lunes, 12 de enero de 2026

Capítulo 25. IV. La luz que traes contigo (5ª parte).

IV. La luz que traes contigo (5ª parte).

5. En ti reside el Cielo en su totalidad. 2A cada hoja seca que cae se le confiere vida en ti. 3Cada pájaro que jamás cantó cantará de nuevo en ti. 4cada flor que jamás floreció ha conservado su perfume y hermosura para ti. 5¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea resti­tuido a aquel para quien fue creado como su único hogar? 6No ha habido nada ni antes ni después. 7No ha habido ningún otro lugar, ningún otro estado ni ningún otro tiempo. 8Nada que esté más allá o más acá. 9Nada más. 10En ninguna forma. 11Esto se lo puedes brindar al mundo entero y a todos los pensamientos erró­neos que se adentraron en él y permanecieron allí por un tiempo. 12¿De qué mejor manera se podrían llevar tus propios errores ante la verdad, que estando dispuesto a llevar la luz del Cielo contigo, según te diriges más allá del mundo de las tinieblas hacia la luz?

Este fragmento nos recuerda que el Cielo, la plenitud y la vida verdadera residen en nuestro interior. Todo lo bello, puro y eterno está en nosotros, y no hay nada fuera de ese estado de unidad y paz. El texto invita a soltar la ilusión del tiempo, la separación y la carencia, y a reconocer que nuestra función es llevar la luz del Cielo al mundo, restaurando así la verdad y la inocencia en nosotros y en todos.

Su mensaje central es el siguiente:

  • El Cielo no es un lugar externo ni futuro: está íntegramente en ti, aquí y ahora.
  • Todo lo que parece perdido, marchito o no realizado, vive y florece en tu Ser.
  • No hay otro objetivo más elevado que restituir el Cielo a quien fue creado para él.
  • El tiempo, el espacio y la separación son ilusiones; sólo la plenitud del Cielo es real.
  • Llevar la luz del Cielo contigo es la forma de sanar tus errores y los del mundo.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Cuando te sientas carente, perdido o nostálgico, recuerda: “En mí reside el Cielo en su totalidad”.
  • Observa la belleza y la vida a tu alrededor como reflejo de tu propia plenitud interior.
  • Si te asaltan pensamientos de error, culpa o pasado, elige llevar la luz del Cielo contigo y deja que ilumine tu mente.
  • Ejemplo 1: Si te invade la tristeza por algo que no fue, repite: “Cada flor que jamás floreció ha conservado su hermosura para mí”.
  • Ejemplo 2: Cuando veas sufrimiento en el mundo, recuerda que puedes ofrecer la luz y la plenitud que hay en ti.
  • Ejemplo 3: Si te descubres juzgando o sintiéndote separado, haz una pausa y visualiza cómo la luz del Cielo te envuelve y se extiende a todos.

Citas relacionadas:

  • “En ti reside el Cielo en su totalidad.” (T-25.IV.5:1)
  • “¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea restituido…?” (T-25.IV.5:5)
  • “La paz de Dios brilla en mí ahora.” (L-pI.188)
  • “La luz ha venido.” (L-pI.75)
  • “Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios.” (T-In.2:2-4)

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Reconozco que el Cielo y la plenitud ya están en mí, aquí y ahora?
  • ¿Qué pensamientos de carencia, pérdida o separación estoy dispuesto a soltar hoy?
  • ¿Cómo puedo llevar la luz del Cielo conmigo y compartirla con el mundo?

Conclusión:

Este fragmento nos invita a recordar nuestra verdadera herencia: el Cielo reside en nuestro interior y nada real se ha perdido. Al llevar la luz del Cielo con nosotros, sanamos nuestros errores y los del mundo, restaurando la paz y la plenitud para todos. No hay mayor objetivo ni mayor regalo que este.

Frase inspiradora:

“En ti reside el Cielo en su totalidad.” (T-25.IV.5:1)

Invitación práctica:

Hoy, cuando surja la sensación de carencia o separación, haz una pausa y repite:

“Elijo llevar la luz del Cielo conmigo. En mí reside la plenitud y la paz.”

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