domingo, 21 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 264

LECCIÓN 264

El Amor de Dios me rodea.

1. Padre, estás delante y detrás de mí, a mi lado, allí donde me veo a mí mismo y dondequiera que voy. 2Estás en todo lo que contemplo, en los sonidos que oigo y en cada mano que busca la mía. 3En Ti el tiempo desaparece, y la idea del espacio se vuelve una creencia absurda. 4Pues lo que rodea a Tu Hijo y lo mantiene a salvo es el Amor Mismo. 5No hay otra fuente que ésa, y no hay nada que no comparta Su santidad, nada que se encuentre aparte de Tu única creación o que carezca del Amor que envuelve a todas las cosas dentro de Sí. 6Padre, Tu Hijo es como Tú. 7Hoy apelamos a Ti en Tu Propio Nombre, para estar en paz dentro de Tu eterno Amor.

2. Hermanos míos, uníos a mí en este propósito hoy. 2Ésta es la plegaria de la salvación. 3¿No deberíamos acaso unirnos a lo que ha de salvar al mundo y a nosotros junto con él?


¿Qué me enseña esta lección?

La Lección 264 de Un Curso de Milagros, «Soy rodeado por el Amor de Dios», me enseña que la Presencia divina nos envuelve constantemente y que nada existe fuera de Su Amor. Esta lección nos invita a reconocer que nuestra existencia tiene su origen en Dios y que, por lo tanto, estamos eternamente sostenidos por Su gracia. Al aceptar esta verdad, disolvemos la ilusión de la separación y recordamos nuestra unión con la Fuente de la Vida.

Si Dios no nos hubiese creado, no existiríamos. Esta afirmación, aparentemente sencilla, encierra una profunda revelación: el Amor de Dios se encuentra en todo lo que es real. Como enseña el Curso: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.1:1). Reconocer esta verdad implica aceptar que nuestra esencia es amorosa, eterna e inmutable. Somos Sus Hijos, creados a Su Imagen y Semejanza, y portadores de Su potencial creador.

Tan sólo el Amor tiene la propiedad de crear. Todo aquello que no ha sido creado con su esencia carece de realidad y está destinado a desaparecer. El Curso lo afirma con claridad: «Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe» (T-2.VI.2:2-3). Desde esta perspectiva, comprendemos que el mundo de la ilusión no puede alterar nuestra verdadera naturaleza, la cual permanece intacta en la Mente de Dios.

El Hijo de Dios, haciendo uso de su facultad de elegir, creyó escindirse de su Creador y fabricó una realidad paralela basada en la ilusión. Esta percepción dio lugar a la experiencia del tiempo, de la vida y de la muerte. Sin embargo, tal separación jamás ocurrió en verdad. La Filiación permanece unida a su Fuente, y el Amor divino continúa envolviéndola sin interrupción.

El retorno a la conciencia de la Unidad está asegurado por el propio Creador. No podemos separarnos de la Fuente que nos dio la Vida. En nuestras manos está aceptar el camino de regreso al verdadero Hogar, permitiendo que el Espíritu Santo nos guíe hacia la verdad. Recordar a Dios es recordar nuestra identidad y reconocer que estamos eternamente rodeados por Su Amor.

Nuestra experiencia en el mundo material nos brinda la oportunidad de aprender a crear con amor y a reconocer la Unidad en la multiplicidad. Al contemplar a nuestros hermanos con la visión de Cristo, descubrimos en cada rostro el reflejo de nuestro Creador. Así, el mundo se transforma en un aula de aprendizaje donde la ilusión se disuelve ante la verdad.

Hoy acepto que soy rodeado por el Amor de Dios. En Él vivo, me muevo y existo, sostenido por Su gracia infinita. En esta certeza encuentro paz, seguridad y plenitud. Amén.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 264 enseña que nunca estás separado del Amor de Dios. Estás completamente rodeado por Él.

El tiempo y el espacio no son reales en esencia.

Todo comparte la misma fuente. La seguridad es total y constante.

No es alcanzar el Amor, es reconocer que nunca lo has dejado.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “El Amor de Dios me rodea”.

Cada repetición disuelve la sensación de soledad, reduce el miedo, fortalece la confianza y abre la experiencia de estar sostenido.

No se trata de imaginarlo, sino de permitir reconocerlo.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección trabaja directamente sobre la sensación de aislamiento.

Cuando te percibes solo, aparece ansiedad, necesidad de control, miedo al futuro, y sensación de vulnerabilidad.

Cuando esto se corrige, surge calma, aumenta la confianza, disminuye la tensión, y aparece una sensación de acompañamiento interno.

No porque algo externo cambie, sino porque reconoces lo que siempre ha estado ahí.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma que Dios es omnipresente, el Amor lo envuelve todo, no existe separación real, y el Hijo de Dios permanece en Él.

Y revela algo profundamente consolador: No estás buscando a Dios, estás dentro de Él.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

Recuerda a lo largo del día: “El Amor de Dios me rodea”.

Especialmente cuando aparezca el miedo, la duda o la sensación de soledad.

Puedes acompañarlo con:

  • “No estoy solo”.
  • “Estoy sostenido ahora mismo”.

No necesitas forzar la experiencia, sólo abrirte a ella.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No intentar sentir algo especial a la fuerza.
❌ No usar la idea para evitar emociones.
❌ No convertirlo en una creencia intelectual.

✔ Aplicarla suavemente en momentos cotidianos.
✔ Permitir que reduzca la ansiedad.
✔ Usarla como recordatorio, no como exigencia.

El Amor no viene y va, siempre está.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa profundizándose:

260 → Dios es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy completamente rodeado por Su Amor.

Ahora no sólo reconoces la verdad, comienzas a sentirte sostenido por ella.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 264 es profundamente reconfortante:

No estás solo.
No estás desprotegido.
No estás separado.

El Amor de Dios te envuelve completamente, ahora y siempre.

Y cuando esto empieza a sentirse, el miedo pierde sentido. Porque descubres que nunca estuviste fuera de casa.

FRASE INSPIRADORA: “El Amor de Dios no me encuentra, porque nunca me ha perdido”.


Ejemplo-Guía: "Viviendo el Amor".
 

Cuando me refiero al Amor, no estoy aludiendo a la pasión, a la emoción ni al sentimiento. Y ello por una sencilla razón: el Amor es sinónimo de unidad. Mientras que la pasión, la emoción y el sentimiento suelen surgir en el ámbito de la percepción y pueden dar lugar a la visión de la separación, el Amor verdadero trasciende toda dualidad. No nace del deseo de ser especial, sino de la certeza de ser Uno con todo lo creado.

El Amor, tal como lo presenta Un Curso de Milagros, no es una experiencia pasajera ni una reacción emocional; es una condición eterna del Ser. No depende de circunstancias externas ni de vínculos particulares. Es la esencia misma de nuestra identidad como Hijos de Dios.

¿Qué significa, entonces, vivir el Amor? Para mí, más que un acto aislado, es un estado de conciencia que nos lleva a vivir la vida desde la aceptación, la indefensión, la alegría y la abundancia. Es habitar la inocencia, la impecabilidad y la perfección que nos fueron dadas en nuestra creación. Vivir el Amor es reconocer que nada real puede ser amenazado y que nada irreal existe.

Desde este estado interior se despliega un comportamiento inusual para el mundo que estamos acostumbrados a experimentar. No se trata de desafiar sus leyes mediante la confrontación, sino de trascenderlas silenciosamente. El Amor no ataca ni se defiende; simplemente es. Su sola presencia pone en entredicho los principios del miedo, sin necesidad de oponerse a ellos.

Vivir desde el Amor significa actuar con serenidad ante el conflicto, responder con perdón ante la ofensa y ofrecer comprensión donde antes había juicio. Significa dar sin temor a perder, compartir sin esperar recompensa y reconocer la inocencia en cada ser. En este sentido, el Amor se convierte en la expresión más elevada de la libertad.

Este estado de conciencia nos permite contemplar el mundo con una nueva visión. Ya no vemos enemigos, sino hermanos; ya no percibimos carencia, sino plenitud; ya no experimentamos separación, sino unidad. Así, la percepción se transforma en un reflejo de la verdad.

Vivir el Amor es vivir la Visión de Cristo. Es recordar que somos el Hijo de Dios y que formamos una unidad inseparable con nuestro Creador y con toda Su Creación. Es aceptar nuestra verdadera identidad y permitir que se exprese a través de cada pensamiento, palabra y acción.

Cuando elegimos vivir desde el Amor, la paz se convierte en nuestra compañera constante, la alegría en nuestro lenguaje y la luz en nuestro camino. Y en ese estado de Ser, comprendemos que el Amor no es algo que debamos alcanzar, sino algo que siempre hemos sido.

Porque vivir el Amor es, en esencia, recordar a Dios.

Reflexión: ¿Veo a Dios en todo lo que me rodea?

4 comentarios:

  1. frecuentemente me encantan. todos los días tempranito la leo, pero esta, en mi opinión esta demasiado apologética. me permito recomendar el canal de you tube: adelgaza con un curso de milagros.

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  2. Soy uno en el Amor de Dios con todos mis hermanos.Con El Espíritu Santo y con Su Amado Hijo Jesucristo.

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