¿Cómo actuar si no siento amor?: Aplicando la lección
92.
Hay un momento
—silencioso pero incómodo— en el camino espiritual en el que uno se da cuenta
de algo que preferiría no ver: no siempre siente amor. Ni comprensión. Ni paciencia. Ni bondad.
Y entonces
aparece el conflicto: “Si actúo con amor sin sentirlo… ¿Estoy siendo falso?” “Si
actúo como me siento… ¿Estoy traicionando el camino?”
Parece que,
hagas lo que hagas, pierdes.
Y desde ahí,
todo se vuelve confuso.
El Curso
propone una corrección radical: el amor no es algo que sientes; es algo que eres.
Lo que
sientes, en cambio, puede fluctuar. Puede estar nublado, distorsionado o
incluso ausente en tu experiencia consciente. Pero eso no cambia lo que eres en
esencia.
Por eso,
cuando no sientes amor, no significa que el amor haya desaparecido.
Significa simplemente que estás mirando desde un lugar donde no puedes
reconocerlo.
Aquí es donde
la Lección 92 ofrece una clave silenciosa pero decisiva: No necesitas esperar a
sentir amor para actuar desde él. Porque actuar desde el amor no depende de la
emoción, sino de la visión.
Y la visión
—nos dice el Curso— no proviene del cuerpo ni de sus reacciones, sino de la
fortaleza interior que permanece intacta en ti.
Entonces,
¿cómo actuar cuando no sientes amor?
Primero,
dejando de intentar fabricar el sentimiento. Forzarte a sentir amor suele ser
otra forma de negarte, de imponerte una imagen espiritual ideal que no coincide
con tu experiencia actual.
No se trata de
eso. Se trata de algo más honesto y más profundo: reconocer desde dónde estás
viendo.
Si hay
irritación, juicio o frialdad, no necesitas maquillarlos con gestos “amorosos”.
Pero tampoco necesitas obedecerlos.
Puedes hacer
una pausa —interna, casi imperceptible— y admitir: “Ahora mismo no estoy viendo
con claridad.”
Ese
reconocimiento ya es un cambio.
Desde ahí,
actuar con amor deja de ser una actuación y se convierte en una elección
tranquila:
- No reaccionar
automáticamente.
- No alimentar el ataque,
aunque lo sientas.
- No reforzar la separación
que estás percibiendo.
No porque te
“nazca”, sino porque eliges no oscurecer más tu visión.
Este tipo de
acción no es hipócrita. Es, en realidad, profundamente coherente.
Porque no
estás actuando desde lo que sientes en la superficie, sino desde lo que reconoces como verdad en un nivel más profundo, aunque
todavía no lo experimentes plenamente.
Con el tiempo
—y esto es importante— la experiencia interna empieza a alinearse.
No porque
hayas “logrado sentir amor”, sino porque has dejado de sostener la percepción
que lo bloqueaba.
Y entonces
ocurre algo curioso: el amor que intentabas generar… empieza a aparecer por sí solo.
Así que la
próxima vez que no sientas amor, no lo tomes como un fracaso.
Tómalo como
una invitación.
No a fingir, no
a reprimir, sino a mirar de nuevo.
Y a elegir,
suavemente, no desde lo que sientes ahora, sino desde lo que, en silencio,
sigues siendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario