LECCIÓN 178
Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
1. (165) Que mi mente no niegue el
Pensamiento de Dios.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
2. (166) Se me han confiado los
dones de Dios.
2Dios es sólo Amor y,
por ende, eso es lo que soy yo.
1. (165) Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
Esta lección
me enseña que el conflicto no nace de una realidad alterada, sino de una verdad
olvidada. El problema nunca ha sido que hayamos destruido nuestra unión con
Dios, pues lo que Dios crea es eterno e inmutable. El problema ha sido que
hemos negado esa unión y hemos fabricado una percepción basada en la
separación.
La negación
constituye el mecanismo fundamental del ego. No ha destruido la verdad. No ha
modificado la Creación. No ha cambiado a Dios.
Simplemente ha
intentado ocultar lo que permanece eternamente presente.
Por eso, la
afirmación de hoy apunta directamente a la raíz de toda ilusión. No dice que
debamos crear el Pensamiento de Dios. No dice que debamos alcanzarlo o
conquistarlo. Nos invita simplemente a dejar de negarlo.
El Pensamiento
de Dios sigue siendo la realidad en la que existimos. Como enseña el Curso,
«las ideas no abandonan su fuente» (T-26.VII.4:7). Si hemos sido creados en la
Mente de Dios, no podemos existir fuera de ella. Nuestra identidad permanece
unida a su Origen exactamente igual que un pensamiento permanece unido a la
mente que lo concibió.
Sin embargo,
la identificación con el cuerpo y con el mundo de la percepción nos llevó a
creer algo diferente.
Comenzamos a
pensar que éramos individuos aislados. Comenzamos a creer que vivíamos
separados unos de otros. Comenzamos a interpretar la realidad desde la
fragmentación. Y poco a poco llegamos a convencernos de que la separación era
un hecho y no una creencia.
Pero el Curso
insiste una y otra vez en que la separación jamás ocurrió realmente
(T-6.II.10:2-3). Lo único que ocurrió fue que la mente creyó en ella. Y aquello
que puede ser creído también puede ser desaprendido.
El Pensamiento
de Dios no puede ser anulado. No puede ser modificado. No puede ser
reemplazado. Sólo puede ser ignorado temporalmente.
La verdad no
desaparece porque alguien deje de verla. Continúa siendo verdad. Del mismo
modo, el Amor de Dios continúa sosteniendo a Su Hijo incluso cuando éste parece
haberse perdido en el sueño de la separación.
Por eso, negar
el Pensamiento de Dios equivale a negarnos a nosotros mismos.
Cuando creemos
que somos un cuerpo, negamos nuestra naturaleza espiritual.
Cuando creemos
que somos culpables, negamos nuestra inocencia.
Cuando creemos
que estamos separados, negamos nuestra unidad.
Cuando creemos
que somos vulnerables, negamos la invulnerabilidad que Dios nos dio.
Cada
pensamiento basado en el miedo se convierte así en una forma de negación.
Pero la verdad
permanece intacta detrás de cada una de esas falsas interpretaciones.
El sueño de
separación no alteró la Creación. Sólo alteró la percepción. Como nos recuerda
el Curso: «Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe» (T-In.2:2-3).
La realidad
sigue siendo exactamente la misma. Lo único que necesita cambiar es la manera
en que la contemplamos.
Por eso esta
lección no nos pide luchar contra el ego ni combatir la ilusión. Nos invita a
algo mucho más sencillo y profundo: abrir espacio para el recuerdo.
Permitir que
la mente deje de defender las ideas que la mantienen separada. Permitir que el
ruido de los pensamientos de miedo se aquiete. Permitir que emerja la memoria
de lo que siempre hemos sido.
Porque
recordar no es adquirir conocimiento nuevo. Recordar es reconocer una verdad
que jamás dejó de existir.
Y cuando la
mente deja de negar el Pensamiento de Dios, comienza a experimentar una paz que
no procede del mundo. Una paz que surge del reconocimiento de que seguimos
siendo tal como Dios nos creó (L-pI.94.7:1; L-pI.110.10:3).
No somos una
identidad fabricada por el miedo. No somos una historia construida por el
tiempo. No somos una imagen separada de nuestra Fuente. Somos el Pensamiento
amoroso que Dios extiende eternamente.
Y nada de lo
que parece ocurrir dentro del sueño tiene poder para cambiar esa realidad.
Reflexión: ¿Estoy
defendiendo una identidad basada en la separación? ¿Estoy creyendo más en mis
percepciones que en la verdad de mi Ser? ¿Estoy negando mi verdadera naturaleza
por hábito? ¿Podría dejar de identificarme con el miedo por un instante? ¿Podría
permitir que mi mente recuerde hoy el Pensamiento de Dios?
2. (166) Se me han confiado los dones de Dios.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
Esta lección
me enseña que no somos seres abandonados a su suerte en un mundo hostil, sino
herederos legítimos de la Creación. Dios no sólo nos creó a Su Imagen y
Semejanza, sino que depositó en nosotros Sus propios dones. Por eso, la lección
no habla de algo que debamos adquirir, conquistar o merecer. Habla de algo que
ya nos ha sido confiado.
Los dones de
Dios forman parte de nuestra herencia eterna. Nos han sido dados porque forman
parte de lo que somos. No proceden del mundo. No dependen de las
circunstancias. No pueden ser comprados, perdidos ni destruidos. Permanecen en
nosotros porque proceden de nuestra Fuente.
Entre esos
dones se encuentran el Amor, la Unidad, la paz, la abundancia, la verdad, la
inteligencia creadora y la perfecta armonía. Son atributos naturales del Hijo
de Dios porque reflejan los atributos de Aquel que lo creó.
Sin embargo,
cuando observamos la experiencia cotidiana, parece que ocurre exactamente lo
contrario.
Somos Amor,
pero experimentamos miedo. Somos Unidad, pero percibimos separación. Somos
abundancia, pero sentimos carencia. Somos paz, pero vivimos en conflicto. Somos
coherencia, pero actuamos desde la contradicción. Y es precisamente esta
aparente contradicción la que la lección desea corregir.
El Curso nos
enseña que esta incoherencia no constituye un pecado. No es una prueba de que
hayamos sido condenados o rechazados por Dios. Es simplemente una confusión de
identidad. Hemos olvidado quiénes somos y, al olvidar nuestra verdadera
naturaleza, hemos comenzado a vivir como si fuésemos algo diferente.
Creemos ser un
cuerpo y olvidamos que somos espíritu. Creemos ser limitados y olvidamos que
procedemos de la infinitud. Creemos ser vulnerables y olvidamos la fortaleza de
Dios que habita en nosotros. Creemos estar solos y olvidamos que compartimos
una única Filiación.
Pero los dones
no desaparecieron cuando los olvidamos. La verdad no se modifica porque deje de
ser reconocida.
Como enseña el
Curso, «los dones de Dios te pertenecen porque Él te los dio» (L-pI.166.6:4).
Siguen en
nosotros. Siguen aguardando nuestro reconocimiento. Siguen disponibles para ser
extendidos.
Por eso esta
lección introduce una profunda responsabilidad espiritual. No se trata de una
responsabilidad basada en la culpa, sino en el reconocimiento. Hemos recibido
los dones de Dios para extenderlos. Lo que no se comparte permanece oculto a
nuestra conciencia. Lo que se extiende, se fortalece.
El Amor se
reconoce amando. La paz se reconoce compartiendo paz. La abundancia se reconoce
dando. La unidad se reconoce bendiciendo.
Como enseña el
Curso, «dar y recibir son en verdad lo mismo» (L-pI.108.6:1). Aquello que damos
confirma aquello que creemos poseer. Y aquello que creemos poseer refleja la
identidad con la que nos identificamos.
Por eso, la
cuestión fundamental no es si poseemos los dones de Dios. La cuestión es si
estamos dispuestos a aceptarlos.
¿Estamos
dispuestos a creer que el Amor es más real que el miedo? ¿Estamos dispuestos a
reconocer que la paz es nuestra condición natural? ¿Estamos dispuestos a
aceptar que la abundancia procede de Dios y no del mundo? ¿Estamos dispuestos a
recordar que seguimos siendo tal como Dios nos creó? (L-pI.94.7:1;
L-pI.110.10:3).
Cuando
aceptamos nuestra herencia espiritual, dejamos de vivir como mendigos buscando
fuera aquello que nunca hemos perdido. Dejamos de identificarnos con la escasez
y comenzamos a reconocer la riqueza interior que siempre nos acompañó.
Porque el Hijo
de Dios no es un huérfano vagando por un mundo de carencias. Es un heredero del
Reino. Y todo lo que Dios posee le ha sido dado para siempre (T-7.XI.5:2).
Reflexión: ¿Estoy
viviendo como heredero o como huérfano? ¿Sigo buscando fuera lo que Dios ya
depositó en mí? ¿Reconozco los dones que me han sido confiados? ¿Estoy
extendiendo Amor o reforzando el miedo? ¿Soy consciente de que lo que doy
refleja lo que creo poseer?
¿QUÉ ENSEÑAN ESTAS AFIRMACIONES?
La Lección 178 une memoria y responsabilidad en una sola verdad.
Aquí el Curso señala algo profundo: No somos víctimas de carencia
espiritual. Somos administradores inconscientes de abundancia divina.
SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:
El sentido profundo es reconciliar identidad y función.
No se trata de adquirir dones. Se trata de dejar de negarlos.
PROPÓSITO Y SENTIDO DEL REPASO:
El propósito de la Lección 178 es:
Este repaso no añade algo nuevo. Revela lo que ya está presente.
ASPECTOS PSICOLÓGICOS:
Psicológicamente, esta lección produce:
Clave psicológica: La contradicción interna surge cuando vivimos desde una
identidad equivocada. Al recordar quiénes somos, la incoherencia disminuye.
ASPECTOS ESPIRITUALES:
Espiritualmente, la lección afirma que:
“Que mi mente no niegue” significa: Estoy dispuesto a recordar.
“Se me han confiado los dones” significa: Soy heredero y extensión del
Amor.
INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:
Durante el día:
• Ante cualquier pensamiento de separación: “Que mi mente no niegue el
Pensamiento de Dios.”
• Ante cualquier sentimiento de carencia o incapacidad: “Se me han confiado
los dones de Dios.”
• Inicia y concluye cada práctica con: “Dios es sólo Amor y, por ende, eso
es lo que soy yo.”
No intentes sentir algo extraordinario. Permite que la idea suavemente
corrija tu percepción.
ADVERTENCIAS IMPORTANTES:
La negación es hábito. La memoria es natural.
RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:
En el Quinto Repaso:
Si no hay muerte ni separación, entonces el Pensamiento de Dios permanece.
Y si permanece, sus dones también.
CONCLUSIÓN FINAL:
La Lección 178 declara: No estoy separado de la Fuente. No he perdido mi herencia. No carezco de los dones que Dios me confió.
Negar es olvidar. Recordar es aceptar. Y al aceptar, vivo coherentemente
con lo que soy.
FRASE INSPIRADORA: “Al dejar de negar el Pensamiento de Dios,
reconozco los dones que siempre me han acompañado.”

Somos portadores de los dones y actuamos en contra.
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarGracias
ResponderEliminarSoy un Divino Instrumento de Dios en la Tierra....🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙✨✨✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳
ResponderEliminarPorque nos da tanta dificultad vivir en paz?. Que necesitamos para ser capaces de vivir con nuestras diferencias sin hacernos daño?
ResponderEliminarPorque hemos olvidado que somos Hijos del Amor y elegimos vivir sin Amor, sustituyéndolo por el miedo.
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