sábado, 18 de julio de 2026

¿Por qué sigo reaccionando con miedo si ya sé que no soy un cuerpo?

¿Por qué sigo reaccionando con miedo si ya sé que no soy un cuerpo?

Ésta es una de las preguntas más honestas que un estudiante de Un Curso de Milagros puede hacerse. Después de meses o incluso años de estudio, comprende intelectualmente que no es un cuerpo, que su verdadera Identidad es espíritu y que nada real puede ser amenazado. Sin embargo, basta una enfermedad, una mala noticia, una crítica o la incertidumbre sobre el futuro para que el miedo aparezca con toda su fuerza.

Entonces surge la duda: «Si realmente he entendido el Curso, ¿por qué sigo reaccionando así?»

La respuesta del Curso no es una condena, sino una invitación a la paciencia. Saber una idea no significa haberla aceptado completamente. La mente puede comprender una verdad mientras continúa identificándose con un viejo hábito de percepción. Durante toda una vida hemos aprendido a pensar desde el cuerpo, a interpretar el mundo desde la vulnerabilidad y a creer que nuestra existencia depende de lo que sucede fuera de nosotros. No es extraño que esos hábitos sigan apareciendo.

Por eso el Libro de Ejercicios comienza recordándonos que «Una mente sin entrenar no puede lograr nada» (L-in.1:3). El miedo no demuestra que el Curso sea falso ni que estemos fracasando; simplemente pone de manifiesto qué maestro estamos eligiendo en ese instante.

El ego interpreta cualquier cambio como una amenaza. Si una molestia aparece en el cuerpo, inmediatamente construye una historia: «Puede ser grave», «Voy a perder el control», «Algo malo va a pasar». No reacciona al hecho, sino a la interpretación que hace del hecho. Y nosotros confundimos esa interpretación con la realidad.

El Curso no nos pide que luchemos contra el miedo ni que lo reprimamos. Nos invita a observarlo sin convertirlo en una prueba de quiénes somos. El miedo no demuestra que seamos un cuerpo; sólo demuestra que, durante unos instantes, hemos vuelto a creer en la vieja identidad que el ego fabricó.

De hecho, el Texto afirma: «Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios» (T-In.2:2-4). El problema es que todavía damos realidad a lo irreal. Creemos que el cuerpo es nuestro hogar, que el tiempo define nuestra existencia y que el mundo tiene poder sobre nuestra paz. Mientras esas creencias permanezcan ocultas, el miedo seguirá apareciendo una y otra vez.

Pero cada reacción de miedo puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje. En lugar de preguntarnos: «¿Por qué sigo teniendo miedo?», podríamos preguntarnos: «¿Qué estoy creyendo acerca de mí en este momento?». Casi siempre descubriremos que hemos vuelto a identificarnos con un personaje limitado, vulnerable y separado de Dios.

Entonces el miedo deja de ser un enemigo y se convierte en un maestro. Nos señala el lugar exacto donde todavía creemos en la separación. Y eso es una buena noticia, porque sólo aquello que se hace consciente puede ser entregado al Espíritu Santo para su corrección.

La paz no llega cuando conseguimos no sentir miedo nunca más. Llega cuando dejamos de considerar el miedo como una autoridad. Podemos sentirlo y, al mismo tiempo, recordar que no define nuestra realidad.

Poco a poco, la mente aprende a responder de otra manera. El cuerpo puede temblar, el corazón puede acelerarse, los pensamientos pueden agitarse, pero en un lugar más profundo comienza a surgir una certeza silenciosa: esto no es lo que soy.

Quizá el progreso espiritual no consista en dejar de experimentar miedo de un día para otro, sino en dejar de creer que el miedo tiene la última palabra.

Y entonces la pregunta cambia por completo: ¿Y si cada vez que aparece el miedo no fuera una prueba de mi separación, sino una nueva oportunidad para recordar que sigo siendo tal como Dios me creó?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Y si la libertad que buscas no estuviera en mejorar el cuerpo… sino en dejar de creer que eres un cuerpo? Aplicando la Lección 199.

¿Y si la libertad que buscas no estuviera en mejorar el cuerpo… sino en dejar de creer que eres un cuerpo? Aplicando la Lección 199. Muchos ...