(159) Doy los milagros que he recibido.
Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
Esta lección
me enseña que el milagro no es algo extraordinario que ocurre fuera de
nosotros, ni un acontecimiento sobrenatural destinado a impresionar a quienes
lo contemplan. El milagro ocurre en la mente. Es un cambio de percepción que
nos permite abandonar la interpretación del ego y contemplar la realidad desde
la visión de Cristo. Como enseña el Curso, «un milagro es una corrección»
(T-1.I.37:1), y esa corrección siempre tiene lugar en el nivel de la mente.
El mundo suele
asociar los milagros con acontecimientos excepcionales, con fenómenos que
parecen desafiar las leyes de la naturaleza. Sin embargo, el Curso nos invita a
mirar más profundamente. El verdadero milagro no altera las leyes de Dios;
corrige las falsas creencias que habíamos aceptado como verdaderas. Por eso, el
milagro no cambia la realidad. Cambia nuestra manera de percibirla.
Cuando
olvidamos esta verdad, utilizamos la mente de manera equivocada. En lugar de
extender el Amor, comenzamos a fabricar interpretaciones basadas en el miedo.
Vemos ataque donde sólo existe una petición de amor. Vemos culpa donde sólo
existe una equivocación que puede ser corregida. Vemos separación donde
únicamente existe Unidad. Así nace el mundo que percibe el ego: un mundo de
diferencias, conflictos y amenazas.
Pero el
milagro corrige el error en su origen. No intenta modificar los efectos sin
sanar la causa. Va directamente a la mente, donde nació la percepción
equivocada, y la pone al servicio de una nueva interpretación. Como afirma el
Curso, «los milagros reorganizan la percepción y colocan todos los niveles en
su verdadera perspectiva» (T-1.I.23:1).
Por eso, dar
milagros significa extender la percepción corregida que previamente hemos
aceptado para nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no ha recibido. Y nadie
puede recibir un milagro sin verse impulsado a extenderlo. El milagro es una
dinámica natural del Amor. Lo que se recibe se comparte, y lo que se comparte
se fortalece.
Dar milagros
es mirar a un hermano y reconocer su inocencia allí donde antes veíamos culpa.
Es contemplar
una situación conflictiva y reconocer que la paz sigue siendo posible.
Es ver unidad
donde antes percibíamos separación.
Es recordar
que el Hijo de Dios permanece intacto, más allá de los errores que parezca
cometer.
La visión de
Cristo no añade nada a nadie. No convierte al pecador en inocente ni transforma
al culpable en santo. Simplemente reconoce lo que siempre estuvo presente. Como
enseña el Curso, «la visión de Cristo contempla a todos como uno»
(T-31.VIII.9:1).
El milagro
tampoco añade nada. Deshace lo falso. Retira los obstáculos que impedían
reconocer la verdad. Disuelve las interpretaciones del ego y permite que emerja
lo que siempre ha sido real.
Por eso los
milagros son naturales. El Curso afirma que «los milagros son hábitos y deben
ser involuntarios» (T-1.I.5:1). Cuando la mente se alinea con el Amor, el
milagro deja de ser una excepción y se convierte en una forma natural de
percibir.
Esta lección
me recuerda que cada instante constituye una oportunidad para elegir qué deseo
extender al mundo. Puedo reforzar el miedo o extender la corrección. Puedo
fortalecer la separación o recordar la unidad. Puedo actuar desde la identidad
que el ego ha fabricado o desde la identidad que Dios me dio.
Y aquello que
extienda será el reflejo de aquello que creo ser.
Reflexión: ¿Estoy ofreciendo juicio o
comprensión? ¿Estoy contemplando culpables o inocentes? ¿Estoy reforzando el
miedo o extendiendo la corrección? ¿Estoy viendo con los ojos del ego o con la
visión de Cristo? ¿Desde qué identidad estoy actuando hoy?
(160) Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es el extraño aquí.
Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
Esta lección
me enseña que el milagro no es algo extraordinario que ocurre fuera de
nosotros, ni un acontecimiento sobrenatural destinado a impresionar a quienes
lo contemplan. El milagro ocurre en la mente. Es un cambio de percepción que
nos permite abandonar la interpretación del ego y contemplar la realidad desde
la visión de Cristo. Como enseña el Curso, «un milagro es una corrección»
(T-1.I.37:1), y esa corrección siempre tiene lugar en el nivel de la mente.
El mundo suele
asociar los milagros con acontecimientos excepcionales, con fenómenos que
parecen desafiar las leyes de la naturaleza. Sin embargo, el Curso nos invita a
mirar más profundamente. El verdadero milagro no altera las leyes de Dios;
corrige las falsas creencias que habíamos aceptado como verdaderas. Por eso, el
milagro no cambia la realidad. Cambia nuestra manera de percibirla.
Hemos recibido
de nuestro Padre Su Potencial Creador. Somos una extensión de Su Mente y
participamos de Su Naturaleza. Toda idea sigue a su fuente (T-26.VII.4:7), y si
nuestra Fuente es Amor, entonces el Amor constituye nuestra verdadera herencia.
No hemos sido creados para el miedo, la culpa o el conflicto. Hemos sido
creados para extender aquello que Dios extiende: Amor.
Cuando
olvidamos esta verdad, utilizamos la mente de manera equivocada. En lugar de
extender el Amor, comenzamos a fabricar interpretaciones basadas en el miedo.
Vemos ataque donde sólo existe una petición de amor. Vemos culpa donde sólo
existe una equivocación que puede ser corregida. Vemos separación donde
únicamente existe Unidad. Así nace el mundo que percibe el ego: un mundo de
diferencias, conflictos y amenazas.
Pero el
milagro corrige el error en su origen. No intenta modificar los efectos sin
sanar la causa. Va directamente a la mente, donde nació la percepción
equivocada, y la pone al servicio de una nueva interpretación. Como afirma el
Curso, «los milagros reorganizan la percepción y colocan todos los niveles en
su verdadera perspectiva» (T-1.I.23:1).
Por eso, dar
milagros significa extender la percepción corregida que previamente hemos
aceptado para nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no ha recibido. Y nadie
puede recibir un milagro sin verse impulsado a extenderlo. El milagro es una
dinámica natural del Amor. Lo que se recibe se comparte, y lo que se comparte
se fortalece.
Dar milagros
es mirar a un hermano y reconocer su inocencia allí donde antes veíamos culpa.
Es contemplar
una situación conflictiva y reconocer que la paz sigue siendo posible.
Es ver unidad
donde antes percibíamos separación.
Es recordar
que el Hijo de Dios permanece intacto, más allá de los errores que parezca
cometer.
La visión de
Cristo no añade nada a nadie. No convierte al pecador en inocente ni transforma
al culpable en santo. Simplemente reconoce lo que siempre estuvo presente. Como
enseña el Curso, «la visión de Cristo contempla a todos como uno»
(T-31.VIII.9:1).
El milagro
tampoco añade nada. Deshace lo falso. Retira los obstáculos que impedían
reconocer la verdad. Disuelve las interpretaciones del ego y permite que emerja
lo que siempre ha sido real.
Por eso los
milagros son naturales. El Curso afirma que «los milagros son hábitos y deben
ser involuntarios» (T-1.I.5:1). Cuando la mente se alinea con el Amor, el
milagro deja de ser una excepción y se convierte en una forma natural de
percibir.
Esta lección
me recuerda que cada instante constituye una oportunidad para elegir qué deseo
extender al mundo. Puedo reforzar el miedo o extender la corrección. Puedo
fortalecer la separación o recordar la unidad. Puedo actuar desde la identidad
que el ego ha fabricado o desde la identidad que Dios me dio.
Y aquello que
extienda será el reflejo de aquello que creo ser.
Reflexión: ¿Estoy ofreciendo juicio o
comprensión? ¿Estoy contemplando culpables o inocentes? ¿Estoy reforzando el
miedo o extendiendo la corrección? ¿Estoy viendo con los ojos del ego o con la
visión de Cristo? ¿Desde qué identidad estoy actuando hoy?
¿QUÉ ENSEÑAN ESTAS AFIRMACIONES?
La Lección 175 une extensión y pertenencia en una misma verdad.
• El milagro es percepción corregida.
• Doy lo que reconozco como real.
• El hogar es conciencia de unidad.
• El miedo no es identidad.
• El Amor es naturaleza.
Aquí el Curso recuerda: No estás perdido. No estás separado. No estás
exiliado.
Sólo has interpretado desde el miedo.
SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:
El sentido profundo es restaurar identidad y seguridad simultáneamente.
La mente que se percibe exiliada:
• Se siente vulnerable.
• Busca compensaciones externas.
• Se identifica con el cuerpo.
• Vive en defensa.
La mente que reconoce su hogar:
• Descansa.
• Se siente completa.
• No necesita atacar.
• Extiende milagros naturalmente.
Cuando recuerdo que estoy en casa, dar Amor se vuelve inevitable.
PROPÓSITO Y SENTIDO DEL REPASO:
El propósito de la Lección 175 es:
• Recordar que el milagro ya fue recibido.
• Disolver la sensación de destierro.
• Reconocer el miedo como intruso.
• Restituir la identidad como Amor.
• Integrar percepción corregida con seguridad interna.
Este repaso no pide regresar a un lugar. Pide reconocer dónde nunca dejaste
de estar.
ASPECTOS PSICOLÓGICOS:
- Reducción del sentimiento de alienación.
- Disminución del miedo existencial.
- Mayor estabilidad emocional.
- Aumento de empatía y compasión.
- Sensación profunda de pertenencia.
Clave psicológica: El miedo se sostiene por identificación. Al verlo como
extraño, pierde autoridad.
ASPECTOS ESPIRITUALES:
Espiritualmente, la lección afirma que:
- La Fuente no puede ser abandonada.
- El milagro es función natural del Hijo.
- El hogar es estado de unidad.
- El miedo no forma parte de la creación.
- El Amor es eterno e indivisible.
“Doy los milagros que he recibido” significa: Extiendo la corrección que ya
me fue dada.
“Yo estoy en mi hogar” significa: Nunca dejé la Presencia.
INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:
Durante el día:
- Al iniciar y cerrar cada práctica: “Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.”
- Cuando percibas conflicto: “Doy los milagros que he recibido.”
- Cuando sientas miedo o desarraigo: “Yo estoy en mi hogar. El miedo es el extraño aquí.”
Permite que estas palabras cambien la interpretación.
No fuerces emoción.
Cambia perspectiva.
ADVERTENCIAS IMPORTANTES:
❌ No negar
emociones humanas legítimas.
❌ No usar la idea de “hogar” para
evadir responsabilidades.
❌ No convertir el milagro en acto
grandioso externo.
❌ No luchar contra el miedo;
obsérvalo como intruso.
✔ Practicar
suavidad interna.
✔ Recordar que la identidad no se
pierde.
✔ Permitir que la corrección sea
gradual.
✔ Extender comprensión sin esfuerzo
forzado.
El hogar no se alcanza. Se reconoce.
RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:
En el Quinto Repaso:
• 171 reafirma identidad.
• 172 integra seguridad y función.
• 173 integra confianza y guía.
• 174 integra Presencia y extensión.
• 175 consolida pertenencia y milagro.
Aquí el Curso reafirma: No eres extranjero en el Amor.
CONCLUSIÓN FINAL:
La Lección 175 declara: He recibido el Amor. Extiendo el Amor. Permanezco en el Amor.
El miedo no es mi dueño. Es el visitante pasajero.
Estoy en casa. Siempre lo estuve.
FRASE INSPIRADORA: “Al recordar que estoy en casa, doy el milagro
del Amor sin esfuerzo.”


soy un poco mas feliz de lo era antes y ahora perdono y entiendo mucho mas que antes aunque estoy muy sesible...
ResponderEliminarNo sabes cuanto me alegro.
ResponderEliminarHola. En agosto de este año vas ser un año que estoy en UCDM y es muy impresionante el cambio que ha dado mi vida. Hoy soy una persona feliz y agradecida.
ResponderEliminarHola.Hace casi un año que estoy en UCDM y es impresionante el cambio que ha dado mi vida. Hoy puedo decir que soy una persona feliz y agradecida.
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarGracias J.J. Un curso de Milagros a resultado un Salto Cuántico en mi vida, muchísimas gracias por los comentarios. 🤩🙏
ResponderEliminarAsí Sea...y Así Es....Amen
ResponderEliminarVivo en el Amor y el Perdón según la Voluntad del Padre💙💙💙💙💙💙💙💙💙🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
ResponderEliminarSoy Amor,un Santo y Impecable hijo de Dios,su Instrumento en la Tierra🙏🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙✨✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳
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