¿Estoy
dispuesto a ver esto de otra manera completamente?
Esta
pregunta es una de las más sencillas y, al mismo tiempo, más transformadoras
que puede hacerse un estudiante de Un Curso de Milagros. No pregunta si tengo
razón, si el otro se equivocó, si mi interpretación está justificada o si el
mundo debería cambiar. Pregunta algo mucho más profundo: ¿Estoy dispuesto a
permitir que mi percepción sea corregida?
Por
eso esta pregunta es tan importante. No dice: “Voy a convencerme de que esto no
importa”. Tampoco dice: “Voy a negar lo que siento”. Dice: “Tal vez hay otra
manera de mirar esto que todavía no he aceptado”. Esa pequeña apertura es
suficiente para que el Espíritu Santo pueda entrar en nuestra percepción.
Ver
algo de otra manera completamente no significa maquillar la situación con
frases espirituales. Significa reconocer que mi interpretación actual procede,
muchas veces, del miedo, del juicio, de la culpa o del pasado. Y si procede del
ego, aunque parezca lógica, no puede conducirme a la paz. El ego siempre
interpreta para confirmar la separación. El Espíritu Santo interpreta para
recordar la inocencia.
La
resistencia aparece porque creemos que cambiar de percepción equivale a perder
algo: perder la razón, perder el control, perder la defensa, perder la
identidad de quien fue herido. Pero quizá lo único que perdemos es la prisión
mental desde la que estábamos mirando. Tal vez no estamos renunciando a la
verdad, sino a una interpretación que nos mantenía atados al sufrimiento.
La
Lección 34 lo expresa con una claridad preciosa: «Podría ver paz en lugar de
esto». No afirma que ya la veamos. No exige una fe perfecta. Sólo nos recuerda
que existe una posibilidad distinta. Donde ahora veo amenaza, podría ver una
llamada de amor. Donde ahora veo culpa, podría ver miedo pidiendo corrección.
Donde ahora veo ataque, podría reconocer una petición de ayuda.
La
verdadera dificultad no está en que no podamos ver de otra manera, sino en que
aún creemos obtener algo al seguir viendo como antes. Creemos que el juicio nos
protege, que el resentimiento nos da dignidad, que el miedo nos mantiene
alerta. Pero el Curso nos invita a comprobar si esas defensas nos han dado
realmente paz.
Estar
dispuesto a ver completamente de otra manera es dejar de consultar al ego como
intérprete de mi vida. Es decir, interiormente: “No sé lo que esto significa.
No quiero usarlo para separarme. Muéstrame otra forma de verlo”. En esa
humildad comienza el milagro.
Quizá
no podamos cambiar de percepción por nosotros mismos, pero sí podemos ofrecer
nuestra disposición. Y esa disposición, aunque sea pequeña, abre una puerta
inmensa.
La
pregunta, entonces, no es sólo: ¿Estoy dispuesto a ver esto de otra manera
completamente?
Sino también: ¿Estoy dispuesto a dejar que la paz me muestre que mi interpretación no era la verdad?

No hay comentarios:
Publicar un comentario