jueves, 3 de julio de 2025

Capítulo 21. V. La función de la razón (3ª parte).

V. La función de la razón (3ª parte).

5. El plan de Dios para tu salvación no se habría podido estable­cer sin tu voluntad y consentimiento. 2Tuvo que haber sido acep­tado por el Hijo de Dios, pues lo que Dios dispone para él, él no puede sino aceptarlo. 3Y Dios no dispone nada sin Su Hijo, ni Su Voluntad depende del tiempo para consumarse. 4Por lo tanto, lo que se unió a la Voluntad de Dios tiene que encontrarse en ti ahora, puesto que es eterno. 5Tienes que haber reservado un lugar en el que el Espíritu Santo puede morar, y donde ya se encuentra. 6Él tiene que haber estado ahí desde que surgió la necesidad de Él, la cual quedó satisfecha en ese mismo instante: 7Eso es lo que tu razón te diría, si escuchases. 8Mas es claro que ése no es el razonamiento del ego. 9El hecho de que la naturaleza de tu razón le sea ajena al ego, es prueba de que no hallarás la respuesta en él. 10No obstante, si esto es así, dicha respuesta tiene que existir. 11Y si existe para ti, y su propósito es tu libertad, debes ser libre de encontrarla.

"En la Biblia, la salvación se define como la liberación del pecado y de sus consecuencias, así como de la muerte física y espiritual. Es un regalo de Dios, ofrecido a través de Jesucristo, y se obtiene por medio de la fe en Él".

Es obvio que el significado que nos aporta la Biblia sobre la salvación está impregnado de la creencia en que somos un cuerpo y que el cuerpo es la causa de nuestra naturaleza pecadora. Dicho de otro modo, esta visión está contagiada de la falsa creencia en la separación de Dios y de Su creación.

El plan de Dios para la salvación, visto desde la enseñanza de Un Curso de Milagros, aporta un significado basado en el ejercicio de la razón, el que nos responde a la pregunta sobre nuestra identidad. Dicha visión nos muestra al Ser espiritual, al Hijo de Dios, que en el uso de su libre voluntad decidió (motivado por la fuerza del deseo) ver un mundo diferente, esto es, colapsar una idea distinta a la que lo creó. Dios nos ha creado con la fuerza del Amor. El Hijo de Dios lo ha hecho con la fuerza de la división, lo que ha fabricado una imagen temporal e ilusoria, no real, de dicho pensamiento de separación. 

La ley del amor crea a su imagen y semejanza. Es por ello que la obra creadora de Dios, la Filiación, lleva implícitos Sus mismos atributos creadores; esto es, comparte sus mismos Principios: la Voluntad, el Amor y la Inteligencia. Por lo tanto, el Hijo de Dios es portador de esas fuerzas creadoras. Esto es una garantía de que en Su mente se llevará a cabo el ejercicio de la razón que nos permitirá discernir correctamente y poder plantear la pregunta esencial que tan solo el mismo puede contestar.

6. El plan de Dios es muy simple, nunca es indirecto ni se derrota a sí mismo. 2Dios no tiene otros Pensamientos excepto los que extienden Su Ser, y en esto tu voluntad tiene que estar incluida. 3Así pues, debe haber una parte en ti que conoce Su Voluntad y la comparte. 4No tiene sentido preguntar si lo que tiene que ser como es, lo es. 5Pero sí tiene sentido preguntar por qué no eres consciente de lo que no puede sino ser como es, pues debe haber una respuesta para ello si al plan de Dios para tu salvación no le falta nada. 6Y no puede faltarle nada porque su Fuente no conoce la incompleción.

Siempre me he preguntado por qué mi mente no es capaz de recordar lo que realmente soy. La verdad debe ser fácil reconocerla, si en verdad lo es. Entonces, ¿qué es lo que me impide reconocerla, si realmente la estoy buscando? 

La respuesta no es la negación de la verdad, es decir, no se trata de que la verdad no sea verdad. Lo que ocurre es que para ver la verdad debemos percibir correctamente. No podemos ver el mundo verdadero si pretendemos verlo en su manifestación ilusoria. No podemos percibir lo real desde una mente que nos muestra la ilusión como real. Si nuestra mente nos lleva a identificarnos con el cuerpo, con el plano tridimensional, con la vibración densa, negará todo aquello que no se perciba desde los sentidos físicos. Por lo tanto, nos mostrará el aspecto temporal de ser, el cual no es verdadero. Pues lo que es verdad es eterno.

La mente que sirve al ego y al cuerpo vive en el pasado y hace del futuro la continuidad de ese pasado. Está tan condicionada por esos pensamientos pasados, que es incapaz de vivir el eterno presente, donde únicamente puede percibir lo real.

Para ser conscientes de lo que es verdad, debemos dirigir nuestra mente en otra dirección. Debemos ponerla al servicio de la verdad, al servicio del Ser espiritual. Será entonces cuando estemos recordando lo que verdaderamente somos y será ese el instante en el que reconoceremos la verdad.

miércoles, 2 de julio de 2025

Capítulo 21. V. La función de la razón (2ª parte).

V. La entrada al arca (2ª parte).

3. Hay otra visión y otra Voz en las que reside tu libertad que tan sólo están aguardando tu decisión, 2y si depositas tu fe en Ellas, percibirás otro ser en ti. 3Este otro ser considera que los milagros son algo natural. 4Pues son tan simples y naturales para él como respirar lo es para el cuerpo. 5Constituyen la respuesta obvia a las peticiones de ayuda, que es la única que él ofrece. 6Los mila­gros le parecen antinaturales al ego porque no entiende cómo es posible que mentes separadas puedan influenciarse unas a otras. 7Y si estuviesen separadas ciertamente no podrían hacerlo. 8Pero las mentes no pueden estar separadas. 9Este otro ser es perfecta­mente consciente de esto. 10Y así, reconoce que los milagros no afectan la mente de otro, sino la suya propia. 11Los milagros siem­pre cambian tu mente, 12pues no hay ninguna otra.

Originalmente, la fuerza del deseo se le atribuye a la participación del "diablo" en nuestra vida. Tenemos que remontarnos a la historia sagrada de nuestros ancestros, Adán y Eva, para encontrar las referencias alegóricas de lo que se consideró como "pecado original" o desobediencia a Dios y que dio lugar a que fuésemos expulsados, separados, del estado de unidad y de abundancia del que gozábamos en el "paraíso terrenal". En ese episodio, el Texto Sagrado nos describe lo acontecido en el "paraíso" dispuesto por Dios para Su Hijo. No vamos a describir todo el contenido de lo que recoge el Génesis, pero sí identificaremos la presencia de uno de los protagonistas que acontece en lo sucedido y que tuvo un papel estelar dadas las consecuencias que originó su aportación. Me estoy refiriendo al "diablo" que, adoptando el cuerpo de una serpiente, le ofreció la manzana tentadora a "Eva", la representante de la naturaleza emocional. Os dejo algunas referencias de la traducción convencional de este pasaje, comparándola con la aportada por el estudioso de la Lengua Hebráica, Fabre d´Olivet.

Traducción Convencional: “Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios, dijo a la mujer: ¿Conque os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso?” 

Traducción de Fabre d´Olivet: “Mientras tanto, Nahash, el ardor cupido, envidioso, interesado, egoísta, serpenteando en el corazón del hombre, era la pasión que arrastraba la vida elemental, el principio interior de la Naturaleza, obra de Jehová. Y esta pasión insidiosa dijo a Aisha, la facultad volitiva de Adam: ¿Por qué os ha recomendado, Él-los-Dioses, que no os alimentéis de toda la substancia de la esfera orgánica?”

Nahash, la serpiente, el diablo, es la fuerza a la que Fabre d´olivet describe como el ardor cupido, envidioso, interesado y egoísta, es decir, la fuerza del deseo de ser especial. El término "diablo" proviene del latín diabolus, que a su vez proviene del griego diabolos, que se traduce como “adversario”. La definición del origen del término "diablo" como adversario nos indica que estamos ante la fuerza que se opone a la de Dios, esto es, al Amor, a la Unidad. Podemos decir que el "diablo" es la fuerza que divide y que da lugar al miedo.

Ahora tenemos más información sobre la fuerza que se esconde detrás del deseo de ser especial. Siempre es una elección.

4. No te das cuenta de hasta qué punto la idea de la separación ha interferido en el ejercicio de la razón. 2La razón mora en el otro ser que has excluido de tu conciencia. 3Y nada de lo que has permitido que permanezca en ella es capaz de razonar. 4¿Cómo va a ser posible que aquel segmento de la mente que está despro­visto de razón pueda entender lo que es la razón, o comprender la información que ésta le podría suministrar? 5De ese segmento pueden surgir todo tipo de preguntas, pero dado que la pregunta básica sólo puede proceder de la razón, él jamás la podrá plan­tear. 6Al igual que todo lo que procede de la razón, la pregunta básica es simple y obvia, si bien, aún no se ha planteado. 7Mas no creas que la razón no la podría contestar.

Si aplicamos el significado que aporta el Diccionario de la Real Academia Española al término "razón", el ejercicio de la razón debe ser entendido como la facultad de discurrir y, si aplicamos sus sinónimos, debemos entenderla como una facultad propia de la inteligencia que nos permite alcanzar el entendimiento. Con dicha información, me atrevería a deducir que lo que nos está enseñando Jesús al hacer referencia al ejercicio de la razón se refiere al ajuste que introduce en la mente la idea de la separación, pues interfiere en nuestra capacidad de discernimiento hasta tal punto que nos lleva a la falsa creencia en lo que no somos.

Como hemos dicho en el anterior punto, el deseo de ser especial es la fuerza que nos lleva a colapsar el pensamiento de ser diferente; sus consecuencias no serán otras que la de identificarnos con la imagen tangible que nos muestra la materialización de dicho deseo. Me estoy refiriendo al cuerpo.

El ejercicio de la razón, cuando está libre de esa interferencia, nos muestra nuestra verdadera identidad, la cual procede del mundo de lo invisible, del mundo del espíritu. Utilizando terminología cuántica, el ejercicio de la razón o, lo que es lo mismo, la inteligencia, la mente recta, nos muestra la esencia de la energía, nos muestra el estado de la onda, de la vibración que habita en el campo de las infinitas posibilidades. Esa visión, aportada por la razón, está capacitada para hacer la pregunta básica que tan sólo ella nos puede contestar: ¿Quién soy? ¡Soy el Hijo de Dios!

martes, 1 de julio de 2025

Capítulo 21. V. La función de la razón (1ª parte).

V. La función de la razón (1ª parte).

1. La percepción selecciona y configura el mundo que ves. 2Lite­ralmente lo selecciona siguiendo las directrices de la mente. 3Las leyes del tamaño, de la forma y de la luminosidad tendrían vali­dez, quizá, si otras cosas fuesen iguales. 4Pero no lo son. 5Pues es mucho más probable que halles lo que buscas que lo que prefie­res pasar por alto. 6La apacible y queda Voz que habla en favor de Dios no se ve ahogada por los estridentes gritos e insensatos arranques de furia con los que el ego acosa a aquellos que desean escucharla. 7La percepción es una elección, no un hecho 8Pero de esta elección depende mucho más de lo que te has dado cuenta hasta ahora. 9Pues tu creencia acerca de quien eres depende ente­ramente de la voz que elijas escuchar y de los panoramas que elijas ver. 10La percepción da testimonio únicamente de esto, nunca de la realidad. 11Puede mostrarte, no obstante, bajo qué condiciones es posible tener conciencia de la realidad, o aquellas en las que nunca sería posible.

Lo que Jesús nos afirma en este punto viene a reforzar las nuevas teorías que postula la física cuántica sobre la realidad que percibimos. Los nuevos experimentos realizados sobre los campos de la energía plantean una revisión de las verdades admitidas, hasta ahora, por la física mecanicista. La cuestión es que las leyes que habíamos aceptado como verdaderas para dar significado a la materia deben ser sometidas a nuevas hipótesis que defienden la consideración del estado de la energía y de la función del observador en el proceso de prestar su atención y colapsar dicho estado, es decir, transformar la onda en partícula a través de la observación. Si estáis interesados en tener más información sobre los nuevos descubrimientos que está aportando la física cuántica y su aplicación en el proceso de transformación de la conciencia, os recomiendo la lectura de un libro cuyo autor es el Dr. Joe Dispenza, titulado "Deja de ser tú".

La percepción selecciona y configura el mundo que ves. Y lo hace siguiendo las directrices de la mente. El Mundo de Dios es el "mundo de los arquetipos" para los cabalistas o el "campo cuántico" para los físicos cuánticos. Lo describen como el "campo de las infinitas posibilidades", donde nuestra mente, en el uso creador del libre albedrío, puede elegir el pensamiento que queramos. Sabiendo esto, cuando elijamos, hagámoslo bien, pues aquello que elegimos condicionará nuestra vida, pues la onda-idea en la que hayamos puesto nuestra atención colapsará y se convertirá en partícula adoptando la forma de la realidad percibida, esto es, de experiencia física, y creeremos que es nuestra realidad, nuestra verdad. 

Sí, la percepción es una elección, no un hecho, aunque tiene tanto valor para nosotros que condiciona la creencia en lo que somos. Esta particularidad merece que le dediquemos nuestra reflexión a todo aquello que forma parte de nuestras creencias.

2. La realidad no necesita tu cooperación para ser lo que es. 2Pero tu conciencia de ella necesita tu ayuda, ya que tener esa concien­cia es algo que tú eliges. 3Si le prestas oídos a los dictados del ego y ves lo que él te indica ver, no podrás sino considerarte a ti mismo insignificante, vulnerable y temeroso. 4Experimentarás depresión, una sensación de no valer nada, así como sentimien­tos de inestabilidad e irrealidad. 5Creerás que eres la desvalida víctima de fuerzas que están más allá de tu control y que son mucho más poderosas que tú. 6Y creerás que el mundo que fabri­caste rige tu destino. 7Pues tendrás fe en eso. 8Pero no creas que porque tengas fe en eso, ello pueda hacer que sea real.

La visión del ego y el sistema de pensamiento al que ha dado lugar nos llevan a creer que somos un cuerpo físico y que dicho cuerpo es el amo de nuestro cerebro, donde depositamos a la mente. Dicha creencia está tan arraigada que nos lleva a identificar el cuerpo como el único causante y culpable de nuestra naturaleza pecadora. Defiende la creencia de que es el cuerpo el que lleva a la mente a pecar. De este modo le otorga al cuerpo la autoría de todas sus sensaciones y sentimientos. El cuerpo tiene el poder para hacernos sentir felices o desgraciados.

Sin embargo, nuestra percepción nos muestra una ilusión. Nos muestra tan solo lo que deseamos ver. Si deseamos ser especiales, nos mostrará los ropajes de lo que nos permitirá sentirnos especiales. Es la elección inspirada por el deseo lo que facilitará la transformación de las ondas-energía-pensamiento en partículas densas, en materia. Y a esa densidad de la energía la llamaremos realidad. Cuando en verdad la realidad no puede confundirse con el estado de colapso de la energía, con su estado perceptivo, sino que debe conservar su estado primordial, que es la energía que procede del Mundo de Dios o "campo de las infinitas posibilidades".

Al colapsar la energía, al percibirla externamente, la consideramos separada de nosotros. A ese estado de separación hemos llamado "pecado", cuando en verdad lo que hemos hecho es transformar el estado de la energía de su estado onda al estado partícula, cuando hemos deseado un pensamiento aislándolo de su estado origen.

lunes, 30 de junio de 2025

Capítulo 21. IV. El miedo a mirar adentro (3ª parte).

 IV. El miedo a mirar adentro (3ª parte).

6. En las enseñanzas del Espíritu Santo no hay inconsistencias. 2Éste es el razonamiento de los cuerdos. 3Has percibido la locura del ego, y no te ha dado miedo porque elegiste no compartirla. 4Pero aún te engaña a veces. 5No obstante, en tus momentos más lúcidos, sus desvaríos no producen ningún terror en tu corazón. 6Pues te has dado cuenta de que no quieres los regalos que el ego te quitaría de rabia por tu "presuntuoso" deseo de querer mirar adentro. 7Todavía quedan unas cuantas baratijas que parecen titi­lar y llamarte la atención. 8No obstante, ya no "venderías" el Cielo por ellas.

Cuando decidimos valientemente abrir la habitación prohibida del miedo y comprobamos que tal prohibición no estaba fundamentada, no era real, nuestra fe en nuestra visión, en nuestra creencia nos fortalecerá y la debilidad a la que estábamos acostumbrados, caminando de la mano del ego, se convertirá en fortaleza y reconocimiento de nuestra verdadera identidad.

La práctica de las acciones rectas formará parte de nuestros hábitos y de nuestra nueva personalidad. Dar y recibir nos hará abundantes; amar desde la libertad nos permitirá gozar de la fidelidad y nuestra inocencia garantizará nuestra seguridad.

7. Y ahora el ego tiene miedo. 2Mas lo que él oye aterrorizado, la otra parte de tu mente lo oye como la más dulce melodía: el canto que añoraba oír desde que el ego se presentó en tu mente por primera vez. 3La debilidad del ego es su fortaleza. 4El himno de la libertad, el cual canta en alabanza de otro mundo, le brinda espe­ranzas de paz. 5Pues recuerda al Cielo, y ve ahora que el Cielo por fin ha descendido a la tierra, de donde el dominio del ego lo había mantenido alejado por tanto tiempo. 6El Cielo ha llegado porque encontró un hogar en tu relación en la tierra. 7Y la tierra no puede retener por más tiempo lo que se le ha dado al Cielo como suyo propio.

Cuando no ponemos nuestra atención en el ego y en su contexto, el mundo material, ocurre lo que tiene que ocurrir, que lo que no es nada siga siéndolo; dicho de otro modo, que cada uno perciba lo que cree ser, que el miedo se quede con su miedo y desatendido.

En este nuevo estado de ser, el cuerpo desarrolla su función más elevada y se convierte en un canal de comunicación de la visión verdadera, la que nos lleva a experimentar el poder de la unión y del amor incondicional. De este modo, transformamos las relaciones especiales en relaciones santas.

8. Contempla amorosamente a tu hermano, y recuerda que la debilidad del ego se pone de manifiesto ante vuestra vista. 2Lo que el ego pretendía mantener separado se ha encontrado y se ha unido, y ahora contempla al ego sin temor. 3Criatura inocente de todo pecado, sigue el camino de la certeza jubilosamente. 4No dejes que la demente insistencia del miedo de que la certeza reside en la duda te detenga. 5Eso no tiene sentido. 6¿Qué importa cuán imperiosamente se proclame? 7Lo que es insensato no cobra sentido porque se repita o se aclame. 8El camino de la paz está libre y despejado. 9Síguelo felizmente, y no pongas en duda lo que no puede sino ser cierto. 

Contemplar amorosamente a nuestro hermano es la confirmación de que hemos atendido a la llamada de la Expiación y hemos corregido el error de la falsa percepción de creernos separados del resto de la creación. Nos hemos deshecho del sistema de pensamiento del ego y hemos sustituido el miedo por el amor, así como la división por la unidad. Hemos abandonado el hábito de juzgar y condenar, al tiempo que hemos adoptado un nuevo estado de ser en el que elegimos perdonar todos nuestros errores y rendir culto a la inocencia en el altar de la verdad.

Ahora tenemos la certeza de la verdad y proclamamos nuestra filiación a ella.

viernes, 27 de junio de 2025

Capítulo 21. IV. El miedo a mirar adentro (2ª parte).

IV. El miedo a mirar adentro (2ª parte).

3. ¿Qué pasaría si mirases en tu interior y no vieses ningún pecado? 2Esta "temible" pregunta es una que el ego nunca plan­tea. 3Y tú que la haces ahora estás amenazando demasiado seria­mente todo su sistema defensivo como para que él se moleste en seguir pretendiendo que es tu amigo. 4Aquellos que se han unido a sus hermanos han abandonado la creencia de que su identidad reside en el ego. 5Una relación santa es aquella en la que te unes con lo que en verdad forma parte de ti. 6Tu creencia en el pecado ha sido quebrantada, y ahora no estás totalmente reacio a mirar dentro de ti y no ver pecado alguno.

El ego tan solo puede dar lo que tiene. Y por tal razón no puede renunciar al miedo como su mejor aliado para conseguir lo que desea. Lo que más desea el ego es sobrevivir y, para asegurarse su supervivencia, necesita que nuestra mente siga creyendo en la separación y en el miedo; es decir, lo que no puede permitir es que decidamos no tener miedo y decidir entrar en la habitación prohibida, en nuestro interior, en nuestra mente, para descubrir que la luz que nos acompaña en ese acto de valentía disipa de forma inmediata la oscuridad de esa habitación, mostrándonos la inexistencia del miedo, la inexistencia de cualquier pensamiento que abrigara la idea de ser diferente, de ser especial.

El miedo a no ser alguien, a ser nada, a carecer de significado, es el mayor secreto custodiado por el ego. Es su habitación prohibida. Para evitarlo, ocupa nuestra mente con pensamientos de escasez, de necesidad, y estimula nuestros deseos de posesión para aliviar la pesada carga de no tener. Su voz se hace oír en nuestra mente diciéndonos: "Si eres valiente y decides entrar en la habitación prohibida, te ocurrirán tan solo desgracias; serás pobre si compartes lo que tienes; te engañarán si decides amar desde la libertad; te desposeerán de lo que tienes si no blindas tus tesoros en cámara de seguridad".

4. Tu liberación no es aún total: todavía es parcial e incompleta, aunque ya ha despuntado en ti. 2Al no estar completamente loco, has estado dispuesto a contemplar una gran parte de tu demen­cia y a reconocer su locura. 3Tu fe está comenzado a interiorizarse más allá de la demencia hacia la razón. 4Y lo que tu razón te dice ahora, el ego no lo quiere oír. 5El propósito del Espíritu Santo fue aceptado por aquella parte de tu mente que el ego no conoce 6y que tú tampoco conocías. 7Sin embargo, esa parte, con la que ahora te identificas, no teme mirarse a sí misma. 8No conoce el pecado. 9¿De qué otra forma, sino, habría estado dispuesta a con­siderar el propósito del Espíritu Santo como suyo propio?

En la estrategia del ego para evitar que descubramos su preciado tesoro, podemos encontrar inscrito el sello de la propia naturaleza del ego, el error. Sí, el ego no puede tramar un plan donde el error no esté presente. Ya hemos visto cómo el ego da lo que tiene y, si el ego es fruto del error, su semilla también lo será. ¿Cuál es el error que el ego no supo ocultar en su propuesta de mostrarnos el lugar donde se encontraba la habitación en la que nunca podemos entrar?

Al mostrarnos ese lugar, al mostrarnos dónde se encuentra el causante de nuestros miedos, de nuestro pecado, nos está revelando dónde se encuentra el origen de su identidad. Nos está aportando la llave para que podamos acceder a nuestra mente y descubrir que lo que llamábamos miedo tan solo era un pensamiento erróneo, fruto de una elección equivocada. En verdad, nos está enseñando que somos libres para elegir y somos libres, igualmente, para corregir, esto es, elegir nuevamente. Por lo tanto, tenemos el inmenso poder para ser creadores cuando elegimos ver desde el amor, tal y como Dios nos ha creado.

5. Esta parte ha visto a tu hermano y lo ha reconocido perfecta­mente desde los orígenes del tiempo. 2Y no ha deseado más que unirse a él y ser libre nuevamente, como una vez lo fue. 3Ha estado esperando el nacimiento de la libertad, la aceptación de la liberación que te espera. 4Y ahora reconoces que no fue el ego el que se unió al propósito del Espíritu Santo, y, por lo tanto, que tuvo que haber sido otra cosa. 5No creas que esto es una locura, 6pues es lo que te dice la razón y se deduce perfectamente de lo que ya has aprendido.

El ego no es muy dado a invitarnos a sondear nuestro interior, sencillamente porque su identidad se refuerza cuando nos lleva a creer tan solo en lo que percibe en el mundo exterior, donde el cuerpo físico se erige en su símbolo representativo. A pesar de ello, trama una estrategia para mostrarnos la presencia del pecado y de la culpa formando parte de nuestros pensamientos, de nuestras creencias, al ser identificados como procedentes de su fiel representante, el cuerpo. De este modo, nos lleva al convencimiento de que somos un cuerpo y que este es el único causante de la creencia en el pecado. A partir de ese momento establece que la única vía para alcanzar la salvación y el perdón se encuentra en el sacrificio y el sufrimiento del cuerpo.

El plan de salvación dispuesto por Dios es el verdadero, el único que nos aportará la corrección del error. ¿Por qué? Pues, porque Dios da lo que tiene y lo que tiene es lo que Es, esto es, Amor. Tan solo el amor puede salvarnos y su poder radica en la creencia en la Unidad de la Filiación. La mente es el canal que utilizamos, bien para crear o para fabricar. Cuando elegimos desde el amor, el resultado son actos creadores que gozan de la eternidad. Cuando elegimos desde el miedo, el resultado son fabricaciones temporales, que tienen un principio y un fin.

La parte de la mente que vibra a la frecuencia del amor nos permitirá percibir correctamente el mundo externo, lo cual nos llevará a experimentar la unidad con todo lo creado. En dicha experiencia, la presencia de nuestro hermano se convierte en la vía que nos conduce hasta la salvación.

jueves, 26 de junio de 2025

Capítulo 21. IV. El miedo a mirar adentro (1ª parte).

IV. El miedo a mirar adentro (1ª parte).

1. El Espíritu Santo jamás te enseñará que eres un pecador. 2Corregirá tus errores, pero eso no es algo que le pueda causar temor a nadie. 3Tienes un gran temor a mirar en tu interior y ver el pecado que crees que se encuentra allí. 4No tienes miedo de admitir esto. 5El ego considera muy apropiado que se asocie el miedo con el pecado, y sonríe con aprobación. 6No teme dejar que te sientas avergonzado. 7No pone en duda la creencia y la fe que tienes en el pecado. 8Sus templos no se tambalean por razón de ello. 9Tu certeza de que dentro de ti anida el pecado no hace sino dar fe de tu deseo de que esté allí para que se pueda ver. 10Sin embargo, esto tan sólo aparenta ser la fuente del temor. 

El pensamiento erróneo, para sobrevivir, debe hacer todo lo posible para evitar que descubramos la verdad. Esa situación se puede comparar con el momento en el que, encontrándonos en una habitación totalmente a oscuras, decidimos encender la luz. Mientras nos encontrábamos en la oscuridad, no podíamos evitar sentir miedo y temor, pero cuando decidimos encender la luz, todo a nuestro alrededor se hace inteligible, conocido, lo que espanta al pensamiento del miedo y nos confirma que todo ha sido fruto de nuestra imaginación.

En este punto, Jesús nos muestra la estrategia del ego para ocultar la verdad que no quiere que descubramos. Para ello utiliza una técnica muy utilizada cuando queremos evitar que alguien pueda acceder a la instancia donde guardamos celosamente nuestros secretos. El miedo se convierte, en estas situaciones, en su mejor aliado. El ego nos dice: "De todas las habitaciones que hay podrás entrar, excepto en una. Si lo haces, algo terrible te ocurrirá". De este modo, el ego se asegura de que el miedo nos impedirá acceder a la habitación prohibida donde, supuestamente, nuestra integridad correría un grave peligro.

¿Qué hay en esa habitación prohibida que tanto valor tiene para el ego?

Esa habitación hace referencia a nuestro mundo interior. El ego es el fruto de haber elegido libremente dirigir su atención en una dirección incorrecta, donde la carencia del amor lo lleva a fabricar una realidad ilusoria donde imperan las leyes de la percepción. Esa elección errónea le lleva a ver un mundo diferente al que Su Creador dispuso para él. Esa elección le lleva a la creencia en la separación y a la pérdida de su inocencia, la cual fue sustituida por la idea de pecado. Por lo tanto, el secreto que custodia en esa habitación, en su interior, en su mente, es esa falsa creencia.

2. Recuerda que el ego no está solo. 2Su dominio está circunscrito, y teme a su "enemigo" desconocido, a Quien ni siquiera puede ver. 3Te pide imperiosamente que no mires dentro de ti, pues si lo haces tus ojos se posarán sobre el pecado y Dios te cegará. 4Esto es lo que crees, y, por lo tanto, no miras. 5Mas no es éste el temor secreto del ego, ni tampoco el tuyo que eres su siervo. 6El ego, vociferando destempladamente y demasiado a menudo, profiere a gritos que lo es. 7Pues bajo ese constante griterío y esas declara­ciones disparatadas, el ego no tiene ninguna certeza de que lo sea. 8Tras tu temor de mirar en tu interior por razón del pecado se oculta todavía otro temor, y uno que hace temblar al ego.

Pero la argucia del ego no se limita tan solo a mostrarnos la habitación donde no debemos entrar o, lo que es lo mismo, identificándonos el peligro que correremos si lo desobedecemos. El ego, el hijo del miedo, no puede mostrarnos un mundo ausente de miedo. Al igual que la oscuridad no puede aportarnos la visión de la luz al carecer de ella. Si nos muestra el lugar donde custodia su tesoro, esto es, el miedo, en realidad nos estaría mostrando su secreto y eso no lo permitiría nunca. Entonces, ¿qué es lo que oculta realmente en esa habitación?

miércoles, 25 de junio de 2025

Capítulo 21. III. Fe, creencia y visión (5ª parte).

III. Fe, creencia y visión (5ª parte).

11. ¿Crees acaso que al Espíritu Santo le preocupa eso? 2Él no te da aquello de lo que, de acuerdo con Su propósito, te quiere apartar. 3Tú crees que Él te quiere privar de algo por tu propio bien. 4Pero los términos "bien" y "privación" son opuestos, y no pueden reconciliarse de ninguna forma que tenga significado. 5Es como decir que la luna y el sol son una misma cosa porque vienen de noche y de día respectivamente, y que, por lo tanto, no pueden sino formar una unidad. 6Mas ver uno de ellos significa que el otro ya no se puede ver. 7Tampoco es posible que lo que irradia luz sea lo mismo que lo que depende de la oscuridad para poder ser visto. 8Ninguno de ellos exige el sacrificio del otro. 9Cada uno de ellos, no obstante, depende de la ausencia del otro.

La religión cristiana y sus enseñanzas están repletas de actos que engrandecen al sacrificio hasta elevarlo a la condición de santo. El lema que fundamenta tal hecho es el siguiente: Somos pecadores y hemos desobedecido a Dios. Para ganarnos su gracia y su perdón, tenemos que sacrificar nuestra naturaleza impura y pecaminosa. Pues bien, el que paga el pato en este juicio es el cuerpo, el único que nos ha podido llevar al acto de pecar.

Uno de los pasajes más controvertidos que nos ha legado la doctrina cristiana ha sido el acto de la crucifixión en el cual Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, elige sacrificar su cuerpo y derramar su sangre para purificar a la humanidad de sus pecados. Si el Maestro ha actuado así, sin duda, su lección debe ser ejemplo para el resto de la humanidad creyente, lo que significa que, para ser un buen cristiano, hay que reconocer nuestra culpa y estar dispuesto a sacrificarnos para alcanzar la redención de nuestros pecados y la salvación eterna.

Un Curso de Milagros nos enseña que la muerte de Jesucristo en la cruz está más allá de la interpretación acuñada por el cristianismo. Nos enseña que la verdadera esencia del ser no es el cuerpo, sino el Espíritu, y para reforzar esta enseñanza se mostró en su cuerpo espiritual, dando lugar a la creencia en la resurrección.

12. El cuerpo se concibió para que sirviese de sacrificio al pecado, y así es como aún se le considera en las tinieblas. 2A la luz de la visión, no obstante, se le considera de manera muy distinta. 3Pue­des confiar en que servirá fielmente al propósito del Espíritu Santo, y puedes conferirle poder para que se vuelva un instru­mento de ayuda a fin de que los ciegos puedan ver. 4Mas cuando ellos vean, mirarán más allá de él, al igual que tú. 5A la fe y a la creencia que depositaste en el cuerpo les corresponde estar más allá de él. 6Transferiste tu percepción, tu creencia y tu fe de la mente al cuerpo. 7Deja que éstas les sean devueltas ahora a aque­llo que las produjo y que todavía puede valerse de ellas para salvarse de lo que inventó.

El representante del ego es el cuerpo físico. El ego es la conciencia del mundo dual que surge tras fabricar una realidad basada en la visión de la separación. El cuerpo ha sustituido al espíritu, al igual que el miedo ha sustituido al amor. El mundo físico, el mundo sensorial y perceptivo es el mundo del sueño, donde la conciencia de unidad y del conocimiento compartido con Dios y Su Creación se manifiesta en la conciencia egoica e individualista, inspirada por el deseo de ser especial.

Por lo tanto, el cuerpo es la causa del pecado cuando se percibe desde la oscuridad, es decir, cuando nos hemos desconectado de la luz, el principio inteligible, que nos permite ser partícipes de la verdad. Siendo la causa del pecado, el cuerpo sirve a la idea de sacrificio con la intención de redimirse de la culpa que acompaña siempre al pensamiento pecador.

Sin embargo, el Espíritu Santo nos enseña a ver el cuerpo en su expresión más elevada, mostrándonos la capacidad de manifestación que posee para hacer tangible la verdad a través de la percepción verdadera. Por tal motivo, Jesús nos dice que el cuerpo debe convertirse en un instrumento de ayuda a fin de que los ciegos puedan ver. Esos ciegos son los que tienen una fe limitada por las leyes del mundo material y necesitan ver para creer.