domingo, 4 de mayo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 124

LECCIÓN 124

Que no me olvide de que soy uno con Dios.

1. Hoy volvemos a dar gracias de que nuestra Identidad se encuentre en Dios. 2Nuestro hogar está a salvo; nuestra protec­ción garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto emprendamos. 3No podemos fracasar en nada. 4Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor que bendice y que sana. 5En unión con Dios y con el universo seguimos adelante llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con nosotros a todas partes.

2. ¡Cuán santas son nuestras mentes!  2Todo cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo misma. 3¡Cuán fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna! 4Nuestras luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro Compañero en nuestro breve recorrido por el mundo. 5Y aquellos que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la luz que nos acompaña se rezaga; si bien, no se separa de nosotros según seguimos ade­lante.

3. Lo que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aque­llos que han de venir después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotros por algún tiempo. 2Dios, que nos ama a todos con el amor equitativo con el que fuimos crea­dos, nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.

4. Hoy no pondremos en duda Su Amor por nosotros, ni cuestio­naremos Su protección ni Su cuidado. 2Ninguna absurda ansie­dad podrá venir a interponerse entre nuestra fe y nuestra conciencia de Su Presencia. 3Hoy somos uno con Él en reconoci­miento y en recuerdo. 4Lo sentimos en nuestros corazones. 5Sus Pensamientos se encuentran en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos.  6Hoy vemos únicamente lo amoroso y lo que es digno de amor.

5. Lo vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz. 2Lo vemos en los que están desesperados; en los tristes y en los compungidos, en los que creen estar solos y amedrentados, y a todos se les devuelve la tranquilidad y la paz interior en la que fueron creados. 3Y lo vemos igualmente en los moribundos y en los muertos, restituyéndolos así a la vida. 4podemos ver todo esto porque primero lo vimos en nosotros mismos.

6. A aquellos que saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún milagro. 2Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma de sufrimiento en cualquier per­sona, sea esta de tiempos pasados o aún por venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado. 3Sus pensamientos son intemporales, y no tienen nada que ver con el tiempo ni con la distancia.

7. Nos unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios. 2Pues con estas palabras afirmamos también que estamos sanos y salvos, y que podemos salvar y sanar. 3Ahora queremos dar lo que hemos recibido. 4Pues queremos conservar los regalos que nuestro Padre nos dio. 5Hoy deseamos tener la experiencia de que somos uno con Él, de modo que el mundo pueda compartir con nosotros nuestro reconocimiento de la realidad. 6Al nosotros tener esta experiencia, el mundo se libera. 7Y al negar que estamos separados de nuestro Padre, el mundo sana junto con nosotros.

8. ¡Que la paz sea contigo hoy! 2Asegura tu paz practicando la conciencia de que eres uno con tu Creador, tal como Él es uno contigo. 3En algún punto hoy, cuando te parezca más conve­niente, dedica media hora al pensamiento de que eres uno con Dios. 4Ésta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugie­ren palabras especiales con las que dirigir la meditación. 5Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de fallar. 6Mora en Él durante esa media hora. 7Él se encargará del resto.

9. ¡El beneficio que ello te ha de aportar no será menor porque creas que no está pasando nada. 2Quizá no estés listo hoy para aceptar estas ganancias. 3Pero en algún punto y en algún lugar, llegarán a tu conciencia, y no podrás sino reconocerlas cuando afloren con certeza en tu mente. 4Esta media hora estará enmar­cada en oro, y cada minuto será como un diamante incrustado alrededor del espejo que este ejercicio te ofrece. 5Y verás en él la faz de Cristo, reflejando la tuya.

10. Tal vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta santa media hora te presenta para que te mires en él. 2Cuando estés listo, la encontrarás allí, en tu mente, en espera de ser hallada. 3Recordarás entonces el pensamiento al que dedicaste esta media hora, y lleno de agradecimiento te darás cuenta de que jamás habrías podido invertir mejor el tiempo.

11. Tal vez hoy, tal vez mañana, mires en ese espejo y comprendas que la inmaculada luz que ves emana de ti; que la hermosura que en él contemplas es la tuya propia. 2Considera esta media hora como el regalo que le haces a Dios, con la certeza de que lo que Él te dará a cambio será una sensación de amor que sobrepasa tu entendimiento; una dicha tan profunda que excede tu compren­sión y una visión tan santa que los ojos del cuerpo no la pueden ver. 3Sin embargo, puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás.

12. Añade más gemas al marco dorado que rodea al espejo que hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros:

2Que no me olvide de que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad.

¿Qué me enseña esta lección? 

Hoy he tomado conciencia, de forma clara y reveladora, de la importancia de reconocer con certeza que soy uno con Dios. Esta toma de conciencia no ha sido intelectual, sino vivencial. Me ha permitido ver con nitidez cuán fácil y habitual resulta seguir los patrones del ego, incluso cuando creemos estar caminando hacia la verdad.

El ego es sutil. No se impone con estridencia; se infiltra a través de pensamientos aparentemente inofensivos, anclados en el pasado y cargados de interpretaciones que refuerzan la ilusión. Mientras los alimentamos, no advertimos que estamos viviendo desde una percepción falsa, donde el pasado se convierte en el filtro desde el cual interpretamos el presente.

Cada vez que emitimos juicios basados en la necesidad o en la carencia —pensamientos como “qué mala suerte tengo”, “la vida me está poniendo a prueba”, “mi felicidad depende de lo que les ocurra a mis seres queridos” o “no puedo estar en paz con tantos problemas”— estamos afirmando, aunque no seamos conscientes de ello, que somos víctimas de fuerzas externas y que merecemos esas experiencias. De este modo, nos identificamos con ellas y reforzamos una narrativa interna que da lugar a pensamientos sombríos, pesimistas y tristes.

Ocupar la mente con este tipo de pensamientos es alejarse de la verdad y elegir servir al error. Cada vez que damos realidad a palabras y conceptos como enfermedad, necesidad, dolor, miedo, castigo, sufrimiento, victimismo, sacrificio o separación, estamos fortaleciendo el sistema de pensamiento del ego y, al mismo tiempo, negándonos a nosotros mismos.

Detengámonos un instante a reflexionar.
Si Dios es Perfección, Plenitud, Salvación, Amor invulnerable e Impecabilidad absoluta, ¿podemos imaginar a Dios hablando de dolor, muerte, enfermedad o castigo? No es posible, porque esos conceptos no pertenecen a la verdad; son construcciones del ego, nacidas de la creencia en la separación.

El Hijo de Dios —cada uno de nosotros— es tal como fue creado: perfecto, a salvo, sano, pleno, eterno, inocente e invulnerable. No hemos cambiado nuestra naturaleza, aunque hayamos olvidado lo que somos. Somos exactamente tal como Dios nos creó.

Por ello, si realmente creemos que somos uno con Dios, estamos llamados a abandonar el lenguaje, los juicios y las interpretaciones del ego, y a permitir que nuestra mente se ponga al servicio del Espíritu. Desde esa elección, dejamos de repetir viejos patrones ilusorios y comenzamos a crear desde la verdad, extendiendo el Amor que somos.

Elegir la verdad es dejar de fabricar sufrimiento.
Elegir la verdad es recordar quiénes somos.
Elegir la verdad es aceptar, aquí y ahora, nuestra unidad con Dios.

Y desde esa certeza, descansamos.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

El sentido profundo de esta lección es la estabilidad de la identidad.

El ego vive de la distracción, fragmenta la atención, dispersa la mente, y sustituye la unidad por multiplicidad.

El Curso responde aquí con una petición simple: Que no me olvide.

No pide esfuerzo, pide memoria.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

El propósito de la Lección 124 es:

  • impedir que la mente vuelva a identificarse con la separación,
  • ofrecer un ancla estable durante el día,
  • deshacer la confusión entre apariencia y realidad,
  • consolidar la identidad compartida con Dios,
  • permitir que la paz sea constante y no episódica.

Esta lección no busca experiencias nuevas, sino continuidad.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce:

• Reducción de la sensación de aislamiento: La mente deja de sentirse sola frente al mundo.

• Disminución de la ansiedad existencial: La identidad deja de percibirse como frágil.

• Mayor coherencia interna: No hay múltiples “yoes” compitiendo.

• Estabilidad emocional profunda: La paz no depende de circunstancias.

Clave psicológica: El recuerdo de la unidad elimina la raíz del miedo.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

  • La unidad con Dios es inalterable.
  • El Hijo no puede separarse de su Fuente.
  • La creación no admite fragmentación.
  • Dios no está ausente en ningún instante.
  • Recordar la unidad es aceptar la verdad.

Aquí el Curso es categórico: La separación no es un hecho, solo una creencia sostenida por el olvido.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

La práctica de esta lección es recordatoria, no técnica:

  • Repetir la idea suavemente a lo largo del día.
  • Usarla cuando surja:
    • miedo,
    • sensación de abandono,
    • conflicto,
    • duda,
    • sensación de estar “solo”.
  • No analizar la unidad.
  • No intentar sentirla.
  • Simplemente recordarla.

La memoria reemplaza al esfuerzo.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No convertir la unidad en un concepto abstracto.
No negar emociones humanas apelando a la unidad.
No usar la idea como evasión espiritual.

Usarla como base.
Volver a ella con suavidad.
Permitir que actúe sin forzar.
Recordar que la unidad no fluctúa.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Después de:

  • 121 → el perdón como llave,
  • 122 → el perdón como plenitud,
  • 123 → la gratitud por lo recibido,

La Lección 124 cumple una función crucial: Estabilizar la mente en la verdad recordada.

Aquí el Curso consolida, identidad, continuidad, y pertenencia.

La unidad deja de ser una idea ocasional y se convierte en referencia constante.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 124 enseña una verdad silenciosa y firme:

Nada puede separarte de Dios, pero puedes olvidarlo… y también puedes recordarlo.

Cuando el recuerdo se mantiene, la paz no necesita ser buscada, permanece.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando no me olvido de que soy uno con Dios, nada puede perturbar mi paz.”


Ejemplo-Guía: "Cuando te sientas "bajo", recuerda que eres uno con Dios".

Esta práctica no nos es ajena. De hecho, la hemos utilizado de manera natural en los primeros años de nuestra vida, aunque con el tiempo hayamos olvidado su sencillez y su poder. En la infancia vivíamos con una sensación casi permanente de protección. La presencia de nuestros padres nos ofrecía seguridad, confianza y descanso. Sabíamos —sin razonarlo— que no estábamos solos.

A medida que crecemos, esa vivencia se transforma. Con la adolescencia aparece una nueva necesidad: afirmar la individualidad. En ese tránsito, parece producirse un “olvido” de la pertenencia a un hogar que nos sostenía y definía. La rebeldía propia de esa etapa nos lleva, muchas veces, a renegar de nuestros orígenes, como si necesitáramos separarnos para descubrir quiénes somos.

Este proceso psicológico refleja, de forma simbólica, el proceso espiritual que describe Un Curso de Milagros. El deseo de individualidad dio lugar al ego y a la creencia errónea de que estamos separados de nuestra Fuente. A partir de ahí, comenzamos a identificarnos con un cuerpo, sometido al tiempo y al espacio, vulnerable y limitado.

Elegir la separación es elegir el miedo.
Y del miedo surgen la culpa, el dolor, el sufrimiento, el conflicto, la enfermedad y la muerte.

El mundo que el ego fabrica se sostiene sobre la ilusión y mantiene a la conciencia sumida en un sueño profundo, donde olvidamos nuestra verdadera identidad. Sin embargo, incluso dentro del sueño, se nos concede una oportunidad esencial: reconocer que somos los soñadores.

Cuando tomamos conciencia de ello, accedemos a la posibilidad de elegir de nuevo. Podemos optar por sueños felices en lugar de pesadillas. Esta nueva elección transforma la percepción errónea en visión verdadera y nos permite vivir desde la unidad en lugar de la separación.

Desde ese instante, aceptamos nuestra función en el Plan de Salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo.

No obstante, mientras recorremos este nuevo camino, pueden aparecer dudas, inseguridades o momentos de desánimo; lo que coloquialmente llamamos un “bajón”. En esos instantes, la lección nos invita a recuperar la actitud de la infancia: la confianza absoluta.

Así como el niño se dirige a sus padres con la certeza de ser acogido y consolado, nosotros estamos llamados a dirigirnos a Dios con la misma confianza. No desde la súplica nacida de la carencia, sino desde el recuerdo de nuestra verdadera condición.

Cuando te sientas bajo, no luches contra la experiencia ni la juzgues.
Detente.
Recuerda.
Reafirma con suavidad y certeza:

Soy uno con Dios.
Nunca he estado separado.
Estoy a salvo.

Ese simple recuerdo disuelve la ilusión, restaura la paz y nos devuelve al lugar donde siempre hemos estado: en la quietud del Amor que nos creó.


Reflexión: ¿Has experimentado la presencia de Dios en tu interior? ¿Cómo te has sentido?

17 comentarios:

  1. buen dia muchas gracias por todo somos uno con Dios. nunca he sentido su presencia pero debe ser maravilloso..sentirlo...gracias...

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  2. Altamente Agradecido por esta explicación tan acertada Gracias

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  3. He tenido y tengo la inmensa fortuna de escuchar la voz de Dios. No puedo describirla con palabras pero es perfectamente audible y cada vez que me aquieto y pido su consejo acude a mí hablándome con tanta sabiduría y amor, con tanta ternura, que acabo llorando de agradecimiento y felicidad.
    Sé que siempre está ahí, que sólo tengo que invocarle y se hará presencia audible y que aunque no me hable va conmigo adonde quiera que me encuentre o en el estado que me encuentre.
    Creo que todo Hijo de Dios puede escucharlo si se deja, si se abandona, si no "hace fuerza" para ello. Esto al menos es mi experiencia y quiero compartirla con todos.

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    1. Que hermoso que lo puedas experimentar de esa manera.gracias!!!

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    2. Mai. Me identifico plenamente con lo que desis, lo he vivido de la misma forma desde pequeño y recién lo reconozco. Gracias por compartir. Gracias Juan José por tu blog

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  4. QUE NO ME OLVIDE QUE SOY UNO CON DIOS.

    *DISFRUTO DE SERENIDAD AL TENER PRESENTE QUE DIOS ESTÁ EN MÍ Y A MI ALREDEDOR.*

    En mí existe un lugar que no puede ser abatido por el caos del mundo. Es una parte centrada completamente en mi conciencia del amor divino y la posibilidad ilimitada que es Dios.

    No importa lo que suceda, puedo ir a ese espacio haciendo una pausa, respirando profundamente y centrando mi conciencia. Allí encuentro calma en medio de la discordia; serenidad en medio del disturbio.

    Nunca estoy solo porque Dios está conmigo y en mí. No pierdo la esperanza porque yo estoy en Dios. Justo en el centro de quien soy y lo que soy está mi luz. Dicha luz eterna y sagrada me guía y me da a conocer cada solución posible. Afronto cada desafío serenamente porque estoy con Dios en todo momento.
    Puedo tener un bajón como ser humano pero estoy segura que tengo el poder de subir mi energía conectando con el espíritu santo, hoy me regalo esta media hora de meditación sólo conectando con la presencia de Dios y lo logró. Gracias Juan José

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  5. *SIENTO SEGURIDAD EN MI CONCIENCIA DE UNIDAD CON DIOS.*

    Yo soy uno con Dios, y esa conexión es mi protección infalible. Las precauciones terrenales pueden brindarme cierta seguridad, mas mi unidad con Dios me da un sentido de seguridad profundo y certero. Cuando recuerdo y vivo esa verdad, siento paz. Si las preocupaciones llenan mi mente, puedo sosegar los pensamientos abrumadores confiando en el Espíritu divino. 

    Decir afirmaciones me recuerda que estoy a salvo gracias a la unidad que comparto con mi Creador. Al orar y meditar, expando mi vínculo con Dios y profundizo mi conciencia de Su guarda en todo momento. Mientras más me comprometo con esas prácticas que centran mi mente y mis pensamientos en la presencia perdurable del Espíritu, más segura me siento.

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  6. Soy Uno con Dios,en Eterna Paz y Santidad,con Todos mis hermanos🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️

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  7. Soy uno con Dios y Todos mis hermanos en el Amor y la Paz🙏🙏🙏🙏🙏✨✨✨✨✨💙💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍🥳🥳🥳🥳🥳🥳

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