La respuesta del ego: “Yo sé lo que me conviene”
El ego parte de una premisa no
cuestionada:
“Si algo me produce placer, seguridad,
reconocimiento o control, entonces me conviene.”
Desde ahí,
decide constantemente qué relaciones mantener, qué defender, qué evitar, qué
atacar.
Pero el Curso señala que este criterio está profundamente distorsionado, porque se basa en el miedo, en la creencia en la de escasez, en la identificación con el cuerpo y en la idea de intereses separados.
Por eso el ego puede buscar alivio y encontrar conflicto, buscar felicidad y experimentar ansiedad, buscar amor y reforzar el apego.
La Lección 24 (“No percibo lo que más
me conviene”) no acusa ni desvaloriza. Tan sólo desarma una falsa autoridad.
No dice: “Estás equivocado por elegir
mal”
sino:
“No sabes aún qué te conviene porque
estás usando un criterio aprendido en el miedo.”
Esta lección introduce humildad mental:
Tal vez no sé qué es lo mejor para mí.
Y esa humildad es la puerta de la guía.
Tal vez te estés preguntando: ¿por qué no sabemos lo que nos conviene?
Según UCDM, no
lo sabemos porque confundimos paz con placer, confundimos amor con necesidad, confundimos
seguridad con control y confundimos bienestar con ausencia de conflicto
externo.
Pero la paz no depende de nada externo.
Y todo lo que el ego llama “conveniente” exige defensa, esfuerzo o sacrificio.
Si algo necesita ser protegido, no
puede ser lo que más conviene.
¿Qué es lo que realmente nos conviene?
El Curso redefine radicalmente el
concepto de conveniencia: Lo que más me conviene es lo que me devuelve a la
paz.
No lo que me da
razón, lo que me hace ganar, lo que me coloca por encima, lo que confirma mi
historia.
Sino lo que deshace
el miedo, restaura la unidad, libera la mente del juicio y me recuerda quién
soy.
Y eso, muchas veces, no coincide con lo
que el ego desea.
La función práctica de esta reflexión:
Esta pregunta no se responde con
análisis, sino con entrega.
En la práctica,
la lección nos entrena a detener el impulso de decidir solos, de reconocer la
confusión sin culpa y de pedir una nueva forma de ver.
No se trata de elegir mejor, sino de dejar de decidir desde el miedo.
Desde UCDM, esta reflexión se resume así:
No sé qué me conviene mientras crea que
perder la paz puede ser útil.
Cuando acepto no saber, la guía se
vuelve posible. Y cuando la paz es el criterio, la elección deja de ser un
problema.
La verdadera conveniencia no se negocia: si me quita la paz, no me conviene, aunque parezca deseable.

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