Si lo que percibes es el efecto de lo que deseas, ¿qué debes hacer para cambiar tu percepción de dolor o infelicidad? Parte 2
En la lección 21: “Estoy decidido a ver las cosas de otra manera”, tuvimos ocasión de analizar esta misma reflexión.
La cuestión que se plantea en esta nueva aportación, relacionada en esta ocasión con la lección 28, introduce una de las ideas más radicales —y más difíciles de aceptar— del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros: la percepción no es pasiva, es un efecto directo del deseo de la mente.
Desde esta perspectiva, el dolor,
la infelicidad o el conflicto no son acontecimientos que “nos ocurren”, sino
experiencias que surgen de una elección previa, generalmente inconsciente. Esto
no significa que los hayamos elegido deliberadamente, ni que seamos culpables
de ellos, sino que responden a un sistema de pensamiento que hemos aceptado
como verdadero.
La pregunta, entonces, no apunta
a cambiar las circunstancias, sino a algo mucho más profundo: ¿qué deseo está
siendo priorizado en mi mente cuando experimento dolor?
El error habitual: intentar cambiar el efecto.
Cuando sufrimos, el impulso inmediato suele ser actuar sobre
lo que percibimos:
- Cambiar
la situación.
- Modificar
la conducta de otros.
- Eliminar
aquello que creemos que nos causa dolor.
Desde la lógica del mundo, esto
parece razonable. Pero el Curso introduce una corrección fundamental: los
efectos no se corrigen a sí mismos. Mientras el deseo que los origina
permanezca intacto, la percepción se reorganizará para seguir confirmándolo,
aunque cambien las formas externas.
Por eso, cambiar la percepción no
consiste en “ver lo mismo de forma positiva”, sino en cuestionar el deseo que
la sostiene.
El deseo oculto detrás del dolor.
Esta reflexión puede resultar
incómoda porque apunta a algo que el ego prefiere no mirar: el dolor suele
estar asociado a un deseo que creemos protector.
Algunos ejemplos de deseos
inconscientes que sostienen la percepción de sufrimiento pueden ser:
- el deseo de tener razón,
- el deseo de confirmar la separación,
- el deseo de sentir control,
- el deseo de mantener una identidad basada en la
carencia o la victimización.
El ego no desea el dolor en sí
mismo, pero sí desea aquello que el dolor parece justificar o proteger. Por eso
la percepción dolorosa se mantiene: cumple una función dentro del sistema de
pensamiento del ego.
Qué propone realmente la Lección 28.
La Lección 28 ("Por encima de
todo quiero ver las cosas de otra manera") no pide un esfuerzo emocional ni
una negación de lo que se siente. Pide algo mucho más simple y mucho más
profundo: reordenar el deseo.
Cambiar la percepción de dolor no
implica luchar contra ella, sino elegir conscientemente un deseo diferente:
- Desear la paz más que tener razón.
- Desear ver más que defenderse.
- Desear la verdad más que confirmar una historia
personal.
Cuando el deseo cambia, la
percepción lo sigue de forma natural. No por imposición, sino porque la mente
ya no necesita producir los mismos efectos.
La clave: no cambiar lo que ves, sino lo que quieres.
Esta reflexión nos devuelve una y
otra vez a la causa:
Si lo que percibes es el efecto
de lo que deseas, entonces la única intervención real es cambiar el deseo.
Esto no se logra mediante la
fuerza de voluntad, sino mediante la disposición a reconocer que el deseo
actual no está trayendo paz. En ese reconocimiento honesto ya se abre la
posibilidad de elegir de nuevo.
El Curso no exige que sepamos qué
desear “correctamente”, solo que estemos dispuestos a poner en cuestión lo que
hasta ahora hemos deseado.
Aplicación práctica de la reflexión.
Ante una experiencia de dolor o
infelicidad, esta reflexión puede formularse así, de manera interior y sin
juicio:
- ¿Qué estoy deseando confirmar con esta percepción?
- ¿Qué perdería si dejara de ver esto de esta manera?
- ¿Estoy dispuesto a desear la paz más que la
historia que me cuento?
No para responder
intelectualmente, sino para dejar que la pregunta desplace suavemente el foco
de los efectos a la causa.
Esta reflexión no afirma que el
dolor sea una ilusión que deba ignorarse, sino que no es un destino inevitable.
Es una señal de que la mente está deseando algo que no puede traer felicidad
duradera.
Cambiar la percepción de dolor no
es un acto heroico, sino una elección íntima y repetida: elegir de nuevo qué
deseo poner en primer lugar.
Y cuando el deseo cambia, la
percepción —sin esfuerzo— comienza a cambiar también. Porque, como enseña el
Curso, la mente siempre ve aquello que desea ver.
Lección 28 aplicada a una
experiencia límite: “La enfermedad terminal y el deseo que sostiene la
percepción”
Cuando aparece una enfermedad
terminal, la mente suele enfrentarse a uno de sus mayores desafíos. El cuerpo
parece convertirse en el centro absoluto de la experiencia, y el dolor —físico,
emocional y mental— parece confirmar una verdad incuestionable: algo
terrible está ocurriendo.
Desde esta vivencia, la
afirmación del Curso —“lo que percibes es el efecto de lo que deseas”—
puede resultar chocante, incluso inaceptable. ¿Cómo podría alguien “desear” una
experiencia así?
Aquí es fundamental aclarar algo
esencial: el Curso no afirma que deseemos la enfermedad, sino que la percepción
que hacemos de ella responde a un deseo previo de la mente, casi siempre
inconsciente.
El error habitual: interpretar la enfermedad solo desde
el cuerpo.
Ante una enfermedad terminal, el
deseo dominante suele ser el de preservar la identidad corporal. La mente se
aferra a la forma como si fuese el Ser mismo. Desde ese deseo, la enfermedad se
percibe inevitablemente como amenaza, castigo o tragedia.
No porque la enfermedad “sea”
eso, sino porque el deseo que guía la percepción está basado en el miedo a
perder el cuerpo.
Desde ese marco, surgen
pensamientos como:
- “Mi vida se acaba”
- “Todo lo que soy está en peligro”
- “No hay salida”
La percepción de sufrimiento se
intensifica porque está alineada con un deseo que no puede cumplirse: que el
cuerpo sea eterno.
El deseo oculto que sostiene el dolor.
La Lección 28 no invita a negar
el diagnóstico ni a rechazar los cuidados médicos. Invita a mirar algo mucho
más profundo: ¿qué estoy deseando preservar por encima de todo?
En muchos casos, el dolor
emocional extremo surge del deseo inconsciente de:
- Seguir siendo quien creo ser.
- Mantener el control.
- No enfrentar la idea de lo desconocido.
- Confirmar que la muerte es real y definitiva.
Este deseo no es culpable ni
erróneo; es simplemente el deseo del ego. Pero mientras se mantenga como causa,
la percepción seguirá produciendo miedo, desesperación e infelicidad.
Cambiar el deseo no es negar la realidad humana.
Aplicar la Lección 28 en una
enfermedad terminal no significa “ver la enfermedad como una bendición” ni
forzarse a estar en paz. Significa algo mucho más humilde: dejar de desear que
la experiencia confirme la identidad basada en el cuerpo.
Cuando la mente empieza, aunque
sea mínimamente, a desear otra cosa —por ejemplo: desear la paz más que la
supervivencia del ego, desear comprender más que controlar, desear recordar
quién es más allá del cuerpo—, la percepción comienza a cambiar.
No necesariamente desaparece el
dolor físico, pero el sufrimiento mental empieza a aflojar.
El giro silencioso en la percepción.
En algunos testimonios de personas atravesando enfermedades
terminales se repite un patrón muy significativo: cuando dejan de luchar contra
lo inevitable desde el miedo, aparece una paz inesperada.
Desde la mirada del Curso, esto ocurre cuando el deseo
cambia del deseo de conservar la forma al deseo de descansar en lo que no
puede perderse.
La enfermedad deja de ser
interpretada exclusivamente como enemiga y empieza a ser vista como una
experiencia humana que no define el valor ni la realidad del Ser.
¿Qué debes hacer para cambiar tu percepción en este
contexto?
La respuesta de la Lección 28 no
es técnica ni heroica. Es simple y profundamente honesta:
- Reconocer que la percepción actual nace del miedo.
- Admitir que ese miedo proviene de un deseo que no
puede traer paz.
- Estar dispuesto —aunque sea con dudas— a desear
algo distinto.
No saber aún qué desear no es un
problema. Basta con reconocer que el deseo actual no está dando paz. Ese
reconocimiento ya es un cambio de causa.
La enfermedad terminal, vista
desde el mundo, parece el máximo fracaso del cuerpo. Vista desde la enseñanza
del Curso, puede convertirse —sin idealizarla— en un punto de inflexión
profundo: el momento en que la mente se pregunta si quiere seguir deseando
desde el miedo o abrirse a otra referencia.
Cambiar la percepción del dolor
no significa que la experiencia se vuelva agradable. Significa que ya no se
interpreta como una condena ni como una prueba de pérdida real.
Y eso solo ocurre cuando el deseo cambia. Porque, como recuerda la Lección 28, la mente siempre ve aquello que ha decidido desear.

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