martes, 31 de enero de 2017

Principio 18: El milagro es un servicio.

PRINCIPIO 18

 El milagro es un servicio. Es el máximo servicio que le puedes prestar a otro. Es una manera de amar al prójimo como a ti mismo, en la que reconoces simultáneamente tu propia valía y la de él.

Existe una Regla de Oro, de la cual, el Curso de Milagros nos dice es la norma del comportamiento apropiado. La Regla de Oro nos pide que nos comportemos con los demás como quisiéramos que ellos se comportasen con nosotros. Esta Regla nos recuerda, que respondemos a lo que percibimos y tal como percibimos así nos comportamos. Por lo tanto, la percepción que tenemos de nosotros mismos, así como la que tenemos de los demás debe ser fidedigna.
Si nuestra percepción es incorrecta no podremos comportarnos de manera apropiada.

Desde la visión de la Unidad, en la que formamos parte de una misma familia, la percepción que tengamos con nosotros mismos y con los demás, condicionará el modo en cómo nos vamos a comportar con ambos, es decir, con nosotros mismos y con los demás.

Si en cambio nuestra visión es de separación, cuando atacamos el error que vemos en el otro, en verdad, nos estaremos haciendo daño a nosotros mismos. Como bien expresa el Curso, no podemos conocer a nuestro hermano, si lo atacamos. Atacamos aquello que consideramos extraño, y si atacamos a nuestro hermano, lo estamos considerando un extraño y no podremos conocerle, lo que está poniendo de manifiesto que, realmente, no nos conocemos a nosotros mismos.

Este Principio nos ofrece la oportunidad de profundizar sobre la idea que hemos expuesto de inicio, el milagro es una manera de amar al prójimo como a nosotros mismos.

Podemos partir diciendo, que la separación es la fuente de la culpabili­dad, y cuando recurrimos a ella para salvarnos, en verdad lo que estamos proclamando es nuestra creencia de que estamos solo. De ello se deduce que estar solo es ser culpable, pues al sentir que estamos solo, lo que estamos haciendo es negar la Unidad entre Padre e Hijo.

Sin embargo, no hay diferen­cias entre los Hijos de Dios y todo les pertenece a todos por igual. Arrebatarle algo a uno de ellos es desposeerlos a todos. Mas bendecir a uno de ellos, es bendecirlos a todos cual uno solo.

En el capítulo V del Curso, concretamente en su introducción nos revela la capacidad de expansión que tiene la luz cuando es manifestada a través del pensamiento amoroso:

Todo pensamiento benévolo que cualquiera de tus hermanos abrigue en cualquier parte del mundo te bendice. Deberías que­rer bendecirles a tu vez, como muestra de agradecimiento. No tienes que conocerlos personalmente ni ellos a ti. La luz es tan potente que irradia a través de toda la Filiación, la cual da gracias al Padre por irradiar Su dicha sobre ella. Únicamente los santos Hijos de Dios son canales dignos de Su hermosa dicha porque sólo ellos son lo suficientemente hermosos como para conservarla compartiéndola. Es imposible que un Hijo de Dios pueda amar a su prójimo de manera diferente de como se ama a sí mismo. De ahí que la plegaria del sanador sea:

Permíteme conocer a este hermano como me conozco a mí mismo.

Mientras dure la percepción, debemos agradecer el hecho de que nuestro hermano sea el espejo en el que vemos reflejada la imagen que tenemos de nosotros mismos. La percepción perdurará hasta que la Filiación reconozca que es íntegra.  Nosotros inventamos la percepción, y ésta perdurará mientras la sigamos deseando.

Sabemos por las enseñanzas del Curso, que es imposible apreciar la realidad parcialmente. En verdad, se ha dicho que no podemos servir a dos amos a la vez.
No podemos negar parte de la Filiación sólo en parte. Es tan imposible como lo es amarla sólo en parte. No es posible tampoco amarla totalmente sólo a veces. No podemos estar, totalmente comprometido sólo en algunas ocasiones. Si le negamos la bendición a un hermano, nos sentiremos desposeídos. Nos estaremos negando la bendición a nosotros mismos o lo que es lo mismo, nos estaríamos condenando.

Cuando un hermano actúa insensatamente, te está ofreciendo una oportunidad para que lo bendigas. Su necesidad es la tuya. Tú necesitas la bendición que puedes darle. No hay manera de que tú puedas disponer de ella excepto dándola. Ésa es la ley de Dios, la cual no hace excepciones. Careces de aquello que niegas, no porque haya carencia de ello, sino porque se lo has negado a otro, y, por lo tanto, no eres consciente de ello en ti. Lo que crees ser determina tus reacciones, y lo que deseas ser es lo que crees que eres. Lo que deseas ser, entonces, determina forzosamente todas tus reacciones”. (T.8.VII.2)

Si aceptamos la percepción variable que nuestro hermano tiene de sí mismo, estaremos aceptando que su mente dividida es la nuestra, y no aceptaremos nuestra pro­pia curación sin la suya.

Debemos reforzar nuestra mente con la visión de que compartimos el mundo real de la misma manera en que compartimos el Cielo, y la curación de nuestro hermano es nuestra curación.

Si percibimos que un hermano nos ha ofendido debemos arrancar la ofensa de nuestra mente. Si lo que percibimos nos ofende, nos ofendemos a nosotros mismos y condenamos al Hijo de Dios a quien Dios no condena.

En estas ocasiones, el Curso nos dice: “deja que el Espíritu Santo elimine todas las ofensas que el Hijo de Dios comete contra sí mismo y no percibas a nadie si no es a través de Su consejo, pues Él quiere salvarte de toda condenación. Acepta Su poder sanador y extiéndelo a todos los que Él te envíe, pues Su Voluntad es sanar al Hijo de Dios, con respecto al cual Él no se engaña”.

No podemos entablar ninguna relación real con ninguno de los Hijos de Dios a menos que los amemos a todos, y que los amemos por igual. El amor no hace excepciones. Si otorgas tu amor a una sola parte de la Filiación exclusivamente, estarás sembrando culpabilidad en todas tus relaciones y haciendo que sean irreales. Sólo puedes amar tal como Dios ama. No intentes amar de forma diferente de como Él lo hace, pues no hay amor aparte del Suyo. Hasta que no reconozcamos que esto es verdad, no tendremos idea de lo que es el amor. Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente o que mora en la paz de Dios. Si es inocente y está en paz, pero no lo ve, se está engañando, y ello significa que no se ha contemplado a sí mismo.

“No es un sueño amar a tu hermano como a ti mismo, ni tu relación santa es tampoco un sueño. Lo único que aún le queda del mundo de los sueños es que todavía es una relación especial. Mas le es muy útil al Espíritu Santo, Quien tiene una función especial aquí. Tu relación se convertirá en el sueño feliz a través del cual Él podrá derramar Su alegría sobre miles y miles de personas que creen que el amor es miedo y no felicidad. Deja que Él lleve a cabo la función que Él le asignó a tu relación al aceptarla en tu nombre, y no habrá nada que no contribuya a ella para que se convierta en lo que Él quiere que sea”. (T.18.V.5)

¿Cómo podemos hacer del milagro un servicio para la Filiación?

Los milagros son simplemente la transformación de la negación en verdad. Si amarse uno a sí mismo significa curarse uno a sí mismo, los que están enfermos no se aman a sí mismos. Por lo tanto, están pidiendo el amor que los podría sanar, pero que se están negando a sí mismos. Si supiesen la verdad acerca de sí mismos no podrían estar enfermos. La tarea del obrador de mila­gros es, por lo tanto, negar la negación de la verdad. Los enfermos deben curarse a sí mismos, pues la verdad mora en ellos. Mas al haberla nublado, la luz de otra mente necesita brillar sobre la suya porque dicha luz es suya.
La luz brilla en todos ellos con igual intensidad independien­temente de cuán densa sea la niebla que la oculta. Si no le otor­gas a la niebla ningún poder para ocultar la luz, no tiene ninguno. Pues sólo tiene poder si el Hijo de Dios se lo confiere. Y debe ser él mismo quien le retire ese poder, recordando que todo poder es de Dios. Tú puedes recordar esto por toda la Filia­ción. No permitas que tu hermano se olvide, pues su olvido es también él tuyo. Pero cuando tú lo recuerdas, lo estás recordando por él también porque a Dios no se le recuerda solo. Esto es lo que has olvidado. Percibir la curación de tu hermano como tu propia curación es, por lo tanto, la manera de recordar a Dios. Pues te olvidaste de tus hermanos y de Dios, y la Respuesta de Dios a tu olvido no es sino la manera de recordar.

No percibas en la enfermedad más que una súplica de amor, y ofrécele a tu hermano lo que él cree que no se puede ofrecer a sí mismo. (T.12.II.1:3)

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 31

LECCIÓN 31

No soy víctima del mundo que veo.

1. La idea de hoy es la introducción a tu declaración de emancipación2Una vez más, la idea debe aplicarse tanto al mundo que ves fuera de ti como al que ves dentro. 3Al aplicar la idea de hoy lo haremos de una manera que se utilizará cada vez más, con ciertas modificaciones que ya se irán indicando. 4En general, esta manera de practicar comprende dos aspectos: uno en el que aplicas la idea de manera más prolongada, y otro en el que haces frecuentes aplicaciones de la idea en el transcurso del día.

2. La idea de hoy requiere dos sesiones de práctica más largas que de costumbre, una por la mañana y otra por la noche. 2Se recomiendan de tres a cinco minutos para cada una de ellas. 3Durante ese intervalo, mira lentamente a tu alrededor mientras repites la idea dos o tres veces. 4Luego cierra los ojos y aplica la idea tu mundo interno. 5Te liberarás de ambos al mismo tiempo, pues el interno es la causa del externo.

3. Mientras exploras tu mundo interno permite simplemente que cualquier pensamiento que cruce tu mente llegue hasta tu conciencia  obsérvalo por un instante, y luego reemplázalo con el siguiente. 2Trata de no establecer ninguna jerarquía entre ellos. 3Observa su ir y venir tan desapasionadamente como puedas. 4No te detengas en ninguno en particular, sino trata de mantener un ritmo uniforme y calmado, sin ningún marcado interés por tu parte. 5Mientras estés sentado observando tus pensamientos serenamente, repite la idea de hoy en tu interior tan a menudo como quieras, mas sin ninguna sensación de premura.

4. Repítela además tan frecuentemente como puedas en el transcurso del día. 2Recuerda que al hacerlo estás haciendo una declaración de independencia en nombre de tu propia libertad. 3Y en tu libertad radica la libertad del mundo.

5. La idea de hoy es también especialmente útil como respuesta a cualquier tipo de tentación que pueda presentarse. 2Es una declaración de que no vas a sucumbir a ella, aprisionándote así a ti mismo.

¿Qué me enseña esta lección?

Todo responde a la ley de causa y efecto. Ser conscientes de que en ningún momento podemos estar desvinculados de aquellas experiencias que vivimos, forma parte del proceso de “despertar” de la conciencia.

En efecto, cada emanación de una idea en el plano mental trae como consecuencia un efecto en el plano de las manifestaciones físicas. Por lo tanto, como agentes activos de nuestros pensamientos debemos ser agentes activos y responsables de nuestras vivencias.

No podemos culpar al mundo exterior de cuanto nos ocurre, pues el mundo exterior es el espejo que refleja las energías que subyacen en nuestra naturaleza interior.

Si vamos por la vida como víctimas de aquello que vemos, carecemos de una visión real de nosotros mismos. Ese comportamiento responde al juicio del ego que interpreta la vida desde el punto de vista de la separación, lo que le lleva a culpar al otro, de aquello que recibe y al mismo tiempo, pone en manos externas su salvación.

Este ejercicio nos permite igualmente ser consciente de la importancia de reconocernos como hacedores, creadores de nuestro mundo. Siendo así, en cualquier momento podemos cambiar aquello que no nos guste.

Estoy observando los objetos que me rodean. A mi derecha veo un cuadro con una foto de mi hijo. Mi mente, de manera instantanea, evoca un recuerdo que condiciona mi pensamiento. Me siento emocionado por los sentimientos que se han despertado al mirar esa fotografía. Tomo conciencia, de que ese estado condiciona mi presente. Estoy reviviendo un recuerdo del pasado que me afecta, haciéndome sentir víctima de una ilusión, pues el pasado no es real, es más, ni tan siquiera el mundo que percibo lo es. Por lo tanto, debo educar mi mente, para que no de valor a lo que percibe, para que elija en todo momento ver las cosas tal y como realmente son.


Ejemplo-Guía: "Todos los políticos son unos ladrones y unos mentirosos"

Las cosas que nos pasan, las tienen, siempre, los demás. Ese es el argumento que utilizará el ego para convencernos de que somos víctimas de las acciones injustas de los demás.

Culpamos al mundo de todas nuestras penalidades. Lo culpamos de no tener trabajo, de no tener dinero, de las luchas, de las guerras, de los accidentes, de las enfermedades, de las injusticias, de todos y cada uno de los dramas que nos podamos imaginar. A veces, cuando ya no sabemos a quién señalar, nos acordamos de Dios, y también lo culpamos de nuestra mala fortuna.

Claro, el ego nos puede argumentar, que por culpa de Dios estamos sufriendo, podríamos permanecer, aún, gozando de los privilegios del Edén y en cambio, tenemos que trabajar para ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. Sí, definitivamente, Dios tiene la culpa en origen de nuestros males, no es necesario recordar, las plagas y miserias con las que nos ha castigado a lo largo de la historia. El ego, no conforme con ese argumento, nos dirá que Dios fue el primer culpable y tras él, todos aquellos que ostentan el poder.

Desde la visión del ego, desde la creencia en la separación con nuestro Creador y lo creado, la verdad la buscamos fuera de nosotros. Creemos que es a través de la percepción que nos dispensa el mundo que hemos fabricado, que son los demás los que nos atacan y agreden, cuando en realidad, la separación es una ilusión de la mente errada, y la única verdad, es que somos uno con todo lo creado.

Ver esa realidad, nos lleva a tomar el timón de la nave de nuestra propia existencia. El ego debe ceder su hegemonía y en su lugar, debemos dirigir nuestra mente hacia la única visión posible: tenemos la capacidad creadora de elegir. Ese don pertenece al Atributo más elevado de la Divinidad, es la Voluntad. La Voluntad nos lleva a gozar del Libre Albedrío y desde esa verdad, debemos tener la certeza de que el único camino que nos conduce a la libertad, es eligiendo el Amor en vez del miedo.

Los políticos, al igual como cualquier otra persona, lo único que están haciendo con su comportamiento, es actuar, a nivel colectivo y personal, como verdaderos maestros, pues nos está revelando la condición de nuestra naturaleza mental. Dar cobijo al error en nuestra mente percibiéndonos como seres separados es la fuente, el origen, de todas las experiencias que llamamos penalidades. Ellos, se ocupan de hacernos llegar las lecciones que somos incapaces de aprender por vía interna. 

Si los juzgamos como ladrones, preguntémonos dónde nos estamos robando o dónde estamos nosotros robando.No olvidemos que podemos robar de muchas maneras. Podemos robar ideas, sentimientos y bienes.
Si los juzgamos como injustos, es el momento de preguntarnos dónde somos nosotros injustos. Busquemos la injusticia en nuestro interior.

La pregunta que debemos hacernos, no es ¿por qué la vida nos trata así? La pregunta es otra bien distinta. ¿Qué estoy haciendo para que la vida me trate así?

No estamos buscando la culpa. La culpa es otra ilusión fabricada por la mente egoica y no tiene sentido alguno, aunque cuando creemos en ella es muy dañina. Lo que estamos buscando es el auto-conocimiento. Saber qué somos y a quién está sirviendo nuestra mente.

Recordemos las palabras de Maestro Jesús: ¡Quién esté libre de pecados arroje la primera piedra! Cambiemos el término pecado por error, y seguro que daremos un importante paso hacia el despertar de la conciencia.

Reflexión: ¿Crees que las cosas ocurren por casualidad?

lunes, 30 de enero de 2017

Principio 17: Los milagros trascienden el cuerpo.

PRINCIPIO 17

Los milagros trascienden el cuerpo. Son cambios súbitos al dominio de lo invisible, más allá del nivel corporal. Por eso es por lo que curan.


La creencia de que somos un cuerpo necesita ser corregida, ya que es un error.

Me gustaría profundizar en esta idea y dedicar este artículo a la creencia de que somos un cuerpo y sus consecuencias en nuestro proceso espiritual.


Lo primero que tenemos que saber, es que Dios no creó el cuerpo porque el cuerpo es destructible, y, por consiguiente, no forma parte del Reino. Sin embargo, el cuerpo es el símbolo de lo que creemos ser. Al ser un  mecanismo de separación, podemos decir que no existe. A pesar de ello, el  Espíritu Santo, en la función que tiene encomendada dentro del sueño, utiliza nuestra creencia y logra que el cuerpo se  utilice como un recurso de aprendi­zaje.  El cuerpo no es real pero la mente sí lo es. La mente puede curar al cuerpo, pero el cuerpo no puede curar a la mente, lo que nos lleva a determinar que la mente tiene que ser más fuerte que el cuerpo. Nos revela el Curso que todo milagro es una demostración de esto.

La visión del ego le lleva a utilizar al cuerpo como un arma para atacar, para obtener placer y para vanagloriarse. En cambio, el Espíritu Santo ve el cuerpo solamente como un medio de comunicación, y puesto que comunicar es compartir, comunicar se vuelve un acto de comunión.

“El milagro es en gran medida como el cuerpo, en el sentido de que ambos son recursos de aprendizaje para facilitar un estado en el que finalmente se hacen innecesarios. Cuando se alcanza el estado original de comunicación directa con el espíritu, ni el cuerpo ni el milagro tienen objeto alguno. Pero mientras creas que estás en un cuerpo, puedes elegir entre canales de expresión sin amor o canales de expresión milagrosos. (T.C1.V.1)

¿Qué uso debemos dar al cuerpo, a pesar de conocer que no es real, mientras que permanezcamos en el sueño?

Es importante tener una respuesta clara sobre este particular, pues como bien se recoge en el Libro de Lecciones, Hay quienes odian al cuerpo y tratan de lastimarlo y humillarlo. Otros lo veneran y tratan de glorificarlo y exaltarlo. Pero mientras tu cuerpo siga siendo el centro del concepto que tienes de ti mismo, estarás atacando el plan de Dios para la salvación y abrigando resentimientos contra Él y contra Su creación, a fin de no oír la Voz de la verdad y acogerla como Amiga. El que has elegido como tu salvador ocupa Su lugar. Él es tu amigo; Dios, tu ene­migo. (L.pI.72.7)

Tanto el que odia al cuerpo como el que lo venera participa del mismo error, pues el cuerpo no puede proporcionarte ni paz ni desasosiego, ni alegría ni dolor. Es un medio, no un fin.

El mejor uso que podemos hacer del cuerpo es utilizarlo para que nos ayude a ampliar nuestra percepción, de forma que podamos alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo.

La Lección 199 del Libro de Ejercicios, nos anuncia que no podremos ser libres mientras nos percibamos como un cuerpo, pues el cuerpo es un límite. Nos refiere, que el que busca su libertad en un cuerpo la busca donde ésta no se puede hallar. La mente puede ser liberada cuando deja de verse a sí misma como que está den­tro de un cuerpo, firmemente atada a él y amparada por su pre­sencia.

Para el Espíritu Santo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación.

El ego separa mediante el cuerpo. El Espíritu Santo llega a otros a través de él. No percibes a tus hermanos tal como el Espíritu Santo lo hace porque no crees que los cuerpos sean únicamente medios para unir mentes, y para unirlas con la tuya y con la mía. Esta interpretación del cuerpo te hará cambiar de parecer con respecto al valor de éste. El cuerpo, de por sí, no tiene ningún valor.
Si usas el cuerpo para atacar, éste se convierte en algo perjudicial para ti. Si lo usas con el solo propósito de llegar hasta las mentes de aquellos que creen ser cuerpos para enseñarles a través del mismo cuerpo que eso no es verdad, entenderás el poder de la mente que reside en ti. Si usas el cuerpo con este fin, y sólo con este fin, no lo podrás usar para atacar. Cuando se usa con el propósito de unir se convierte en una hermosa lección de comu­nión, que tiene valor hasta que la comunión se consuma. Ésta es la forma en que Dios hace que lo que tú has limitado sea ilimitado. El Espíritu Santo no ve el cuerpo como lo ves tú porque sabe que la única realidad de cualquier cosa es el servicio que le presta a Dios en favor de la función que Él le asigna.
La comunicación pone fin a la separación. El ataque la fomenta. El cuerpo es feo o hermoso, violento o apacible, perju­dicial  o útil, dependiendo del uso que se haga de él. Y en el cuerpo de otro verás el uso que has hecho del tuyo. Si tu cuerpo se convierte en un medio que pones a disposición del Espíritu Santo para que Él lo use en nombre de la unión de la Filiación, no verás lo físico excepto como es. Úsalo para la verdad y lo verás correctamente. Úsalo incorrectamente y lo interpretarás mal, lo cual habrás hecho ya al usarlo incorrectamente. Interpreta cual­quier cosa sin el Espíritu Santo y desconfiarás de ello. Eso te conducirá al odio y al ataque, y hará que pierdas la paz”. (T.C8.VII.1)

Es preciso que el cuerpo deje de atraernos y dejemos de prestarle ningún valor como medio de obtener algo, si queremos que nuestros pensamientos sean tan libres como los de Dios.

Debemos poner en manos del Espíritu Santo nuestra enseñanza en el uso del cuerpo. Debemos dejar de utilizar el cuerpo para fomentar la separación y el ataque y usarlo sólo como un medio de comunicación.

Alcanzado este punto, me gustaría transcribir lo que nos enseña el Libro de Ejercicios con relación a la idea que estamos tratando. Dedica un capítulo completo para explicar la visión de Un Curso de Milagros con relación al cuerpo.

¿Qué es el cuerpo?

1. El cuerpo es una cerca que el Hijo de Dios se imagina haber erigido para separar partes de su Ser de otras partes. 2Cree vivir dentro de esa cerca, para morir a medida que ésta se deteriora y se desmorona. 3Pues cree estar a salvo del amor dentro de ella. 4Al identificarse con lo que considera es su seguridad, cree ser lo que ésta es. 5¿De qué otro modo, si no, podría estar seguro de que permanece dentro del cuerpo, y de que mantiene al amor afuera?
2. El cuerpo no perdurará. 2Sin embargo, para él eso supone una doble seguridad. 3Pues la temporalidad del Hijo de Dios es la "prueba” de que sus cercas funcionan y de que están llevando a cabo la tarea que su mente les asignó. 4Pues si su unidad aún permaneciese intacta, ¿quién podría atacar y quién podría ser ata­cado? 5¿Quién podría ser el vencedor? 6¿Quién la presa? 7¿Quién podría ser la víctima? 8¿Quién el asesino? 9Y si él no muriese, ¿qué "prueba" habría de que el eterno Hijo de Dios puede ser des­truido?
3. El cuerpo es un sueño. 2Al igual que otros sueños, a veces pa­rece reflejar felicidad, pero puede súbitamente revertir al miedo, la cuna de todos los sueños. 3Pues sólo el amor puede crear de verdad, y la verdad jamás puede temer. 4Hecho para ser temeroso, el cuerpo no puede sino cumplir el propósito que le fue asignado. 5Mas podemos cambiar el propósito que el cuerpo obedece si cambiamos de parecer con respecto a su finalidad.
4. El cuerpo es el medio a través del cual el Hijo de Dios recobra la cordura. 2Aunque el cuerpo fue concebido para condenarlo al infierno para siempre, el objetivo del Cielo ha substituido a la búsqueda del infierno. 3El Hijo de Dios busca la mano de su her­mano para ayudarlo a marchar por la misma senda que él. 4Ahora el cuerpo es santo. 5Ahora su propósito es sanar la misma mente para dar muerte a la cual fue concebido.
5. Te identificarás con lo que pienses que te ha de dar seguridad. 2Sea lo que sea, creerás que ello es lo que tú eres. 3Tu seguridad reside en la verdad, no en las mentiras. 4El amor es tu seguridad. 5El miedo no existe. 6Identifícate con el amor, y estarás a salvo. 7Identifícate con el amor, y estarás en tu morada. 8Identifícate con el amor, y hallarás tu Ser.

A diferencia como piensa el ego, el cuerpo no puede hacer nada por su cuenta. Si lo consideramos como un medio de herir, será herido, si lo consideramos un medio para sanar, sanará.

Ya que hacemos mención a la salud, algunas consideraciones relacionadas con este tema y el papel del cuerpo. Pero antes veamos cómo se originó el cuerpo desde el punto de vista del ego.

Fue la capacidad de percibir la que hizo que el cuerpo fuese posible, ya que para poder percibir algo, tenemos que tener algo con el cual percibirlo. La propia capacidad de percibir, llevó al ego a la creencia de que lo percibido era fruto de su creación. Desde este punto de vista, el ego llegó a la conclusión de que era el cuerpo que percibía.

El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido para sí. Ésta es la única identificación con la que se siente seguro, ya que la vulnera­bilidad del cuerpo es su mejor argumento de que nuestro origen no puede proceder de Dios. Ésta es la creencia que el ego apoya ferviente­mente. Sin embargo, odia al cuerpo porque no lo considera lo suficientemente bueno como para ser su hogar.

Cuando este Principio nos dice que el milagro trasciende el cuerpo, está indicándonos que no es en el cuerpo donde se encuentra la causa del error que hay que rectificar, sino en la mente.

La enfermedad es el resultado de una confusión de niveles, pues siempre com­porta la creencia de que lo que está mal en un nivel puede afectar adversamente a otro. Los milagros es un medio de corregir la confusión de niveles, ya que todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que se originaron. Sólo la mente puede errar. El cuerpo sólo puede actuar equivo­cadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso. El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- ­da lugar a todos los síntomas físicos.


La curación es el resultado de usar el cuerpo exclusivamente para los fines de la comunicación y nunca para la separación. No obstante, “cuando el ego te tiente a enfermar no le pidas al Espíritu Santo que cure al cuerpo; pues eso no sería sino aceptar la creencia del ego de que el cuerpo es el que necesita curación. Pídele, más bien, que te enseñe cómo percibir correctamente el cuerpo, pues lo único que puede estar distorsionado es la percepción. Sólo la percep­ción puede estar enferma porque sólo la percepción puede estar equivocada”. (T.C8.IX.1)

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 30

LECCIÓN 30

Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.

1. La idea de hoy es el trampolín a la visión. 2Por medio de esta idea el mundo se abrirá ante ti, y al contemplarlo verás en él lo que nunca antes habías visto. 3lo que antes veías ya no será ni remotamente visible para ti.

2. Hoy vamos a intentar un nuevo tipo de "proyección". 2No vamos a tratar de deshacernos de lo que no nos gusta viéndolo afuera. 3En lugar de ello, trataremos de ver en el mundo lo que está en nuestras mentes, y lo que deseamos reconocer se encuentra ahí. 4Así pues, estamos tratando de unirnos a lo que vemos, en vez de mantenerlo separado de nosotros. 5Ésa es la diferencia fundamental entre la visión y tu manera de ver.

3. La idea de hoy debe aplicarse tan frecuentemente como sea posible a lo largo del día. 2Cada vez que tengas un momento, repítela lentamente para tus adentros, mirando a tu alrededor y tratando de comprender que la idea es aplicable a todo lo que ves ahora o podrías ver ahora si estuviese al alcance de tu vista.

4. La verdadera visión no está limitada por conceptos tales como "cerca" o "lejos". 2Para que te vayas acostumbrando a esta idea, trata de pensar, a medida que aplicas la idea de hoy, en cosas que estén más allá de tu alcance visual, así como en aquellas que de hecho puedes ver.

5. La verdadera visión no sólo no está limitada por el espacio ni la distancia, sino que no depende en absoluto de los ojos del cuerpo. 2La mente es su única fuente. 3Como ayuda adicional para que te vayas acostumbrando cada vez más a esta idea, dedica varias sesiones de práctica a aplicarla con los ojos cerrados, usando cualquier tema que te venga a la mente, mirando en tu interior en vez de afuera. 4La idea de hoy es aplicable por igual tanto a lo uno como a lo otro.


¿Qué me enseña esta lección?

No hay nada fuera de mí que no responda a mi propia naturaleza interna. Todo lo que veo en el exterior es la proyección de mi mente. Cuando percibo el mundo exterior como algo separado a mí, estoy alimentando la creencia del ego, de que somos seres individuales separados de los demás y de su creador.

Sin embargo, cuando somos conscientes de que Dios está en todo lo que vemos, pues está en nuestra mente, estaremos creando unidad, pues comprenderemos que cada uno de nuestros hermanos nos sirve como espejos de lo que somos interiormente, formando así un lazo de complicidad hasta que conquistemos de una manera integral la Consciencia de Ser Uno.

Si en nuestra consciencia somos Dios (es un modo de expresarlo, pues Dios es Consciencia Pura y somos Hijos de Dios, por lo que somos Consciencia) todos nuestros pensamientos deben expresarse en términos de integración y coherencia, en términos de paz y armonía, en términos de unidad y amor incondicional.

La verdadera visión no está en aquello que perciben mis ojos. Si fuese así, los invidentes no tendrían la capacidad real de ver. La facultad de ver se encuentra en nuestra mente, de ahí que, aunque nuestros ojos permanezcan cerrados podemos ver con total nitidez, aquello que se proyecta en nuestra mente. A veces, la percepción de lo que estamos viendo a través de nuestros ojos, no nos aporta la realidad de lo percibido, pues nuestra mente no traduce correctamente su mensaje. En verdad, esto no ocurre a veces, podemos arriesgarnos a decir, que ocurre normalmente. Esa es la razón, por la que es importante que aprendamos a ver las cosas de otra manera.

Recuerdo una película, en la que el protagonista era ciego desde su nacimiento. De mayor, gracias a los avances técnico en medicina, consiguió recuperar la vista. Pero la recuperación de esa percepción no le permitió reconocer los objetos que tenía delante. Su mente, realmente no los percibía, no los distinguía.

Ejemplo-Guía: "Me desespera el comportamiento de mi hijo"

Si somos capaces de aplicar correctamente la enseñanza de esta Lección en este ejemplo, estaremos en condiciones de poder aplicarlo, de igual forma, a cualquier situación que podamos vivir. ¿Por qué? Sencillamente, porque no estamos cambiando los efectos, sino la causa y esto es el verdadero sentido del milagro.

Desde la visión del ego, desde la separación, la mente actúa a través de la proyección lo que le lleva a percibir lo que sus deseos les insta a ver. Como esos deseos fluyen desde la búsqueda de la individualidad, lo que la mente proyecta, lo hace con temor. Siente un profundo y arraigado miedo a perder aquello que desea, aquello que posee, aquello que  a lo que ha otorgado la condición de posesión. Cuando sus deseos se identifican amablemente con el mundo exterior, sus proyecciones   les lleva a percibir fugaces experiencias de placer. En cambio, cuando sus deseos menos amables se ven reflejados en el mundo que percibe a través de los demás, entonces se despierta el mecanismo de seguridad y ataca para no ser atacado.

Indistintamente de la calidad del deseo, el hombre identificado con el ego, afronta sus experiencias desde la inconsciencia de que es él, la mente egoica, la que le lleva a atacarse a través de los demás.Las relaciones con los demás se convierten en una escuela de la vida, en la que cada una de las personas con las que establece vínculos, son sus mejores maestros, los que actuando como espejos, le reflejan una imagen exacta de cómo es.

Aplicar esta Lección, nos lleva a una nueva dimensión donde la conciencia, debe oír la Voz de la Consciencia. ¿Esto qué significa? La conciencia se alimenta de la percepción, pero hasta ahora esa conciencia ha respondido a las creencias facilitadas por la percepción errónea. La mente ha estado enfocada hacia el exterior con el único afán de percibir. Ahora debemos orientarla hacia el interior y permitir la percepción verdadera, la que nos permitirá despertar a la realidad que Somos. Esa re-orientación facilitará la visión de la Consciencia, la visión de nuestra naturaleza divina, la visión de Dios y nos aportará la certeza, de que somos los soñadores del sueño.

Ese despertar se encausará en nuestra vida dando lugar a utilizar nuestra mente con una proyección diferente. Ya no nos ocuparemos de cambiar el mundo externo, sino el interno. Ya sabemos que es rectificando la causa, como podremos ver los efectos de una manera diferente. Ya no vemos a nuestro hijo fuera de nosotros, como alguien separado, sino que lo percibiremos formando una unidad. Aquello que nos producía desesperación, lo descubrimos en nuestro interior y es en ese nivel, donde lo rectificamos. A partir de ahí, somos capaces de perdonarnos y de perdonar.

Cuando este comportamiento se convierta en un hábito nuevo, tal vez descubramos, con cierta satisfacción, que utilizamos menos palabras, pero las que utilizamos van envueltas en amor. Descubriremos que el mundo de las formas a perdido nuestro interés y buscaremos el silencio como ese estado propicio para hablar con Dios.

Reflexión: ¿Dónde crees que se encuentra lo real, en lo que percibes o en tus pensamientos?

domingo, 29 de enero de 2017

Principio 16: Los milagros son recursos de enseñanza para demostrar que dar es tan bienaventurado como recibir.

 PRINCIPIO 16


Los milagros son recursos de enseñanza para demostrar que dar es tan bienaventurado como recibir. Aumentan la fortaleza del que da y simultáneamente le dan fortaleza al que recibe.

Ya hemos tenido ocasión de reflexionar sobre la enseñanza de “dar y recibir”. En el Principio 9, veíamos como el milagro es una especie de intercambio, que brinda más amor tanto al que da como al que recibe.

Quiero aprovechar la oportunidad que nos ofrece este nuevo Principio para profundizar en la idea, controvertida e inusual desde el punto de vista del ego, de que cuando damos, recibimos.

La Lección 108 del Libro de Ejercicios, nos revela que “Dar y recibir son en verdad lo mismo” y nos propone un ejercicio para que adquiramos la certeza de esa afirmación.

Dicha Lección nos indica que la verdadera visión depende de la idea expuesta. No está haciendo referencia a la visión que obtenemos con los ojos del cuerpo, está refiriéndose a un estado mental que se ha unificado en tal grado que la oscuridad no se puede percibir en absoluto.

La oscuridad representa el mundo fabricado por el ego, mientras que la luz es el estado natural con el que se expresa el Espíritu Santo. La oscuridad es sinónimo del error, de la ilusión y de todas las emociones derivadas del miedo: la culpa, la ira, el dolor, la tristeza, la necesidad, el conflicto, etc. La luz, en cambio, es sinónimo de la verdad, del principio inteligible, del conocimiento y de todas las emociones derivadas del amor: la impecabilidad, la felicidad, la alegría, la abundancia, le dicha, la paz, etc.

Oscuridad es igual a separación. Luz es igual a Unidad. Por lo tanto, cuando nuestra mente se vincula con la luz, su visión nos lleva al estado en el que no se pueden ver opuestos, y la visión, al haber sanado, tiene el poder de sanar.

“Ésta es la luz que extiende tu paz interior hasta otras mentes, para compartirla y regocijarse de que todas ellas sean una contigo y una consigo mismas. Esta es la luz que sana porque genera una sola percepción, basada en un solo marco de referencia, del que procede un solo significado.
Ahí dar y recibir se ven como diferentes aspectos de un mismo Pensamiento, cuya verdad no depende de cuál de esos dos aspec­tos se vea primero, ni de cuál parezca estar en segundo lugar. Ahí se entiende que ambos ocurren simultáneamente, para que el Pensamiento conserve su integridad. Y este entendimiento es la base sobre la que se reconcilian todos los opuestos, ya que se perciben desde el mismo marco de referencia que unifica dicho Pensamiento”.

A veces esta afirmación no es bien entendida, pues nos lleva al acto de dar pensando en lo que vamos a recibir, es decir, condicionamos el dar con el recibir, o lo que es lo mismo, somos nosotros los que damos valor a lo que recibimos y el que fija el precio de acuerdo con lo que da. Como bien expresa el Curso, “Creer que es posible obtener mucho a cambio de poco es creer que puedes regatear con Dios”.

Cuando damos, recibimos, pero recibir es aceptar, no tratar de obtener algo. Dice UCDM, que es imposible no tener, pero es posible que no sepas que tienes.

Cuando estamos dispuestos a dar, estamos reconociendo que tenemos, y solo así, estando dispuesto a dar  y podemos reconocer lo que tenemos. Lo que damos, en definitiva, está estrechamente relacionado con el valor que le hemos adjudicado a lo que tenemos, pues ese es el valor exacto que le hemos adjudicado.

Esta reflexión debe llevarnos a cuestionarnos si realmente sabemos lo que tenemos y qué valor le estamos dando.

La visión del ego nos lleva a creer que dar, es perder. Por lo tanto, cuando menos da, menos recibe. De esta manera, se identifica con la tribulación y prefiere adoptar el rol de víctima antes de ver las cosas de otra manera.

La visión del Espíritu Santo nos lleva a la unicidad de la mente y creer que dar y recibir es lo mismo. En verdad, cuando damos al “otro” estamos dándonos a nosotros mismo, pues la separación no es real. Debemos estar dispuestos a dar al Espíritu Santo, para poder recibir su bendición, pues en el acto de dar, estamos dando el valor de lo que deseamos por encima de todas las cosas. Dar al Espíritu Santo, es reconocerle en todo momento como nuestra única realidad.

Así lo expresa el Curso:

“Así pues, sólo puedes pedirle algo al Espíritu Santo dándole algo, y sólo puedes darle algo allí donde lo reconoces. Si recono­ces al Espíritu Santo en todos, imagínate cuánto le estarás pidiendo y cuánto habrás de recibir. Él no te negará nada porque tú no le habrás negado nada a Él, y de este modo podrás compartirlo todo. Ésta es la manera, y la única manera, de disponer de Su respuesta porque Su respuesta es lo único que puedes pedir y lo único que puedes desear”.

Anteriormente, hice alusión a una idea que es completamente ajena al ego y a la manera de pensar del mundo. Dicha idea se desarrolla más extensamente en la Lección 126, donde se nos enseña que todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.

Para el ego esta idea es descabellada y la negará con total firmeza, pues aceptarla significaría que ha dejado de creer en la separación.
En cambio, adoptar esa idea en nuestras creencias, nos llevará a la comprensión plena de lo que es nuestra función principal en este mundo, el perdón. Cuando perdonamos, no lo hacemos porque hayamos percibido la culpa en el otro, sino porque vemos nuestra propia inocencia reflejada en los demás.

Debemos aprender a dar tal como hemos recibido. Preguntémonos, ¿qué hemos recibido?, y no tendremos dudas sobre lo que tenemos que dar.

Somos tal y como Dios nos ha creado. Se nos ha dado el conocimiento de que somos una mente y de que nos encontramos en una Mente. Se nos ha dado la visión de la impecabilidad y la certeza de que hemos sido creados del Amor. Esa es la visión que debemos compartir y así la conservaremos.

Para finalizar este análisis sobre el Principio 15, me gustaría aludir a la enseñanza recogida en la Lección 159: “Doy los milagros que he recibido”.

Es una verdad obvia, que nadie puede dar lo que no ha recibido, o lo que es lo mismo, existe una condición previa al dar, el recibir. Mientras que la visión del ego cree que para poseer una cosa tiene que conservarla, la visión espiritual nos enseña todo lo contrario, al dar es como se reconoce que hemos recibido y que aquello que tienes es tuyo.

Hemos dicho anteriormente, que somos tal y como Dios nos ha creado, Hijos del Amor. Por lo tanto, estamos en condiciones de afirmar que podemos expandir esa Fuerza que es nuestra o lo que es lo mismo, estamos llamados a dar y compartir todos los milagros, pues todos son expresiones del amor.


La visión de la unicidad, es la visión de Cristo. Dicha visión es un milagro. Como expresa dicha Lección, “la visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros. Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro que das, sigue siendo tuya. Es el vínculo mediante el cual el que da y el que recibe se unen en el proceso de extensión aquí en la tierra, tal como son uno en el Cielo”.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 29

LECCIÓN 29

Dios está en todo lo que veo.

1. La idea de hoy explica por qué puedes ver propósito en todo. 2Explica por qué nada está separado, por sí mismo o en sí mismo. 3También explica por qué nada de lo que ves tiene significado alguno. 4De hecho, explica cada una de las ideas que hemos usado hasta ahora, y también todas las subsiguientes. 5La idea de hoy es el pilar de la visión.

2. Es probable que a estas alturas te resulte muy difícil entender la idea de hoy. 2Puede que creas que es tonta, irreverente, insen­sata, graciosa e incluso censurable. 3Ciertamente Dios no está en una silla tal como tú la ves. 4No obstante, ayer subrayamos que una simple mesa comparte el propósito del universo. 5lo que comparte el propósito del universo comparte el propósito de su Creador.

3. Trata hoy, pues, de comenzar a aprender a mirar a todas las cosas con amor, con aprecio y con una mentalidad abierta. 2Ahora mismo no las ves. ¿Cómo podrías saber lo que en ellas se encierra4Nada es como a ti te parece que es. 5Su santo propósito está más allá de tu limitado alcance. 6Cuando la visión te haya mostrado la santidad que ilumina al mundo, entenderás la idea de hoy perfectamente. 7Y no entenderás cómo pudo jamás haberte resultado difícil.

4. Nuestras seis sesiones de práctica, de dos minutos cada una, deben seguir la norma habitual: comienza repitiendo la idea en tu interior y luego aplícala a aquellos objetos seleccionados al azar que estén a tu alrededor, nombrando específicamente cada uno de ellos. 2Trata de evitar la tendencia a dirigir la selección, que, en el caso de la idea de hoy, puede ser una gran tentación debido a su naturaleza totalmente extraña. 3Recuerda que cualquier orden que tú intentes imponer le es igualmente extraño a la realidad.

5. Debes, por lo tanto, evitar al máximo ser tú mismo quien dirige la selección de objetos. 2Una lista adecuada podría incluir, por ejemplo:

3Dios está en este perchero.
4Dios está en esta revista.
5Dios está en este dedo.
6Dios está en esta lámpara.
7Dios está en ese cuerpo.
8Dios está en esa puerta.
9Dios está en esa papelera.

10Además de repetir la idea de hoy durante las sesiones de práctica asignadas, repítela como mínimo una vez por hora, mirando lentamente a tu alrededor mientras repites las palabras para tus adentros sin prisa. 11Por lo menos una o dos veces deberías experimentar una sensación de sosiego mientras haces esto.


¿Qué me enseña esta lección?

Es la idea más esencial. Fuera de Dios nada es real.

El sentido universal que une a todas las cosas, es como un fino hilo conductor que lo mantiene todo unido. Cuando el ego piensa erróneamente que se encuentra separado del mundo que percibe, proyectará la necesidad de verse reflejado en los demás.

La dualidad es una percepción errónea. La unidad es la percepción correcta. Todo cuanto nos ocurre, todo cuanto forma parte de nuestros pensamientos, emociones, creencias, está unido por ese hilo conductor.

Si amamos incondicionalmente estaremos creando un mundo donde compartiremos libertad y paz interior. Si amamos condicionalmente, estaremos quedando preso de nuestra falta de libertad y viviremos en una permanente inestabilidad y falta de coherencia.

Cuando nuestros ojos vean a Dios en todos y cada uno de los pliegues de la vida, entonces exclamaremos: “Soy Hijo de Dios… Padre, reclamo mi herencia”.

¿Por qué no vemos a Dios? Sencillamente, porque no podemos ver el mundo y conocer Dios. Sólo uno de ellos es verdad. Un Curso de Milagros nos indica, que es imposible no creer en lo que vemos, pero es igualmente imposible ver lo que no crees. Buscamos a un Dios externo y llegamos incluso a ponerle barba y bigotes. Podemos estar creyendo en un Dios externo y atribuirle dones y virtudes, a las cuales nos dirigimos con el propósito de que nos saque de nuestros apuros, y sin embargo, percibimos un mundo separado y lleno de imperfecciones. 

En verdad, lo que estamos haciendo es proyectar nuestra propia visión en clave espiritual, cuando en verdad, la verdadera espiritualidad nada tiene que ver con ello, pues la esencia de la espiritualidad debe llevarnos al despertar, es decir, a conocernos tal y como realmente somos, Seres de Luz emanados de la Fuente de Dios y formando una Unidad con el resto de la Filiación.


La capacidad para ver la conclusión lógica de algo depende de que estemos dispuestos a verla, pero la verdad de esa conclusión no tiene nada que ver con que estemos dispuesto. La verdad es la Voluntad de Dios. Compartir Su Voluntad es compartir Su conocimiento. Si negamos que Su Voluntad sea la nuestra, estaremos negando Su Reino y el nuestro.

Solemos creer que lo que no podemos ver con los ojos del cuerpo no existe y esta creencia nos lleva a negar la visión espiritual. 
La visión espiritual literalmente no puede ver el error, y busca simplemente la Expiación. Todas las soluciones que los ojos del cuerpo buscan se desvanecen. Esa visión nos permitirá tener la certeza de que Dios está en todo lo que vemos y entenderemos su propósito real y verdadero.

Ejemplo-Guía: "Me desespera el comportamiento de mi hijo"

Alcanzado este punto del camino, hemos ejercitado nuestra mente proponiéndole reflexiones que se han convertido en una invitación a des-aprender lo hasta ahora aprendido y que nos llevaba a ver las cosas de una manera determinada. No necesitamos compartir, inicialmente, la veracidad de las nuevas propuestas, tan sólo se nos invita a ponerlas en prácticas.

Hemos elegido varios ejemplos, con la intención de que nos sirviesen de ayuda a la hora de aplicar las enseñanzas de cada una de las Lecciones precedentes. Si hemos realizado las prácticas, ahora estamos en condiciones de compartir nuestras experiencias y verificar si la visión con la que afrontábamos la vida ha cambiado en algo. Si lo ha hecho, estaremos en condiciones de compartir, que hemos dejado de ver un mundo separado y en su lugar, hemos empezado a ver un mundo basado en la unicidad. Estaremos en condiciones de compartir, que hemos dejado de dar significado a aquello que vemos y que está basado en el pasado, y en su lugar, hemos buscado el para qué de aquello que vemos, con el único objetivo de ver el verdadero propósito.

En nuestro camino hacia el "despertar", estamos ahora en condiciones de compartir, que nuestra voluntad ya no sirve al deseo por experimentar la individualidad, sino que ahora se convierte en el estímulo que da vida al nuevo deseo de ver por encima de todas las cosas, de ver la verdad que Somos. Ese camino, nos ha conducido hoy a afirmar que a través de la percepción verdadera, vemos nuestra verdadera realidad, vemos la inocencia, la impecabilidad, la pureza, la plenitud, la abundancia, y la vemos, no tan solo en nosotros, sino en el rostro de cada hermano. Esa visión nos lleva a la certeza de que en verdad, lo que estamos viendo es el verdadero rostro de Dios, y lo vemos en todo lo creado.

Nuestro hijo, no es tan solo nuestro hijo, sino nuestro Padre, pues a través de él, vemos su Rostro. Todo lo creado lleva el germen de la Fuente de donde emana. Todo lo creado tiene esa causa-una, donde encontraremos el mismo Propósito. Todo lo creado nos ofrece la oportunidad de re-cordar el Amor, la Esencia con la que hemos sido creados.

La experiencia de relación, no tiene otro significado, que el que lo mantiene unido al verdadero Propósito. Ese Propósito no es otro que el despertarnos del sueño de la ilusión de la separación y llevarnos a la visión de la Unidad. Esa experiencia se convierte en la oportunidad de descubrir en nuestro hijo, a Dios.

Reflexión: Si en aquello que ves, no encuentras a Dios, entonces, lo que ves no es real.