viernes, 31 de enero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 31

LECCIÓN 31

No soy víctima del mundo que veo.

1. La idea de hoy es la introducción a tu declaración de emancipación2Una vez más, la idea debe aplicarse tanto al mundo que ves fuera de ti como al que ves dentro. 3Al aplicar la idea de hoy lo haremos de una manera que se utilizará cada vez más, con ciertas modificaciones que ya se irán indicando. 4En general, esta manera de practicar comprende dos aspectos: uno en el que aplicas la idea de manera más prolongada, y otro en el que haces frecuentes aplicaciones de la idea en el transcurso del día.

2. La idea de hoy requiere dos sesiones de práctica más largas que de costumbre, una por la mañana y otra por la noche. 2Se recomiendan de tres a cinco minutos para cada una de ellas. 3Durante ese intervalo, mira lentamente a tu alrededor mientras repites la idea dos o tres veces. 4Luego cierra los ojos y aplica la idea tu mundo interno. 5Te liberarás de ambos al mismo tiempo, pues el interno es la causa del externo.

3. Mientras exploras tu mundo interno permite simplemente que cualquier pensamiento que cruce tu mente llegue hasta tu conciencia  obsérvalo por un instante, y luego reemplázalo con el siguiente. 2Trata de no establecer ninguna jerarquía entre ellos. 3Observa su ir y venir tan desapasionadamente como puedas. 4No te detengas en ninguno en particular, sino trata de mantener un ritmo uniforme y calmado, sin ningún marcado interés por tu parte. 5Mientras estés sentado observando tus pensamientos serenamente, repite la idea de hoy en tu interior tan a menudo como quieras, mas sin ninguna sensación de premura.

4. Repítela además tan frecuentemente como puedas en el transcurso del día. 2Recuerda que al hacerlo estás haciendo una declaración de independencia en nombre de tu propia libertad. 3Y en tu libertad radica la libertad del mundo.

5. La idea de hoy es también especialmente útil como respuesta a cualquier tipo de tentación que pueda presentarse. 2Es una declaración de que no vas a sucumbir a ella, aprisionándote así a ti mismo.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que no soy víctima de lo que percibo, porque el mundo que veo no es la causa de mi experiencia, sino el efecto de la elección que hago en mi mente. Nada externo tiene poder sobre mí. El sufrimiento no proviene de las situaciones, los objetos o las personas, sino de la interpretación que mi mente les ha dado.

El Curso no afirma que mis pensamientos “crean” el mundo en un sentido causal físico, sino que la mente elige primero una manera de ver, y desde esa elección surge la experiencia del mundo. Cuando elijo al ego como intérprete, veo separación, pérdida, ataque o culpa. Cuando elijo al Espíritu Santo, veo inocencia, unión y paz. El mundo es, por tanto, una proyección perceptual, no una realidad objetiva ni una fuente de efectos reales

Ser responsable, desde la perspectiva de UCDM, no significa culpabilizarme, sino reconocer que siempre conservo el poder de elegir de nuevo. No soy responsable del mundo como hecho, sino de la interpretación que hago de él. Al aceptar esto, dejo de sentirme indefenso y recupero mi poder interior.

Cuando me identifico como víctima, estoy reforzando el sistema de pensamiento del ego, que sostiene que estoy separado, que algo externo me ha hecho daño y que mi paz depende de factores ajenos a mí. Esa visión mantiene el miedo y posterga la salvación, pues deposita fuera de mi mente la causa y la solución del malestar.

Este ejercicio me invita a reconocer que yo he inventado el mundo que veo, no como un acto consciente ni voluntario, sino como resultado de haber elegido un sistema de pensamiento basado en la separación. Y si lo he inventado, puedo dejar de sostenerlo. No necesito cambiar el mundo; necesito cambiar de intérprete.

Al observar un objeto —por ejemplo, una fotografía de mi hijo— la mente puede activar recuerdos, emociones y significados aprendidos. No es la imagen la que me afecta, sino el pasado que proyecto sobre ella. En ese instante, no estoy viendo lo que es, sino lo que mi mente recuerda. El Curso me recuerda que solo veo el pasado, y que ese pasado no tiene realidad ahora

Al darme cuenta de esto, no niego el amor ni la emoción, pero los libero de la ilusión del tiempo. Ya no uso la imagen para reforzar una historia personal, sino que permito que sea reinterpretada desde la paz. No busco suprimir sentimientos, sino entregarlos a una nueva percepción.

Así, esta lección me entrena a reconocer que nada de lo que veo tiene el significado que creo, y que mi liberación comienza cuando dejo de defender mis interpretaciones. Al aceptar que no soy víctima del mundo que veo, me abro a ver con la Visión de Cristo, donde todo se convierte en una oportunidad de perdón y de paz.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 31 marca un giro decisivo en el entrenamiento mental.
Si la Lección 30 establecía que Dios está en la mente, la 31 extrae su consecuencia
inevitable:

Si Dios está en mi mente, no puede haber nada externo que me determine.

El propósito profundo de esta lección es deshacer completamente la identidad de víctima, que es el pilar central del ego.
El ego solo puede existir mientras crea que:

  • algo externo lo ataca,
  • algo externo lo limita,
  • algo externo es responsable de su dolor.

Esta lección no niega la experiencia, niega la interpretación.
No dice “no te ocurre nada”, sino: Lo que ocurre no tiene el significado que crees.

Aquí comienza el verdadero empoderamiento espiritual: no desde el control, sino desde la responsabilidad sin culpa.

Instrucciones prácticas:

A diferencia de otras lecciones, aquí el énfasis no está en ejercicios largos, sino en aplicación honesta y constante.

La práctica consiste en:

  • Repetir la idea varias veces al día.
  • Aplicarla tanto a lo agradable como a lo desagradable.
  • Observar con sinceridad la reacción emocional que surge.

Ejemplo práctico:

  • “No soy víctima de esta discusión.”
  • “No soy víctima de este diagnóstico.”
  • “No soy víctima de esta pérdida.”
  • “No soy víctima de este éxito.”

El Curso no pide que lo creas, solo que lo practiques sin excepciones.

Aspectos psicológicos y espirituales:

A nivel psicológico, esta lección desmantela el rol aprendido de indefensión.
La mente del ego se define a sí misma como efecto, nunca como causa.
Por eso esta idea genera resistencia: parece amenazante.

Sin embargo, psicológicamente, asumir que no eres víctima:

  • devuelve coherencia,
  • reduce la ansiedad,
  • restaura la sensación de poder interno.

Espiritualmente, esta lección afirma una verdad radical: La mente es causa; el mundo es efecto.

Aceptar esto no implica culpa, sino liberación.
La culpa diría: “yo hice esto mal”.
El Curso dice: “puedo elegir de nuevo”.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 31 es el puente entre:

  • reconocer que Dios está en la mente (30),
  • y aceptar que el mundo es una proyección (32).

Sin esta lección, las siguientes serían incomprensibles.
Aquí se establece que:

  • no hay enemigos reales,
  • no hay agresores externos,
  • no hay fuerzas ajenas a la mente.

Es una antesala directa a:

  • “He inventado el mundo que veo” (32),
  • “Hay otra manera de ver el mundo” (33),
  • “Podría ver paz en lugar de esto” (34).

Consejos para la práctica:

  • No utilices la idea para negar emociones.
  • No la uses para “culparte” por lo que sientes.
  • Permite que aparezca resistencia.
  • Observa especialmente el impulso a justificarte.

Una señal de práctica correcta es esta: la idea no te hace sentir culpable,
pero sí te incomoda al principio. Eso indica que el ego está siendo cuestionado.

Conclusión final:

Esta lección no te dice que el mundo sea benigno, te dice algo mucho más profundo: El mundo no tiene poder sobre ti.

Aceptar que no eres víctima es aceptar que eres libre. Y aceptar que eres libre es aceptar que puedes elegir la paz.

Nada te encadena salvo una interpretación. Y toda interpretación puede ser entregada al Espíritu Santo.

Aquí comienza el final del victimismo y el inicio de la verdadera visión.

Ejemplo-Guía: "Todos los políticos son unos ladrones y unos mentirosos".

Este juicio no describe el mundo, sino la interpretación que mi mente ha elegido. El ego utiliza este tipo de pensamientos para convencerme de que la causa de mi malestar está fuera de mí y de que soy víctima de las acciones de los demás.

Desde esta lógica, culpamos al mundo de todo lo que creemos sufrir: la falta de trabajo, de dinero, los conflictos, las enfermedades o las injusticias. Cuando no encontramos responsables externos, incluso llegamos a culpar a Dios. Así, la culpa siempre queda fuera y la salvación parece inalcanzable.

El Curso me recuerda que no veo un mundo culpable, sino la culpa que he proyectado. Mientras crea en ella, necesitaré percibir culpables. La liberación comienza cuando dejo de juzgar y acepto que puedo elegir ver de otra manera.

El ego puede llegar incluso a afirmar que Dios es el origen de nuestro sufrimiento. Nos presenta la idea de un paraíso perdido y de un castigo impuesto, y concluye que debemos pagar con esfuerzo, dolor y sacrificio una culpa original. Desde esta lógica, Dios aparece como el primer responsable y, a continuación, todos aquellos que parecen ejercer poder en el mundo.

Así, el ego construye una cadena de culpables que comienza en Dios y se extiende al mundo entero. De este modo refuerza la creencia en la separación y sostiene la idea de que el dolor tiene una causa externa, ajena a la mente que lo experimenta.

Desde la visión del ego, buscamos la verdad fuera de nosotros. Creemos que el mundo que percibimos nos ataca y que los demás son la fuente de nuestro malestar. Sin embargo, el Curso nos recuerda que la separación no es real, sino una ilusión de la mente errada.

La única verdad es que no estamos separados de nuestro Creador ni de lo creado. Somos uno, y al reconocerlo, cesa la necesidad de buscar culpables y se restablece la paz.

Reconocer esta verdad nos devuelve la capacidad de dirigir nuestra experiencia. No se trata de controlar la vida, sino de asumir la responsabilidad de la elección que hace la mente. Para ello, el ego debe dejar de ocupar el lugar de guía, y la mente ha de abrirse a una única decisión significativa: elegir entre el Amor o el miedo. Esa es la única elección real.

El Curso no habla de una voluntad personal separada de Dios, sino de la Voluntad compartida, que se expresa como libertad de elección en la mente. El libre albedrío no consiste en fabricar resultados en el mundo, sino en decidir qué sistema de pensamiento voy a aceptar como verdadero. Cuando elijo el Amor, la paz es inevitable; cuando elijo el miedo, el sufrimiento parece real.

Desde esta comprensión, aquellos a quienes juzgamos —como los políticos— no son enemigos ni culpables, sino figuras del aula del perdón. Su comportamiento no es la causa de nuestro malestar, sino la ocasión para reconocer el contenido de nuestra propia mente. El mundo no nos ataca; nos refleja.

Mientras sostenga en mi mente la creencia en la separación, necesitaré ver sus efectos proyectados fuera. Esa creencia es la raíz de toda experiencia que interpreto como penalidad. El mundo me devuelve, en forma visible, el ataque que mantengo oculto en la mente.

Si juzgo a otros como ladrones, el Curso me invita a mirar dónde me estoy privando del Amor, de la verdad o de la paz. Si los juzgo como injustos, es una oportunidad para observar dónde aún mantengo juicios. No se trata de buscar faltas, sino de reconocer proyecciones.

La pregunta correcta no es: ¿por qué la vida me trata así?
La verdadera pregunta es: ¿desde qué sistema de pensamiento estoy mirando lo que veo?

No buscamos culpables, porque la culpa no es real. La culpa es una invención del ego que parece tener efectos mientras se cree en ella. Lo que buscamos es claridad, autoconocimiento, y la disposición a permitir que la mente sea corregida.

Cambiar el concepto de “pecado” por el de “error” es un paso esencial hacia el despertar. El error no exige castigo, sino corrección. Y la corrección llega cuando dejamos de juzgar y permitimos que el Amor sustituya al miedo.

Ahí comienza la verdadera libertad.

Reflexión: ¿Crees que las cosas ocurren por casualidad?

Capítulo 18. II. La base del sueño (1ª parte).

II. La base del sueño (1ª parte).

1¿No es acaso cierto que de los sueños surge un mundo que parece ser muy real? 2Mas examina lo que es ese mundo. 3Obvia­mente no es el mundo que viste antes de irte a dormir. 4Es más bien una distorsión de él, urdida exclusivamente en torno a lo que tú hubieses preferido que ocurriese. 5En él eres "libre" para reconstruir lo que parecía atacarte, y convertirlo en un tributo a tu ego, que se indignó por el "ataque". 6Ése no sería tu deseo a menos que no te identificases a ti mismo con el ego, que siempre se ve a sí mismo, y, por lo tanto, a ti, como sometido a un cons­tante ataque y sumamente vulnerable a él. 

El ejemplo que utiliza Jesús en este punto nos ayuda en la comprensión de lo que sucede con nuestra mente en la interpretación que hace de la realidad percibida. 

La verdadera realidad es sustituida por una falsa realidad mientras dormimos. Es en ese estado llamado sueño donde la identidad de lo que realmente somos adopta un nivel de percepción que se deja seducir por lo ilusorio. El contenido del sueño, independientemente de que pueda ser feliz o terrorífico, siempre es una distorsión de la percepción verdadera. 

La necesidad de "dormir" pertenece al sistema de pensamiento del ego. Es el cuerpo el que siente esa necesidad biológica. Ya sabemos que el símbolo del ego, el cuerpo, está sujeto a las leyes de la temporalidad, por lo que es irreal, ya que tan solo lo que no cambia, lo eterno, es lo verdadero y real. Por lo tanto, las percepciones que procedan del cuerpo son todas irreales e ilusorias, tal y como lo es el contenido de lo percibido en sueño mientras dormimos.

2. Los sueños son caóticos porque están regidos por tus deseos conflictivos, y así, lo que es verdad les trae sin cuidado. 2Son el mejor ejemplo de cómo se puede utilizar la percepción para sus­tituir a la verdad por ilusiones. 3Al despertar no los tomas en serio, pues el hecho de que la realidad se viola tan radicalmente en ellos resulta evidente. 4Sin embargo, son una manera de ver el mundo y de cambiarlo para que se adapte mejor al ego. 5Son ejemplos impresionantes, tanto de la incapacidad del ego para tolerar la realidad, como del hecho de que tú estás dispuesto a cambiar la realidad para beneficiarlo a él.

La percepción del cuerpo tiene su origen en el deseo de ser especial, en el deseo de ver las cosas de manera diferente a como Dios nos ha creado. La creencia en la separación ha dado lugar al miedo y dicha creencia se fundamenta en la ausencia de amor. 

Es por ello que la mente dividida utiliza el pensamiento de ataque como un mecanismo de respuesta para protegerse del miedo. El ataque procede, pues, de la mente, aunque el ego piensa que ese poder lo tiene el cuerpo. Pero el cuerpo no ataca si no sigue los dictados de la mente errada. Es muy importante considerar esto que decimos, pues tenemos el poder de cambiar el contenido de nuestra mente y, de camino, utilizar nuestro cuerpo para la función para la que está diseñado, la de comunicar y compartir con los demás los atributos que forman parte de nuestra verdadera identidad espiritual. 

3. La diferencia entre lo que ves en sueños y lo que ves al desper­tar no te resulta inquietante. 2Reconoces que lo que ves al desper­tar se desvanece en los sueños. 3Al despertar, no obstante, no esperas que haya desaparecido. 4En los sueños eres tú quien determina todo. 5Las personas se convierten en lo que tú quieres que sean y hacen lo que tú les ordenas. 6No se te impone ningún límite en cuanto a las sustituciones que puedes llevar a cabo. 7Por algún tiempo parece como si se te hubiese dado el mundo para que hicieses de él lo que se te antojase. 8No te das cuenta de que lo estás atacando y tratando de subyugarlo para que se avenga a tus deseos.

Al analizar el contenido percibido mientras dormimos y nos sumergimos en el mundo ilusorio del sueño, las leyes de la lógica y de la razón desaparecen, dejándonos dar forma a una realidad que es fruto de nuestros deseos y en los que se pone de manifiesto el propósito de crear un mundo especial y acorde a nuestras falsas creencias. 

Lo que ocurre mientras dormimos es el mejor ejemplo que nos muestra el modo en cómo percibimos la realidad. Para el ego, el mundo que percibe es real, pero no se da cuenta de que lo que percibe es lo que su mente ha decidido hacer real. Lo temporal y lo perecedero son características propias del mundo fabricado por el ego; sin embargo, el ego no los cuestiona, sino que argumenta con todo el peso de su sistema de pensamiento que lo temporal es lo real. Que todo nace para morir y la verdad está sujeta a ese proceso cíclico que hace que lo que hoy es verdad, mañana ya no lo sea, siendo sustituido por otra verdad.

Todos estos argumentos pertenecen al mundo del sueño, y si es así, es señal inequívoca de que estamos dormidos.

jueves, 30 de enero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 30

LECCIÓN 30

Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.

1. La idea de hoy es el trampolín a la visión. 2Por medio de esta idea el mundo se abrirá ante ti, y al contemplarlo verás en él lo que nunca antes habías visto. 3lo que antes veías ya no será ni remotamente visible para ti.

2. Hoy vamos a intentar un nuevo tipo de "proyección". 2No vamos a tratar de deshacernos de lo que no nos gusta viéndolo afuera. 3En lugar de ello, trataremos de ver en el mundo lo que está en nuestras mentes, y lo que deseamos reconocer se encuentra ahí. 4Así pues, estamos tratando de unirnos a lo que vemos, en vez de mantenerlo separado de nosotros. 5Ésa es la diferencia fundamental entre la visión y tu manera de ver.

3. La idea de hoy debe aplicarse tan frecuentemente como sea posible a lo largo del día. 2Cada vez que tengas un momento, repítela lentamente para tus adentros, mirando a tu alrededor y tratando de comprender que la idea es aplicable a todo lo que ves ahora o podrías ver ahora si estuviese al alcance de tu vista.

4. La verdadera visión no está limitada por conceptos tales como "cerca" o "lejos". 2Para que te vayas acostumbrando a esta idea, trata de pensar, a medida que aplicas la idea de hoy, en cosas que estén más allá de tu alcance visual, así como en aquellas que de hecho puedes ver.

5. La verdadera visión no sólo no está limitada por el espacio ni la distancia, sino que no depende en absoluto de los ojos del cuerpo. 2La mente es su única fuente. 3Como ayuda adicional para que te vayas acostumbrando cada vez más a esta idea, dedica varias sesiones de práctica a aplicarla con los ojos cerrados, usando cualquier tema que te venga a la mente, mirando en tu interior en vez de afuera. 4La idea de hoy es aplicable por igual tanto a lo uno como a lo otro.


¿Qué me enseña esta lección?

 

Nada de lo que percibo parece estar fuera de mí, porque todo lo que veo es el resultado de la manera en que mi mente interpreta. El mundo que experimento no es una realidad independiente, sino una representación de los pensamientos a los que he dado valor. Cuando percibo el exterior como algo separado de mí, estoy reafirmando la creencia del ego en la separación: la idea de que existen mentes, intereses y voluntades distintas y opuestas, y de que yo estoy aislado de mi Fuente.

La lección 30 introduce una corrección decisiva a esta forma de ver. Si Dios está en todo lo que veo, es porque Dios está en mi mente. Esto no significa que las formas del mundo sean divinas en sí mismas, sino que el significado que ahora puedo reconocer en ellas procede de la Presencia que mora en la mente. Al aceptar esta idea, la percepción deja de fragmentar y comienza a unificar.

Desde esta visión, los hermanos dejan de ser figuras externas con comportamientos propios que me afectan, y pasan a ser espejos que reflejan los pensamientos que albergo. No para culparme ni juzgarme, sino para que pueda reconocerlos y entregarlos a la corrección. Así, cada encuentro se convierte en una oportunidad de sanar la mente y recordar la unicidad que compartimos.

El Curso no enseña que seamos Dios, sino que somos Hijos de Dios, y que compartimos con Él la naturaleza de la mente. Por eso, cuando la mente se alinea con la verdad, sus pensamientos se expresan en coherencia, paz y amor. La división, el conflicto y la incoherencia no proceden de la realidad, sino de una interpretación errónea que puede ser corregida.

La verdadera visión no depende de los ojos del cuerpo. Los ojos no ven; sólo transmiten información sin significado. Es la mente la que ve, y por eso la visión puede ejercitarse incluso con los ojos cerrados. De hecho, la lección nos invita a practicar de este modo para ayudarnos a comprender que la visión no está limitada por la distancia, el espacio ni los sentidos físicos.

Con frecuencia, lo que creemos ver con los ojos no nos revela la verdad de lo percibido, porque la mente interpreta desde sus creencias previas. Esta interpretación errónea no es la excepción, sino la norma mientras la mente esté guiada por el ego. Por eso, el entrenamiento del Curso no consiste en cambiar lo que vemos, sino en aprender a ver de otra manera.

Podemos recordar ejemplos en los que la percepción sensorial no basta para comprender la realidad. Ver no es reconocer automáticamente. La mente necesita aprender a interpretar correctamente. Del mismo modo, recuperar la visión espiritual no consiste en añadir algo nuevo, sino en permitir que la mente sea guiada por la Fuente del significado, que es Dios.

La lección 30 nos enseña, en definitiva, que el mundo se abre ante nosotros cuando cambiamos la fuente desde la que vemos. Al reconocer que Dios está en nuestra mente, comenzamos a ver un mundo distinto, no porque las formas hayan cambiado, sino porque el significado ha sido devuelto a su origen. En esa visión unificada, la separación pierde sentido y la paz se vuelve posible.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 30 es un punto de inflexión decisivo dentro del entrenamiento mental. El propio texto la define como “el trampolín a la visión”, es decir, el momento en que la mente empieza a dar el salto desde la percepción corregida hacia la visión verdadera.

Aquí se completa una secuencia lógica muy precisa:

  • Primero se deshace el ataque (26).
  • Luego se prioriza la visión (27).
  • Después se aprende a ver de otra manera (28).
  • Se reconoce la presencia de Dios en todo (29).
  • Y ahora se revela por qué: porque Dios está en la mente.

El sentido profundo de la lección es cerrar definitivamente la idea de separación. Si Dios está en tu mente, entonces no puede estar “fuera” de ti, ni puede haber un mundo ajeno, hostil o separado que deba ser interpretado o defendido.

Instrucciones prácticas:

A diferencia de otras lecciones, aquí no se establecen sesiones formales estrictas. El énfasis está en la aplicación constante y natural a lo largo del día.

La práctica consiste en:

  • Repetir la idea tan frecuentemente como sea posible.
  • Hacerlo lentamente, sin prisa.
  • Mirar a tu alrededor mientras la repites.
  • Reconocer que se aplica a todo lo que ves y también a lo que podrías ver.

Además, se introduce un elemento nuevo:

  • Pensar en cosas que no están al alcance de la vista.
  • Aplicar la idea con los ojos cerrados, usando cualquier pensamiento que surja.

Esto entrena a la mente para desprenderse de la dependencia visual y empezar a reconocer que la percepción nace en la mente, no en los sentidos.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección redefine el concepto de proyección. Hasta ahora, la mente proyectaba fuera lo que no quería reconocer dentro. Aquí se propone un uso completamente distinto: reconocer en el mundo lo que ya está en la mente.

Esto elimina la necesidad de defensa. Si lo que ves no está separado de ti, no puede atacarte. El mundo deja de ser una amenaza y se convierte en un reflejo neutro, abierto a una nueva interpretación.

Espiritualmente, la lección afirma algo radical: la fuente de la visión es la mente, no los ojos. La visión no depende del espacio, la distancia ni del cuerpo.

Dios no es percibido como algo externo que se busca, sino como la presencia interna que hace posible ver. Cuando esta idea se acepta, aunque sea de forma parcial, la percepción comienza a transformarse de manera irreversible.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 30 sella el bloque inicial del entrenamiento. A partir de aquí, el Curso ya no trabaja solo en deshacer errores, sino en afianzar una nueva forma de ver.

Esta lección prepara directamente el terreno para:

  • la visión sin juicios,
  • la experiencia de unidad,
  • el perdón como reconocimiento de lo compartido.

Es una antesala directa a la visión de Cristo, donde no hay observador y observado separados, sino una sola experiencia compartida.

Consejos para la práctica:

  • No intentes “ver a Dios” con los ojos.
  • No busques imágenes, colores o sensaciones especiales.
  • Permite que la idea repose suavemente en la mente.
  • Usa tanto lo visible como lo invisible como campo de práctica.

Cerrar los ojos es especialmente importante aquí, porque enseña a la mente que la visión no depende del mundo externo.

Conclusión final:

Esta lección no te pide que entiendas cómo ocurre la visión, sino que aceptes su fuente. Si Dios está en tu mente, entonces la visión es inevitable.

El mundo no cambia porque tú lo fuerces, sino porque tu manera de ver se transforma. Y cuando eso sucede, lo que antes parecía sólido, separado y amenazante simplemente deja de serlo.

Ejemplo-Guía: "Me desespera el comportamiento de mi hijo". 

Si somos capaces de aplicar correctamente la enseñanza de esta lección a este ejemplo, estaremos en condiciones de aplicarla a cualquier situación de nuestra vida. La razón es sencilla: no estamos intentando cambiar los efectos, sino corregir la causa, y eso es exactamente lo que define al milagro según Un Curso de Milagros.

Desde el sistema de pensamiento del ego, la mente funciona proyectando. Cree ver fuera lo que en realidad ha decidido dentro. Sus deseos, al estar orientados a sostener la individualidad y la separación, se acompañan inevitablemente de miedo. El ego teme perder aquello a lo que ha dado valor, aquello que cree poseer, y por eso interpreta el mundo como un lugar inestable y amenazante.

Cuando esos deseos parecen verse satisfechos en el exterior, la mente experimenta momentos fugaces de placer. Pero cuando encuentra resistencia o reflejos incómodos de sus propios pensamientos, se activa el mecanismo de defensa. Entonces ataca para no sentirse atacada. En ambos casos, la mente ignora que es ella misma la que se está atacando, al creer en la separación y proyectarla sobre los demás.

Las relaciones se convierten así en escenarios donde la mente puede observar sus propias creencias reflejadas. No como castigo, sino como oportunidad. Cada persona con la que nos relacionamos actúa como un espejo que nos muestra lo que aún creemos acerca de nosotros mismos. Desde esta perspectiva, no hay enemigos ni culpables externos, sino maestros que nos ayudan a reconocer lo que debe ser corregido en la mente.

La lección 30 introduce un giro decisivo: si Dios está en todo lo que veo, es porque Dios está en mi mente. Esto implica un cambio radical de orientación. Hasta ahora, la conciencia se ha alimentado de una percepción dirigida hacia fuera y gobernada por el ego. Ahora se nos invita a volver la mente hacia dentro y permitir que sea guiada por la Fuente del significado.

Esta reorientación no consiste en dejar de percibir, sino en permitir una percepción distinta: la percepción verdadera. En ella, la mente reconoce su origen, recuerda que es el soñador del sueño y deja de atribuir realidad absoluta a las formas. Desde esta visión, comienza a reconocer su naturaleza divina y a experimentar la paz que acompaña a ese recuerdo.

Aplicado al ejemplo que nos ocupa, ya no vemos a nuestro hijo como alguien separado que nos provoca desesperación. La separación deja de ser real para la mente. Aquello que antes parecía venir de fuera es reconocido ahora como una interpretación interna. Y es ahí, en ese nivel, donde se produce la corrección.

Al aceptar esta responsabilidad sin culpa, la mente puede perdonarse. Y al perdonarse, el perdón se extiende naturalmente al hermano. No se trata de justificar comportamientos ni de intervenir necesariamente en la forma, sino de cambiar la fuente desde la que miramos.

Cuando este modo de ver se convierte en un hábito nuevo, la relación se transforma. Puede que se utilicen menos palabras, pero las que se expresan proceden de un espacio distinto. El interés por el conflicto disminuye y surge una inclinación natural hacia el silencio interior, que es donde la mente aprende a escuchar a Dios.

Así, aplicar la lección 30 no nos lleva a cambiar el mundo, sino a cambiar la mente que lo interpreta. Y al hacerlo, el mundo que vemos ya no puede ser el mismo, porque su significado ha sido devuelto a su origen.

Reflexión: ¿Dónde crees que se encuentra lo real, en lo que percibes o en tus pensamientos?

Capítulo 18. EL FINAL DEL SUEÑO. I. El substituto de la realidad (4ª parte).

  Capítulo 18

EL FINAL DEL SUEÑO


I. El substituto de la realidad (4ª parte).

10. En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mantenerte separado de tu hermano. 2Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. 3Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. 4Y Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. 5Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. 6Y tal como Él os ama, así sois. 7Nosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. 8Dios está contigo, hermano mío. 9Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él.

Sí, ahora sabemos que somos uno. Ahora nos sentimos guiados por el Mensajero de Dios, por el Espíritu Santo. Su Voz nos acompaña en todo instante y nos libera de toda tentación.

Hemos alcanzado el altar donde se encuentra la verdad. Consciente en ese encuentro de Amor, sentimos la Comunión con nuestro Padre y hacemos nuestra Su Dicha por Su Compleción. Esa Compleción es también la nuestra. Hacemos consciente la Filiación.

11. El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu relación, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. 2El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la verdad. 3Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. 4¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la verdad ilumina! 5El Cielo la contempla y se regocija de que lo hayas dejado venir a ti. 6Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. 7El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. 8Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador.

Hemos dejado la relación especial atrás y, de la mano del Espíritu Santo, hemos percibido al otro tal y como es en verdad, compartiendo nuestra imagen y semejanza con Dios. Nos hemos hecho conscientes de que somos seres espirituales que comparten la esencia del amor y que poseen el don para crear desde el amor.

Hoy podemos exclamar al unísono: "Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limita­ción, a salvo, sano y pleno. Libre para perdonar y libre para salvar al mundo".

12. Aquel a quien Dios ha llamado no debe prestar oídos a ningún substituto. 2La llamada de los sustitutos no es más que el eco del error original que fragmentó el Cielo. 3¿Y qué fue de la paz de los que prestaron oídos a dicha llamada? 4Regresa conmigo al Cielo, y caminando junto con tu hermano ve a otro mundo más allá de éste, hasta llegar a la belleza y alegría que ese otro mundo te ofrece. 5¿Quieres debilitar y fragmentar aún más lo que ya se encuentra fragmentado y sin esperanzas? 6¿Es ahí donde buscarías la felicidad? 7¿No preferirías acaso reparar lo que ha sido quebrantado y unirte a la cruzada para devolverle la plenitud a lo que fue asolado por la separación y la enfermedad?

La vida que conocemos es fruto de una percepción alterada por la proyección de una mente que sirve al miedo, a la creencia en el pecado y en la culpa, lo que hace que dicha percepción de la vida se convierta en un pensamiento demente.

Al negar el amor, como nuestro huésped, lo que hacemos es sustituir la verdad por el error, por la ilusión. Siendo esto así, el mundo que percibimos es hijo del error, hijo de la ilusión, donde el amor es malentendido y temido, donde el amor se busca donde no se encuentra, donde el amor se mendiga y no se da.

13. Has sido llamado, junto con tu hermano, a la más santa función que este mundo puede ofrecer. 2Ésa es la única función que no tiene límites, y que llega hasta cada uno de los fragmentos de la Filiación cual auxilio sanador y unificador. 3Esto es lo que se te ofrece en tu relación santa. 4Acéptalo ahora, y lo darás tal como lo has recibido. 5La paz de Dios se te da con el luminoso propósito en el que te unes a tu hermano. 6La santa luz que os unió tiene que extenderse, de la misma forma en que la aceptasteis.

Cuando planteamos la ecuación de la igualdad y semejanza de Dios y Su Hijo, veíamos que el fruto del acto creado desde el amor es su expansión. Cuando se da lo que se es, lo que damos se multiplica a sí mismo y su abundancia será infinita, pues el hecho de expandirse ya es una manifestación infinita, pues esa es su misión. Eso es lo que es, y si lo es, lo será siempre.

Desde el amor te veo, hermano. Desde el amor te bendigo. 

miércoles, 29 de enero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 29

LECCIÓN 29

Dios está en todo lo que veo.

1. La idea de hoy explica por qué puedes ver propósito en todo. 2Explica por qué nada está separado, por sí mismo o en sí mismo. 3También explica por qué nada de lo que ves tiene significado alguno. 4De hecho, explica cada una de las ideas que hemos usado hasta ahora, y también todas las subsiguientes. 5La idea de hoy es el pilar de la visión.

2. Es probable que a estas alturas te resulte muy difícil entender la idea de hoy. 2Puede que creas que es tonta, irreverente, insen­sata, graciosa e incluso censurable. 3Ciertamente Dios no está en una silla tal como tú la ves. 4No obstante, ayer subrayamos que una simple mesa comparte el propósito del universo. 5lo que comparte el propósito del universo comparte el propósito de su Creador.

3. Trata hoy, pues, de comenzar a aprender a mirar a todas las cosas con amor, con aprecio y con una mentalidad abierta. 2Ahora mismo no las ves. ¿Cómo podrías saber lo que en ellas se encierra4Nada es como a ti te parece que es. 5Su santo propósito está más allá de tu limitado alcance. 6Cuando la visión te haya mostrado la santidad que ilumina al mundo, entenderás la idea de hoy perfectamente. 7Y no entenderás cómo pudo jamás haberte resultado difícil.

4. Nuestras seis sesiones de práctica, de dos minutos cada una, deben seguir la norma habitual: comienza repitiendo la idea en tu interior y luego aplícala a aquellos objetos seleccionados al azar que estén a tu alrededor, nombrando específicamente cada uno de ellos. 2Trata de evitar la tendencia a dirigir la selección, que, en el caso de la idea de hoy, puede ser una gran tentación debido a su naturaleza totalmente extraña. 3Recuerda que cualquier orden que tú intentes imponer le es igualmente extraño a la realidad.

5. Debes, por lo tanto, evitar al máximo ser tú mismo quien dirige la selección de objetos. 2Una lista adecuada podría incluir, por ejemplo:

3Dios está en este perchero.
4Dios está en esta revista.
5Dios está en este dedo.
6Dios está en esta lámpara.
7Dios está en ese cuerpo.
8Dios está en esa puerta.
9Dios está en esa papelera.

10Además de repetir la idea de hoy durante las sesiones de práctica asignadas, repítela como mínimo una vez por hora, mirando lentamente a tu alrededor mientras repites las palabras para tus adentros sin prisa. 11Por lo menos una o dos veces deberías experimentar una sensación de sosiego mientras haces esto.

¿Qué me enseña esta lección? 

Esta lección expresa una idea fundamental sobre la que descansa toda la visión verdadera: fuera de Dios nada es real. Todo lo que parece existir separado carece de significado propio, pues su sentido no proviene de sí mismo, sino de la Fuente que lo abarca todo.

Existe un único principio unificador que mantiene unidas a todas las cosas. Cuando la mente cree estar separada de lo que percibe, pierde de vista ese principio y proyecta su identidad fragmentada sobre el mundo. Desde esa confusión, busca verse reflejada en los demás para confirmar una individualidad que en realidad no existe.

La dualidad no es un hecho, sino una interpretación errónea. La unidad es la percepción correcta. Todo lo que parece ocurrir —pensamientos, emociones, creencias y experiencias— está ya unido en la mente, aunque la percepción fragmentada lo oculte. La lección 29 no nos pide que comprendamos cómo ocurre esta unidad, sino que comencemos a reconocerla.

Cuando el amor es condicional, la mente sigue atrapada en la creencia de la separación. Desde ahí surgen la inestabilidad, el conflicto y la sensación de pérdida. Pero cuando el amor deja de depender de las formas y se reconoce como lo que es, se experimentan la libertad y la paz. No porque el mundo haya cambiado, sino porque la interpretación ha sido corregida.

Ver a Dios en todo lo que vemos no significa atribuirle cualidades humanas a los objetos ni sacralizar las formas tal como las perciben los sentidos. Significa reconocer que ninguna forma tiene significado por sí misma, y que su único propósito real procede de Dios. Cuando esta visión se consolida, la mente recuerda su verdadera Identidad y puede afirmar, sin orgullo ni separación: «Soy tal como Dios me creó».

No vemos a Dios porque intentamos ver simultáneamente dos sistemas de pensamiento incompatibles: el mundo tal como lo define el ego y la verdad tal como Dios la conoce. Sólo uno de ellos puede ser real. El Curso lo expresa con claridad: «Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposible ver lo que no crees» (T-11.VI.1:1). Mientras creamos que el mundo separado es verdadero, no podremos reconocer a Dios en él.

Con frecuencia buscamos a Dios como algo externo, proyectándolo en imágenes o conceptos, e incluso atribuyéndole forma. Pero esta búsqueda no conduce al conocimiento, sino que refleja la misma confusión que intentamos resolver. La espiritualidad, desde la perspectiva del Curso, no consiste en buscar a Dios fuera, sino en despertar del error que nos hace creer que estamos separados de Él.

La verdadera espiritualidad es un proceso de recuerdo. Recordar que somos tal como fuimos creados: emanaciones de la Fuente, compartiendo una sola Filiación. Ver esta verdad no depende de nuestra disposición personal, aunque aceptarla sí. Como nos recuerda el Curso: «La capacidad para ver la conclusión lógica de algo depende de que estés dispuesto a verla, pero la verdad de esa conclusión no tiene nada que ver con que estés dispuesto» (T-7.X.2:4).

La verdad es la Voluntad de Dios, y compartir Su Voluntad es compartir Su Conocimiento. Negar que Su Voluntad sea la nuestra es negar el Reino, tanto para Dios como para nosotros. Por eso, la lección 29 no es una afirmación piadosa, sino un entrenamiento mental que deshace la creencia en significados separados.

Solemos pensar que lo que no perciben los ojos del cuerpo no existe. Esta creencia es uno de los mayores obstáculos para la visión espiritual. La visión verdadera no depende de los sentidos y, de hecho, no puede ver el error, porque no lo reconoce como real. Su única función es conducir a la Expiación, es decir, a la corrección de la percepción.

Todas las soluciones que los ojos del cuerpo buscan son temporales y finalmente se disuelven. En cambio, la Visión Crística —la visión de la Unidad— nos permite reconocer que Dios está en todo lo que vemos, no como una cualidad añadida, sino como su único significado real. Cuando esto se comprende, el mundo deja de ser un lugar de conflicto y se convierte en un aula donde el Amor se recuerda.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 29 es una de las más fundamentales de todo el Curso. El propio texto lo afirma sin ambigüedad: “La idea de hoy es el pilar de la visión”. Aquí se introduce el fundamento metafísico que sostiene todo el entrenamiento posterior.

Esta idea explica simultáneamente tres cosas que, para la mente del ego, parecen contradictorias:

  • por qué todo tiene un propósito,
  • por qué nada está separado,
  • y por qué nada tiene significado por sí mismo.

El Curso no dice que las cosas “contengan” a Dios tal como tú las percibes, sino que la separación que ves no es real, y que detrás de toda percepción fragmentada hay un propósito único, compartido, santo.

Esta lección no busca comprensión intelectual. De hecho, anticipa que probablemente te resulte absurda, ofensiva o incluso irreverente. Esa reacción no es un error: es la respuesta natural del sistema de pensamiento del ego cuando se ve cuestionado en su base.

Instrucciones prácticas:

La estructura práctica se mantiene:

  • Seis sesiones al día
  • Dos minutos cada una
  • Aplicación a objetos seleccionados al azar
  • Nombrando cada objeto de forma específica

La frase base es siempre: Dios está en este(a) ___.

El Curso insiste de manera especial en no dirigir la selección. En esta lección, la tentación de elegir “cosas espirituales” o “dignas” es muy fuerte, y precisamente por eso debe evitarse.

El entrenamiento no consiste en santificar algunos objetos, sino en deshacer la jerarquía de percepción que la mente ha construido. Cualquier orden impuesto por ti es igualmente ajeno a la realidad.

Aspectos psicológicos y espirituales:

A nivel psicológico, esta lección provoca resistencia porque parece violar categorías básicas:

  • sagrado / profano
  • importante / insignificante
  • espiritual / material

La mente entrenada en la separación no puede aceptar fácilmente que Dios esté en una papelera o en un dedo. Pero esa dificultad revela el núcleo del problema: la mente ha aprendido a fragmentar para poder juzgar.

El ejercicio no intenta convencerte, sino acostumbrar a la mente a sostener una idea que contradice su sistema habitual, sin luchar contra ella.

Espiritualmente, esta lección afirma que la santidad es universal, aunque no sea visible todavía. La visión verdadera no añade algo al mundo: revela lo que siempre ha estado ahí, oculto tras la interpretación personal.

Cuando el Curso dice que “Dios está en todo lo que veo”, no habla de localización física, sino de presencia y propósito compartido. Todo participa de una misma Fuente y, por tanto, de un mismo significado real, aunque aún no sea reconocido.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 29 es el cimiento explícito de la visión de Cristo. Todo lo anterior ha preparado la mente para tolerar esta idea sin rechazarla por completo.

  • En la 26 se deshace el ataque.
  • En la 27 se prioriza la visión.
  • En la 28 se aprende a mirar sin imponer significado.
  • En la 29 se revela qué es lo que realmente se verá cuando la percepción sea corregida.

A partir de aquí, muchas lecciones no harán sino desplegar las implicaciones prácticas de esta afirmación central.

Consejos para la práctica:

  • No intentes imaginar a Dios “dentro” de los objetos.
  • No busques sensaciones especiales.
  • No discutas mentalmente la idea.
  • Permite que la incomodidad esté presente sin corregirla.

La práctica es una exposición gradual a una verdad que la mente aún no puede comprender, pero que puede aprender a aceptar.

Conclusión final:

Esta lección no te pide fe ciega, sino disposición a mirar sin saber. Reconoce que ahora no ves, y que precisamente por eso necesitas entrenarte.

La promesa es clara: llegará un momento en que esta idea será tan evidente que no comprenderás cómo pudo parecerte difícil. Ese es el signo de la visión verdadera: no fuerza, no lucha, no convence; simplemente es.

Ejemplo-Guía: "Me desespera el comportamiento de mi hijo". 

Al llegar a este punto del camino, la mente ya ha sido entrenada para cuestionar aquello que antes daba por cierto. Las reflexiones propuestas a lo largo de las lecciones han actuado como una invitación a desaprender la manera habitual de ver, que estaba basada en la separación y el juicio. El Curso no nos exige aceptar intelectualmente estas nuevas ideas, sino simplemente ponerlas en práctica y observar sus efectos.

Los ejemplos que hemos ido aplicando han servido como herramientas para llevar las ideas del Libro de Ejercicios a la experiencia cotidiana. Si hemos practicado con honestidad, ahora podemos detenernos y observar si algo ha cambiado en nuestra manera de afrontar las situaciones. Y si ha cambiado, aunque sea levemente, podremos reconocer que hemos empezado a dejar de ver un mundo separado y a vislumbrar una percepción basada en la unidad.

Este cambio se manifiesta, entre otras cosas, en que ya no otorgamos el mismo valor a los pensamientos anclados en el pasado. En lugar de preguntarnos por qué ocurren las cosas, comenzamos a abrirnos a su propósito, no para definirlo por nosotros mismos, sino para permitir que se nos muestre su verdadero significado. En este proceso, la mente va soltando interpretaciones personales y se vuelve más receptiva.

A medida que avanzamos, llega un punto en el que la voluntad deja de verse atraída por el deseo de afirmar la individualidad como algo separado. Poco a poco, se pone al servicio de la Unidad. Desde ahí, la percepción cambia de raíz: comenzamos a ver la inocencia, la impecabilidad, la plenitud y la abundancia como lo que realmente somos. Y esta visión no se limita a nosotros mismos, sino que se extiende naturalmente a cada hermano.

La lección 29 nos enseña que, cuando la visión se corrige, lo que reconocemos en todo es un mismo significado. No vemos a Dios como una forma ni como una imagen concreta, sino como el único propósito real que subyace a todo lo que parece existir. En ese sentido, al mirar a nuestro hijo desde la visión verdadera, deja de ser sólo un personaje dentro de una historia personal y se convierte en una oportunidad para reconocer ese significado compartido.

Todo lo que percibimos tiene una sola causa y un solo propósito, aunque la percepción fragmentada lo oculte. Nada existe separado de su Fuente, y nada tiene un significado distinto del que Dios le ha dado. Cada relación, incluida la relación con nuestro hijo, se convierte así en un aula donde se nos ofrece recordar el Amor que nos creó.

La experiencia de relación no tiene otro sentido que el de despertarnos del sueño de la separación. Cuando se la contempla desde la visión que propone esta lección, deja de ser un motivo de conflicto o desesperación y se transforma en una oportunidad de reconocimiento. No vemos a Dios porque la forma sea divina, sino porque hemos dejado de atribuirle un significado separado.

Aplicar la lección 29 en este ejemplo es permitir que la mente reconozca que Dios está en todo lo que ve, incluso —y especialmente— en aquello que antes interpretaba como un problema. En esa visión unificada, la desesperación pierde su fundamento y la relación se libera para cumplir su único propósito verdadero: recordar el Amor.

Reflexión: Si en aquello que ves, no encuentras a Dios, entonces, lo que ves no es real.

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