martes, 24 de enero de 2017

Principio 14: Los milagros dan fe de la verdad.

PRINCIPIO 14

Los milagros dan fe de la verdad. Son convincentes porque proceden de la convicción. Sin convicción degeneran en magia, que es insensata, y, por lo tanto, destructiva; o más bien, el uso no creativo de la mente.


Quiero dedicar este artículo al término “verdad”. La afirmación expresada en este Principio, “Los milagros dan fe de la verdad”, me lleva a cuestionarme si la visión que tenemos de la verdad es compartida o, por lo contrario, cada uno es dueño de su verdad.

De las afirmaciones que nos define el diccionario de la Real Academia Española y que a continuación expongo, me quedo con la que determina que uno de los significados del término verdad es “Realidad”.

1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
5. f. Cualidad de veraz. 
6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. 
7. f. Realidad (‖ existencia real de algo).

Esta definición no lleva a una cuestión que ya hemos analizado en estos artículos (http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com.es/2015/01/retomo-la-iniciativa-emprendida-de.html) y que nos obliga a definir, igualmente, el concepto “realidad”.
Para la visión del ego, con la cual nos encontramos identificados, lo real es lo que percibe, es decir, el mundo físico y sus leyes.
Sin embargo, a lo largo de los estudios que estamos realizando sobre Un Curso de Milagros, lo que el ego llama real, es precisamente lo contrario, es decir, lo irreal, lo ilusorio, pues todo lo físico está sujeto al cambio y es temporal, mientras que lo real, en este caso, la verdad, se mantiene siempre la misma sin mutación alguna.

Desde el punto de vista espiritual, desde la visión de la eternidad, la realidad es el mundo del cual procedemos, es decir, del Reino del Padre de cuya Mente hemos sido emanados y donde se encuentra nuestro verdadero hogar.

Por lo tanto, podemos decir, que nos encontramos entre dos tipos de pensamientos, uno que contribuye a la verdad y que tiene la cualidad de extenderla, y otro que contribuye a la ilusión y que tiene la propiedad de multiplicarla.

Tal vez te esté preguntando, al igual que yo, que te gustaría conocer dónde se encuentra la verdad.

Sobre este particular, el Curso nos refiere que la luz de la verdad está en nosotros, allí donde Dios la puso. Mientras que el cuerpo es lo que está fuera de nosotros, y no es lo que nos concierne. Nuestro estado natural, es estar sin un cuerpo. Cuando decimos que la verdad se encuentra en nosotros, lo que realmente estamos diciendo es que debemos reconocernos a nosotros mismos tal como somos.

El mundo fabricado por el ego, es el mundo de  la ilusión, pero para el Hijo de Dios ha supuesto la realización de un deseo, el de querer percibir. En ese estado de percepción, la verdad no tiene lugar, pues la verdad no puede percibir, tan solo se puede conocer. Por lo tanto, el mundo físico no tiene cabida en la verdad, tan solo puede tener sentido y ser real fuera de su presencia.

La verdad corregirá todos los errores de nuestra mente que nos induce a creer que estamos separados de Dios, nuestro Creador. Este es el papel que realiza el milagro, y  esta es la razón por la que da fe de la verdad.
El milagro sitúa a la realidad en el lugar que le corresponde. A la realidad le corresponde estar, únicamente en el espíritu, y el mila­gro reconoce únicamente la verdad. El milagro es siempre la negación de ese error –la separación- y la afirma­ción de la verdad –la unidad con Dios y Su creación-.

Podemos afirmar, que la verdad es la ausencia de ilusiones y las ilusiones, la ausen­cia de la verdad.

Aceptar la verdad es una decisión, una elección, un acto de voluntad. La única decisión posible es reconocerla, pues realmente nos pertenece, al ser una extensión de Dios.

La percepción ha dado lugar al error de la separación. A ese estado le hemos llamado sueño. Pero cuando despertemos, veremos la verdad a nuestro alrededor y en nuestro interior. A partir de ese momento, dejaremos de creer en los sueños, pues estos dejarán de ser reales para nosotros.

Nos dice el Curso, que nuestro punto de partida es la verdad y tenemos que retornar a ese origen.

¿Qué debemos hacer para retornar a la verdad?

Buscar primero el Reino de los Cielos porque ahí es donde las leyes de Dios operan verdaderamente, y no pueden sino operar verdaderamente porque son las leyes de la verdad.

La verdad es la Voluntad de Dios. Si compartimos Su Voluntad estaremos compar­tiendo Su conocimiento. Si negamos que Su Voluntad sea nuestra voluntad, estaremos negando Su Reino y el nuestro.

Sobre este particular, Un Curso de Milagros nos refiere lo siguiente:

“Los milagros están en armonía con la Voluntad de Dios, la cual tú no conoces porque estás confundido con respecto a lo que tú dispones. Esto significa que estás confundido con respecto a lo que eres. Si eres la Voluntad de Dios, y no aceptas Su Voluntad, estás negando la dicha. El milagro es, por lo tanto, una lección acerca de lo que es la dicha. Por tratarse de una lección acerca de cómo compartir es una lección de amor, que es a su vez dicha. Todo milagro es, pues, una lección acerca de lo que es la verdad, y al ofrecer lo que es verdad estás aprendiendo a distinguir entre la dicha y el dolor”. (T.C7.X.8:6)

El mejor modo de aprender la verdad, es enseñar a alguien que la verdad es verdad. La verdad simplemente es. La verdad siempre nos acompaña, pues se encuentra en nuestro interior. No se puede perder, buscar ni encontrar, y a pesar de ello, podemos no reconocerla y pensar que no es real para nosotros.

La verdad nos lleva a recordar, que donde Dios está, allí está Su Hijo.

“Mi verdadera Identidad es tan invulnerable, tan sublime e ino­cente, tan gloriosa y espléndida y tan absolutamente benéfica y libre de culpa, que el Cielo la contempla para que ella lo ilumine. Ella ilumina también al mundo. Mi verdadera Identidad es el regalo que mi Padre me hizo y el que yo a mi vez le hago al mundo. No hay otro regalo, salvo éste, que se puede dar o reci­bir. Mi verdadera identidad y sólo Ella es la realidad. Es el final de las ilusiones. Es la verdad. (L.p1.224.1)

Sabemos que el milagro colapsa la ley del tiempo, haciendo que la causa y el efecto se hagan presente en el ahora. En ese instante, el perdón deshace todo error y la mente errónea se convierte en la mente verdadera.
La verdad, al igual que el milagro, trans­ciende al tiempo en tal medida, que toda ella tiene lugar simultá­neamente. Pues al haber sido creada como una sola, su unicidad es completamente independiente del tiempo.

Esta es mi verdad:
  
Soy tal como Dios me creó.
Su Hijo no puede sufrir.
Y yo soy Su Hijo.
  
Recoge este Principio, igualmente, la afirmación de que los milagros sin convicción degeneran en magia, que es insensata, y, por lo tanto, destructiva; o más bien, el uso no creativo de la mente.

“La magia es el uso insensato o mal-creativo de la mente”. (T.C2-V.2:1)

Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar. Este error puede manifestarse de dos formas: se puede creer que la mente puede crear falsamente en el cuerpo, o que el cuerpo puede crear falsa­mente en la mente. Cuando se comprende que la mente -el único nivel de creación- no puede crear más allá de sí misma, ninguno de esos dos tipos de confusión tiene por qué producirse.

Una de las formas en las que se manifiesta la magia son los medicamentos. Un Curso de Milagros nos refiere respecto a los medicamentos, que son una forma de “hechizo”, pero igualmente advierte, que si se tiene miedo a utilizar la mente para curar, es preferible recurrir a ellos.

Así lo expresa Kenneth Wapnick: “Si usted tiene un dolor de cabeza penetrante y se toma una aspirina, eso puede quitarle el dolor de cabeza, pero no eliminará el dolor de la culpa que lo llevó a producírselo. Por esa razón el Curso dice que use la magia si cree en ella, pero que no crea que ésta resuelve sus problemas”.

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