jueves, 9 de julio de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 190

LECCIÓN 190

Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.

1. El dolor es una perspectiva errónea. 2Cuando se experimenta en cualquier forma que sea, es señal de que nos hemos engañado a nosotros mismos. 3El dolor no es un hecho en absoluto. 4Sea cual sea la forma que adopte, desaparece una vez que se percibe correctamente. 5Pues el dolor proclama que Dios es cruel. 6¿Cómo podría entonces ser real en cualquiera de las formas que adopta? 7El dolor da testimonio del odio que Dios el Padre le tiene a Su Hijo, de la pecaminosidad que ve en él y de Su demente deseo de venganza y de muerte.

2. ¿Es posible acaso dar fe de semejantes proyecciones? 2¿Qué podrían ser sino falsedades? 3El dolor no es sino un testigo de los errores del Hijo con respecto a lo que él cree ser. 4Es un sueño de una encarnizada represalia por un crimen que no pudo haberse cometido; por un ataque contra lo que es completamente inex­pugnable. 5Es una pesadilla en la que hemos sido abandonados por el Amor Eterno, el cual jamás habría podido abandonar al Hijo que creó como fruto de Su Amor.

3. El dolor es señal de que las ilusiones reinan en lugar de la verdad. 2Demuestra que Dios ha sido negado, confundido con el miedo, percibido como demente y considerado como un traidor a Sí Mismo. 3Si Dios es real, el dolor no existe. 4Mas si el dolor es real, entonces es Dios Quien no existe. 5Pues la venganza no forma parte del amor. 6Y el miedo, negando el amor y valiéndose del dolor para probar que Dios está muerto, ha demostrado que la muerte ha triunfado sobre la vida. 7El cuerpo es el Hijo de Dios, corruptible en la muerte y tan mortal como el Padre al que ha asesinado.

4. ¡Que la paz ponga fin a semejantes necedades! 2Ha llegado el momento de reírse de ideas tan absurdas. 3No es necesario pen­sar en ellas como si fuesen crímenes atroces o pecados secretos de graves consecuencias. 4¿Quién sino un loco, podría pensar que son la causa de algo? 5Su testigo, el dolor, es tan demente como ellas, y no se debe tener más miedo de él que de las dementes ilusiones a las que ampara, y que trata de demostrar que no pue­den sino seguir siendo verdad.

5. Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. 2Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. 3No hay causa más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. 4Nadie, excepto tú mismo, puede afectarte. 5No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entriste­certe o de debilitarte. 6Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que ves, reconociendo simplemente lo que eres. 7Conforme percibas su inocuidad, ellas aceptarán como suya tu santa voluntad. 8Y lo que antes inspiraba miedo se convierte ahora en una fuente de inocencia y santidad.

6. Santo hermano mío, piensa en esto por un momento: el mundo que ves no hace nada. 2No tiene efectos. 3No es otra cosa que la representación de tus pensamientos. 4será completamente dis­tinto cuando elijas cambiar de parecer y decidas que lo que real­mente deseas es el júbilo de Dios. 5Tu Ser se alza radiante en este santo júbilo, inalterado e inalterable por siempre jamás. 6¿Le nega­rías a un pequeño rincón de tu mente su propia herencia y lo conservarías como hospital para el dolor, como un lugar enfermizo a donde toda cosa viviente tiene que venir finalmente a morir?

7. Tal vez parezca que el mundo te causa dolor. 2Sin embargo, al no tener causa, no tiene el poder de ser la causa de nada. 3Al ser un efecto, no puede producir efectos. 4Al ser una ilusión, es lo que tú deseas que sea. 5Tus vanos deseos constituyen sus pesares. 6Tus extraños anhelos dan lugar a sus sueños de maldad. 7Tus pensamientos de muerte lo envuelven con miedo, mientras que en tu benévolo perdón halla vida.

8. El dolor es la forma en que se manifiesta el pensamiento del mal, causando estragos en tu mente santa. 2El dolor es el rescate que gustosamente has pagado para no ser libre. 3En el dolor se le niega a Dios el Hijo que Él ama. 4En el dolor, el miedo parece triunfar sobre el amor, y el tiempo reemplazar a la eternidad y al Cielo. 5Y el mundo se convierte en un lugar amargo y cruel, donde reina el pesar y donde los pequeños gozos sucumben ante la embestida del dolor salvaje que aguarda para trocar toda alegría en sufrimiento.

9. Rinde tus armas, y ven sin defensas al sereno lugar donde por fin la paz del Cielo envuelve todas las cosas en la quietud. 2Aban­dona todo pensamiento de miedo y de peligro. 3No permitas que el ataque entre contigo. 4Depón la cruel espada del juicio que apuntas contra tu propio cuello, y deja a un lado las devastadoras acometidas con las que procuras ocultar tu santidad.

10. Así entenderás que el dolor no existe. 2Así el júbilo de Dios se vuelve tuyo. 3Éste es el día en que te es dado comprender plena­mente la lección que encierra dentro de sí todo el poder de la salvación: el dolor es una ilusión; el júbilo es real. 4El dolor es dormir; el júbilo, despertar. 5El dolor es un engaño; y sólo el júbilo es verdad.

11. Por lo tanto, volvemos nuevamente a optar por la única alter­nativa que jamás se puede elegir, ya que sólo elegimos entre las ilusiones y la verdad, entre el dolor y el júbilo, entre el Cielo y el infierno. 2Que la gratitud hacia nuestro Maestro invada nuestros corazones, pues somos libres de elegir nuestro júbilo en vez de dolor, nuestra santidad en vez de pecado, la paz de Dios en vez de conflicto y la luz del Cielo en lugar de las tinieblas del mundo.


¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que el sufrimiento no es un deseo natural del Hijo de Dios. Nadie, en su sano juicio, elegiría el dolor antes que la dicha, el miedo antes que el amor o la guerra antes que la paz.

Sin embargo, la experiencia cotidiana parece mostrarnos exactamente lo contrario. Una y otra vez vemos cómo la mente se aferra al conflicto, alimenta el resentimiento, protege la culpa y justifica el sufrimiento.

¿Por qué ocurre esto? Porque el ego ha construido toda su existencia sobre una identidad falsa. Su permanencia depende de que la mente continúe creyendo en la separación. Por ello, defenderá constantemente todo aquello que refuerce esa creencia, incluso cuando ello implique dolor.

¿Quién puede desear el miedo antes que el amor? ¿Quién puede desear el castigo antes que el perdón? ¿Quién puede desear la enfermedad antes que la salud? ¿Quién puede desear la muerte antes que la vida?

Sólo una mente confundida acerca de su verdadera identidad puede elegir semejantes sustitutos.

El ego teme profundamente la verdad porque sabe que, cuando ésta es aceptada, su sistema de pensamiento desaparece.

Por eso intenta convencernos de que somos un cuerpo vulnerable, nacido en un mundo hostil y condenado a desaparecer con el paso del tiempo. Nos enseña a creer que la culpa es real, que el sufrimiento tiene valor redentor y que el sacrificio es necesario para alcanzar la salvación.

Pero el Curso deshace pacientemente todas estas creencias. Nos recuerda que no somos un cuerpo (L-pI.199.8:7-8). Nos recuerda que no somos culpables. Nos recuerda que la separación jamás alteró la realidad de la Creación. Nos recuerda que seguimos siendo tal como Dios nos creó (L-pI.94.3:3; L-pI.110.6:2).

La identificación con el cuerpo nos ha llevado a experimentar el sueño de la separación. Dentro de ese sueño creemos haber abandonado nuestro Hogar y nos percibimos como seres aislados que deben luchar por sobrevivir.

Interpretamos la vida como un recorrido que comienza con el nacimiento y termina con la muerte. Creemos que somos víctimas de las circunstancias y atribuimos al mundo el poder de determinar nuestra felicidad o nuestro sufrimiento.

Desde esa percepción errónea surge la culpa. Y desde la culpa surge la necesidad de castigo.

El ego convierte entonces al cuerpo en el principal destinatario de esa condena. Lo hace responsable del dolor, de la enfermedad, del envejecimiento y de la muerte. Pero el cuerpo no es la causa. La causa siempre se encuentra en la mente. Como enseña el Curso, el resultado de una idea no está nunca separado de su fuente, y la idea de la separación dio lugar al cuerpo (T-19.IV.B.i.7:6-7).

La buena noticia es que nada de esto forma parte de nuestra verdadera realidad. La felicidad que buscamos no depende de circunstancias externas. La paz que anhelamos no depende de que el mundo cambie. La plenitud que perseguimos no se encuentra en aquello que adquirimos. Todo ello forma parte ya de nuestra herencia.

La dicha no es una recompensa futura. Es una condición natural de nuestro Ser. La paz no es algo que debamos fabricar. Es el estado que emerge cuando dejamos de sostener el conflicto. La salvación no consiste en convertirnos en algo diferente. Consiste en recordar lo que ya somos.

Por eso esta lección nos invita a elegir nuevamente. No entre dos caminos externos. No entre dos formas de vida. Sino entre dos sistemas de pensamiento. El sistema del ego, basado en el miedo. O el sistema del Espíritu Santo, basado en el Amor.

Cada instante nos ofrece esa oportunidad. Cada pensamiento constituye una elección. Cada percepción puede servir a la separación o a la unidad. Y cuando elegimos el Amor, comenzamos a recordar nuestra verdadera identidad.

Hoy puedo reconocer que no soy un ser limitado por el tiempo. No soy una víctima de las circunstancias. No soy una identidad construida por el miedo.

Soy Espíritu. Soy tal como Dios me creó. Soy inocente. Soy pleno. Soy eterno. Y en esa aceptación encuentro la libertad que siempre había buscado.

Reflexión: ¿Estoy buscando la felicidad donde nunca podrá encontrarse? ¿Sigo creyendo que el sufrimiento puede aportarme algo valioso? ¿Me identifico con el cuerpo o con el Espíritu? ¿Estoy alimentando pensamientos de separación o de unidad? ¿Podría elegir hoy recordar que soy tal como Dios me creó: libre, pleno, inocente y eternamente amado?

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 190 enseña que:

• El dolor no es parte de la realidad divina.
• La mente es la causa de la experiencia.
• El mundo no tiene poder causal.
• El júbilo es nuestra herencia natural.
• Siempre estamos eligiendo percepción.

Aquí la responsabilidad interior se vuelve total.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

En esta etapa, el Curso consolida soberanía interior.

Hoy se nos invita a:

• Reconocer pensamientos que generan dolor.
• Cuestionar la creencia en el castigo.
• Soltar juicio contra nosotros mismos.
• Deponer defensas.
• Elegir conscientemente el júbilo.

La práctica es mental.
La transformación es perceptual.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección:

• Reduce victimismo.
• Disminuye sensación de impotencia.
• Fomenta responsabilidad emocional.
• Debilita creencias de culpa profunda.
• Reestructura la narrativa interna.

Cuando comprendo que el dolor nace del pensamiento, recupero poder interior.

No es culpa. Es capacidad de elección.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente afirma:

• Dios no es fuente de sufrimiento.
• El Amor no produce miedo.
• La vida no es enemiga.
• La separación es ilusoria.
• El júbilo es estado natural del Ser.

El júbilo no es euforia emocional.
Es certeza serena.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy la práctica consiste en:

  1. Observar pensamientos de dolor.
  2. Identificar interpretaciones de ataque o culpa.
  3. Repetir conscientemente: “Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.”
  1. Permitir que la frase reemplace el juicio.
  2. Soltar las defensas internas.

No forzar felicidad.
Elegir percepción correcta.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No usar la lección para negar emociones humanas.
❌ No culparte por sentir dolor.
❌ No forzar alegría superficial.
❌ No convertirla en represión emocional.

✔ Practicar discernimiento.
✔ Cuestionar interpretación.
✔ Elegir comprensión en lugar de ataque.
✔ Permitir transición gradual.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa:

• 181 → Cambio de enfoque.
• 182 → Quietud.
• 183 → Identidad.
• 184 → Herencia.
• 185 → Elección de paz.
• 186 → Función.
• 187 → Bendición.
• 188 → Luz reconocida.
• 189 → Amor sentido.
• 190 → Júbilo elegido.

Aquí la práctica se vuelve decisiva.

No basta con reconocer.
Elegimos.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 190 declara algo liberador:

El dolor no es mandato divino.
No es destino inevitable.
No es verdad última.

Es una interpretación basada en error.

El júbilo es real.
Es nuestra herencia.
Es nuestra naturaleza.

Y hoy elegimos recordarlo.

FRASE INSPIRADORA: Cuando suelto la interpretación del dolor, descubro que el júbilo siempre estuvo esperando mi elección.


Ejemplo-Guía: "Si eliges ser un cuerpo, el dolor lo harás real; si eliges ser un Espíritu, el dolor es una ilusión".

Las enseñanzas de Un Curso de Milagros nos conducen constantemente hacia una misma pregunta: ¿Qué soy realmente?

Toda nuestra experiencia del mundo depende de la respuesta que demos a esta cuestión. Si creemos que somos un cuerpo, interpretaremos la vida desde las leyes del cuerpo. Si recordamos que somos Espíritu, comenzaremos a contemplar la experiencia desde una perspectiva completamente diferente (L-pI.97; L-pI.199).

El mundo que percibimos parece afirmar continuamente la realidad del cuerpo. Los sentidos nos informan de sus necesidades, de sus limitaciones y de sus cambios. Nos hablan del nacimiento, del crecimiento, del deterioro y de la muerte. Nos hablan del placer y del sufrimiento. Y, sobre todo, nos hablan del dolor.

Para el ego, el dolor constituye una de las pruebas más contundentes de que el cuerpo es real. Mientras sintamos dolor, resulta difícil cuestionar aquello que parece estar ocurriendo. El sufrimiento parece decirnos constantemente: Mira, aquí tienes la prueba de que eres un cuerpo. Por eso el ego utiliza el dolor como uno de los pilares fundamentales de su sistema de pensamiento.

Sin la enfermedad, sin el envejecimiento, sin la pérdida y sin la muerte, la identificación con el cuerpo comenzaría a debilitarse. El tiempo mismo se convierte en un aliado de esta creencia, pues nos muestra continuamente los cambios que experimenta aquello que creemos ser.

Sin embargo, el Curso nos invita a cuestionar esta interpretación. No nos pide negar la experiencia que percibimos. No nos pide fingir que el dolor no existe cuando parece estar presente. Nos invita a mirar más profundamente y a preguntarnos cuál es la causa de lo que experimentamos.

La mente es la causa. La percepción es el efecto (T-21.In.1:1-5; M-4.I.1:2-3). El cuerpo no piensa. El cuerpo no decide.

El cuerpo simplemente representa aquello que la mente ha elegido creer. El Curso enseña que “las decisiones son algo propio de la mente, no del cuerpo”, y que el cuerpo “nunca toma decisiones” (M-5.II.1:4-6; T-28.VI.2:2-4).

Por eso la verdadera curación no consiste únicamente en modificar los efectos, sino en corregir la causa. Y la causa fundamental es la creencia en la separación.

Cuando la mente cree estar separada de Dios, fabrica una identidad alternativa: el cuerpo. A partir de ahí, todo el sistema perceptivo comienza a organizarse para demostrar que esa identidad es real.

Pero una creencia, por intensa que parezca, sigue siendo una creencia. Y toda creencia puede ser cuestionada.

La práctica que nos propone el Curso comienza precisamente ahí: en aprender a retirar el valor absoluto que hemos otorgado a nuestras percepciones. Dejamos de reaccionar automáticamente. Dejamos de convertir cada experiencia en una prueba irrefutable de la realidad del mundo. Aprendemos a observar. Aprendemos a cuestionar. Aprendemos a elegir nuevamente.

Este proceso requiere paciencia y práctica. No basta con repetir intelectualmente que el dolor es una ilusión para que desaparezca toda sensación de sufrimiento. La mente necesita ser entrenada para reconocer progresivamente una verdad diferente.

Cada acto de perdón. Cada juicio que abandonamos. Cada instante en que elegimos la paz en lugar del miedo. Todo ello contribuye a debilitar la identificación con el cuerpo y fortalece el recuerdo de nuestra verdadera Identidad.

Por eso, cuando el dolor aparezca, no es necesario luchar contra él. Tampoco es necesario temerlo. Obsérvalo sin convertirlo en un enemigo. Míralo sin otorgarle el poder de definir quién eres. Recuerda que el dolor pertenece a una percepción temporal y que tu realidad se encuentra más allá de aquello que los sentidos informan.

La Lección 190 lo expresa con claridad: “El dolor es una perspectiva errónea” y “el dolor es una ilusión; el júbilo es real” (L-pI.190.1:1; L-pI.190.10:3).

Permite que el Espíritu Santo reinterprete para ti lo que estás viendo. Y repite suavemente en tu interior: “No soy un cuerpo. Soy libre” (L-pI.199). “Nada real puede ser amenazado” (T-in.2:2). “Soy tal como Dios me creó” (L-pI.94.3:3; L-pI.110.6:2).

Entonces comenzarás a comprender que la paz no depende de las condiciones del cuerpo, sino de la decisión de la mente de recordar su unión con Dios. Y en esa unión descubrirás que no tienes nada que temer. Porque la Fuente que te creó permanece contigo. Y aquello que Dios creó no puede sufrir, no puede perderse y no puede morir (M-20.5:7; T-in.2:2-3).


Reflexión:  ¿Para qué necesitamos el dolor?

6 comentarios:

  1. Amén y Graciasss🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏

    ResponderEliminar
  2. En realidad, pudiendo aplicar LA UNICA VERDAD, ya está. Gracias, Gracias, Gracias!

    ResponderEliminar
  3. Vivo en comunión con Dios en la dicha y la Paz🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙💙

    ResponderEliminar
  4. Lo elegimos porque lo valoramos, nos permite ser especiales, alejarnos del amor y seguir culpando creyendo que nos libera y es todo lo contrario. Pero podemos pedir ayuda al E.S. y elegir ver desde el amor, desde nuestro verdadero Ser y perdonarnos y extender amor a nuestros hermanos, todo esto es un proceso. Gracias !

    ResponderEliminar

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 190

LECCIÓN 190 Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor. 1.  El dolor es una perspectiva errónea.  2 Cuando se experimenta en cualquier form...