sábado, 31 de enero de 2026

¿Quién crea el mundo en un sentido causal físico, según UCDM?

¿Quién crea el mundo en un sentido causal físico, según UCDM?

Nadie lo crea en un sentido causal físico real, porque para el Curso el mundo no es una creación, sino una proyección dentro del sueño de la separación.

Analicemos esta cuestión, paso a paso.

El Curso distingue entre crear y fabricar.

En Un Curso de Milagros esta distinción es fundamental:

·       Crear → es propio de Dios, que es eterno, perfecto, inmutable y real.

·       Fabricar → es propio del ego, que es temporal, cambiante, ilusorio y perceptual.

El mundo no es creado, es fabricado.

Por eso el Curso nunca habla de una “creación física” del mundo.

La causa del mundo no es física, sino mental (pero no personal).

La Lección 31 («No soy víctima del mundo que veo») enseña que el mundo surge como efecto de una decisión mental previa, no como resultado de pensamientos individuales que “materializan” cosas.

No dice: “Mis pensamientos personales crean árboles, edificios o cuerpos”.

Dice, en esencia: La mente eligió primero la separación,
y de esa elección surgió un sistema perceptivo completo: el mundo.

Esa elección no ocurrió en el tiempo ni fue consciente a nivel individual. Es lo que el Curso llama la idea de separación, aceptada por la mente del Hijo de Dios en su conjunto.

Entonces, ¿quién “hace” el mundo físico?

Desde UCDM, el proceso es este:

  1. La mente cree en la separación (causa real).
  2. De esa creencia surge el ego como sistema de pensamiento.
  3. El ego proyecta un mundo que parece externo.

Ese mundo incluye: cuerpos, leyes físicas, causalidad material, tiempo y espacio

El mundo parece tener causas físicas internas, pero esas causas son efectos dentro del sueño, no causas últimas.

Por eso el Curso puede aceptar plenamente la biología, la física, la neurología y la causalidad material, sin otorgarles realidad última.

Importante: el Curso NO niega la causalidad física dentro del sueño.

Aquí se suele cometer otro error.

UCDM no dice que una enfermedad no tenga causas biológicas, un accidente no tenga causas físicas, ni que el cuerpo no responda a leyes materiales.

Dice algo más preciso: esas causas no son la causa de la experiencia de separación, miedo o victimización.

Son causas dentro del nivel del efecto, no en el nivel de la causa real.

Entonces, ¿qué hace la mente según la Lección 31?

La mente no crea el mundo físico, pero sí elige el marco desde el cual lo experimenta, decide si se vive como víctima o no, decide si el mundo confirma el miedo o se convierte en aula de aprendizaje y decide si interpreta desde el ego o desde el Espíritu Santo.

Por eso la lección dice: No soy víctima del mundo que veo.

No porque el mundo no ocurra, sino porque no es la causa de lo que soy ni de lo que experimento internamente.

Resumen claro:

  • Dios crea la Realidad.
  • El ego fabrica el mundo perceptual.
  • La mente no “crea físicamente” el mundo.
  • La causalidad física opera dentro del sueño, no como causa última.
  • La experiencia del mundo depende de la elección de la mente, no de los hechos externos.
  • El Curso trabaja en el nivel de la causa, no en el de los efectos.

¿Quién crea físicamente el mundo físico (la Tierra, los planetas)?

El mundo físico no fue “creado” por una mente o una voluntad consciente, sino que emergió a partir de procesos físicos naturales descritos por la cosmología y la física.

Cómo lo explica la ciencia (muy resumido):

  1. El universo surge (Big Bang, hace ~13.800 millones de años)
    • No como una explosión en el espacio, sino como la expansión del espacio-tiempo mismo.
    • Surgen energía, materia, leyes físicas.
  2. Se forman partículas elementales
    • Quarks, electrones, protones, neutrones.
  3. Se forman estrellas y galaxias
    • Por gravedad.
    • En el interior de las estrellas se crean los elementos químicos.
  4. Se forman sistemas planetarios
    • Polvo y gas giran alrededor de estrellas.
    • La Tierra se forma hace ~4.500 millones de años.

Nadie “decide” crear la Tierra. Es el resultado de leyes físicas impersonales actuando durante miles de millones de años.

Entonces, ¿quién crea físicamente el cuerpo material?

El cuerpo humano es el resultado de procesos biológicos, no de pensamientos ni de decisiones conscientes.

¿Cómo se forma un cuerpo?

  1. Evolución biológica.
    • La vida surge por procesos químicos complejos.
    • Evoluciona por selección natural durante millones de años.
  2. Reproducción sexual.
    • Dos células (óvulo y espermatozoide) se combinan.
    • Se forma un embrión con ADN único.
  3. Desarrollo biológico.
    • El cuerpo se construye siguiendo información genética.
    • Células, tejidos, órganos.

El cuerpo no es “creado” por la mente. Se desarrolla según leyes biológicas.

Entonces, ¿hay una causa física última consciente?

Desde la ciencia:

  • No hay evidencia de que una mente personal cree planetas o cuerpos.
  • No hay evidencia de que pensamientos produzcan materia.

Desde la filosofía:

  • Se puede preguntar por el origen último de las leyes físicas.
  • Ahí entran hipótesis metafísicas (Dios, multiverso, azar, necesidad).

Pero eso ya no es ciencia, sino filosofía o teología.

Punto clave: “Causa física” no significa “causa consciente”.

La mayoría de las cosas que existen no fueron diseñadas, no fueron decididas, y no fueron pensadas. Simplemente emergen.

Entonces, ¿dónde entra la mente humana?

La mente humana no crea el mundo físico, no crea el cuerpo, ni crea la Tierra.

Lo que sí hace es interpretar el mundo, darle significado, construir narrativas, y experimentar sufrimiento o bienestar según cómo interpreta.

Aquí es donde entran enfoques como UCDM, psicología, filosofía, etc. Pero no en el nivel de la creación física.

Resumiendo lo dicho:

  • El mundo físico surge por procesos cosmológicos y físicos.
  • El cuerpo surge por procesos biológicos.
  • La mente no crea la materia, crea la experiencia subjetiva.
  • La causalidad física opera sin intención.
  • El significado lo pone la mente, no la materia.

¿Por qué esta distinción es tan importante? Porque evita dos errores muy comunes:

  1. Pensamiento mágico: (“mis pensamientos crean la realidad física”)
  2. Reduccionismo material absoluto: (“solo existe la materia y el significado es irrelevante”)

La posición más sólida es esta: La física explica cómo surge el mundo. La mente explica cómo se vive.

Entonces, si la física explica cómo surge el mundo, ¿es real?

La respuesta corta es: sí… y no, dependiendo de qué entiendas por “real”.

¿El mundo que explica la física es real?

Sí, es real en un sentido operativo. El mundo físico es real en el sentido de que tiene regularidades estables, obedece leyes, permite predicción y tecnología, produce efectos medibles, y existe independientemente de tu opinión personal.

Si sueltas una piedra, cae. Si no comes, el cuerpo enferma. Si hay gravedad, hay órbitas.  En este sentido práctico, el mundo es real. Negarlo sería absurdo y peligroso.

Pero no es real en un sentido absoluto. Aquí empieza el matiz importante. La física no dice qué es la realidad última, solo describe cómo se comporta lo que observamos.

De hecho, la propia física moderna muestra límites muy claros:

  • La materia no es “sólida” (es campos y probabilidades).
  • El tiempo no es absoluto.
  • El espacio depende del observador.
  • La causalidad clásica falla a nivel cuántico.
  • El observador influye en lo observado (no filosóficamente, sino experimentalmente).

La física describe fenómenos, no la esencia última de lo que es. Por eso muchos físicos dicen: La física no nos dice qué es la realidad, solo cómo se comporta lo que medimos.

Entonces, ¿qué tipo de realidad es el mundo físico?

Podemos decirlo así: Es real como experiencia compartida. Es real como sistema funcional. Es real dentro de sus propias reglas.

Pero, no es real como fundamento último de lo que existe, no es absoluto y no es autosuficiente ontológicamente. Es decir, funciona, pero no explica por qué existe ni qué es en último término.

Una analogía:

Piensa en un videojuego. El mundo del juego tiene leyes. Los personajes obedecen esas leyes. Hay consecuencias reales dentro del juego. Puedes estudiar su “física” interna.

Pero el juego no es la realidad última, depende de algo más profundo (hardware, software, electricidad), y si se apaga la consola, el mundo desaparece.

El mundo del juego es real en su nivel, pero no es la realidad absoluta.

La física describe muy bien las reglas del juego, no lo que hay más allá del juego.

Entonces, ¿qué significa “real”?

Aquí está el punto clave: Si por real entiendes “consistente, medible y compartido” sí, es real. Si por real entiendes “fundamento último, inmutable y absoluto” no, no lo es.

La confusión aparece cuando usamos la palabra real para ambos niveles sin distinguirlos.

¿Por qué esta pregunta importa tanto?

Porque de aquí nacen muchos malentendidos: Pensar que si algo no es “absoluto” entonces “no existe”.  Pensar que la ciencia y la experiencia subjetiva se contradicen. Pensar que cuestionar lo absoluto implica negar lo cotidiano.

Nada de eso es necesario. La postura más sólida es esta: El mundo físico es real como fenómeno. No es real como fundamento último.

La física explica cómo surge y cómo funciona el mundo. Eso lo hace real en su nivel. Pero la física no afirma que el mundo sea la realidad última, ni que lo que vemos sea todo lo que existe.

Así que no hay contradicción en decir, “El mundo es real” y a la vez “El mundo no es lo último ni lo absoluto”. Ambas cosas pueden ser verdaderas al mismo tiempo, si no mezclamos niveles.

¿Qué sería “lo real en sentido absoluto”?

Para responder, primero hay que definir qué condiciones debería cumplir algo para ser absolutamente real.

Algo absolutamente real tendría que ser:

  1. No depender de nada más para existir
  2. No cambiar por el paso del tiempo
  3. No desaparecer si cambian las condiciones
  4. No ser relativo al observador
  5. Ser la causa última de todo lo demás

Si algo no cumple estas condiciones, puede ser real en un nivel, pero no absolutamente real.

¿El mundo físico cumple estas condiciones?

No. Depende de leyes. Depende del espacio-tiempo. Cambia constantemente. Puede desaparecer (cosmológicamente). Es relativo al observador. No se explica a sí mismo. Luego no puede ser lo absolutamente real.

¿La mente individual lo es?

Tampoco. Cambia. Depende del cuerpo. Tiene inicio y fin. Es relativa (cada uno tiene la suya). No cumple los requisitos.

Entonces, ¿qué opciones quedan?

Aquí entramos en el terreno donde la ciencia ya no puede responder sola y empieza la filosofía. Hay básicamente tres grandes posibilidades coherentes:

El Absoluto es la materia/energía fundamental.

Algunas posturas dicen: la realidad última es la energía, o campos cuánticos, o leyes físicas fundamentales.

Problema: siguen siendo cambiantes, siguen siendo describibles matemáticamente, siguen dependiendo de estructuras. No cumplen del todo los criterios de absoluto.

El Absoluto es la conciencia.

Otras tradiciones (filosofía, neurociencia avanzada, espiritualidad no dual) proponen que la conciencia no es un producto de la materia, es el “campo” donde aparecen materia, mente y mundo, y no es observable como objeto, pero hace posible toda observación.

Ventajas: no depende de objetos, no cambia con los contenidos, no está localizada, y no es relativa al observador (es el observar). Esta opción encaja mucho mejor con los criterios de absoluto.

El Absoluto es incognoscible.

Otras posturas dicen: hay algo último, pero no puede ser pensado ni descrito, solo puede ser apuntado negativamente (lo que no es).

Esto aparece en: mística apofática, Kant (la cosa en sí), y ciertas corrientes budistas. No niega el absoluto, pero niega que podamos definirlo.

Un punto en común entre las opciones 2 y 3.

Algo muy importante: Lo absolutamente real no puede ser un objeto. No puede aparecer dentro del mundo. No puede ser visto como algo “ahí fuera”

Porque todo lo que aparece cambia, depende, y tiene forma.

Entonces, ¿cómo se “conoce” lo absoluto?

Lo absoluto no se conoce como algo que miras, sino como aquello desde lo que miras.

No es experiencia. Es condición de posibilidad de toda experiencia.

Por eso, no se demuestra, no se observa, y no se mide.

Se reconoce, no se encuentra.

Otra analogía.

En la pantalla de un cine las imágenes cambian, las historias aparecen y desaparecen, y hay drama, miedo, alegría.

Pero, la pantalla no se quema cuando hay fuego en la película, no se moja cuando hay lluvia, y no desaparece cuando acaba la escena. La pantalla no es una imagen más. Es lo que permite que las imágenes aparezcan.

Entonces, ¿qué sería “lo real en sentido absoluto”?

Una formulación mínima y honesta sería: Aquello que no cambia, no depende, no aparece como objeto, y hace posible que todo aparezca.

Si lo llamas conciencia, ser, fundamento, realidad última, Dios (si defines bien el término), ya es una cuestión de lenguaje.

El mundo físico es real dentro de su nivel. Pero no es lo real en sentido absoluto.

Lo absoluto no es algo que ves, no es algo que ocurre, y no es algo que empieza o termina.

Es aquello sin lo cual nada podría ser visto, ocurrido o pensado.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 31

LECCIÓN 31

No soy víctima del mundo que veo.

1. La idea de hoy es la introducción a tu declaración de emancipación2Una vez más, la idea debe aplicarse tanto al mundo que ves fuera de ti como al que ves dentro. 3Al aplicar la idea de hoy lo haremos de una manera que se utilizará cada vez más, con ciertas modificaciones que ya se irán indicando. 4En general, esta manera de practicar comprende dos aspectos: uno en el que aplicas la idea de manera más prolongada, y otro en el que haces frecuentes aplicaciones de la idea en el transcurso del día.

2. La idea de hoy requiere dos sesiones de práctica más largas que de costumbre, una por la mañana y otra por la noche. 2Se recomiendan de tres a cinco minutos para cada una de ellas. 3Durante ese intervalo, mira lentamente a tu alrededor mientras repites la idea dos o tres veces. 4Luego cierra los ojos y aplica la idea tu mundo interno. 5Te liberarás de ambos al mismo tiempo, pues el interno es la causa del externo.

3. Mientras exploras tu mundo interno permite simplemente que cualquier pensamiento que cruce tu mente llegue hasta tu conciencia  obsérvalo por un instante, y luego reemplázalo con el siguiente. 2Trata de no establecer ninguna jerarquía entre ellos. 3Observa su ir y venir tan desapasionadamente como puedas. 4No te detengas en ninguno en particular, sino trata de mantener un ritmo uniforme y calmado, sin ningún marcado interés por tu parte. 5Mientras estés sentado observando tus pensamientos serenamente, repite la idea de hoy en tu interior tan a menudo como quieras, mas sin ninguna sensación de premura.

4. Repítela además tan frecuentemente como puedas en el transcurso del día. 2Recuerda que al hacerlo estás haciendo una declaración de independencia en nombre de tu propia libertad. 3Y en tu libertad radica la libertad del mundo.

5. La idea de hoy es también especialmente útil como respuesta a cualquier tipo de tentación que pueda presentarse. 2Es una declaración de que no vas a sucumbir a ella, aprisionándote así a ti mismo.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que no soy víctima de lo que percibo, porque el mundo que veo no es la causa de mi experiencia, sino el efecto de la elección que hago en mi mente. Nada externo tiene poder sobre mí. El sufrimiento no proviene de las situaciones, los objetos o las personas, sino de la interpretación que mi mente les ha dado.

El Curso no afirma que mis pensamientos “crean” el mundo en un sentido causal físico, sino que la mente elige primero una manera de ver, y desde esa elección surge la experiencia del mundo. Cuando elijo al ego como intérprete, veo separación, pérdida, ataque o culpa. Cuando elijo al Espíritu Santo, veo inocencia, unión y paz. El mundo es, por tanto, una proyección perceptual, no una realidad objetiva ni una fuente de efectos reales

Ser responsable, desde la perspectiva de UCDM, no significa culpabilizarme, sino reconocer que siempre conservo el poder de elegir de nuevo. No soy responsable del mundo como hecho, sino de la interpretación que hago de él. Al aceptar esto, dejo de sentirme indefenso y recupero mi poder interior.

Cuando me identifico como víctima, estoy reforzando el sistema de pensamiento del ego, que sostiene que estoy separado, que algo externo me ha hecho daño y que mi paz depende de factores ajenos a mí. Esa visión mantiene el miedo y posterga la salvación, pues deposita fuera de mi mente la causa y la solución del malestar.

Este ejercicio me invita a reconocer que yo he inventado el mundo que veo, no como un acto consciente ni voluntario, sino como resultado de haber elegido un sistema de pensamiento basado en la separación. Y si lo he inventado, puedo dejar de sostenerlo. No necesito cambiar el mundo; necesito cambiar de intérprete.

Al observar un objeto —por ejemplo, una fotografía de mi hijo— la mente puede activar recuerdos, emociones y significados aprendidos. No es la imagen la que me afecta, sino el pasado que proyecto sobre ella. En ese instante, no estoy viendo lo que es, sino lo que mi mente recuerda. El Curso me recuerda que solo veo el pasado, y que ese pasado no tiene realidad ahora

Al darme cuenta de esto, no niego el amor ni la emoción, pero los libero de la ilusión del tiempo. Ya no uso la imagen para reforzar una historia personal, sino que permito que sea reinterpretada desde la paz. No busco suprimir sentimientos, sino entregarlos a una nueva percepción.

Así, esta lección me entrena a reconocer que nada de lo que veo tiene el significado que creo, y que mi liberación comienza cuando dejo de defender mis interpretaciones. Al aceptar que no soy víctima del mundo que veo, me abro a ver con la Visión de Cristo, donde todo se convierte en una oportunidad de perdón y de paz.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 31 marca un giro decisivo en el entrenamiento mental.
Si la Lección 30 establecía que Dios está en la mente, la 31 extrae su consecuencia inevitable: 
Si Dios está en mi mente, no puede haber nada externo que me determine.

El propósito profundo de esta lección es deshacer completamente la identidad de víctima, que es el pilar central del ego.
El ego solo puede existir mientras crea que 
algo externo lo ataca, algo externo lo limita, algo externo es responsable de su dolor.

Esta lección no niega la experiencia, niega la interpretación.
No dice “no te ocurre nada”, sino: "Lo que ocurre no tiene el significado que crees".

Aquí comienza el verdadero empoderamiento espiritual: no desde el control, sino desde la responsabilidad sin culpa.

Instrucciones prácticas:

A diferencia de otras lecciones, aquí el énfasis no está en ejercicios largos, sino en aplicación honesta y constante.

La práctica consiste en:

  • Repetir la idea varias veces al día.
  • Aplicarla tanto a lo agradable como a lo desagradable.
  • Observar con sinceridad la reacción emocional que surge.

Ejemplo práctico:

  • “No soy víctima de esta discusión.”
  • “No soy víctima de este diagnóstico.”
  • “No soy víctima de esta pérdida.”
  • “No soy víctima de este éxito.”

El Curso no pide que lo creas, solo que lo practiques sin excepciones.

Aspectos psicológicos y espirituales:

A nivel psicológico, esta lección desmantela el rol aprendido de indefensión.
La mente del ego se define a sí misma como efecto, nunca como causa.
Por eso esta idea genera resistencia: parece amenazante.

Sin embargo, psicológicamente, asumir que no eres víctima, devuelve coherencia, reduce la ansiedad y restaura la sensación de poder interno.

Espiritualmente, esta lección afirma una verdad radical: La mente es causa; el mundo es efecto.

Aceptar esto no implica culpa, sino liberación.
La culpa diría: “yo hice esto mal”.
El Curso dice: “puedo elegir de nuevo”.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 31 es el puente entre reconocer que Dios está en la mente (30), y aceptar que el mundo es una proyección (32).

Sin esta lección, las siguientes serían incomprensibles.
Aquí se establece que no hay enemigos reales, no hay agresores externos, no hay fuerzas ajenas a la mente.

Es una antesala directa a: “He inventado el mundo que veo” (32), “Hay otra manera de ver el mundo” (33), “Podría ver paz en lugar de esto” (34).

Consejos para la práctica:

  • No utilices la idea para negar emociones.
  • No la uses para “culparte” por lo que sientes.
  • Permite que aparezca resistencia.
  • Observa especialmente el impulso a justificarte.

Una señal de práctica correcta es esta: la idea no te hace sentir culpable, pero sí te incomoda al principio. Eso indica que el ego está siendo cuestionado.

Conclusión final:

Esta lección no te dice que el mundo sea benigno, te dice algo mucho más profundo: El mundo no tiene poder sobre ti.

Aceptar que no eres víctima es aceptar que eres libre. Y aceptar que eres libre es aceptar que puedes elegir la paz.

Nada te encadena salvo una interpretación. Y toda interpretación puede ser entregada al Espíritu Santo.

Aquí comienza el final del victimismo y el inicio de la verdadera visión.

Ejemplo-Guía: "Todos los políticos son unos ladrones y unos mentirosos".

Este juicio no describe el mundo, sino la interpretación que mi mente ha elegido. El ego utiliza este tipo de pensamientos para convencerme de que la causa de mi malestar está fuera de mí y de que soy víctima de las acciones de los demás.

Desde esta lógica, culpamos al mundo de todo lo que creemos sufrir: la falta de trabajo, de dinero, los conflictos, las enfermedades o las injusticias. Cuando no encontramos responsables externos, incluso llegamos a culpar a Dios. Así, la culpa siempre queda fuera y la salvación parece inalcanzable.

El Curso me recuerda que no veo un mundo culpable, sino la culpa que he proyectado. Mientras crea en ella, necesitaré percibir culpables. La liberación comienza cuando dejo de juzgar y acepto que puedo elegir ver de otra manera.

El ego puede llegar incluso a afirmar que Dios es el origen de nuestro sufrimiento. Nos presenta la idea de un paraíso perdido y de un castigo impuesto, y concluye que debemos pagar con esfuerzo, dolor y sacrificio una culpa original. Desde esta lógica, Dios aparece como el primer responsable y, a continuación, todos aquellos que parecen ejercer poder en el mundo.

Así, el ego construye una cadena de culpables que comienza en Dios y se extiende al mundo entero. De este modo refuerza la creencia en la separación y sostiene la idea de que el dolor tiene una causa externa, ajena a la mente que lo experimenta.

Desde la visión del ego, buscamos la verdad fuera de nosotros. Creemos que el mundo que percibimos nos ataca y que los demás son la fuente de nuestro malestar. Sin embargo, el Curso nos recuerda que la separación no es real, sino una ilusión de la mente errada.

La única verdad es que no estamos separados de nuestro Creador ni de lo creado. Somos uno, y al reconocerlo, cesa la necesidad de buscar culpables y se restablece la paz.

Reconocer esta verdad nos devuelve la capacidad de dirigir nuestra experiencia. No se trata de controlar la vida, sino de asumir la responsabilidad de la elección que hace la mente. Para ello, el ego debe dejar de ocupar el lugar de guía, y la mente ha de abrirse a una única decisión significativa: elegir entre el Amor o el miedo. Esa es la única elección real.

El Curso no habla de una voluntad personal separada de Dios, sino de la Voluntad compartida, que se expresa como libertad de elección en la mente. El libre albedrío no consiste en fabricar resultados en el mundo, sino en decidir qué sistema de pensamiento voy a aceptar como verdadero. Cuando elijo el Amor, la paz es inevitable; cuando elijo el miedo, el sufrimiento parece real.

Desde esta comprensión, aquellos a quienes juzgamos —como los políticos— no son enemigos ni culpables, sino figuras del aula del perdón. Su comportamiento no es la causa de nuestro malestar, sino la ocasión para reconocer el contenido de nuestra propia mente. El mundo no nos ataca; nos refleja.

Mientras sostenga en mi mente la creencia en la separación, necesitaré ver sus efectos proyectados fuera. Esa creencia es la raíz de toda experiencia que interpreto como penalidad. El mundo me devuelve, en forma visible, el ataque que mantengo oculto en la mente.

Si juzgo a otros como ladrones, el Curso me invita a mirar dónde me estoy privando del Amor, de la verdad o de la paz. Si los juzgo como injustos, es una oportunidad para observar dónde aún mantengo juicios. No se trata de buscar faltas, sino de reconocer proyecciones.

La pregunta correcta no es: ¿por qué la vida me trata así?
La verdadera pregunta es: ¿desde qué sistema de pensamiento estoy mirando lo que veo?

No buscamos culpables, porque la culpa no es real. La culpa es una invención del ego que parece tener efectos mientras se cree en ella. Lo que buscamos es claridad, autoconocimiento, y la disposición a permitir que la mente sea corregida.

Cambiar el concepto de “pecado” por el de “error” es un paso esencial hacia el despertar. El error no exige castigo, sino corrección. Y la corrección llega cuando dejamos de juzgar y permitimos que el Amor sustituya al miedo.

Ahí comienza la verdadera libertad.

Reflexión: ¿Crees que las cosas ocurren por casualidad?

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