarla añadiendo que el milagro es el pensamiento que está al servicio del Espíritu Santo y que deshace el pensamiento de separación fabricado por el ego. Esta visión del milagro nos presenta varios conceptos que exigen un análisis más detallado: Crear y fabricar; Expandir y proyectar.

Nos refiere el Texto del curso, que el ego es el aspecto inquisitivo del ser que surgió después de la separación, el cual fue fabricado en vez de creado.

Desde que se produjo la separación ha habido una gran confu­sión entre las palabras "crear" y "fabricar”: Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad.

¿Qué es fabricar?

Veamos lo que nos aporta una rápida consulta al Libro de Ejercicios:

No reconoces que los pensamientos que piensas que piensas no son nada debido a que aparecen como imágenes. Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves. Así es como se forjó tu "manera de ver". Ésta es la función que le has atribuido a los ojos del cuerpo. Eso no es ver. Eso es fabricar imágenes, lo cual ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones”. (L.pI.15.1)

Estamos ante un acto de voluntad, protagonizado por el Hijo de Dios, en pleno uso de los Atributos heredados de Su Padre. Nos enseña el curso, que la “La mente es muy activa. Cuando elige estar separada, elige percibir. Hasta ese momento su voluntad es únicamente gozar de conocimiento. Una vez que ha elegido percibir, no puede sino elegir ambigua­mente, y la única forma de escaparse de la ambigüedad es me­diante una percepción clara. La mente retorna a su verdadera función únicamente cuando su voluntad es gozar de conoci­miento. Esto la pone al servicio del espíritu, donde la percepción cambia. La mente elige dividirse a sí misma cuando elige inven­tar sus propios niveles. Pero no puede separarse completamente del espíritu, ya que de éste es de donde deriva todo su poder para fabricar o para crear”.

Cuando la mente decide prestar atención al “campo de las infinitas posibilidades” es capaz de colapsar parte de esas “ondas” hasta tal punto que la convierte en “partículas”, es decir, en materia. Este es el comienzo de la separación y de la percepción. Acabamos de fabricar una realidad ilusoria, en paralelo a la realidad verdadera, protagonizada por el Ser que Somos.


Podríamos concluir diciendo que nosotros fabricamos mediante la proyección, mientras que Dios crea mediante la extensión. Si trasladamos esta afirmación al mundo del sueño, “los pensamientos pueden representar el nivel inferior o corporal de experiencia, o el nivel superior o espiritual de experiencia. Uno de ellos da lugar a lo físico, el otro crea lo espiritual”.

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