sábado, 11 de julio de 2026

¿Estoy dispuesto a ver esto de otra manera completamente?

¿Estoy dispuesto a ver esto de otra manera completamente?

Esta pregunta es una de las más sencillas y, al mismo tiempo, más transformadoras que puede hacerse un estudiante de Un Curso de Milagros. No pregunta si tengo razón, si el otro se equivocó, si mi interpretación está justificada o si el mundo debería cambiar. Pregunta algo mucho más profundo: ¿Estoy dispuesto a permitir que mi percepción sea corregida?

Normalmente no sufrimos sólo por lo que ocurre, sino por el significado que le damos a lo que ocurre. Un comentario, una pérdida, una enfermedad, una discusión o una decepción parecen tener un significado cerrado: “Esto es malo”, “Esto me amenaza”, “Esto demuestra que no me aman”, “Esto confirma que estoy solo”. Pero el Curso nos enseña que no vemos las cosas tal como son, sino tal como nuestra mente las interpreta.

Por eso esta pregunta es tan importante. No dice: “Voy a convencerme de que esto no importa”. Tampoco dice: “Voy a negar lo que siento”. Dice: “Tal vez hay otra manera de mirar esto que todavía no he aceptado”. Esa pequeña apertura es suficiente para que el Espíritu Santo pueda entrar en nuestra percepción.

Ver algo de otra manera completamente no significa maquillar la situación con frases espirituales. Significa reconocer que mi interpretación actual procede, muchas veces, del miedo, del juicio, de la culpa o del pasado. Y si procede del ego, aunque parezca lógica, no puede conducirme a la paz. El ego siempre interpreta para confirmar la separación. El Espíritu Santo interpreta para recordar la inocencia.

La resistencia aparece porque creemos que cambiar de percepción equivale a perder algo: perder la razón, perder el control, perder la defensa, perder la identidad de quien fue herido. Pero quizá lo único que perdemos es la prisión mental desde la que estábamos mirando. Tal vez no estamos renunciando a la verdad, sino a una interpretación que nos mantenía atados al sufrimiento.

La Lección 34 lo expresa con una claridad preciosa: «Podría ver paz en lugar de esto». No afirma que ya la veamos. No exige una fe perfecta. Sólo nos recuerda que existe una posibilidad distinta. Donde ahora veo amenaza, podría ver una llamada de amor. Donde ahora veo culpa, podría ver miedo pidiendo corrección. Donde ahora veo ataque, podría reconocer una petición de ayuda.

La verdadera dificultad no está en que no podamos ver de otra manera, sino en que aún creemos obtener algo al seguir viendo como antes. Creemos que el juicio nos protege, que el resentimiento nos da dignidad, que el miedo nos mantiene alerta. Pero el Curso nos invita a comprobar si esas defensas nos han dado realmente paz.

Estar dispuesto a ver completamente de otra manera es dejar de consultar al ego como intérprete de mi vida. Es decir, interiormente: “No sé lo que esto significa. No quiero usarlo para separarme. Muéstrame otra forma de verlo”. En esa humildad comienza el milagro.

Quizá no podamos cambiar de percepción por nosotros mismos, pero sí podemos ofrecer nuestra disposición. Y esa disposición, aunque sea pequeña, abre una puerta inmensa.

La pregunta, entonces, no es sólo: ¿Estoy dispuesto a ver esto de otra manera completamente?

Sino también: ¿Estoy dispuesto a dejar que la paz me muestre que mi interpretación no era la verdad?

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