Esta pregunta nos sitúa de inmediato en un punto clave del Curso: la percepción no es privada. Aquello que elijo ver, la forma en que interpreto una situación, no queda confinada a mi experiencia personal, aunque así lo parezca. Cada interpretación es una elección dentro de una mente que no está aislada, sino unida.
Esta toma de conciencia no
busca generar culpa, sino responsabilidad lúcida. No se trata de preguntarme si
tengo razón o no en mi interpretación, sino de observar qué efecto tiene
sostenerla. ¿Aporta paz o refuerza la separación? ¿Extiende comprensión o
multiplica conflicto?
Cuando elijo ver desde el
juicio, estoy enseñando —aunque no lo pretenda— que el juicio es una respuesta
válida. Cuando elijo ver desde el miedo, estoy validando un mundo peligroso. Y
cuando elijo ver desde el perdón, estoy ofreciendo silenciosamente una
alternativa a la mente compartida: la posibilidad de que el conflicto no sea la
única lectura posible.
Esta lección nos devuelve
un poder muy sencillo y muy profundo: no puedo controlar lo que otros piensan,
pero sí puedo elegir qué manera de ver sostengo. Y esa elección no es
irrelevante. Cada vez que elijo la paz en lugar del ataque, estoy retirando
apoyo a un sistema de pensamiento basado en la separación.
Aplicar esta reflexión en
la vida diaria implica detenerse brevemente ante cualquier situación que genere
reacción y preguntarse con honestidad: ¿qué estoy reforzando con esta forma
de ver? No para corregirme, sino para abrir la posibilidad de elegir de
nuevo.
La Lección 19 nos enseña
que cambiar la percepción no es un acto privado de bienestar personal, sino una
forma silenciosa de servicio. Al elegir ver de otra manera, no solo descanso
yo: contribuyo a que la mente común recuerde que la paz también es posible.
¿Qué estoy
ofreciendo a la mente compartida cuando elijo ver esta enfermedad tal como la
estoy viendo?
Cuando aparece la
enfermedad, la reacción habitual es interpretarla como algo estrictamente
personal: mi cuerpo, mi problema, mi amenaza. Desde esa
lectura, es fácil caer en pensamientos de miedo, culpa o injusticia. Sin
embargo, la Lección 19 nos invita a dar un paso atrás y observar que no solo
estoy experimentando una sensación física, sino sosteniendo una interpretación
mental.
La enfermedad, tal como la
vivo, no es neutra. La manera en que la interpreto tiene efectos, y no solo en
mí. Si la veo como castigo, estoy reforzando la culpa. Si la veo como amenaza,
estoy validando el miedo. Si la veo como pérdida, estoy confirmando la creencia
en la vulnerabilidad del cuerpo como identidad.
Esta forma de ver no queda
encerrada en mi experiencia privada. Al sostenerla, estoy aportando a la mente
compartida una lectura del mundo en la que el cuerpo es frágil y el daño es
real. No porque yo “cause” la enfermedad de otros, sino porque refuerzo un
sistema de pensamiento que normaliza el miedo y la separación.
La Lección 19 no me pide
que niegue los síntomas ni que adopte una visión espiritual forzada. Me pide
algo mucho más sencillo: revisar el significado que le estoy dando a lo que
percibo. En ese instante puedo preguntarme con honestidad:
¿Estoy ofreciendo miedo o paz con esta manera de ver?
Elegir ver la enfermedad
sin culpa ni condena —ni hacia mí ni hacia nadie— es ofrecer una alternativa a
la mente común. No es un acto heroico ni visible; es un acto silencioso de
corrección. Al retirar el juicio, dejo de enseñar que el sufrimiento es
inevitable o merecido.
Aplicar esta lección en la
enfermedad puede tomar una forma muy simple en la práctica diaria, por ejemplo,
al notar un síntoma o recibir un diagnóstico:
“No soy el único que
experimenta los efectos de mi manera de ver esta enfermedad. Elijo no añadir
miedo a lo que estoy percibiendo.”
Con ello no intento sanar
el cuerpo directamente, sino sanar la percepción, que es donde el Curso sitúa
la causa. Y al hacerlo, no solo descanso yo: ofrezco descanso a la mente
compartida, retirando apoyo a una interpretación basada en la separación.
Aplicada a la enfermedad,
la Lección 19 nos recuerda que:
Cada vez que elijo ver el cuerpo sin miedo, estoy contribuyendo a un mundo menos temido. Cambiar mi manera de ver no es un acto privado: es una forma silenciosa de sanación compartida.

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