jueves, 7 de agosto de 2025

Capítulo 22. III. La razón y las distintas formas del error (2ª parte).

III. La razón y las distintas formas del error (2ª parte).

3. La razón de por sí no es la salvación, pero despeja el camino para la paz y te conduce a un estado mental en el que se te puede conceder la salvación. 2El pecado es un obstáculo que se alza como un formidable portón -cerrado con candado y sin llave- ­en medio del camino hacia la paz. 3Nadie que lo contemplase sin la ayuda de la razón osaría traspasarlo. 4Los ojos del cuerpo lo ven como si fuese de granito sólido y de un espesor tal que sería una locura intentar atravesarlo. 5La razón, en cambio, ve fácil­mente a través de él, puesto que es un error. 6La forma que adopta no puede ocultar su vacuidad de los ojos de la razón.

Desde el sistema de pensamiento del ego, el camino que nos conduce a la salvación exige castigo, redención y sufrimiento. La liberación de la culpa no se entiende salvo que paguemos un alto precio para conseguirlo. Ese precio es el dolor y el juicio condenatorio.

En cambio, desde la razón, las cosas se ven de otra manera, se ven tal y como realmente son. Se comprende que la fuente de todo se encuentra en la mente y que son los pensamientos los que nos llevan a percibir nuestra realidad con los matices que le aporta la calidad de dicho pensamiento. Si el pensamiento sirve al deseo de ser especial, caeremos en las redes tejidas por el miedo y por la creencia en la separación. Nos identificaremos con la naturaleza transgresora y pecadora.

Si nuestros pensamientos sirven a la razón, a la mente recta, al Espíritu Santo, la luz que emanará de ellos nos permitirá entender que somos parte de la Mente Una de Cristo y que nuestra mente es Una con la del resto de la Filiación.

Es cierto que la razón de por sí no es la salvación, pero nos señala el camino que debemos recorrer junto a nuestros hermanos.

4. La forma del error es lo único que atrae al ego. 2No trata de ver si esa forma de error tiene significado o no, pues es incapaz de reconocer significados. 3Todo lo que los ojos del cuerpo pueden ver es una equivocación, un error de percepción, un fragmento distorsionado del todo sin el significado que éste le aportaría. 4Sin embargo, cualquier error, sea cual sea su forma, puede ser corregido. 5El pecado no es sino un error expresado en una forma que el ego venera. 6El ego quiere conservar todos los errores y convertirlos en pecados. 7Pues en eso se basa su propia estabili­dad, la pesada ancla que ha echado sobre el mundo cambiante que él fabricó; la roca sobre la que se edificó su iglesia y donde sus seguidores están condenados a sus cuerpos, al creer que la libertad del cuerpo es la suya propia.

Recordemos que toda idea sigue a su fuente. El error original, el pecado original para el ego, se ha convertido en la piedra angular de su sistema de pensamiento. La creencia en la separación es la causa de su identidad. Elegir separarse de la unidad para crear una individualidad ha dado lugar a la identificación con el cuerpo físico, el símbolo que más venera y al que rinde pleitesía. Por lo tanto, el ego no está dispuesto a renunciar a esa creencia, no está dispuesto a llevar ante la razón su fe en el pecado, con lo cual está imposibilitando la aplicación de la fórmula correctiva que lo liberará del pesado fardo de lo que ha llamado pecado, cuando en realidad es un pensamiento erróneo que sí admite corrección.

miércoles, 6 de agosto de 2025

Capítulo 22. III. La razón y las distintas formas del error (1ª parte).

III. La razón y las distintas formas del error (1ª parte).

1. La introducción de la razón en el sistema de pensamiento del ego es el comienzo de su des-hacimiento, pues la razón y el ego se contradicen entre sí. 2Y no es posible que coexistan en tu concien­cia, 3ya que el objetivo de la razón es hacer que todo esté claro y, por lo tanto, que sea obvio. 4La razón es algo que tú puedes ver. 5Esto no es simplemente un juego de palabras, pues aquí da co­mienzo una visión que tiene sentido. 6La visión es literalmente sentido. 7Dado que no es lo que el cuerpo ve, la visión no puede sino ser comprendida, 8pues es inequívoca, y lo que es obvio no es ambiguo. 9Por lo tanto, puede ser comprendido. 10Aquí la razón y el ego se separan, y cada uno sigue su camino.

Entiendo que la razón es la virtud que nos ofrece la mente recta del Espíritu Santo. La razón se manifiesta en el ámbito de la verdad y nos lleva a comprender, a entender, lo que es real en contraposición a lo que es ilusorio. Cuando la razón se une a la Expiación nos facilita el des-hacimiento del sistema de pensamiento del ego, el cual se basa en la creencia en el pecado y en la culpa. Este des-hacimiento dará lugar a la corrección de los errores tras haber comprendido que habíamos estado rindiendo culto a una creencia falsa.

Cuando la razón ocupa nuestra mente, nuestros pensamientos son amorosos y de calidad santa, puesto que está conectada con la frecuencia que caracteriza el Mundo de Dios, donde el amor fluye por doquier. Siendo así, cuando la razón ilumina nuestra mente, el ego no tiene cabida en ella. Este estado se conoce como "despertar", aludiendo a que hemos tomado consciencia de que hemos estado sumidos en un sueño y ahora conocemos que somos los soñadores de ese sueño. Mientras que estemos en la tierra, ese estado de consciencia es el más elevado que podemos expresar, por lo que decidiremos tener sueños felices, de modo que éstos reflejen la luz del Cielo en ellos.

2. Lo que le permite al ego seguir existiendo es su creencia de que tú no puedes aprender este curso. 2Si compartes con él esa creencia, la razón será incapaz de ver tus errores y despejar el camino hacia su corrección. 3Pues la razón ve más allá de los errores y te dice que lo que pensabas que era real no lo es. 4La razón puede reconocer la diferencia entre el pecado y el error porque desea la corrección. 5Te dice, por lo tanto, que lo que pensabas que era incorregible puede ser corregido, y que, por consi­guiente, tuvo que haber sido un error. 6La oposición del ego a la corrección conduce a su creencia fija en el pecado y a desenten­derse de los errores. 7No ve nada que pueda ser corregido. 8El ego, por lo tanto, condena y la razón salva.

El pensamiento del ego, ya hemos tenido que verlo antes, es demente, lo que imposibilita que pueda vislumbrar, aunque sea por una sola vez, la luz de razón. Si lo hiciera, significaría que su existencia no es real y que su identidad es fruto de la ilusión.

La razón es el mejor aliado de la Expiación. Ambos son virtudes del Espíritu Santo, de la mente recta, de la Inteligencia Divina. Sin la razón, no tendríamos la capacidad de comprender que lo que hemos llamado "pecado" no es más que un pensamiento erróneo que puede ser corregido.

La razón nos dice que la corrección del error nos sitúa en el ámbito de la verdad, o lo que es lo mismo, nos hace eternos, pues supondría el reconocimiento de que somos Hijos de Dios, el cual goza de eternidad.

Sin embargo, el ego no está dispuesto a cambiar su creencia en el pecado, pues esa creencia es el filón de donde encuentra los argumentos necesarios para negar a Dios y para juzgarlo como un Dios vengativo y cruel. Uno de sus más preciados argumentos de la debilidad de Dios es la muerte. La creencia en la muerte es su demostración de la impotencia del Creador para con Su Hijo. Es incapaz de salvarlo de ese trágico y traumático tránsito.

martes, 5 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (4ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (4ª parte).

10. Contempla la gran proyección, pero mírala con la determina­ción de que tiene que ser sanada, aunque no mediante el temor. 2Nada que hayas fabricado tiene poder alguno sobre ti, a menos que todavía quieras estar separado de tu Creador y tener una voluntad que se oponga a la Suya. 3Pues sólo si crees que Su Hijo puede ser Su enemigo parece entonces posible que lo que has inventado sea asimismo enemigo tuyo. 4Prefieres condenar al sufrimiento Su alegría y hacer que Él sea diferente. 5Sin embargo, al único sufrimiento al que has dado lugar ha sido al tuyo propio. 6¿No te alegra saber que nada de eso es cierto? 7¿No son buenas nuevas oír que ni una sola de las ilusiones que forjaste ha substi­tuido a la verdad?

Qué difícil nos resulta creer en el mensaje esperanzador compartido por este punto. A pesar de que estamos de acuerdo al pensar que este mundo es demente, que no nos aporta paz y felicidad, sino sufrimiento y dolor, aún así seguimos rindiéndole culto a su sistema de pensamiento, el cual nos mantiene esclavos de la ilusión y del miedo.

La mente dividida nos mantiene distraídos y embelesados con la ilusión y nos permite ver la realidad, sin percibir la verdad. Continuar prestándole atención a la mente dividida es perpetuar el sufrimiento y el dolor, pues estaríamos alimentando la fuente del error que se encuentra en la creencia de la separación y en la creencia en la falsa identidad del cuerpo.

La mente recta nos brinda la oportunidad de la abstracción, del desapego de la ilusión y nos invita a ver las cosas de otra manera. El uso de la mente recta para crear nos lleva a expandir el amor y a fortalecer nuestras relaciones con la visión santa. Ese es el único camino que ha de conducirnos al encuentro con la paz y con la felicidad, pues es el único camino que nos conduce a las puertas del Cielo.

11. Son sólo tus pensamientos los que han sido imposibles. 2No puede ser que la salvación sea imposible. 3Pero sí es imposible ver a tu salvador como un enemigo y al mismo tiempo reconocerlo. 4No obstante, puedes reconocerlo como lo que es porque ésa es la Voluntad de Dios. 5Lo que Dios le confirió a tu relación santa aún se encuentra en ella. 6Pues lo que Él le dio al Espíritu Santo para que te lo diese a ti, el Espíritu Santo te lo dio. 7¿No querrías contem­plar al salvador que se te ha dado? 8¿Y no intercambiarías con gratitud la función de verdugo que le adjudicaste por la que en verdad tiene? 9Recibe de él lo que Dios le dio para ti, no lo que trataste de darte a ti mismo.

No somos hijos del pecado, ni tenemos que sentirnos culpables por haber elegido pensamientos carentes de amor e inspirados por el deseo de ser especiales. Somos hijos del Amor, el cual se fortalece en la santidad de la inocencia y de la impecabilidad. 

Si utilizamos la lógica de la razón, elegir la identidad pasajera del cuerpo físico, elegir la vía del sufrimiento y del dolor, no parece ser lo más acertado e inteligente. Si lo elegimos y seguimos haciéndolo es porque nuestra mente sirve a la ilusión y nuestros pensamientos sirven a la demencia.

La razón tiene la capacidad de disipar la niebla que no nos permite ver y percibir correctamente. La razón nos muestra un mundo donde vivir en paz y ser felices. Un mundo donde no hay carencia ni necesidades, tan sólo hay abundancia. Es un mundo imperecedero donde la igualdad y la unidad se convierten en el eslabón que nos une a la relación santa que alimentamos junto a nuestros hermanos.

Sí, quiero contemplar al Salvador que se me ha dado.

12. Más allá del cuerpo que has interpuesto entre tu hermano y tú, y reluciendo en la áurea luz que le llega desde el círculo radiante e infinito que se extiende eternamente, se encuentra tu relación santa, que Dios Mismo ama. 2¡Cuán serena descansa en el tiempo, y, sin embargo, más allá de él! a¡Cuán inmortal, y, sin embargo, en la tierra! 3¡Cuán grande el poder que en ella reside! 4El tiempo acata su voluntad, y la tierra será lo que ella disponga que sea. 5En ella no existe una voluntad separada ni el deseo de que nada se encuentre separado. 6Su voluntad no hace excepciones y lo que dispone es verdad. 7Toda ilusión que se lleva ante su perdón se pasa por alto dulcemente y desaparece. 8Pues Cristo ha renacido en su centro, para iluminar Su morada con una visión que pasa por alto al mundo. 9¿No querrías que esa santa morada fuese también la tuya? 10En ella no hay sufrimiento, sino únicamente dicha.

Si te has preguntado en alguna ocasión si es posible experimentar la relación santa en la tierra, en este punto encontrarás la respuesta. Sí, es posible. Y no tan sólo es posible, sino que es la única opción por la que debemos decidirnos. Para ello, debemos invitar al Espíritu Santo para que sea nuestro único anfitrión, para que su mente recta dirija nuestras decisiones. Pongamos todos nuestros asuntos en sus manos y nos guíe para que el amor prevalezca en nuestras relaciones.

Sustituir nuestros pensamientos de miedo por pensamientos de amor resucitará nuestra consciencia de la muerte y renaceremos bajo la luz de nuestra inocencia, de nuestra impecabilidad, de nuestra eternidad.

Que nuestra mente forme parte del áurea luz que emana desde el círculo radiante e infinito y que en ella nos fundamos en un fraternal y luminoso abrazo con todos nuestros hermanos de Filiación.

13. Lo único que necesitas hacer para morar aquí apaciblemente junto a Cristo, es compartir Su visión. 2Su visión se le concede inmediatamente y de todo corazón a todo aquel que esté dis­puesto a ver a su hermano libre de pecado. 3Y tienes que estar dispuesto a no excluir a nadie, si quieres liberarte completamente de todos los efectos del pecado. 4¿Te concederías a ti mismo un perdón parcial? 5¿Puedes alcanzar el Cielo mientras un solo pecado aún te tiente a seguir sufriendo? 6El Cielo es el hogar de la pureza perfecta, y Dios lo creó para ti. 7Contempla a tu santo hermano, tan libre de pecado como tú, y permítele que te con­duzca hasta allí.

Ver a nuestros hermanos libres de pecado es el resultado de haber mirado en nuestro interior y no haber contemplado pecado alguno. Si vemos impecabilidad, es la señal inequívoca de que hemos elegido la inocencia y la pureza de nuestra naturaleza santa.

Hemos vencido a la creencia en la separación y ello ha sido posible gracias a que hemos elegido al guía correcto y a la visión correcta. El Espíritu Santo y Cristo ahora están presentes en mi consciencia y forman parte de mis pensamientos. He elegido de nuevo y es mi voluntad servir al amor y a la unidad.

Mi propósito aquí en la tierra se circunscribe a la voluntad de colaborar en el plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. Para ello, hermano, reconozco tu valía, reconozco tu pureza, tu inocencia y te reconozco como mi salvador, ofreciéndome la oportunidad de andar el camino que nos conduce a la salvación, junto a ti.

lunes, 4 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (3ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (3ª parte).

7. No abandones a tu hermano ahora, pues vosotros que sois lo mismo no decidiréis por separado ni en forma diferente. 2Os dais el uno al otro o bien vida o bien muerte; sois cada uno el salvador del otro o su juez, y os ofrecéis refugio o condenación. 3Este curso o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto. 4Pues es completamente cierto o completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. 5Y tú te escaparás enteramente del sufri­miento o no te escaparás en absoluto. 6La razón te dirá que no hay un lugar intermedio donde te puedas detener indeciso, esperando a elegir entre la felicidad del Cielo o el sufrimiento del infierno. 7Hasta que no elijas el Cielo, estarás en el infierno y abatido por el sufrimiento.

La idea de la inmutabilidad de la verdad, de lo que es real, se fortalece con el contenido de este punto. Ya habíamos reflexionado sobre este tema y veíamos cómo la verdad no puede ser verdad a medias, ni puede ser verdad ahora y mañana no. La verdad es eterna y no está sujeta al cambio ni a la temporalidad. Por esa condición, la verdad es verdad.

Si nuestra naturaleza verdadera es la espiritual, significa que en todas las situaciones, esto es, eternamente, seremos espirituales. No podemos creer que podemos ser un cuerpo y al mismo tiempo un espíritu. Esto es imposible, ya que si el cuerpo está sujeto a las leyes de la temporalidad, entonces no puede gozar de la condición que otorga la eternidad.

Soy consciente del reto que estas afirmaciones nos plantean, pues a pesar de sentirnos atraídos por las enseñanzas espirituales, por las enseñanzas de este Curso, no nos sentimos con la firmeza mental para declarar que somos, en todas las situaciones, seres espirituales. Cuando nuestra mente presta atención a los asuntos mundanos, queda prisionera de sus vibraciones, del miedo, del sufrimiento, del dolor, de la pérdida, etc.

Para alcanzar el estado de inmutabilidad al que nos invita la verdad, debemos elegir desde la certeza, desde la fe, que nos ofrece la visión de que somos el Hijo de Dios.  A pesar de percibirnos en un ropaje temporal, dicho ropaje es ilusorio y, al desaparecer, nuestra naturaleza espiritual emergerá con la fuerza de su esencia, con la fuerza del amor.

8. No hay ninguna parte del Cielo de la que puedas apropiarte y tejer ilusiones de ella. 2Ni hay una sola ilusión con la que puedas entrar en el Cielo. 3Un salvador no puede ser un juez ni la miseri­cordia puede ser condenación. 4Y la visión no puede condenar, sino únicamente bendecir. 5Aquel Cuya función es salvar, salvará. 6Cómo lo ha de lograr está más allá de tu entendimiento, pero cuándo lo va a hacer está en tus manos. 7Pues el tiempo es una invención tuya y, por lo tanto, lo puedes gobernar. 8No eres esclavo de él ni del mundo que fabricaste.

El mundo que percibimos es ilusorio dado que su percepción está originada por el pensamiento dividido, por la creencia en la separación. El Cielo en cambio, es el Estado del Ser Uno. Su visión es Cristo al representar la fuerza del amor y de la unidad. En el Cielo vivimos formando parte de la verdad y el lenguaje con el que nos comunicamos es el pensamiento directo emanado desde las mentes unidas.

Nos aclara Jesús en este punto que nuestra función es salvar y que el modo en cómo lo haremos está más allá de nuestro entendimiento. En cambio, el cuándo lo haremos sí está en nuestras manos, dado que el tiempo es una invención nuestra y lo podemos gobernar. Con ello nos está invitando a que tomemos la decisión que sí podemos elegir, la de prestarnos a la tarea de compartir nuestra salvación interior con el resto de nuestros hermanos.

9. Examinemos más de cerca la ilusión de que lo que tú fabricaste tiene el poder de esclavizar a su hacedor. 2Esta es la misma creen­cia que dio lugar a la separación. 3Es la idea insensata de que los pensamientos pueden abandonar la mente del pensador, ser dife­rentes de ella y oponerse a ella. 4Si eso fuese cierto, los pensa­mientos no serían extensiones de la mente, sino sus enemigos. 5Aquí vemos nuevamente otra forma de la misma ilusión fundamental que ya hemos examinado muchas veces con anterioridad. 6Sólo si fuese posible que el Hijo de Dios pudiera abandonar la Mente de su Padre, hacerse diferente y oponerse a Su Voluntad, sería posible que el falso ser que inventó, y todo lo que éste fabricó, fuesen su amo.

Una de las ideas principales que nos enseña este curso es que la idea, el pensamiento, sigue a su fuente. Con ello lo que trata de enseñarnos es que un pensamiento no puede ser diferente de la fuente de donde ha emanado. El Hijo de Dios ha sido creado a imagen y semejanza de su creador, siguiendo el principio que hemos anunciado al principio. El Hijo de Dios puede crear porque es tal y como Dios lo ha creado, tiene sus mismos atributos creadores, lo que significa que está unido a Su Fuente.

A pesar de ello, la mente puede dividirse y creer que puede tener pensamientos diferentes a su fuente original, esto es, pensamientos que sean diferentes a los emanados desde dicha fuente. Eso le otorgaría una identidad distinta, individual y no compartida con Su Fuente y con el resto de la creación. Ese pensamiento sirve al deseo de ser especial y da lugar a la creencia del ego.

viernes, 1 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (2ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (2ª parte).

4. La razón te diría que la única manera de escaparte del sufri­miento es reconociéndolo y tomando el camino opuesto. 2Toda ver­dad es lo mismo y todo sufrimiento es lo mismo también, pero ambos son diferentes entre sí desde cualquier punto de vista, en toda circunstancia y sin excepción. 3Creer que puede haber una sola excepción es confundir lo que es lo mismo con lo que es diferente. 4Una sola ilusión que se abrigue y se defienda contra la verdad priva a ésta de todo significado y hace que todas las ilu­siones sean reales. 5Tal es el poder de la creencia, 6la cual es inca­paz de transigir. 7Y la fe en la inocencia sería fe en el pecado si la creencia excluyera una sola cosa viviente y le negase la bendición de su perdón.

La inmutabilidad de la verdad se basa en la ley de la eternidad. Si es verdad, siempre lo será y siempre lo ha sido. La verdad no acepta matices. Los matices, las diferencias, las especializaciones proceden del sistema de pensamiento del ego. El desconocimiento de nuestra verdadera naturaleza nos lleva a percibirnos como personalidades que cambian y evolucionan. Pero lo que parece evolucionar y cambiar no es la mente recta que sirve al amor y a la unidad, sino la mente errada que nos lleva a percibir un mundo cuya dimensión es temporal e ilusoria.

La Expiación nos guía para recordar nuestra realidad, nuestra verdad. Es la elección de abandonar el sistema de pensamiento del ego como la fuente que nos conduce a vivir en el mundo del miedo y de lo efímero, para regresar a nuestro verdadero hogar, donde la ley de la unidad y del amor nos permitirá fundirnos con el gozo de Dios.

5. Tanto la razón como el ego te dicen eso mismo, pero la inter­pretación que hacen de ello es completamente diferente. 2El ego te asegura ahora que es imposible que puedas ver a nadie libre de culpa. 3Y si esta manera de ver es la única que puede liberarte de la culpabilidad, entonces la creencia en el pecado no puede sino ser eterna. 4Pero la razón ve eso de otro modo, pues la razón ve que la fuente de una idea es lo que hace que ésta sea cierta o falsa. 5Esto tiene que ser así, si la idea es semejante a su fuente. 6Por lo tanto -dice la razón- si el propósito que se le asignó al Espíritu Santo fue ayudarte a escapar de la culpabilidad, y ese propósito le fue dado por Aquel para Quien nada que Su Volun­tad disponga es imposible, los medios para lograr ese objetivo tienen que ser más que posibles. 7Tienen que existir y tú tienes que estar en posesión de ellos.

Me atrevería a decir que Jesús emplea el uso de la "lógica pura" para explicar el contenido de este punto. Siguiendo su ejemplo, podemos admitir que el ego es incapaz de reconocer que puede haber alguien libre de culpa. Pues de haberla, ello significaría que ha negado la identidad del ego, la cual surge tras elegir el pensamiento de ser especial. Siguiendo esta lógica, el ego fundamenta su fe en la creencia de que todos somos pecadores y, por lo tanto, no podemos estar libres de culpa.

Desde el punto de vista de la razón y dado que toda idea sigue a su fuente, la mente recta sirve al amor y a la unidad, lo que nos favorece el pensamiento de impecabilidad y de inocencia. El Espíritu Santo es la Mente Recta y se encuentra en la parte de nuestra mente que no ha olvidado la verdad y que nos lleva a reconocernos como Hijos de Dios. La visión del Espíritu Santo está libre de pecado y de culpa. Luego, la pureza y la santidad se encuentran en nuestro interior, en espera de que sea nuestra elección.

6. Esta es una etapa crucial en este curso, pues en este punto tiene que tener lugar una completa separación entre tú y el ego. 2Pues si ya dispones de los medios para dejar que el propósito del Espí­ritu Santo se alcance, dichos medios pueden utilizarse. 3A medida que los utilices, tu fe en ellos será cada vez mayor. 4Para el ego, sin embargo, eso es imposible, y nadie emprende lo que no ofrece ninguna esperanza de poderse lograr. 5Tú sabes que lo que la Voluntad de tu Creador dispone es posible, pero aquello que tú inventaste no lo cree. 6Ahora tienes que elegir entre ti y lo que es sólo una ilusión de ti. 7No ambas cosas, sino una sola. 8No tiene objeto intentar eludir esta decisión. 9Hay que tomarla. 10La fe y la creencia pueden inclinarse hacia cualquiera de esas dos opciones, pero la razón te dice que el sufrimiento se encuentra únicamente en una de ellas y la dicha en la otra.

Para el ego, alcanzar el propósito del Espíritu Santo, la visión de la unidad, se convierte en el deseo de unir los cuerpos, fortaleciendo su realidad en el nivel perceptivo.

El ego no cree en la unión de las mentes, pues su visión se circunscribe al nivel de lo que percibe a través de los sentidos. Si no lo veo, si no lo percibo, no existe.

Este punto es considerado por Jesús como crucial. A lo largo de la enseñanza que estamos recibiendo, se nos ha facilitado información para facilitar la comprensión de nuestra verdadera naturaleza. Estamos capacitados para comprender que el mundo tal y como lo percibimos no nos aportará la felicidad eterna que añoramos. Ahora sabemos que dicho mundo y dicha percepción responden a un pensamiento erróneo que nos ha llevado a creer que nuestra naturaleza es pecadora. El plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo lo invita a elegir de nuevo, pues todo error puede ser corregido si dirigimos nuestra mente en la dirección correcta.

Es esa la etapa crucial a la que Jesús nos hace referencia. Nos invita a elegir, sin dudas y con la certeza de que la elección que tenemos que hacer es servir a Dios y no al ego, es decir, extender el amor que somos y desechar cualquier pensamiento que alimente al miedo.

jueves, 31 de julio de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

1. Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión, sino la verdad. 2Sólo para el ego, para el que la verdad no tiene significado, pare­cen ser las ilusiones y la desilusión las únicas alternativas, las cuales son diferentes entre sí. 3Pero en verdad son lo mismo. 4Ambas aportan el mismo cúmulo de sufrimiento, aunque cada una parece ser la única manera de escaparse de la aflicción que la otra ocasiona. 5Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras las que oculta su inexistencia. 6Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren a aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos del júbilo de la verdad.

Comienza Jesús este apartado dedicado a la impecabilidad de tu hermano definiendo con claridad que el sistema de pensamiento del ego tiene puesta su fe en que la ilusión es la fuente donde ha de buscar la felicidad y, sin embargo, su percepción, en este sentido, es errónea, ya que aquello que percibe, la ilusión, no es real, no es verdad. Para el ego, la ilusión es la verdad y la desilusión, lo contrario.

Para la mente recta, tanto la ilusión como la desilusión forman parte del mismo error, pues ambas proceden de la creencia falsa en la separación, la cual es la causa del sufrimiento y del dolor. Todo lo ilusorio es perecedero y la pérdida nos causa dolor y nos lleva a pensar que nuestra naturaleza pecaminosa es vulnerable y exige el castigo divino por nuestra transgresión.

2. La verdad es lo opuesto a las ilusiones porque ofrece dicha. 2¿Qué otra cosa sino la dicha podría ser lo opuesto al sufri­miento? 3Abandonar un tipo de sufrimiento e ir en busca de otro no es un escape. 4Cambiar una ilusión por otra no es realmente un cambio. 5Tratar de encontrar felicidad en el sufrimiento es una insensatez, pues ¿cómo se iba a poder encontrar felicidad en el sufrimiento? 6Lo único que se puede hacer en el tenebroso mundo del sufrimiento es seleccionar algunos aspectos de él, ver­los como si fuesen diferentes y luego definir la diferencia como felicidad. 7Percibir una diferencia donde no la hay, no obstante, realmente no cambia nada.

El ego surge como consecuencia de elegir un pensamiento de escasez, de necesidad. Este pensamiento se opone frontalmente a la verdad, pues en realidad, en virtud de nuestra condición divina, hemos heredado la plenitud y la abundancia de nuestro creador. Somos tal como Dios nos ha creado. Por ello, es imposible que no seamos tal y como es Él: Perfecto e impecable.

El deseo de ser especial embriagó la mente con el propósito de ver una dimensión distinta a la de nuestro creador. En el Mundo de Dios Todo es Uno. Pero la mente, aliada con el deseo de individualidad, propició la percepción de un nivel donde el amor y la unidad fueron sustituidos por el miedo y por la división. A partir de esa elección nos creímos separados de la Fuente de la que emanamos y surgió el pensamiento del pecado, el cual se personificó en la identidad del cuerpo físico.

El mundo de paz y felicidad de Dios, pasó al olvido y en su lugar nuestros ojos se abrieron para percibir un mundo donde las leyes de la temporalidad nos llevarían a experimentar el sufrimiento, el dolor y la muerte.

3. Lo único que hacen las ilusiones es ocasionar culpabilidad, sufrimiento, enfermedad y muerte a sus creyentes. 2La forma en que las ilusiones se aceptan es irrelevante. 3A los ojos de la razón, ninguna forma de sufrimiento se puede confundir con la dicha. 4La dicha es eterna. 5Puedes estar completamente seguro de que todo lo que aparenta ser felicidad y no es duradero es realmente miedo. 6La dicha no se convierte en pesar, pues lo eterno no puede cambiar, pero el pesar puede volverse dicha, pues el tiempo cede ante lo eterno. 7Únicamente lo eterno permanece inmutable, 8pero todo lo que se encuentra en el tiempo puede cambiar con el paso de éste. 9No obstante, para que el cambio sea real y no imaginado, las ilusiones tienen que ceder ante la verdad y no ante otros sue­ños igualmente irreales. 10Eso no sería diferente.

Jesús nos aporta en este punto una información muy interesante y esperanzadora. La ilusión, el mundo que percibimos con nuestros ojos físicos y que procede, como hemos visto, de la creencia en la separación, o lo que es lo mismo, de la elección de ser distinto a Dios, al estar bajo la regencia de las leyes de la temporalidad, no nos puede llevar a la felicidad permanente, pues tan sólo lo eterno es inmutable.

El ego se regocija de sus logros, de sus posesiones, de sus conquistas, pero ese regocijo nada tiene que ver con la dicha eterna, pues el solo hecho de pensar en su pérdida nos produce temor y miedo. El miedo nunca aporta felicidad y es la causa principal que nos lleva a no gozar en nuestras relaciones de la felicidad y el amor perseguido. Amamos a alguien y ese amor es tan abrasador que el miedo a perderlo limita su gozo libremente. Es cuando decidimos inventarnos mecanismos que nos garanticen la seguridad de ese amor, pero lo hacemos imponiendo condiciones a la relación. Nuestro miedo a perder el amor conquistado nos hace proyectarlo sobre el otro y lo ahogamos con nuestros temores, imponiéndole limitaciones.

miércoles, 30 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

9. Ten por seguro que Dios no puso a Su Hijo en manos de quien no es digno de él. 2Solamente lo que es parte de Dios es digno de estar unido. 3Y es imposible que nada que no sea parte de Él pueda unirse. 4La comunicación tiene que haberse restablecido entre los que se unen, ya que nunca se habrían podido unir a través de sus cuerpos. 5¿Qué es lo que los ha unido, entonces? 6La razón te diría que tuvieron que haberse visto el uno al otro a través de una visión que no era del cuerpo y haberse comunicado en un lenguaje que el cuerpo no habla. 7No pudo tampoco haber sido una visión o sonido atemorizante lo que tan dulcemente los unió. 8Fue más bien que cada uno vio en el otro un perfecto refu­gio donde su Ser podía renacer a salvo y en paz. 9Así se lo dijo la razón y así lo creyó porque era la verdad.

Seguro que en alguna ocasión habrás experimentado con alguien o con muchos la vivencia de conexión no corporal a la que hace referencia este punto. Se produce a nivel mental. Es una conexión en el campo de donde emanan las ideas, las creencias. Es un reconocimiento en la mente de los demás de pensamientos con los que nuestra mente se une. Para mí, es la clara evidencia de que nuestra esencia es mental, espiritual y no física.

Cuando un conjunto de mentes se une, se siente la atracción de crear grupos donde se comparten las mismas ideas. Yo le llamo "conspiración acuariana" en alusión directa a las cualidades del signo mental Acuario, el arquetipo de la igualdad.

Hay teorías esotéricas que nos hablan de la Era de Acuario y con ello nos quieren anunciar que las vibraciones arquetípicas del Signo serán especialmente sensibles a la conciencia humana, lo que favorecerá el surgimiento de un impulso encaminado a unir las mentes, bien a través de grupos físicos, bien a través de las tecnologías actuales que favorecen y facilitan el acercamiento de ideas. La Era de Acuario se caracterizará por un cambio profundo en el modo de ver las cosas, en el renacimiento de una nueva consciencia y sobre todo, el resurgir de la visión crística, de la unidad espiritual, del trato egoísta y separatista a un trato confraternal.

10. He aquí la primera percepción directa que puedes construir. 2Y la construyes a través de una conciencia que es más antigua que la percepción, y que, sin embargo, renace en un instante. 3Pues ¿qué es el tiempo para lo que siempre ha sido como es? 4Observa lo que ese instante trajo consigo: el reconocimiento de que "aquello otro" que tú pensabas ser, era sólo una ilusión. 5Y la verdad brotó ins­tantáneamente, para mostrarte dónde se encuentra tu Ser. 6Al negar las ilusiones invitas a la verdad, pues al negarlas reconoces que el miedo no significa nada. 7En el santo hogar donde el miedo es impotente el amor entra dando las gracias, agradecido de ser uno con vosotros que os unisteis para dejarlo entrar.

La visión y el reconocimiento de la verdad comienzan con uno mismo, lo que significa que hemos elegido de nuevo quién será nuestro anfitrión. En dicha elección, va implícita la corrección del error de la creencia en la separación y en el deseo de ser especial. Ahora sabemos que la falsa identidad a la que rendíamos pleitesía era ilusoria. Ahora nos sabemos eternos y portadores de los dones de Dios. Ahora la alegría acompaña nuestros corazones y el amor se convierte en el pensamiento que compartimos con cada uno de nuestros hermanos.

El cuerpo, el símbolo de nuestra falsa identidad, deja de atemorizarnos y ya no lo interpretamos como el representante del pecado y del miedo. Ahora, ese vehículo lo utilizamos para que realice la hermosa función de manifestar el amor a través del nivel perceptivo. Vivir y experimentar el amor incondicional -relación santa- es la meta más elevada que puede alcanzarse en este mundo.

11. Cristo acude a lo que es semejante a Él; a lo que es lo mismo, no a lo que es diferente. 2Pues siempre se siente atraído hacia Sí Mismo. 3¿Qué se asemeja más a Él que una relación santa? 4Y lo que hace que tú te sientas atraído hacia tu hermano, es lo que hace que Él se sienta atraído hacia ti. 5Ahí Su dulzura y Su benévola inocencia están a salvo del ataque. 6Y ahí Él puede regresar con confianza, pues la fe que depositas en otro es la fe que depo­sitas en Él. 7No cabe duda de que estás en lo cierto al considerar a tu hermano el hogar que Cristo ha elegido, pues al hacer eso ejerces tu voluntad junto con la de Cristo y la de Su Padre. 8Esto es lo que la Voluntad de tu Padre dispone para ti, y la tuya junto con la de Él. 9Y el que se siente atraído hacia Cristo se siente atraído hacia Dios tan irremediablemente como Cristo y Dios se sienten atraídos hacia toda relación santa: la morada que ha sido preparada para Ellos a medida que la tierra se convierte en el Cielo. 

La relación santa, decíamos en la reflexión del punto anterior, es la meta más elevada que puede alcanzarse en el mundo perceptivo, pues es la manifestación del amor crístico, del amor incondicional compartido entre los Hijos de Dios.

La relación santa significa que hemos abandonado el deseo de ser especiales y hemos recuperado la visión de la unidad que nos hace uno con nuestros hermanos de Filiación. Esa visión de unidad, al ser una proyección de nuestro mundo interno, de lo que somos en verdad, nos lleva a percibir en el otro al Santo Hijo de Dios, el cual nos ofrece andar juntos el camino que ha de conducirnos a la salvación, a las puertas del Cielo.

Cuando el mundo vibre por igual a la frecuencia del amor crístico, hablará una misma lengua cuyo idioma nos hará iguales. Nuestras mentes unidas en la Fuente de Dios resplandecerán e iluminarán el lugar donde dos hermanos se bendigan mutuamente en nombre de la paz.