(157) En Su Presencia
he de estar ahora.
Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
Esta lección
me enseña que Dios no se encuentra al final de ningún camino espiritual. No
espera en un futuro lejano ni se oculta tras una serie de pruebas que debamos
superar para merecer Su Presencia. Dios está ahora. Su Amor está ahora. Su Paz
está ahora.
Sin embargo,
el ego ha fabricado una percepción completamente diferente. Vive instalado en
la ilusión del tiempo y convierte el futuro en el lugar donde sitúa todas sus
promesas.
Nos dice: «Después
estaré en paz.» «Después sanaré.» «Después comprenderé.» «Después llegaré a
Dios.»
Y así,
mientras espera un mañana que nunca llega, la mente pierde de vista la única
realidad que existe: el presente.
La afirmación
de hoy corrige precisamente esa creencia. Corrige la idea de distancia y la
ilusión del tiempo. El Curso nos enseña que Dios no está separado de Su Hijo y
que la separación jamás ocurrió en realidad (T-6.II.10:2-3). Si esto es cierto,
entonces tampoco existe un recorrido que debamos completar para llegar a Él.
No tenemos que
acercarnos a Dios. Tenemos que dejar de creer que estamos lejos.
Estar en Su
Presencia no implica trasladarse a otro lugar. No significa abandonar el mundo
ni alcanzar un estado místico extraordinario. Significa retirar la atención de
los pensamientos que ocupan el lugar de la verdad.
La Presencia
de Dios permanece inalterable. Lo único que cambia es nuestra disposición a
reconocerla.
El ruido
mental del ego —sus juicios, preocupaciones, miedos y deseos— actúa como una
cortina que parece ocultar aquello que siempre ha estado presente. Pero la
cortina no modifica la luz. Simplemente impide verla.
Por eso el
Curso nos enseña que la paz se encuentra debajo de todos los pensamientos
frenéticos que fabricamos para evitarla (L-pI.49.1:2-4).
Cuando la
mente deja de identificarse con ese ruido interior, comienza a experimentar
algo completamente distinto.
En la
Presencia no existe fragmentación porque la Unidad es reconocida.
En la
Presencia no existe contradicción porque la verdad es una sola.
En la
Presencia no existe carencia porque el Amor de Dios es plenitud perfecta.
En la
Presencia no existe tiempo psicológico porque la eternidad sólo puede
experimentarse ahora.
Entonces
pensamiento, sentimiento y acción dejan de caminar en direcciones opuestas.
Surge una coherencia natural. La mente deja de luchar consigo misma. El corazón
deja de buscar lo que ya posee. Y la vida comienza a reflejar la paz que
siempre estuvo presente.
El Curso llama
a esta experiencia el Instante Santo (T-15.IV.1:1-5).
Pero el
Instante Santo no es una conquista espiritual. No es un premio reservado para
unos pocos. No es el resultado de años de esfuerzo. Es un reconocimiento.
Es el instante
en que dejamos de valorar las ilusiones por encima de la verdad.
Es el instante
en que dejamos de consultar al miedo y permitimos que el Amor ocupe su lugar.
Es el instante
en que recordamos que seguimos siendo tal como Dios nos creó (L-pI.94.7:1-3).
La lección nos
invita a abandonar la espera. No necesitamos prepararnos para la paz porque la
paz es nuestra condición natural. No necesitamos volvernos dignos de Dios
porque Su Amor jamás ha dependido de nuestros méritos.
La Presencia
de Dios no se alcanza. La Presencia de Dios se reconoce.
Como enseña el
Curso: «La paz de Dios resplandece en ti ahora» (L-pI.188.1:1).
Y también: «El
Reino de Dios está dentro de ti» (T-4.III.1:3).
Por eso, la
verdadera pregunta no es cuándo encontraremos a Dios.
La verdadera
pregunta es: ¿Qué sigo valorando más que Su Presencia?
Reflexión: ¿Estoy
esperando sentirme preparado para estar en paz? ¿Estoy posponiendo mi felicidad
para un momento futuro? ¿Estoy buscando fuera lo que sólo puede ser encontrado
dentro? ¿Podría reconocer que la Presencia de Dios ya está disponible ahora
mismo? ¿Podría aceptar que aquello que busco jamás me ha abandonado?
(158) Hoy aprendo a
dar tal como recibo.
Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.
Esta lección
me enseña que el Amor no conoce la pérdida. Todo el sistema de pensamiento del
ego se sostiene sobre la creencia de que dar implica quedarse con menos, que
compartir supone sacrificar algo propio y que entregar significa renunciar a
una parte de uno mismo.
Desde esta
lógica, el mundo se convierte en un escenario de competencia donde cada
individuo intenta conservar aquello que considera suyo. El ego vive convencido
de que la seguridad depende de acumular, proteger y retener. Cuanto más posee,
más teme perder. Cuanto más obtiene, más vulnerable se siente.
Sin embargo,
la lección de hoy corrige esta percepción fundamental.
Dar y recibir
son lo mismo.
Lo que doy no
abandona mi mente. Antes de llegar a otro, pasa por mí. Antes de ser recibido
por alguien más, ha sido aceptado por quien lo ofrece. Por eso el Curso afirma
que «dar y recibir son en verdad lo mismo» (L-pI.108.6:1).
Si doy juicio,
estoy reforzando en mi mente la creencia en el juicio.
Si doy ataque,
estoy confirmando la realidad del ataque.
Si doy miedo,
estoy fortaleciendo el miedo en mí mismo.
Y si doy Amor,
estoy recordando el Amor que soy.
No porque el
mundo me recompense por ello, sino porque aquello que doy confirma la identidad
con la que me identifico.
El ego
interpreta el acto de dar como un intercambio. Siempre espera algo a cambio. Da
para obtener. Ayuda para ser reconocido. Comparte para recibir aprobación. Ama
para sentirse amado.
Pero el
Espíritu no conoce el intercambio. El Espíritu únicamente extiende.
Y existe una
diferencia inmensa entre intercambiar y extender.
El intercambio
presupone carencia. La extensión presupone plenitud.
Sólo quien se
siente lleno puede extender lo que posee sin temor a perderlo.
Dios crea por
extensión. No pierde al dar. No disminuye al compartir. Su Amor aumenta al
extenderse porque la naturaleza del Amor consiste precisamente en expandirse.
De la misma manera, el Hijo de Dios fue creado para extender aquello que recibe
de su Fuente.
Por eso esta
lección no nos enseña únicamente a dar. Nos enseña a dar tal como recibimos.
¿Y cómo
recibimos de Dios?
Sin
condiciones. Sin sacrificio. Sin mérito personal. Sin pérdida.
Dios no nos da
porque lo hayamos merecido. Nos da porque dar es Su naturaleza. Y cuando
nuestra mente comienza a reflejar esa misma dinámica, dejamos de experimentar
la vida desde la escasez y comenzamos a vivir desde la abundancia.
La abundancia
no consiste en poseer más cosas. Consiste en reconocer que nada real puede
faltarnos.
El Amor, la
paz, la dicha y la inocencia aumentan al ser compartidos. Cuanto más los
extendemos, más conscientes nos volvemos de que ya se encontraban en nosotros.
Por eso el
Curso enseña que enseñar es demostrar (M-in.2:1-2). Todo lo que damos lo
estamos enseñando. Y todo lo que enseñamos lo estamos aprendiendo
simultáneamente.
Cada
pensamiento se convierte así en una elección.
Cada encuentro
se transforma en una oportunidad para recordar.
Cada relación
nos muestra qué estamos ofreciendo al mundo y, por consiguiente, qué estamos
aceptando para nosotros mismos.
La pregunta ya
no es cuánto recibo. La verdadera pregunta es qué estoy dando.
Porque aquello
que doy es lo que creo ser. Y aquello que creo ser determina la experiencia que
tengo de mí mismo.
Reflexión: ¿Qué estoy ofreciendo hoy a través
de mis pensamientos? ¿Estoy extendiendo paz o conflicto? ¿Estoy compartiendo
amor o temor? ¿Estoy dando desde la sensación de carencia o desde la certeza de
la abundancia? ¿Estoy aprendiendo a dar tal como Dios me da?
¿QUÉ ENSEÑAN ESTAS
AFIRMACIONES?
La Lección 174 une
Presencia y extensión en una sola experiencia.
• Dios no está lejos.
• El ahora es suficiente.
• Dar no es perder.
• Recibir confirma identidad.
• El Amor se expande al compartirse.
Aquí el Curso recuerda: No
necesitas buscar. Necesitas permitir.
Y no necesitas acumular.
Necesitas extender.
SENTIDO GENERAL DE LA
LECCIÓN:
El sentido profundo es
integrar contemplación y acción.
La mente que vive fuera
de la Presencia:
• Se dispersa.
• Se angustia por el futuro.
• Se aferra al pasado.
• Vive en carencia.
La mente que reconoce la
Presencia:
• Se aquieta.
• Se alinea.
• Se siente completa.
• Da sin miedo.
Cuando estoy en la
Presencia, dar surge naturalmente.
PROPÓSITO Y SENTIDO
DEL REPASO:
El propósito de la
Lección 174 es:
- Disolver la idea de distancia con Dios.
- Reafirmar el ahora como único punto real.
- Corregir la creencia en pérdida al dar.
- Integrar identidad divina con acción amorosa.
- Consolidar la experiencia de abundancia interior.
Este repaso no pide
sacrificio. Pide coherencia.
ASPECTOS
PSICOLÓGICOS:
Psicológicamente, esta lección produce:
- Reducción de ansiedad temporal.
- Disminución del miedo a la pérdida.
- Mayor generosidad espontánea.
- Sensación de plenitud interna.
- Coherencia entre pensamiento y acción.
Clave psicológica: La
carencia es percepción. La abundancia es identidad.
Cuando doy desde
plenitud, refuerzo plenitud.
ASPECTOS
ESPIRITUALES:
Espiritualmente, la
lección afirma que:
- La Presencia de Dios es constante.
- El Instante Santo está disponible.
- Dar y recibir son uno en la verdad.
- La Unidad elimina la pérdida.
- El Amor se reconoce al extenderse.
“En Su Presencia he de
estar ahora” significa: No necesito esperar para ser lo que soy.
“Hoy aprendo a dar tal
como recibo” significa: La abundancia es circular e infinita.
INSTRUCCIONES
PRÁCTICAS:
Durante el día:
- Al iniciar y cerrar cada práctica: “Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.”
- Cuando te sientas disperso: “En Su Presencia he de estar ahora.”
- Antes de ofrecer cualquier palabra o acción: “Hoy aprendo a dar tal como recibo.”
Haz una pausa breve.
Siente el ahora.
Extiende desde ahí.
ADVERTENCIAS
IMPORTANTES:
❌
No forzar estados místicos.
❌ No usar la idea
de dar para ignorar límites sanos.
❌ No convertir la
generosidad en autoexigencia.
❌ No
espiritualizar la evasión emocional.
✔
Practicar presencia sencilla.
✔ Dar desde paz,
no desde obligación.
✔ Recordar que la
Presencia no depende de circunstancias.
✔ Permitir que la
experiencia sea natural.
El Amor no se agota. Se
multiplica al compartirse.
RELACIÓN CON EL
PROCESO DEL CURSO:
En el Quinto Repaso:
• 171 reafirma
identidad.
• 172 integra seguridad y función.
• 173 integra confianza y guía.
• 174 integra Presencia y extensión.
Aquí el Curso consolida:
Ser es estar. Estar es extender.
CONCLUSIÓN FINAL:
La Lección 174 declara:
No estoy separado. No estoy lejos. No estoy vacío.
Estoy en la Presencia
ahora. Y al dar Amor, confirmo que lo he recibido.
La abundancia no se
busca. Se reconoce.
FRASE INSPIRADORA: “En la Presencia descubro plenitud, y al dar Amor
confirmo que nunca me ha faltado.”
Gracias J.J
ResponderEliminarGracias maravilloso!!!
ResponderEliminarDar es hermoso es entregar sin pensar. A quien, y dar lo mejor, sin esperar nada a cambio, o lo más hermoso hacercate a quien necesite consuelo, o una palabra justa y necesaria, toda entrega es amor es lo que Dios quiere que entreguemos, demos amor en energía para crear un mejor mundo
ResponderEliminarAr y recibir es lo mismo,porque todos Somos Uno en el Amor🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙
ResponderEliminarEn Este Instante Santo doy y recibo desde la Abundancia del Espíritu porque Todos Somos Uno🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙💙✨✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳
ResponderEliminar