lunes, 19 de enero de 2026

¿Qué estoy ofreciendo a la mente compartida cuando elijo ver esta situación tal como la estoy viendo?

Esta pregunta nos sitúa de inmediato en un punto clave del Curso: la percepción no es privada. Aquello que elijo ver, la forma en que interpreto una situación, no queda confinada a mi experiencia personal, aunque así lo parezca. Cada interpretación es una elección dentro de una mente que no está aislada, sino unida.

Cuando miro una situación desde el miedo, el juicio o la condena, puedo creer que ese modo de ver solo me afecta a mí. Sin embargo, la Lección 19 nos invita a reconocer que estoy contribuyendo activamente a un sistema de pensamiento compartido. No con palabras ni con actos visibles, sino con la actitud mental que sostengo.

Esta toma de conciencia no busca generar culpa, sino responsabilidad lúcida. No se trata de preguntarme si tengo razón o no en mi interpretación, sino de observar qué efecto tiene sostenerla. ¿Aporta paz o refuerza la separación? ¿Extiende comprensión o multiplica conflicto?

Cuando elijo ver desde el juicio, estoy enseñando —aunque no lo pretenda— que el juicio es una respuesta válida. Cuando elijo ver desde el miedo, estoy validando un mundo peligroso. Y cuando elijo ver desde el perdón, estoy ofreciendo silenciosamente una alternativa a la mente compartida: la posibilidad de que el conflicto no sea la única lectura posible.

Esta lección nos devuelve un poder muy sencillo y muy profundo: no puedo controlar lo que otros piensan, pero sí puedo elegir qué manera de ver sostengo. Y esa elección no es irrelevante. Cada vez que elijo la paz en lugar del ataque, estoy retirando apoyo a un sistema de pensamiento basado en la separación.

Aplicar esta reflexión en la vida diaria implica detenerse brevemente ante cualquier situación que genere reacción y preguntarse con honestidad: ¿qué estoy reforzando con esta forma de ver? No para corregirme, sino para abrir la posibilidad de elegir de nuevo.

La Lección 19 nos enseña que cambiar la percepción no es un acto privado de bienestar personal, sino una forma silenciosa de servicio. Al elegir ver de otra manera, no solo descanso yo: contribuyo a que la mente común recuerde que la paz también es posible.

¿Qué estoy ofreciendo a la mente compartida cuando elijo ver esta enfermedad tal como la estoy viendo?

Cuando aparece la enfermedad, la reacción habitual es interpretarla como algo estrictamente personal: mi cuerpo, mi problema, mi amenaza. Desde esa lectura, es fácil caer en pensamientos de miedo, culpa o injusticia. Sin embargo, la Lección 19 nos invita a dar un paso atrás y observar que no solo estoy experimentando una sensación física, sino sosteniendo una interpretación mental.

La enfermedad, tal como la vivo, no es neutra. La manera en que la interpreto tiene efectos, y no solo en mí. Si la veo como castigo, estoy reforzando la culpa. Si la veo como amenaza, estoy validando el miedo. Si la veo como pérdida, estoy confirmando la creencia en la vulnerabilidad del cuerpo como identidad.

Esta forma de ver no queda encerrada en mi experiencia privada. Al sostenerla, estoy aportando a la mente compartida una lectura del mundo en la que el cuerpo es frágil y el daño es real. No porque yo “cause” la enfermedad de otros, sino porque refuerzo un sistema de pensamiento que normaliza el miedo y la separación.

La Lección 19 no me pide que niegue los síntomas ni que adopte una visión espiritual forzada. Me pide algo mucho más sencillo: revisar el significado que le estoy dando a lo que percibo. En ese instante puedo preguntarme con honestidad:


¿Estoy ofreciendo miedo o paz con esta manera de ver?

Elegir ver la enfermedad sin culpa ni condena —ni hacia mí ni hacia nadie— es ofrecer una alternativa a la mente común. No es un acto heroico ni visible; es un acto silencioso de corrección. Al retirar el juicio, dejo de enseñar que el sufrimiento es inevitable o merecido.

Aplicar esta lección en la enfermedad puede tomar una forma muy simple en la práctica diaria, por ejemplo, al notar un síntoma o recibir un diagnóstico:

“No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver esta enfermedad. Elijo no añadir miedo a lo que estoy percibiendo.”

Con ello no intento sanar el cuerpo directamente, sino sanar la percepción, que es donde el Curso sitúa la causa. Y al hacerlo, no solo descanso yo: ofrezco descanso a la mente compartida, retirando apoyo a una interpretación basada en la separación.

Aplicada a la enfermedad, la Lección 19 nos recuerda que:

Cada vez que elijo ver el cuerpo sin miedo, estoy contribuyendo a un mundo menos temido. Cambiar mi manera de ver no es un acto privado: es una forma silenciosa de sanación compartida.

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