2. Crees también que el cerebro puede pensar. 2Si comprendieses la naturaleza del pensamiento, no podrías por menos que reírte de esta idea tan descabellada. 3Es como si creyeses que eres tú el que sostiene el fósforo que le da al sol toda su luz y todo su calor; o quien sujeta al mundo firmemente en sus manos hasta que decidas soltarlo. 4Esto, sin embargo, no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver o que el cerebro puede pensar.¿Qué me enseña esta lección?
El ego no conoce la luz porque su identidad está anclada en
la oscuridad. Su sistema de pensamiento se limita a la identificación con el
cuerpo y con lo que es denso, temporal y perecedero. Si el ego tuviese
conciencia de la luz, reconocería de inmediato que la única realidad procede
del Espíritu, que es eterno e inmutable, y dejaría de sostener la ilusión de la
separación.
Al conferir valor a la oscuridad —es decir, al cuerpo como
supuesto fundamento de la vida— el ego asigna a los ojos físicos la función de
ver y al cerebro la función de pensar. Sin embargo, esta interpretación es
errónea, pues se basa en la dualidad y en la creencia en el tiempo. No es el
cuerpo el que ve ni el cerebro el que conoce; es la mente la que interpreta,
sueña y percibe.
La experiencia nos muestra que la visión no depende de los
órganos físicos. Un invidente puede percibir con mayor claridad que alguien con
vista, y cuando dormimos, sin utilizar los sentidos corporales, vivimos
experiencias tan vívidas y coherentes como las de la vigilia. Esto nos recuerda
que la percepción no se origina en el cuerpo, sino en la mente.
La verdadera visión se encuentra en la luz, y esa luz es
nuestra fortaleza. No es una cualidad adquirida, sino nuestra identidad real.
La capacidad de conocer la verdad no reside en el cerebro, sino en la mente que
ha sido creada por Dios. En la medida en que aprendemos a expresarnos desde la
unidad, reconocemos la verdad de la luz y damos expresión a nuestra auténtica
fortaleza.
El término fortaleza puede entenderse desde distintos
niveles, pero hay dos acepciones que iluminan especialmente esta lección:
por un lado, fuerza y vigor;
por otro, la virtud que permite vencer el temor sin caer en la temeridad.
El Curso nos recuerda que hemos depositado una fe excesiva en
el cuerpo como fuente de fortaleza, lo cual se evidencia en el modo en que
organizamos nuestra vida casi exclusivamente en torno a su protección,
comodidad y disfrute. Mientras sigamos creyendo que somos un cuerpo, seguiremos
confundiendo la fortaleza con la defensa, el vigor con el ataque y la seguridad
con el control.
La verdadera fortaleza no se encuentra en el cuerpo ni en el
esfuerzo personal del ego. La fortaleza es una con la luz. En este sentido, el
Curso nos enseña que el Amor del Espíritu Santo es nuestra única fortaleza
real. La nuestra está dividida, pues oscila entre el miedo y el deseo, y por
ello carece de realidad.
El Espíritu Santo es nuestra fortaleza porque sólo nos
reconoce como espíritu. Él sabe que hemos olvidado lo que somos y conoce
perfectamente el camino para enseñarnos a recordarlo. Al aceptar Su guía,
dejamos de buscar la fuerza en la oscuridad y aprendemos a descansar en la luz
que nunca nos ha abandonado.
Eso es lo que esta lección nos enseña: que la fortaleza no se
defiende, no se construye, no se gana, sino que se recuerda.
Propósito y sentido de la lección:
El propósito de esta lección es corregir la raíz de la falsa identidad, que siempre se expresa
como debilidad percibida.
El Curso enseña aquí tres verdades fundamentales:
- Los milagros solo pueden verse
desde la luz.
- La luz y la fortaleza son lo
mismo.
- Esa luz y esa fortaleza están
en ti porque eso es lo que eres.
No se trata de “ser fuerte” en términos del
mundo. No se trata de endurecerse, resistir o defenderse.
El ego dice:
- “Eres débil porque eres un
cuerpo.”
- “Necesitas protección
externa.”
- “La fortaleza viene del
esfuerzo.”
- “La luz está lejos.”
El Curso responde:
- No eres un cuerpo.
- Eres luz, por lo tanto eres
fuerte.
- La fortaleza es tu estado
natural.
- Solo tienes que recordarlo.
La lección redefine completamente la visión
espiritual: no ves milagros porque estés ciego, sino porque crees ser débil.
Instrucciones prácticas:
La práctica de hoy es silenciosa, suave y no
forzada, tal como en la Lección 62:
- Cierra los ojos.
- Observa tus pensamientos sin
analizarlos.
- No luches contra la debilidad
que crees ver.
- No intentes fabricar luz ni
fortaleza.
- Déjalas aparecer por sí
mismas.
- Permite que la oscuridad se
quede sin defensa.
Aplicación en el día:
- Repite la idea ante cualquier
sensación de vulnerabilidad.
- Úsala cuando surja cansancio,
irritación o juicio propio.
- Recuérdala cuando te
identifiques con el cuerpo.
La frase actúa como corrector inmediato de
identidad.
Aspectos psicológicos y espirituales:
Psicológicos
La lección desmonta la creencia de que la debilidad es natural.
Psicológicamente produce:
• reducción del miedo,
• disminución de la autocrítica,
• alivio de la autoexigencia,
• mayor estabilidad emocional,
• sensación interna de apoyo,
• desidentificación del cuerpo como “yo”.
La mente deja de interpretar vulnerabilidad como
identidad y empieza a verla como una simple confusión.
La fortaleza se convierte en un estado interno,
no en una performance.
Espirituales:
Espiritualmente, la lección es contundente:
- La luz
es lo que eres.
- La
fortaleza es inseparable de la luz.
- Lo que
Dios creó fuerte no puede ser débil.
- Los
milagros son el reflejo natural de esa fortaleza luminosa.
- La
visión real no viene del cuerpo, sino del ser.
La enseñanza central: La luz que ves es la luz
que eres, y la fortaleza que buscas es la fortaleza que ya tienes.
Relación con la progresión del Curso:
La secuencia es perfecta:
- 91 → Los
milagros se ven en la luz
- 92 → La
luz y la fortaleza son una, y tú eres esa luz
- 93 → La
luz, la fortaleza y la inocencia están unidas
- 94 → Mi
fortaleza está en mi inocencia
- 95–100
→ Consolidación de la identidad espiritual
La lección 92 es un puente decisivo: ya no basta
con saber que la luz está en ti;
debes aceptar que esa luz es tu fuerza y que sin ella no puedes ver milagros.
Consejos para la práctica:
• No fuerces la experiencia de luz.
• No luches contra pensamientos de debilidad.
• No creas que no estás avanzando si no “sientes” nada.
• No intentes imaginar la luz.
✔ Permite
que la práctica te lleve suavemente hacia dentro.
✔ Usa la idea cuando te
identifiques con el cuerpo.
✔ Recuerda que la fortaleza
no se obtiene: se reconoce.
✔ Deja que la luz te muestre
que el miedo no es real.
Conclusión final:
La lección 92 enseña que:
No puedes ver milagros si te crees débil, porque solo la luz puede ver lo
que es real.
Tu debilidad no existe.
Tu fortaleza es eterna.
Tu luz no puede apagarse.
Cuando recuerdas esto, la percepción se corrige y el milagro se vuelve
visible.
No necesitas hacer nada para ser fuerte: ya lo eres porque fuiste creado
así.
Frase inspiradora: “Cuando
dejo de confundirme con la debilidad, descubro la luz que soy y la fortaleza
que siempre me ha sostenido.”
Ejemplo-Guía: "Me siento triste, porque percibo la enfermedad en mi cuerpo".
El Curso nos recuerda que hay algo que prácticamente nunca
hemos hecho de manera consciente: olvidarnos por completo del cuerpo. Tal vez
en algunos momentos lo hayamos relegado a un segundo plano, pero nunca ha
desaparecido totalmente de nuestra atención. Y, sin embargo, no se nos pide más
que un solo instante en el que esto ocurra, pues es en ese instante cuando
tiene lugar el milagro de la Expiación. Tras él, el cuerpo vuelve a aparecer en
nuestra percepción, pero ya no es visto de la misma manera. Cada instante en el
que no somos conscientes del cuerpo nos ofrece una perspectiva distinta cuando
regresamos a él.
He considerado oportuno continuar con el ejemplo de la
enfermedad, porque cuando nos encontramos viviendo esta experiencia surge
inevitablemente la pregunta: ¿qué debo hacer?, ¿cómo debo actuar para recuperar
la salud?
El Curso es claro: no se nos pide que nos olvidemos del
cuerpo de forma permanente, sino tan solo un instante. Ese instante basta para
que la mente sea corregida y para que se nos muestre cuál es la percepción
verdadera.
Veamos un ejemplo práctico.
Llamaremos “M” al protagonista de esta experiencia. Lleva
varios años estudiando y practicando Un Curso de Milagros. Un día, su
cuerpo comienza a mostrar síntomas de gripe. Esta situación le contraría
profundamente, pues llevaba mucho tiempo sin enfermar y había asociado ese
hecho con el estado de su nueva consciencia espiritual.
Su primer impulso es buscar una causa. Sin demasiado
esfuerzo, identifica que días antes había emitido juicios carentes de amor
hacia un compañero. Reconoce que esos juicios le habían generado culpa, aunque
no la había hecho consciente en su momento. Interpreta entonces que esa culpa
ha sido la causa de la enfermedad.
A continuación, pide la Expiación al Espíritu Santo y pone la
enfermedad en Sus manos, esperando que se produzca una curación inmediata. En
su interior, alberga la expectativa de un milagro visible: que los síntomas
desaparezcan de forma instantánea.
Pero eso no ocurre.
Al comprobar que el cuerpo sigue manifestando la enfermedad,
M se entristece. No se siente en paz. Aunque no lo expresa abiertamente, surge
en su mente la sensación de que algo no está funcionando. Se siente debilitado
y una sutil duda comienza a instalarse. Cree estar buscando la luz, pero su
experiencia le parece oscura. Se pregunta qué más puede hacer.
En este punto, el Curso nos ofrece una de sus enseñanzas más
liberadoras:
Hacer algo siempre implica al cuerpo. Y cuando reconoces que
no tienes que hacer nada, dejas de conferirle valor al cuerpo en tu mente. En
ese reconocimiento se abre una puerta que te ahorra siglos de esfuerzo, pues a
través de ella puedes liberarte del tiempo. No hacer nada es descansar; es
permitir que la actividad del cuerpo deje de reclamar tu atención. Es en ese
espacio donde llega el Espíritu Santo y donde permanece, incluso cuando vuelves
a ocuparte de las actividades del mundo.
Existe en la mente un centro tranquilo, siempre accesible, al
que puedes regresar. Desde ahí, el cuerpo deja de ocupar la conciencia, y es
desde ahí desde donde se te enseña a utilizarlo impecablemente, sin otorgarle
una identidad ni un poder que no posee.
M comprende entonces que su percepción estaba siendo errónea.
Reconoce que desde la luz la oscuridad no se combate, simplemente desaparece.
Comprende que el Espíritu Santo no sana lo que no es real, sino que corrige la
mente que cree en la realidad de la enfermedad.
Toma consciencia de que buscar el significado de la
enfermedad como causa específica es seguir haciendo real lo ilusorio y reforzar
la culpa antes de elegir el perdón. Reconoce también que había puesto su
felicidad en manos del cuerpo y de su estado, y que esa decisión era la
verdadera fuente de su tristeza.
En ese reconocimiento, sin necesidad de hacer nada, comienza
la corrección. Porque la sanación, tal como la enseña el Curso, no consiste en
cambiar el cuerpo, sino en recordar que no somos un cuerpo, y que la paz
no depende de lo que el cuerpo parezca experimentar.
Eso es lo que esta lección nos invita a aprender.
Reflexión: ¿Recuerdas alguna situación en tu vida en la que hayas experimentado la fortaleza del Espíritu?

Woww que tremendo recordatorio..la enfermedad solo es una ilusion a la que no debo dar realidad...gracias
ResponderEliminarDe nada.
Eliminarbuen día, la enfermedad gracias a dios oh al Espíritu santo yo soy muy sana de cuerpo aunque soy mayor..no se si le abre prestado atención pero si estoy muy pendiente de mi, y no se si he sido pecaminosa pero para mi mi salud es el mejor regalo que dios me ha dado.el cuerpo es el vehículo que tenemos para hacer la tarea de la vida así sea un sueño y no tenga importancia..por algo estamos dentro de el todos tenemos un cuerpo a pesar de que somos átomos y energía todos tenemos un cuerpo visible a los ojos de los humanos..gracias.los animales tienen un cuerpo.es una apariencia si estoy de acuerdo.pero mientras estemos en el planeta aprendiendo esta es nuestra realidad..
ResponderEliminarGracias por ampliar cada una de las lecciones para ayudarnos mejor en su comprensión. Personalmente me han ayudado mucho.
ResponderEliminarGracias J.J
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