viernes, 30 de diciembre de 2016

¿Es el mundo físico real?

INTRODUCCIÓN


1. Éste es un curso de milagros. 2Es un curso obligatorio. 3Sólo el momento en que decides tomarlo es voluntario. 4Tener libre albedrío no quiere decir que tú mismo puedas establecer el plan de estudios. 5Significa únicamente que puedes elegir lo que quieres aprender en cualquier momento dado. 6Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. 7Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. 8Lo opuesto al amor es el miedo, pero aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos.


2. Este curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de la siguiente manera:

2Nada real puede ser amenazado.
3Nada irreal existe.
4En esto radica la paz de Dios


Hago este instante, un “instante santo”, en el que tomo la firme y voluntaria decisión de compartir con mis hermanos el estudio de un curso de milagros. Me pongo en manos del Espíritu Santo, para que guíe e inspire el contenido del mismo.


El primer mensaje, para mí el más importante, nos ayuda a diferenciar el ser que creemos ser, del que verdaderamente somos, al describir que nuestra herencia natural, nuestra condición real y verdadera es el amor y no el miedo.

Cuando vibramos al unísono con el amor estamos extendiendo nuestro Espíritu. Cuando damos testimonio del miedo, estamos proclamando nuestra identificación errónea con el ego.


Tan solo en el mundo ilusorio fabricado por el ego, cabe la visión dual: amor-odio. En el mundo eterno, de donde procedemos y tenemos nuestro Hogar, tan sólo cabe la Unidad: el amor.

La introducción nos indica que el curso puede resumirse en la idea de que la paz de Dios, radica en la verdad de que nada real puede ser amenazado, puesto que nada real existe.

Debo reconocer, que el contenido de esta idea exige una profunda reflexión. Así lo he visto manifestado por más de un estudiante, llegando a convertirse en un tema de debate a raíz de los diferentes puntos de vistas, que dicha afirmación despierta.

Sentí la necesidad de profundizar en el significado de los términos “real”, “existencia”, “amenaza”, con la intención de conocer el uso que habitualmente hacemos de ellos. El resultado de dicha investigación fue la siguiente:

Tan sólo por esta vez, recurriré al diccionario de la Real Academia Española, para extraer los significados acuñados oficialmente para definir algunos términos.

Comenzaré con el término “real”:


Real (Del lat. res, rei).

1. adj. Que tiene existencia verdadera y efectiva.

Realidad.

1. f. Existencia real y efectiva de algo.
2. f. Verdad, lo que ocurre verdaderamente.
3. f. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.


Bien, ya tenemos por dónde empezar. Ambos términos, “real y realidad” nos abre un campo de posibilidades bastante limitado, pues para que algo sea real, debe tener una existencia verdadera y efectiva. Se completa su significado cuando se añade que la realidad, aparte de ser efectiva, debe tener un valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.


Se me hace inevitable seguir profundizando, pues me pregunto ¿qué es tener existencia verdadera?

Existencia (Del lat. tardío exsistentĭa).

1. f. Acto de existir.
2. f. Vida del hombre.
3. f. Fil. Por oposición a esencia, realidad concreta de un ente cualquiera. En el léxico del existencialismo, por antonom., existencia humana.
4. f. pl. Mercancías destinadas a la venta, guardadas en un almacén o tienda.

Existir (Del lat. exsistĕre).

1. intr. Dicho de una cosa: Ser real y verdadera.
2. intr. Tener vida.
3. intr. Haber, estar, hallarse.


Existencia es el acto de existir. Vida del hombre. Pues no acabo de verlo claro. No es que sea caprichoso, pero el concepto “vida del hombre”, me imagino que se refiere a todos los apartados de la vida, de los que somos conscientes y de los que somos inconscientes; al estado de vigilia (que no significa ser conscientes) y al estado de sueño. Me surge una duda, cuando sueño, ¿existo?, lo digo, porque lo que experimento, para muchos es una ilusión y no una realidad concreta de un ente, expresión que define a la existencia, es decir, cuando sueño, no soy real y si no soy real, ¿quién es el que sueña? No puede ser alguien diferente a mí, pues el recuerdo del sueño condiciona o puede condicionar mi existencia concreta.


Creo que seguiré buscando. No acabo de estar satisfecho. Tal vez, haya dejado pasar una importante pista que puede ayudarnos a aclarar el significado de lo “real”. 

Una de las interpretaciones que nos ofrece la RAE sobre el término “realidad”, nos dice: “Verdad, lo que ocurre verdaderamente”. ¿Qué es la Verdad?


Verdad (Del lat. verĭtas, -ātis).


1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
5. f. Cualidad de veraz. Hombre de verdad
6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende.
7. f. realidad (‖ existencia real de algo).

Bueno, parece que al fin las cosas se van aclarando. Muy significativo la primera de las interpretaciones. Verdad es tener conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. Desde este punto de vista, mi verdad puede ser, y sin duda lo es, diferente a tu verdad o a otras verdades. Vaya, siempre he pensado que la “verdad” debe ser una. Sin duda estaría en un error. Aunque, si seguimos profundizando en los significados del concepto “verdad”, llegamos a una conclusión bastante aclaratoria: Verdad, es la propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma, sin mutación alguna. ¿Quiere esto decir, que lo real es aquello que no cambia, que no sufre mutaciones?


Si la respuesta es Sí, entonces, la siguiente cuestión se hace inevitable: ¿El ego, (la personalidad identificada con el aspecto material), es real o irreal? Si está en permanente cambio, es irreal. Entonces, ¿quiénes somos “realmente”?


Responder a esta importante y transcendente cuestión, nos invita a valorar el único y verdadero sentido de la existencia, de la vida, el espiritual.

Si tuviésemos que dar respuesta a cuestiones físicas de nuestra naturaleza material, nos ayudaríamos consultando textos explícitos en materia de anatomía y medicina. Sin embargo, nuestro propósito es buscar un sentido a nuestra personalidad sagrada, y entonces, las respuestas debemos buscarlas y encontrarlas en textos sagrados.

Un curso de milagros, es uno de estos textos, quizás, me atrevería a decir, de los más avanzados y completos. Todos estamos invitados a profundizar en su contenido. Tengo la certeza de que encontraremos la respuesta que ya sabemos, pero que muchos hemos olvidado.

Cuando nos reencontremos, nos reconoceremos como lo que realmente somos: Hijos de Dios; Seres de Luz y Amor. 

Somos lo “Real” y “Verdadero”, somos “Perfectos” como nuestro Padre es “Perfecto”, pero lo hemos olvidado. 

Nada real puede ser amenazado. Cuando recordemos esa certeza, el miedo, dejará de gobernar nuestra mente, y sin duda, en su lugar emergerá el Amor Incondicional.

Amenazar (De amenaza).

1. tr. Dar a entender con actos o palabras que se quiere hacer algún mal a alguien.
2. tr. Dar indicios de estar inminente algo malo o desagradable.

Nada real puede ser amenazado. Ningún acto o palabra será dirigida por nosotros con la intención de hacer algún mal a alguien, pues cuando nos hayamos liberado del miedo y, en su lugar, demos vida al Amor, la percepción errónea de “estar separado” desaparecerá y la consciencia de Unidad retornará a nuestra mente. ¿Cómo podremos amenazar o amenazarnos?

Un punto de vista científico

Me satisface poder aportar el testimonio que nos aporta los avances científicos, en concreto la Física Cuántica, sobre el sentido real o irreal (holográfico) de lo que llamamos existencia material.
La lista de estos eminentes científicos e investigadores es muy extensa, pero para el fin que persigo, me voy a referir a las aportaciones realizadas por Stephen Davis, el cual ya realizó un magnífico trabajo sobre Física Cuántica en el que recogió los puntos de vistas de ese elenco de científicos. Su obra se titula “Las mariposas son libres de volar”. Os lo recomiendo, conjuntamente con una colección de cinco vídeos donde recoge, gráficamente,  el contenido de su obra.

Os describo lo que Stephen Davis llamó el “Modelo de la Consciencia”: 

“Tu Yo Infinito elige una experiencia para ti en forma de frecuencias de onda entre un número infinito de posibilidades en El Campo y las descarga en tu cerebro. Tu cerebro recibe esas frecuencias de onda, las traduce en la “realidad” física, y las envía “ahí fuera” para que las perciban tus sentidos. Tú le concedes poder al universo holográfico que percibes para hacerlo “real,” lo mismo que a las personas, lugares y cosas que ves.
Pero esto indica que no hay nada que tú puedas ver, oír, saborear, sentir, oler o experimentar en cualquier forma, que tu Yo Infinito no haya escogido para que tú lo experimentes y que después haya enviado para que tu cerebro lo procese como “realidad”. Cada momento de cada experiencia que ahora tienes (o que has tenido, o que tendrás jamás) ha sido cuidadosamente elegido para ti por tu Yo Infinito, exactamente en la forma que es y en la forma exacta que tu Yo Infinito quiere que sea, hasta el más mínimo detalle. Recuerda: ¡NO HAY UN “AHÍ FUERA” AHÍ FUERA!"



Os dejo un enlace para acceder a la página web de Stephen Davis: 
http://butterfliesfree.com/

jueves, 29 de diciembre de 2016

Cuerpo y Alma de Un Curso de Milagros

Desde mi punto de vista Un curso en milagros es lo mejor que he visto como integración de psicología y espiritualidad. En ese momento  yo no sabía realmente, que en mi vida espiritual faltaba algo, pero cuando vi el Curso me di cuenta de que sin duda eso era lo que yo había estado buscando. Así que cuando uno encuentra lo que ha estado buscando, uno se queda con ello. (Kenneth Wapnick – Una introducción básica a Un Curso de Milagros)

No he podido evitar, sentirme plenamente identificado con las palabras recogidas en su obra por Kenneth Wapnick. Difícilmente hubiese encontrado un modo más sencillo para expresar lo que significó para mí el encuentro con el Curso. Sobre todas las cosas, me gusta pensar que vino a confirmar aspectos que ya conocía y otros que, en esos momentos, intuía. En verdad, pensé, que era lo que estaba buscando. Supuso un “hacia adelante”.

Recuerdo que al comienzo me cuestioné sobre cuál sería el modo más acertado de planificar el estudio del Curso. Decidí empezar en primer lugar con el texto, aunque muy pronto, no tardó en ganar mi interés el desarrollo de las lecciones. Hoy puedo añadir, que el estudio del texto es de gran ayuda, sin duda alguna, pero lo que realmente me ha ayudado en el proceso del despertar de la consciencia, ha sido el seguimiento diario de las lecciones. A mí, personalmente, me resultó un hermoso reto, el iniciar su estudio haciendo coincidir el inicio del año con la primera lección.

Dedicaré a continuación un breve espacio para compartir algunas aportaciones que nos ayuden a conocer en qué consiste la estructura de Un Curso de Milagros, así como qué aspectos postula sus enseñanzas, lo que podríamos llamar, el Cuerpo y Alma del Curso.

Sobre el cuerpo…
El Curso se encuentra organizado enteramente como una herramienta de enseñanza. Consiste de tres libros: un Texto de 622 páginas, un Libro de Ejercicios de 478 páginas, y un Libro para Maestros de 88 páginas. El orden en el cual los estudiantes elijan usar los libros y las formas en las que lo estudien dependen de sus necesidades y preferencias particulares.
El currículo que el Curso propone ha sido cuidadosamente concebido y es explicado, paso por paso, tanto en el nivel teórico como en el práctico. Enfatiza la aplicación en lugar de la teoría, y la experiencia en vez de la teología. Específicamente postula que “Una teología universal es imposible, mientras que una experiencia universal no sólo es posible sino necesaria” (Manual para Maestros, CL-2.5).
Aunque de un trasfondo Cristiano, el Curso trata con temas espirituales universales. Enfatiza que es tan sólo una versión del currículo universal. Hay muchas otras, con la diferencia en esta siendo tan solo a nivel de forma. Todas ultimadamente conducen a Dios.
El Texto es ampliamente teórico, y plantea los conceptos sobre los cuales el sistema de pensamiento del curso se basa. Sus ideas contienen las bases para las lecciones del Libro de Ejercicios. Sin la aplicación práctica que el Libro de Ejercicios provee, el Texto permanecería en su mayor parte como una serie de abstracciones las cuales difícilmente bastarían para generar la inversión del pensamiento la cual es la meta del Curso.
El Libro de Ejercicios incluye 365 lecciones, una para cada día del año. No es necesario sin embargo hacer las lecciones a ese ritmo, y uno puede preferir permanecer con una lección que le atraiga en particular durante más de un día. Las instrucciones nos urgen tan sólo a no intentar completar más de una lección por día. La naturaleza práctica del Libro de Ejercicios está subrayada por la introducción a sus lecciones la cual enfatiza la experiencia a través de la aplicación, en lugar de por compromiso anterior con alguna meta espiritual:
"Algunas de las ideas que el libro de ejercicios presenta te resultarán difíciles de creer, mientras que otras tal vez te parezcan muy sorprendentes. Nada de eso importa. Se te pide simplemente que las apliques tal como se te indique. No se te pide que las juzgues. Se te pide únicamente que las uses. Es usándolas como cobrarán sentido para ti, y lo que te demostrará que son verdad.
Recuerda solamente esto: no tienes que creer en las ideas, no tienes que aceptarlas y ni siquiera tienes que recibirlas con agrado. Puede que hasta te opongas vehementemente a algunas de ellas. Nada de eso importa, ni disminuye su eficacia. Pero no hagas excepciones al aplicar las ideas expuestas en el libro de ejercicios. Sean cuales sean tus reacciones hacia ellas, úsalas. No se requiere nada más". (Libro de Ejercicios, página 2).
Finalmente, el Libro para Maestros, el cual se presenta en formato de Preguntas y Respuestas, ofrece respuestas a algunas de las más básicas preguntas que el estudiante pueda formular. Incluye también clarificación a una lista de términos que el curso utiliza, explicándolos dentro del marco teorético del Texto.
El Curso no proclama finalidad alguna, ni tampoco las lecciones del Libro de Ejercicios intentan traer el aprendizaje del estudiante a una compleción final. Al final el estudiante queda en las manos de su Maestro Interno, Quien lo dirigirá en todo aprendizaje a seguir en la medida que El lo vea propicio. Mientras que el Curso es detallado en alcance, la verdad no puede limitarse a una forma finita, como se reconoce claramente en esta frase al final del Libro de Ejercicios:
"Este curso es un comienzo, no un final…Ya no se asignarán más lecciones específicas, pues ya no son necesarias. En lo sucesivo, oye tan sólo la Voz que habla por Dios … Él dirigirá tus esfuerzos, diciéndote exactamente lo que debes hacer, cómo dirigir tu mente y cuándo debes venir a Él en silencio, pidiendo Su dirección infalible y Su Palabra certera" (Libro de Ejercicios, Epi-3).

Sobre el alma…

Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.
Así comienza Un Curso de Milagros. Hace una distinción fundamental entre lo real y lo irreal; entre el conocimiento y la percepción. El conocimiento es la verdad, bajo una ley, la ley del amor de Dios. La verdad es inalterable, eterna y sin ambigüedad. Puede dejar de reconocerse, pero no puede ser cambiada. Se aplica a todo lo que Dios creó, y solo lo que El creó es real. Esto está más allá de todo aprendizaje pues se halla más allá del tiempo y los procesos. No tiene opuestos, ni principio ni fin. Simplemente es.
El mundo de la percepción, de otro modo, es el mundo del tiempo, de los cambios, de los principios y los fines. Se basa en la interpretación no en los hechos. Es el mundo del nacimiento y de la muerte, basado en la creencia en la escasez, la pérdida, la separación y la muerte. Es aprendido en lugar de haber sido dado, es selectivo en su énfasis perceptivo, inestable en su funcionamiento e impreciso en sus interpretaciones.
A partir del conocimiento y de la percepción respectivamente, se levantan dos distintos sistemas de pensamiento los cuales son opuestos en todos los respectos. En el ámbito del conocimiento no existe pensamiento alguno aparte de Dios, porque Dios y Su Creación comparten una sola Voluntad. El mundo de la percepción, sin embargo, está hecho de la creencia en los opuestos y las voluntades separadas que se hallan en conflicto perceptivo mutuo y con Dios. Lo que la percepción ve y oye aparenta ser real porque permite en la conciencia tan sólo aquello que se conforma a los deseos del que lo percibe. Esto conduce a un mundo de ilusiones, un mundo que necesita constante defensa precisamente porque no es real.
Cuando te hallas atrapado en el mundo de la percepción, estás atrapado en un sueño. No puedes escapar sin ayuda, porque todo lo que tus sentidos demuestran simplemente da testimonio a la realidad del sueño. Dios ha provisto la Respuesta, la única Salida, la verdadera Ayuda. Es la función de Su Voz, Su Espíritu Santo, mediar entre estos dos mundos. Él puede hacer esto porque, mientras que de un lado Él conoce la verdad, del otro Él también reconoce nuestras ilusiones, pero sin creer en ellas. Es la meta del Espíritu Santo ayudarnos a escapar del mundo de los sueños al enseñarnos como invertir nuestro pensamiento y a "des-aprender" nuestros errores. El perdón es la gran herramienta de aprendizaje del Espíritu Santo en hacer que se produzca esta inversión del pensamiento. Sin embargo, el Curso tiene su propia definición de lo que en realidad es el perdón, así como también define al mundo a su manera.
El mundo que vemos meramente refleja nuestro marco interno de referencia – las ideas predominantes, los deseos y las emociones de nuestras mentes. “La proyección da lugar a la percepción” (T-21.Int.). Primero miramos adentro, decidimos qué clase de mundo queremos ver y luego proyectamos ese mundo hacia afuera, convirtiéndolo en la verdad a medida que lo observamos. Lo hacemos realidad a través de nuestras interpretaciones de lo que aparentemente vemos. Si utilizamos la percepción para justificar nuestros propios errores – nuestra ira, nuestros impulsos de ataque, nuestra falta de amor en cualquier forma que esta pueda tomar – veremos un mundo de maldad, destrucción, malicia, envidia y desesperación.
Debemos aprender a perdonar todo esto, no porque estemos siendo “bondadosos” ni “caritativos”, sino porque lo que estamos viendo no es verdad. Hemos distorsionado el mundo con nuestras retorcidas defensas y por consiguiente vemos lo que no está allí. En la medida que aprendemos a reconocer nuestros errores de percepción, aprendemos también a mirar más allá de ellos o a “perdonar”. Simultáneamente nos estamos perdonando a nosotros mismos, mirando más allá de nuestro distorsionado concepto del Ser Que Dios creó en nosotros y como nosotros.
El pecado se define como una “falta de amor” (T-1.4.7). Como el amor es todo lo que es, el pecado en los ojos del Espíritu Santo es un error que debe ser corregido, en vez de una maldad que debe ser castigada. Nuestra sensación de insuficiencia, de debilidad, y de ser incompletos viene del fuerte interés que tenemos en el “principio de la escasez” que gobierna el mundo entero de las ilusiones. Desde ese punto de vista buscamos en otros lo que creemos que falta en nosotros mismos. Nosotros “amamos” a otro con el fin de obtener algo para nosotros mismos. Eso, de hecho, es lo que pasa por amor en el mundo de los sueños. No hay error más grande que ese, pues el amor es incapaz de pedir nada.
Solo las mentes se pueden realmente unir, y "lo que Dios ha unido, ningún hombre lo podrá desunir" (T-17.III.7). Es, sin embargo, solo en el nivel de la Mente Cristo que la verdadera unión es posible, y de hecho, nunca se ha perdido. El “pequeño yo” busca mejorarse con la aprobación externa, las posesiones externas, y el “amor” externo. El Ser Que Dios creó no necesita nada. Es por siempre completo, seguro, amado, y amoroso. Busca compartir en lugar de recibir, extenderse en lugar de proyectar. No tiene necesidades y desea unirse a otros a partir de una mutua conciencia de la abundancia.
Las relaciones especiales del mundo son destructivas, egoístas, e infantilmente egocéntricas. Aunque, si se les ofrece al Espíritu Santo, estas relaciones pueden llegar a convertirse en las cosas más sagradas de la Tierra. El mundo utiliza sus relaciones especiales como un arma final de exclusión y una demostración de la separación. El Espíritu Santo las transforma en lecciones perfectas de perdón y en un despertar del sueño. Cada una es una oportunidad para dejar que las percepciones sean sanadas y los errores corregidos. Cada una es una nueva oportunidad para perdonarse a sí mismo al perdonar a otros. Y cada una se convierte aún más en otra invitación al Espíritu Santo y al recuerdo de Dios.
La percepción es una función del cuerpo, y por ende representa una limitación de la conciencia. La percepción ve a través de los ojos del cuerpo y oye a través de los oídos del cuerpo. Evoca las limitadas reacciones que el cuerpo emite. El cuerpo aparenta ser altamente autónomo e independiente, sin embargo tan solo responde a las intenciones de la mente. Si la mente desea utilizarlo para atacar de cualquier forma, se convierte en presa de la enfermedad, del envejecimiento y del decaimiento. Si la mente acepta el propósito del Espíritu Santo para este en su lugar, este se convierte en una forma útil de comunicarse con otros, invulnerable en cuanto sea de utilidad, y para ser dejado a un lado dulcemente cuando haya servido su propósito. De por sí, el cuerpo es neutro, como lo es todo en el mundo de la percepción. Bien sea que se utilice para los propósitos del ego o del Espíritu Santo, esto depende enteramente de lo que la mente desee.
Lo opuesto a ver a través de los ojos del cuerpo es la visión de Cristo, la cual refleja la fortaleza en lugar de la debilidad, la unidad en vez de la separación, y el amor en lugar del miedo. Lo opuesto a oír con los oídos del cuerpo es comunicarse con la Voz que habla por Dios, el Espíritu Santo, el cual habita en cada uno de nosotros. Su Voz parece distante y difícil de oír porque el ego, el cual habla a favor del pequeño ser separado, parece ser mucho más audible. Esto en realidad es al revés. El Espíritu Santo habla con una inconfundible claridad y una atracción sobrecogedora. Nadie que no elije identificarse con el cuerpo podría posiblemente ensordecerse a Sus mensajes de liberación y esperanza, ni tampoco podría dejar de aceptar gozosamente la visión de Cristo en un feliz intercambio por esa miserable imagen de sí mismo.
La visión de Cristo es el regalo del Espíritu Santo, alternativa a la ilusión de la separación y a la creencia en la realidad del pecado, la culpabilidad, y la muerte. Es la única corrección para todos los errores de percepción, la reconciliación de los aparentes opuestos sobre los cuales se basa el mundo. Su dulce luz muestra todas las cosas desde otro punto de vista, reflejando el sistema de pensamiento que se eleva a partir del conocimiento y haciendo el retorno a Dios no solo posible sino inevitable. Lo que se percibía como injusticias perpetradas a unos por los otros, ahora se convierte en llamados de ayuda y de unión. El pecado, la enfermedad, el ataque son vistos como errores de percepción, clamando por el remedio a través de la dulzura y el amor. Las defensas se dejan a un lado pues donde no hay ataque no hay necesidad de ellas. Las necesidades de nuestros hermanos se convierten en las nuestras propias, pues ellos caminan el sendero con nosotros en nuestro camino hacia Dios. Sin nosotros ellos perderían su camino, y sin ellos no podríamos nosotros nunca encontrar el nuestro.
El perdón es desconocido en el Cielo, donde la necesidad de este sería inconcebible. Sin embargo, en este mundo, el perdón es una corrección necesaria para todos los errores que hemos cometido. Ofrecer el perdón es la única manera que nos queda de tenerlo, pues este refleja la ley del Cielo que dar y recibir son una misma cosa. El Cielo es el estado natural de todos los Hijos de Dios, tal como El los Creó. Esa es su realidad por siempre. No ha cambiado aunque haya sido olvidada.
El perdón es el medio por el cual recordamos. A través del perdón el pensamiento del mundo es invertido. El mundo perdonado se convierte en el portal del Cielo, porque a través de su misericordia podemos finalmente perdonarnos a nosotros mismos. Al no permitir que nadie permanezca prisionero de la culpabilidad, nos hacemos libres. Reconociendo al Cristo en todos nuestros hermanos, reconocemos Su Presencia en nosotros mismos. Olvidando todo error de percepción, y con nada del pasado que nos arrastre hacia aquel, podemos recordar a Dios. Más allá no puede ir el aprendizaje. Cuando estamos listos, Dios Mismo toma el paso final en nuestro retorno hacia Él. (http://www.milagrosenred.org)
  
¡Vaya!..., hermosa alma, sin duda…

Entonces, ¿de todos los “caminos” que nos conducen a la Verdad, UCDM es el mejor de los “caminos”?

Una de las cosas importantes que debe saberse acerca del Curso es que es explícito en que no es el único camino al Cielo. Al principio del manual para maestros dice que ésta es sólo una forma del curso universal, entre miles (M-1.4:1-2). Un curso en milagros no es para toda la gente, y sería un error pensar que lo es. Nada es para todo el mundo. Creo que es muy importante que haya sido presentado al mundo, pero no es para todos. A aquellos para quienes no sea el camino, el Espíritu Santo les dará algún otro. (Kenneth Wapnick – Una introducción básica a Un Curso de Milagros)

En otras palabras…, ¡a gusto del consumidor!

miércoles, 28 de diciembre de 2016

La Historia de Un Curso de Milagros

Antes de adentrarnos, en el estudio de Un Curso de Milagros, me gustaría compartir parte del contenido recogido en la obra escrita por Kenneth Wapnick "Una introducción básica a Un Curso de Milagros", en la que dedica su primer capítulo a desvelar la Historia de Un Curso de Milagros: 


Una de las cosas interesantes acerca de cómo llegó a ser escrito Un curso en milagros es el proceso mismo de cómo se escribió y la historia que lo rodea pues proveen un ejemplo perfecto de los principios básicos del mismo. El mensaje central del Curso es que la salvación llega en cualquier instante en que dos personas se unen para compartir un interés común o trabajar hacia una meta común. Esto siempre envolverá algún aspecto del perdón, sobre el cual hablaremos más adelante.
Las dos personas responsables del Curso en milagros fueron Helen Schucman, quien
falleció en febrero de 1981, y William Thetford. Ellos eran psicólogos del Columbia-Presbyterian Medical Center en New York City, USA. Billz había llegado allí primero, en 1958, y era el Director del Departamento de Psicología. Helen se unió a él pocos meses después.
Durante los primeros siete años de su relación tuvieron muchas dificultades el uno con el otro. Sus personalidades eran totalmente opuestas. Aun cuando en un nivel trabajaban muy bien juntos, en el nivel personal existía una gran tensión y ambivalencia. No sólo existían dificultades debido a su propia relación sino que tenían dificultades con otros miembros del departamento, con otros departamentos del Medical Center, y en su trabajo en otras disciplinas con otros centros médicos. Era la atmósfera típica de una universidad o centro médico grande, y Columbia no era distinta a ningún lugar de estos.
El punto crucial surgió un día de primavera en 1965 cuando Helen y Bill tenían que cruzar la ciudad para ir al Cornell Medical Center, donde asistirían a una reunión interdisciplinaria corriente. Por lo general, estos eran asuntos muy desagradables llenos de rivalidades y ofensas, algo común en un medio universitario. Helen y Bill también formaban buena parte de ello, juzgando y criticando a otras personas. Pero este día, justo antes de partir para la reunión, Bill, que era un hombre más bien callado y modesto, hizo algo fuera de lo usual. Le dio un discurso apasionado a Helen en el cual le dijo que él consideraba que tenía que haber una mejor forma de manejar estas reuniones y la clase de problemas que surgían en las mismas. Sentía que tenían que ser benévolos y menos duros, en vez de ser tan competitivos y críticos. Igualmente inesperada y ajena a su carácter fue la respuesta de Helen. Ella estuvo de acuerdo y se comprometió con él a encontrar esa otra forma. Este acuerdo no iba con la manera de ser de ellos pues tendían más bien a criticarse que a aceptarse mutuamente. El unirse fue un ejemplo de lo que el Curso llama un instante santo y, como dije al principio, el instante santo es el medio hacia la salvación.
En un nivel del cual ninguno de ellos tenía conciencia, ese instante fue la señal que abrió la puerta a toda una serie de experiencias que Helen empezó a tener, tanto despierta como en sueños. Mencionaré algunas de ellas, las cuales tienen tanto una fuerte naturaleza psíquica como un fuerte aspecto religioso, puesto que la figura de Jesús empieza a aparecer progresivamente en forma regular. Lo que hacía de esto algo inesperado era la posición que Helen había adoptado en ese momento de su vida. Ella estaba en sus cincuenta y había asumido el papel de atea militante, disfrazando astutamente su amargo resentimiento hacia un Dios que ella consideraba no había obrado bien con ella. Así que era agresiva hacia cualquier clase de pensamiento que ella juzgara dudoso o ambiguo e incapaz de ser estudiado, medido y evaluado. Ella era una psicóloga investigadora muy buena. Tenía una mente aguda, analítica y lógica y no toleraba ningún tipo de pensamiento que se desviara de eso.
Desde que era niña Helen tenía cierta capacidad psíquica, como para ver cosas que no estaban ahí. Sin embargo, nunca le prestó mucha atención a eso, segura de que todos tenían esa habilidad. A una edad temprana tuvo una o dos experiencias místicas impactantes, a las que tampoco les prestó mucha atención. De hecho, apenas había mencionado hasta ahora tener todas estas experiencias. Por cierto, resultó sorprendente que ella empezara a tenerlas. Además, esas experiencias la asustaron muchísimo; parte de ella temía volverse loca. Estas cosas no eran normales, y si Bill no hubiera estado allí para apoyarla y animarla creo que ella hubiera suspendido todo el proceso. Es importante reconocer lo fundamental que fue para Helen la ayuda y colaboración de Bill. De lo contrario, Un curso en milagros jamás se hubiera escrito. Así que ya ustedes están viendo otro ejemplo del principio básico del Curso. El mismo se repite una vez tras otra, en formas distintas: "La salvación es una empresa de colaboración" (T-4.VI.8:2),3 "Al arca de la paz se entra de dos en dos" (T-20.1V 63), "Nadie puede entrar en el Cielo solo" W-pI.134.17:7), y "juntos alzarán ... o no la alzarán en absoluto" (T 19.IV D.12:8).
Toda una serie de experiencias que Helen tuvo durante el verano llegaron como en episodios. La misma le llegaba en segmentos durante la vigilia; no era un estado de sueño. La serie de experiencias empezó con ella caminando a lo largo de una playa desierta donde encontró un bote encallado en la arena. Se dio cuenta de que su trabajo era sacar el bote de la playa y tirarlo al agua. Sin embargo, no había forma en que ella pudiera hacerlo puesto que el bote estaba demasiado encallado en la arena. En medio de esto apareció un extraño quien le ofreció ayuda. Entonces Helen observó que en el fondo del bote había, lo que ella describió como un antiguo aparato receptor y proyector. Ella le dijo al extraño: "Quizá esto nos ayude." Pero él dijo: "Todavía no estás lista para eso. Déjalo ahí." Y él sacó el bote de la playa y lo tiró al agua. Cada vez que había problemas y mares tormentosos este hombre siempre aparecía para ayudarla. Después de un tiempo ella reconoció que el hombre era Jesús, aun cuando él no lucía como usualmente pensamos de Jesús. Siempre estaba cerca para ayudarla cuando las cosas se ponían difíciles.
Finalmente, en la última escena de esta serie el bote alcanzó su destino en lo que parecía un canal, donde todo era calmado, quieto y pacífico. Había una caña de pescar en el fondo del bote, y al final del cordel, en el fondo del mar, había un cofre del tesoro.
Helen vio el cofre y se emocionó mucho porque en ese momento de su vida le gustaba mucho todo tipo de joyas y cosas bonitas. Anhelaba descubrir qué había en el cofre. Lo sacó pero fue grande su desilusión cuando al abrirlo sólo vio un libro negro grande. Eso era todo lo que había allí. En el lomo del libro estaba escrito el nombre, "Aesculapius", el dios griego de la sanación. Helen no reconoció el nombre en ese momento. Fue sólo años después, cuando el Curso se había escrito a máquina y se había puesto en carpetas para tesis, cuando ella y Bill se dieron cuenta de que lucía exactamente como el libro que ella había encontrado en el cofre del tesoro.
Ella miró el cofre del tesoro nuevamente y esta vez el mismo tenía un collar de perlas a su alrededor. Unos días más tarde tuvo un sueño en el que una cigüeña volaba sobre algunas poblaciones y en su pico llevaba un libro negro con una cruz dorada encima. Una voz le dijo: "Este es tu libro." (Esto fue justo antes de que el Curso llegara.)
Hubo otra experiencia interesante en la cual Helen se vio a sí misma caminando hacia una cueva. Era una cueva muy antigua y en el piso había algo parecido a un pergamino del Tora con dos varas a los lados, alrededor de las cuales estaba envuelto el pergamino. (El Tora es la primera parte del Antiguo Testamento.) Era muy antiguo. Tanto, que cuando Helen lo alzó la pequeña cuerda que lo ataba cayó y se desintegró. Ella miró el pergamino, lo desenrolló y en el cuadro central estaban las palabras, "DIOS ES". Ella pensó que era muy bonito. Luego lo desenrolló un poquito más y había un panel en blanco a la izquierda y otro panel en blanco a la derecha. Y esta voz le dijo: "Si miras a la izquierda podrás leer todo lo que ha sucedido en el pasado. Y si miras a la derecha podrás leer todo lo que sucederá en el futuro." Pero ella dijo: "No, eso no me interesa. Todo lo que quiero es el panel central."
Así que Helen enrolló nuevamente el pergamino para que lo único que se viera fueran las palabras, "DIOS ES". Entonces la voz le dijo: "Gracias. Esta vez lo lograste." En ese momento ella reconoció que había pasado un tipo de prueba que evidentemente no había logrado pasar antes. Lo que esto realmente significaba era que ella había expresado un deseo de no hacer mal uso de la habilidad que tenía; en otras palabras, no utilizarla para ningún tipo de poder o curiosidad. Lo único que ella verdaderamente buscaba era el presente, donde se encuentra Dios.
Una de las lecciones del libro de ejercicios para estudiantes dice "Decimos `Dios es', y luego guardamos silencio", porque no hay nada más que decir fuera de esas dos palabras (LpL169.5: 4). Creo que ese pasaje se refiere a esta experiencia en la cueva. Existe un fuerte énfasis a través del Curso en torno a la idea de que el pasado ya no existe y que no debemos preocuparnos por el futuro, que tampoco existe. Sólo debemos ocupamos del presente, puesto que éste es el único lugar donde podemos conocer a Dios.
Una anécdota final: Helen y Bill se dirigían a la Mayo Clinic en Rochester, Minnesota,
para pasar un día estudiando como allí hacían las evaluaciones psicológicas. La noche anterior Helen vio en su mente un cuadro muy claro de una iglesia que al principio ella creyó que era católica pero luego se dio cuenta que era luterana. La vio tan claramente que la dibujó. Mientras la contemplaba en su visión se convenció de que ella y Bill verían esta iglesia cuando su avión estuviera aterrizando en Rochester. Esta iglesia, pues, se convirtió en un símbolo muy poderoso de su cordura, pues para entonces dudaba de la misma ya que realmente no podía comprender todas estas experiencias internas. Ella sentía que si podía ver la iglesia esto le aseguraría que no estaba loca. Sin embargo, cuando aterrizaron no vieron la iglesia. Helen se puso frenética, así que Bill contrató un taxi para que los llevara a cada iglesia en Rochester. Creo que había cerca de veintiséis iglesias en la ciudad, pero no encontraron la iglesia de Helen. Ella se encontraba muy molesta pero no había nada más que hacer esa noche.
El siguiente fue un día muy ocupado y por la noche regresaban a New York. Mientras esperaban en el aeropuerto, Bill, que siempre era bueno para este tipo de cosas, escogió casualmente un libro sobre Rochester que creyó le gustaría a Louis el esposo de Helen. El libro contenía la historia de la Mayo Clinic y al hojearlo Bill vio una lámina idéntica a la iglesia que Helen había descrito. Estaba en el viejo solar donde se encontraba la Mayo Clinic, puesto que la iglesia había sido demolida para construir la clínica. Helen la había visto como sobre volando puesto que la iglesia ya no estaba allí; la estaba mirando hacia abajo en el tiempo. Esto la hizo sentir algo mejor, pero este no es el final del relato.
Helen y Bill tenían que cambiar de avión en Chicago. Ya era tarde en la noche y estaban cansados. Estaban sentados en el aeropuerto cuando Helen vio a una mujer sentada frente al área de espera, ocupada en algo. Helen captó que la mujer estaba muy inquieta, aun cuando no había señales externas al respecto. Se dirigió a la mujer, algo que normalmente no hubiera hecho pero que realmente sintió el impulso de hacer. Justamente la mujer estaba muy inquieta. Acababa de abandonar a su esposo e hijos y se iba a New York donde nunca había estado antes. Tenía sólo trescientos dólares que iba a usar para alojarse en New York y, además, estaba aterrorizada porque jamás había volado. Helen le ofreció su amistad y la llevó donde se encontraba Bill y juntos la cuidaron en el avión. Ella se sentó entre los dos y le contó a Helen que planeaba alojarse en la Iglesia Luterana, puesto que ella era luterana. Entonces Helen escuchó una voz interna: "Y esta es mi verdadera iglesia." Helen comprendió que lo que Jesús quería decir era que una verdadera iglesia no es un edificio sino ayudar y unirnos a otra persona.
Cuando llegaron a New York Helen y Bill alojaron a su nueva amiga en un hotel. Durante los siguientes días curiosamente se encontraban continuamente al azar. Creo que Bill se la encontró una vez en Bloomingdale's, un gran almacén en New York. Helen la invitó a cenar una o dos veces. Eventualmente la mujer regresó a su familia pero se mantuvo en contacto con Helen, enviándole tarjetas de Navidad, etc. Una vez llamó a Helen mientras yo estaba en casa de ésta. La historia es importante para demostrar que no es el fenómeno psíquico en sí lo que importa sino más bien el propósito espiritual detrás de él; en este caso el de ayudar a otra persona.
Un día a mediados de octubre Helen le dijo a Bill: "Creo que haré algo muy inesperado." En ese momento Bill le sugirió que consiguiera una libreta y escribiera todas las cosas que pensara o escuchara, o cualquier sueño que tuviera. Helen empezó a hacerlo así. Ella sabía taquigrafía y podía escribir muy rápido. Una noche, un par de semanas después, escuchó que esta voz le decía: "Este es un curso de milagros, por favor toma notas." Le dio tal pánico que llamó a Bill por teléfono y le dijo: "Esta voz sigue diciéndome estas palabras. ¿Qué hago?" Bill dijo algo por lo cual generaciones futuras lo llamarán bendito. El dijo: "¿Por qué no haces lo que dice la voz?" Helen lo hizo. Empezó a tomar dictado que siete años más tarde terminó como los tres libros que ahora tenemos, llamados, Un curso en milagros.
La experiencia de Helen con la voz era como la de una grabadora interna. Ella podía conectar y desconectar la voz a su antojo. Sin embargo, no la podía "desconectar" por mucho tiempo porque se ponía inquieta. Ella podía escribir lo que la voz decía aun cuando ésta hablaba muy rápidamente. Así que la taquigrafía de Helen fue muy útil. Esto lo hacía plenamente consciente. No era escritura automática; no estaba bajo trance o algo semejante. Podía estar escribiendo y si sonaba el teléfono, soltaba la pluma y atendía el asunto telefónico, y luego regresaba a escribir y continuaba donde había quedado. A menudo podía reanudarlo en el mismo lugar. Esto es aún más admirable cuando uno se da cuenta de que gran parte del Curso está escrito en verso libre (sin rima), pentámetro yámbico; ella hacía esto sin perder la métrica o el sentido de lo que estaba diciendo la voz.
Tal vez lo que más asustaba a Helen era que la voz se identificaba a sí misma como Jesús. Gran parte del Curso está escrito en primera persona, donde Jesús habla sobre su crucifixión. No puede haber duda alguna respecto a la identidad de la voz. Sin embargo, el Curso dice que no es necesario creer que la voz es la de Jesús para beneficiarse de lo que dice Un curso en milagros. Yo creo que resulta más fácil si lo creemos de modo que no haya que hacer gimnasia mental mientras lo leemos. Pero no es necesario para poner en práctica los principios del Curso. El Curso mismo nos lo dice. Hay una sección sobre Jesús en el manual para maestros donde dice que no es necesario aceptar a Jesús en nuestras vidas pero que él nos ayudará más si se lo permitimos (C-5.6:6-7).
En la mente de Helen no había duda de que la voz era la de Jesús, y esto le producía más miedo aún. Esta no era una experiencia feliz. Ella lo hacía porque en alguna forma consideraba que era lo que debía hacer. Una vez ella se quejó amargamente a Jesús: "¿Por qué me escogiste? ¿Por qué no escogiste a una linda y santa monja, o alguien parecido? Yo soy la última persona en el mundo que debería estar haciendo esto." Y él dijo: "No sé por qué dices eso porque después de todo lo estás haciendo." Ella no pudo discutir con él puesto que ya lo estaba haciendo, y evidentemente era la selección perfecta para ello.
Diariamente ella anotaba en su libreta de taquigrafía el dictado del Curso. Al día siguiente, cada vez que el tiempo lo permitía en sus ocupados calendarios, le dictaba a Bill lo que había recibido y él lo pasaba a máquina. Bill ha dicho bromeando que por lo general tenía que tener un brazo alrededor de Helen para sostenerla mientras que escribía con el otro. Helen tenía gran dificultad aun para leer lo que había escrito. Así fue como se tomó originalmente Un curso en milagros; como dije, el proceso tomó aproximadamente un período de siete años".
Hasta aquí, lo anunciado al comienzo de este artículo, una breve introducción sobre los orígenes que dieron lugar al manual conocido como Un Curso de Milagros.

Soy consciente que lo expuesto puede dar motivo a resitencias de muchas mentes. De hecho, es así y han sido recogidas en numerosos artículos que nos resultará fácil encontrar publicados en internet.

No voy a entrar a valorar el contenido de dichos artículos pues, si algo he aprendido en las enseñanzas que he tenido la oportunidad de estudiar, hacer uso de juicios condenatorios, no es más que una proyección de nuestras resistencias a ver la verdad.

Mi decisión de compartir con el mundo el contenido de las enseñanzas recogidas en Un Curso de Milagros, no responde a un deseo de ganar acólitos que se erijan en seguidores y defensores de ella, sino por una razón mucho más sencilla, tener la certeza de que la práctica de sus lecciones me llevan a gozar de Paz y Amor.

Os dejo un vídeo de Patricia Besada, donde nos aporta su visión de Un Curso de Milagros.



martes, 27 de diciembre de 2016

¿Qué es Un Curso de Milagros?

Hace ahora, aproximadamente, dos años, la vida con su eterna sabiduría me llevó a retomar el estudio de un libro que, años antes, había iniciado pero que, en aquellos días, lo dejé "aparcado" para dedicarme a dar continuidad a otras ocupaciones. Ese libro es Un Curso de Milagros.

Decir, que las Enseñanzas Espirituales ocupan un lugar privilegiado en mi vida. Desde muy temprana edad, me sentí llamado a buscar respuestas a las muchas interrogantes que la existencia me planteaba. Esa inquietud, no tardó en satisfacer su exigencia y, mi vida desde entonces ha sido un transitar continuo por los muchos caminos que nos conducen, de una manera u otra, a encontrar la senda de la Verdad.

Cuando Un Curso de Milagros llegó por primera vez a mi vida, lo hizo de manera "fortuita". Fue un regalo agradecido de una amiga, cuya gratitud me dio a elegir entre algunos títulos y mi mano se posó inspiradamente en una de las obras que más luz, hasta ahora, ha aportado a mi existencia.

Este espacio que hoy nace gracias a la gentileza de Blogger y por supuesto por la gracia e inspiración de mi Yo Espiritual, lo quiero dedicar a la expansión del conocimiento que se recoge en las enseñanzas de Un Curso de Milagros.

Dichas enseñanzas nos revela, que el mejor modo de aprender algo es enseñarlo, o lo que es lo mismo, el único modo de recibir es dar. Así que, siguiendo dichas afirmaciones, me pongo en disposición de enseñar lo que es mi voluntad y mi deseo aprender.

¿Qués es Un Curso de Milagros?

Comenzaré por lo que creo que deberíamos conocer en primer lugar. Para ello, me he tomado la libertad de buscar las respuestas que se recogen en la red con relación a esta cuestión y presentar una muestra de las mismas:

"Este curso no tiene otro propósito que enseñarte que el ego es algo increíble y que siempre lo será. Tú, que lo inventaste al creer lo increíble, no puedes emitir ese juicio por tu cuenta."

"Si el propósito de este curso es ayudarte a recordar lo que eres, y tú crees que lo que eres es algo temible, de ello se deduce forzosamente que no aprenderás este curso. Sin embargo, la razón de que el curso exista es precisamente porque no sabes lo que eres."

"Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje."

"Este curso es muy simple. Quizá pienses que no necesitas un curso que, en última instancia, enseña que sólo la realidad es verdad. Pero ¿crees realmente esto? Cuando percibas el mundo real, reconocerás que no lo creías."

"Tal vez te quejes de que este curso no es lo suficientemente específico como para poderlo entender y aplicar. Mas tal vez no hayas hecho lo que específicamente propugna. Éste no es un curso de especulación teórica, sino de aplicación práctica."

"La razón de que este curso sea simple es que la verdad es simple. La complejidad forma parte del ámbito del ego y no es más que un intento por su parte de querer nublar lo que es obvio."

"El propósito de este curso es que aprendas a conocerte a ti mismo. Has enseñado lo que eres, pero no has permitido que lo que eres te enseñe a ti."

"Decidir entre si escuchar o no las enseñanzas de este curso y seguirlas, no es sino elegir entre la verdad y las ilusiones. Pues en este curso se hace una clara distinción entre la verdad y las ilusiones y no se confunden en absoluto."

"La liberación se te concede en el instante en que la desees. Son muchos los que se han pasado toda una vida preparándose y ciertamente han tenido sus momentos de éxito. Éste curso no pretende enseñar más de lo que ellos aprendieron en el tiempo, pero sí se propone ahorrar tiempo."

"Este curso apenas requiere nada de ti. Es imposible imaginarse algo que pida tan poco o que pueda ofrecer más."

"De todos los mensajes que has recibido y que no has entendido, sólo este curso está al alcance de tu entendimiento y puede ser entendido. Éste es tu idioma."

"Este curso o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto. Pues es completamente cierto o completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. Y tú te escaparás enteramente del sufrimiento o no te escaparás en absoluto. La razón te dirá que no hay un lugar intermedio donde te puedas detener indeciso, esperando a elegir entre la felicidad del Cielo o el sufrimiento del infierno. Hasta que no elijas el Cielo, estarás en el infierno y abatido por el sufrimiento." (T.22.II.7:3)

"Este curso es fácil precisamente porque no transige en absoluto. Aun así, parece ser difícil para aquellos que todavía creen que es posible transigir. No se dan cuenta de que si lo fuese, la salvación sería un ataque."

"No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y conservar el estado de paz. En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios. No es necesario que le digas lo que Él debe hacer. Él no fallará."

"Este curso no pretende enseñar lo que no se puede aprender fácilmente. Su alcance no excede el tuyo, excepto para señalar que lo que es tuyo te llegará cuando estés listo."

"Este curso ofrece un marco de enseñanza muy claro y muy simple, y te provee de un Guía que te dice lo que debes hacer. Si le obedeces, verás que lo que Él te dice es lo que da resultado."

"Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir tu concepto de lo que es dar, de modo que puedas recibir. Pues dar se ha convertido en una fuente de temor, y así, evitas emplear el único medio a través del cual puedes recibir."

"¡El mundo no existe! Éste es el pensamiento básico que este curso se propone enseñar. No todo el mundo está listo para aceptar esto, y cada cual irá tan lejos a lo largo del camino que conduce a la verdad como se permita a sí mismo ser guiado."

"Este curso no pretende despojarte de lo poco que tienes. Tampoco trata de sustituir las satisfacciones que el mundo ofrece por ideas utópicas. En el mundo no se puede hallar ninguna satisfacción."

"Una teología universal es imposible, mientras que una experiencia universal no sólo es posible sino necesaria. Alcanzar esa experiencia es lo que el curso se propone. Sólo cuando ésta se alcanza es posible la consistencia porque sólo entonces se acaba la incertidumbre."

"Yo te acompaño en esta jornada. Pues por el momento comparto tus dudas y tus miedos, de manera que puedas recurrir a mí que conozco el camino por el que se supera toda duda y temor. Caminamos juntos. Es preciso que yo entienda lo que es la incertidumbre y el dolor, aún cuando sé que no tienen ningún significado. Sin embargo, un salvador debe permanecer con aquellos a quienes enseña, viendo lo que ellos ven, pero conservando en su mente el camino que le condujo a su propia liberación, y que ahora te conducirá a ti a la tuya junto con él." (Un Curso de Milagros) - (http://www.uncursodemilagros.com.es)

Un curso de milagros es una comunicación directa de Dios a través de Jesucristo indicando que la condición aparente entre Dios y el hombre es una falsa separación y la manera en que esta aparente brecha es y fue reparada.
El único propósito de Un curso de milagros es la iluminación  a través de la transformación de tu mente. (http://acimi.com/es/uncursodemilagros)

Es una fascinante travesía de exploración y transformación personal, donde la más sublime y elevada respuesta aguarda pacientemente tu decisión de iniciar el retorno al centro de ti mismo: al ser divino de profundo amor incondicional que reside en ti, ese que es uno con el Creador; el ser dichoso, saludable, abundante y pleno que te está esperando en tu interior.
Es un libro que contiene un programa académico teórico-práctico que enseña un sistema de pensamiento espiritual completo, magistralmente diseñado, dictado en pleno siglo XX por el maestro Jesús, el Cristo.
Un Curso de Milagros también enfatiza que es una de las muchas versiones del programa universal de estudios para la paz interior. Aun cuando el lenguaje del Curso se refiere a la Cristiandad tradicional, expresa una espiritualidad no sectaria o religiosa. Por lo anterior, Un Curso de Milagros es una enseñanza universal espiritual y no una religión. http://www.cursodemilagros.com.mx/que_es

Un Curso de Milagros es una enseñanza espiritual no dual pura cuyo objetivo es alcanzar un estado de Paz constante e inalterable que constituye nuestra naturaleza Real ya presente, a la que, sin embargo, no parecemos tener acceso.

No es una religión, ni una teología, ni un ideario para formar asociaciones, ni organizaciones de ningún tipo, sino un curso de autoestudio cuyo objetivo es conectarnos con el Maestro Interno para producir una experiencia, por lo que es importante evitar convertirlo en un culto, mitificarlo o ritualizar la práctica. De modo que UCDM está concebido como un recurso de enseñanza que pretende remover los obstáculos que nos impiden el acceso a la Paz de Dios (Sinónimo de Amor, Dios, Reino de los Cielos, Conciencia de Unidad, Cristo...). (
http://www.uncursodemilagrosonline.com)

El Curso de Milagros es un manual de Tecnología Espiritual  su objetivo es que participes de tu felicidad recuperando tu paz interna. (T- 13.II.7:1, p. 267) Este te ofrece un programa de Entrenamiento Mental que te provee de las herramientas perceptuales necesarias para la transformación de la mente conceptual que todo lo percibe falsamente en una mente integra que es capaz de discernir correctamente entre el Ser que Dios creo, cuya herencia natural es el Amor y la identidad ficticia que llamamos ego.

La única manera posible de corregir la falsa percepción es la percepción verdadera, esta es un remedio que se conoce por muchos nombres tales como el perdón, la salvación y la expiación. Estas, activan en ti un proceso cuyo fin es conducirte de la manera más suave a las puertas de la Conciencia Unitaria o Unicidad la cual lo trasciende todo. La práctica de Un Curso en Milagros te conduce a una experiencia universal, y te permite VER que es a través de la Percepción Verdadera que se salva al mundo.

La percepción verdadera  se vuelve pues la práctica principal en todas circunstancias, en todo momento, esta tiene como fin la disolución del mundo ilusorio, donde se percibe separación, aquel estado mental en el que todo parece estar desconectado del todo. El curso de milagros utiliza términos del cristiano místico para impartir sus estudios, mas su mensaje es parte del Programa Universal de Enseñanza Espiritual. Este, consta de tres volúmenes: Un Texto, Un Libro de Ejercicios y un Manual para el Maestro.

El Texto te provee de una base teórica, planta semillas de verdad en tu mente, las riega y fertiliza. Te ofrece entre otras, la herramienta del perdón como experiencia, cuyo uso es esencial para la realización de la paz interior y ultimadamente del Amor Incondicional que une todas las cosas.

Libro de ejercicios te provee de los medios prácticos para lograr el objetivo del curso, su función principal es entrenar tu mente de una manera sistemática a tener una percepción diferente de todas las cosas y del mundo. Este cuenta con 365 lecciones, una para cada día del año. Los ejercicios son muy sencillos, no requieren mucho tiempo y no importa donde se hagan. Estos se dividen en dos secciones principales, la primera  está dedicada a anular la manera en que ahora ves, a inhabilitar el sistema de pensamiento que ahora utilizas.  Y la segunda, a adquirir una percepción verdadera. El objetivo general de los ejercicios es incrementar tu capacidad de ampliar las ideas que estas practicando de modo que lo incluyan todo.

Manual del Maestro: enseñar es aprender, enseñar es demostrar. El curso subraya que no existe ninguna diferencia entre maestro y alumno que enseñar no hace sino reforzar lo que crees acerca de ti mismo. Su función esencial es eliminar las dudas que aun tienes acerca de ti mismo.  El objetivo del curso es facilitarte los medios para que conscientemente elijas lo que quieres enseñar en función de lo que quieres aprender. Este es un manual para los maestros de Dios, quienes no son perfectos, pues, de lo contrario no estarían aquí. Su misión no obstante, es alcanzar la perfección aquí, y, por lo tanto, la enseñan una y otra vez, de muchísimas maneras, hasta que la aprenden. Hasta que un día ya no se les ve más, si bien sus pensamientos siguen siendo una fuente de fortaleza y verdad para siempre. (
http://www.uncursodemilagrosmexico.com)

Desde mi punto de vista Un curso en milagros es lo mejor que he visto como integración de psicología y
espiritualidad. En ese momento yo no sabía realmente, que en mi vida espiritual faltaba algo, pero cuando vi el Curso me di cuenta de que sin duda eso era lo que yo había estado buscando. Así que cuando uno encuentra lo que ha estado buscando, uno se queda con ello.

Una de las cosas importantes que debe saberse acerca del Curso es que es explícito en que no es el único camino al Cielo. Al principio del manual para maestros dice que ésta es sólo una forma del curso universal, entre miles (M-1.4:1-2). Un curso en milagros no es para toda la gente, y sería un error pensar que lo es. Nada es para todo el mundo. Creo que es muy importante que haya sido presentado al mundo, pero no es para todos. A aquellos para quienes no sea el camino, el Espíritu Santo les dará algún otro.

Sería un error para una persona luchar con el Curso si realmente no se siente cómoda con él, y luego sentir que él o ella ha sido un fracaso. Eso sería realmente ir en contra de todo lo que el Curso mismo plantea. El propósito del Curso no es hacer que la gente se sienta culpable, sino todo lo contrario. Pero para las personas para quienes éste es el camino resulta valioso el esfuerzo que conlleva estudiarlo. (Una Introducción Básica a Un Curso de Milagros – Kenneth Wapnick)


No voy a entrar en el análisis de lo expuesto, pienso que la pregunta queda bien contestada con las aportaciones detalladas. Tan sólo me gustaría compartir una sola cosa con vosotros. Tras dos años de estudio de Un Curso de Milagros, incluyendo el Libro de Ejercicios (una de las tres partes de que consta el Curso), he alcanzado una fortaleza espiritual cuyos pilares fundamentales son el Amor y la Paz. Podría decir, que soy un Ser Feliz y ese estado es la consecuencia natural de la certeza de que Soy Hijo de Dios y reconozco en tí a mi hermano, con quien formo una Unidad inquebrantable.

domingo, 20 de marzo de 2016

La Semana Santa desde el punto de vista de Un Curso de Milagros.


La Semana Santa desde el punto de vista de Un  Curso de Milagros.


El Domingo de Ramos, representa la celebración de la victoria y la aceptación de la verdad.  Nos recomienda el Curso, que no nos pasemos esta Semana Santa lamentando la crucifixión del Hijo de Dios, sino celebrando jubi­losamente su liberación. Pues la Pascua de Resurrección es el signo de la paz, no del dolor. Un Cristo asesinado no tiene sen­tido. Pero un Cristo resucitado se convierte en el símbolo de que el Hijo de Dios se ha perdonado a sí mismo, en la señal de que se considera a sí mismo sano e íntegro.


Esta semana empieza con ramos y termina con azucenas, el signo puro y santo de que el Hijo de Dios es inocente. No permi­tas que ningún signo lúgubre de crucifixión se interponga entre la jornada y su propósito, entre la aceptación de la verdad y su expresión. Esta semana celebramos la vida, no la muerte. Y honr­amos la perfecta pureza del Hijo de Dios, no sus pecados. Hazle a tu hermano la ofrenda de las azucenas, no la de una corona de espinas; el regalo del amor, no el "regalo" del miedo. Te encuen­tras a su lado, con espinas en una mano y azucenas en la otra, indeciso con respecto a cuál le vas a dar. Únete a mí ahora, des­hazte de las espinas y, en su lugar, ofrécele las azucenas. Lo que quiero esta Pascua es el regalo de tu perdón, que tú me concedes y yo te devuelvo. No podemos unirnos en la crucifixión ni en la muerte. Ni tampoco puede consumarse la resurrección hasta que tu perdón descanse sobre Cristo, junto con el mío.

Una semana es poco tiempo, sin embargo, la Semana Santa simboliza la jornada que el Hijo de Dios emprendió. Él comenzó con el signo de la victoria, la promesa de la resurrección, la cual ya se le había concedido. No dejes que caiga en la tentación de la crucifixión ni que se demore allí. Ayúdale a seguir adelante en paz más allá de ella, con la luz de su propia inocencia alum­brando el camino hacia su redención y liberación. No le obstru­yas el paso con clavos y espinas cuando su redención está tan cerca. Deja, en cambio, que la blancura de tu radiante ofrenda de azucenas lo acelere en su camino hacia la resurrección.

La Pascua no es la celebración del costo del pecado, sino la celebración de su final. Si al mirar entre los níveos pétalos de las azucenas que has recibido y ofrecido como tu regalo vislumbras tras el velo la faz de Cristo, estarás contemplando la faz de tu hermano y reconociéndola. Yo era un extraño y tú me acogiste, a pesar de que no sabías quién era. Mas lo sabrás por razón de tu ofrenda de azucenas. En el perdón que le concedes a ese forastero, que aunque es un extraño para ti es tu Amigo  ancestral, reside su liberación y tu redención junto con él. La temporada de Pascua es una temporada de júbilo, no de duelo. Contempla a tu Amigo resucitado y celebra su santidad junto conmigo. Pues la Pascua es la temporada de tu salvación, junto con la mía. (T-20.I.1:3)


Antes de continuar con las aportaciones extraídas del Curso sobre el tema que estamos analizando, me gustaría exponer la visión de la Iglesia Católica, pues ello nos aportará un debate que nos permitirá desarrollar aspectos tan importantes como la crucifixión y la resurrección.

En la Semana Santa los cristianos celebran el misterio de la Redención de Cristo, quien por su infinita misericordia y amor al hombre, decide libremente tomar nuestro lugar y recibir el castigo merecido por nuestros pecados. 

Como se puede apreciar en el punto anterior, para los seguidores de la fe cristiana, la “redención” está estrechamente vinculada con los conceptos “pecados” y “castigo”. Y lo que considero de mayor importancia, ya que ello se convierte en uno de los pilares más sólidos de su fe, Dios manda a su Hijo, al mundo, con la misión de morir en la cruz para salvar a la humanidad.

Si la idea del “pecado” ya ha marcado al hombre con la errónea creencia de sentirse impuro a los ojos de Su Creador, lo que ha propiciado el Temor a Dios, dicha idea, adquiere tintes no menos conflictivos, al ver como un Dios, cuyo atributo principal debe ser su espíritu amoroso, permite que Su Hijo bienamado, sufra, padezca castigos y finalmente, alcance la muerte siendo crucificado, con el propósito de liberarnos del pecado.


La crucifixión no estableció la Expia­ción; fue la resurrección la que lo hizo. Son muchos los cristianos sinceros que no han entendido esto correctamente. Nadie que esté libre de la creencia en la escasez podría cometer tal equivoca­ción. Si se examina la crucifixión desde un punto de vista inver­tido, parece como si Dios hubiese permitido, e incluso fomentado, el que uno de Sus Hijos sufriese por ser bueno. Esta desafortu­nada interpretación, que surgió como resultado de la proyección, ha llevado a muchas personas a vivir sumamente atemorizadas de Dios. Tales conceptos anti-religiosos se infiltran en muchas reli­giones. El auténtico cristiano, sin embargo, debería hacer una pausa y preguntarse: "¿Cómo iba a ser posible esto? ¿Cómo iba a ser posible que Dios Mismo fuese capaz de albergar el tipo de pensamiento que Sus Propias palabras han señalado claramente que es indigno de Su Hijo?" (T-3.I.1:9)

El efecto que causa el párrafo anterior es como el “agua viva” que purifica el alma. Me lleva a sentir, como parte de esa culpa inconsciente que atormenta mi espíritu, se desvanece, se purifica, se disuelve, dando paso a una nueva visión que se asemeja con el despertar y en la que me siento liberado y salvo.

Mientras que creamos que la crucifixión es el verdadero mensaje de la redención, de la expiación, estaremos dando protagonismo al ego. Como bien nos enseña el Curso:


“El viaje a la cruz debería ser el último "viaje inútil". 2No sigas pensando en él, sino dalo por terminado. Si puedes aceptarlo como tu último viaje inútil, serás libre también de unirte a mi resurrección. Hasta que no lo hagas, estarás desperdiciando tu vida, ya que ésta simplemente seguirá siendo una repetición de la separación, de la pérdida de poder, de los esfuerzos fútiles que el ego lleva a cabo en busca de compensación y, finalmente, de la crucifixión del cuerpo o muerte. Estas repeticiones continuarán indefinidamente hasta que voluntariamente se abandonen. No cometas el patético error de "aferrarte a la vieja y rugosa cruz". El único mensaje de la crucifixión es que puedes superar la cruz. Hasta que no la superes eres libre de seguir crucificándote tan a menudo como quieras. Éste no es el Evangelio que quise ofrecerte.”. (T-4.I.3:10)

Jesús, a través de Un Curso de Milagros, nos recuerda que se nos ha pedido que lo tomemos como modelo para nuestro aprendizaje, ya que un ejemplo extremo como el personificado por Él, es un recurso de aprendizaje sumamente útil.

Pero nuestra mente, elige que interpretación dar a esa enseñanza, y lo hace llevándonos a ver tan solo aquello en lo que creemos. Si creemos en la crucifixión, en los términos descritos anteriormente, interpretaremos ese guión como una lección de ataque.  Mientras que si creemos que la crucifixión no es la vía de la verdadera expiación, el mensaje de la crucifixión adquiere otro significado, el de enseñar que no es necesario percibir ninguna forma de ataque en la persecución, pues no puedes ser perseguido.

Un Curso de Milagros, en el Capítulo 6, titulado, “Las Lecciones del Amor”, nos enseña la correcta visión que debemos tener sobre la enseñanza del “ataque”.

La relación que existe entre la ira y el ataque es obvia, pero la relación que existe entre la ira y el miedo no es siempre tan evi­dente. La ira siempre entraña la proyección de la separación, lo cual tenemos que aceptar, en última instancia, como nuestra pro­pia responsabilidad, en vez de culpar a otros por ello. No te puedes enfadar a no ser que creas que has sido atacado, que está justificado contraatacar y que no eres responsable de ello en absoluto. Dadas estas tres premisas completamente irracionales, se tiene que llegar a la conclusión, igualmente irracional, de que un hermano merece ataque en vez de amor. ¿Qué se puede espe­rar de premisas dementes, sino conclusiones dementes? La manera de desvanecer una conclusión demente es analizando la cordura de las premisas sobre las que descansa. Tú no puedes ser atacado, el ataque no tiene justificación y tú eres responsable de lo que crees”. (T-26.Int)

Para los efectos del aprendizaje, examinemos de nuevo la cruci­fixión. No hice hincapié en ella anteriormente debido a las temi­bles connotaciones que quizá tengas asociadas con ella. Lo único que se ha subrayado hasta ahora es que no fue una forma de castigo. No obstante, no se puede explicar nada utilizando exclu­sivamente términos negativos. Existe una interpretación cons­tructiva de la crucifixión que está totalmente desprovista de miedo y que, por lo tanto, si se entiende debidamente, es total­mente benévola en cuanto a lo que enseña.

La crucifixión no es más que un ejemplo extremo. Su valor, al igual que el valor de cualquier otro recurso de enseñanza, reside únicamente en la clase de aprendizaje que facilita. Se puede entender -y se ha entendido- incorrectamente. Ello se debe úni­camente al hecho de que los temerosos tienden a percibir con miedo. Ya te dije que siempre puedes recurrir a mí para compar­tir mi decisión, y de ese modo hacerla más firme. Te dije también que la crucifixión fue la última jornada inútil que la Filiación tuvo que emprender, y que para todo aquel que la entienda representa la manera de liberarse del miedo. Aunque antes sólo hice hinca­pié en la resurrección, no aclaré entonces el propósito de la cruci­fixión y la manera en que ésta, de hecho, condujo a la resurrec­ción. Ese propósito, no obstante, tiene una aportación muy concreta que hacer a tu propia vida, y si lo examinas sin miedo, te ayudará a comprender tu propio papel como maestro.

Es probable que hayas estado reaccionando durante muchos años como si te estuviesen crucificando. Ésta es una marcada tendencia de los que creen estar separados, que siempre se nie­gan a examinar lo que se han hecho a sí mismos. La proyección implica ira, la ira alienta la agresión y la agresión fomenta el miedo. El verdadero significado de la crucifixión radica en la aparente intensidad de la agresión cometida por algunos de los Hijos de Dios contra otro. Esto, por supuesto, es imposible, y se tiene que entender cabalmente que es imposible. De lo contrario, yo no puedo servir de modelo para el aprendizaje.

En última instancia, sólo el cuerpo puede ser agredido. No cabe duda de que un cuerpo puede agredir a otro, y puede incluso destruirlo. Sin embargo, si la destrucción en sí es imposi­ble, cualquier cosa que pueda ser destruida no es real. Su des­trucción, por lo tanto, no justifica tu ira. En la medida en que creas que la justifica, estarás aceptando premisas falsas y enseñán­doselas a otros. El mensaje de la crucifixión fue precisamente enseñar que no es necesario percibir ninguna forma de ataque en la persecución, pues no puedes ser perseguido. Si reaccionas con ira, tienes que estar equiparándote con lo destructible, y, por lo tanto, viéndote a ti mismo de forma demente.

He dejado perfectamente claro que soy como tú y que tú eres como yo, pero nuestra igualdad fundamental sólo puede demos­trarse mediante una decisión conjunta. Eres libre, si así lo eliges, de percibirte a ti mismo como si te estuvieran persiguiendo. Mas cuando eliges reaccionar de esa manera, deberías recordar que yo fui perseguido de acuerdo con el pensar del mundo, y que no compartí esa interpretación. Y puesto que no la compartí, no la reforcé. Ofrecí, consecuentemente, una interpretación diferente del ataque, que deseo compartir contigo. Si la crees, me ayuda­rás a enseñarla.

Como ya dije anteriormente: "Lo que enseñes es lo que apren­derás". Si reaccionas como si te estuvieran persiguiendo, estarás enseñando persecución. No es ésta la lección que el Hijo de Dios debe enseñar si es que ha de alcanzar su propia salvación. Enseña más bien tu perfecta inmunidad, que es la verdad acerca de ti, y date cuenta de que no puede ser atacada. No trates de protegerla, pues, de lo contrario, creerás que es susceptible de ser atacada. No se te pide ser crucificado, lo cual fue parte de lo que yo aporté como maestro. Se te pide únicamente que sigas mi ejemplo cuando te asalten tentaciones mucho menos extremas de percibir falsamente, y que no las aceptes como falsas justificacio­nes para desatar tu ira. No puede haber justificación para lo injustificable. No creas que la hay, ni enseñes que la hay. Recuerda siempre que enseñas lo que crees. Cree lo mismo que yo, y llegaremos a ser maestros de igual calibre.

Tu resurrección es tu redespertar. Yo soy el modelo del renaci­miento, pero el renacimiento en sí no es más que el despuntar en la mente de lo que ya se encuentra en ella. Dios Mismo lo puso allí, y, por lo tanto, es cierto para siempre. Yo creí en ello, y, por consiguiente, lo acepté como la verdad. Ayúdame a enseñárselo a nuestros hermanos en nombre del Reino de Dios, pero cree pri­mero que es verdad, pues, de lo contrario, enseñarás mal. Mis hermanos se quedaron dormidos durante la supuesta "agonía del huerto", pero yo no pude haberme indignado con ellos porque sabía que no podía ser abandonado.

Lamento cuando mis hermanos no comparten mi decisión de oír solamente una Voz, pues eso los debilita como maestros y como alumnos. Con todo, sé que no pueden realmente traicio­narse a sí mismos ni traicionarme a mí, y que sobre ellos es donde todavía tengo que edificar mi iglesia. No hay ninguna otra alter­nativa al respecto porque únicamente tú puedes ser la roca de la iglesia de Dios. Allí donde hay un altar hay una iglesia, y la pre­sencia del altar es lo que hace que la iglesia sea santa. La iglesia que no inspira amor, tiene un altar oculto que no está sirviendo al propósito para el que Dios lo destinó. Tengo que edificar Su igle­sia sobre ti porque quienes me aceptan como modelo son literal­mente mis discípulos. Los discípulos son seguidores, y  si el modelo que siguen ha elegido evitarles dolor en relación con todo, serían ciertamente insensatos si no lo siguiesen.

Elegí, por tu bien y por el mío, demostrar que el ataque más atroz, a juicio del ego, es irrelevante. Tal como el mundo juzga estas cosas, mas no como Dios sabe que son, fui traicionado, aban­donado, golpeado, atormentado y, finalmente, asesinado. Está claro que ello se debió únicamente a las proyecciones de otros sobre mí, ya que yo no le había hecho daño a nadie y había curado a muchos.

Seguimos gozando de perfecta igualdad como alumnos, aun­que no es necesario que tengamos las mismas experiencias. El Espíritu Santo se regocija cuando puedes aprender de las mías y valerte de ellas para volver a despertar. Ése es su único propó­sito y ésa es la única manera en que yo puedo ser percibido como el camino, la verdad y la vida. Oír una sola voz nunca implica sacrificio. Por el contrario, si eres capaz de oír al Espíritu Santo en otros, puedes aprender de sus experiencias y beneficiarte de ellas sin tener que experimentarlas directamente tú mismo. Eso se debe a que el Espíritu Santo es uno, y todo aquel que le escucha es conducido inevitablemente a demostrar Su camino para todos.

Nadie te está persiguiendo, del mismo modo en que nadie me persiguió a mí. No se te pide que repitas mis experiencias, pues el Espíritu Santo, a Quien compartimos, hace que eso sea innecesa­rio. Para valerte de mis experiencias de manera constructiva, no obstante, tienes aún que seguir mi ejemplo con respecto a cómo percibirlas. Mis hermanos, que son también tus hermanos, están constantemente justificando lo injustificable. La única lección que tengo que enseñar, puesto que la aprendí, es que ninguna percep­ción que esté en desacuerdo con el juicio del Espíritu Santo está jamás justificada. Mi función consistió en mostrar que esto es ver­dad en un caso extremo, simplemente para que pudiese servir como un instrumento de enseñanza ejemplar para aquellos que, en situaciones no tan extremas, sienten la tentación de abandonarse a la ira y al ataque. Mi voluntad, junto con la de Dios, es que ninguno de Sus Hijos sufra.

La crucifixión no puede ser compartida porque es el símbolo de la proyección, pero la resurrección es el símbolo del compar­tir, ya que para que la Filiación pueda conocer su plenitud, es necesario que cada uno de los Hijos de Dios experimente un re­despertar. Sólo esto es conocimiento.

El mensaje de la crucifixión es inequívoco:

Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres.

Si interpretas la crucifixión de cualquier otra forma, la estarás usando como un arma de ataque en vez de como la llamada a la paz para la que se concibió. Con frecuencia, los Apóstoles la interpretaron erróneamente, por la misma razón que otros lo hacen. Su propio amor imperfecto les hizo ser vulnerables a la proyección, y, como resultado de su propio miedo, hablaron de la "ira de Dios" como el arma de represalia de Éste. No pudieron hablar de la crucifixión enteramente sin ira porque sus propios sentimientos de culpabilidad habían hecho que se sintiesen indig­nados.

Éstos son algunos de los ejemplos de pensamiento tergiver­sado del Nuevo Testamento, si bien su evangelio es, en realidad, únicamente el mensaje del amor. Si los Apóstoles no se hubieran sentido culpables, nunca me habrían podido atribuir expresiones tales como: "No he venido a sembrar paz, sino espadas". Esto está en clara oposición a todas mis enseñanzas. De haberme entendido realmente, no podrían haber descrito tampoco mi reacción a Judas como lo hicieron. Yo no pude haber dicho: "¿Traicionas al Hijo del Hombre con un beso?" a no ser que hubiese creído en la traición. El mensaje de la crucifixión fue precisamente que yo no creía en la traición. El "castigo" que se dijo infligí a Judas fue un error similar. Judas era mi hermano y un Hijo de Dios, tan miembro de la Filiación como yo. ¿Cómo iba a condenarlo cuando estaba listo para probar que condenar es imposible?

Cuando leas las enseñanzas de los Apóstoles, recuerda que les dije que había muchas cosas que ellos no entenderían hasta más tarde porque en aquel entonces aún no estaban completamente listos para seguirme. No quiero que dejes que se infiltre ningún vestigio de miedo en el sistema de pensamiento hacia el que te estoy guiando. No ando en busca de mártires sino de maestros. Nadie es castigado por sus pecados, y los Hijos de Dios no son pecadores. Cualquier concepto de castigo significa que estás proyectando la responsabilidad de la culpa sobre otro, y ello refuerza la idea de que está justificado culpar. El resultado es una lección acerca de cómo culpar, pues todo comportamiento enseña las creencias que lo motivan. La crucifixión fue el resul­tado de dos sistemas de pensamiento claramente opuestos entre sí: el símbolo perfecto del "conflicto" entre el ego y el Hijo de Dios. Este conflicto parece ser igualmente real ahora, y lo que enseña tiene que aprenderse ahora tal como se tuvo que aprender entonces.

Yo no necesito gratitud, pero tú necesitas desarrollar tu mer­mada capacidad de estar agradecido, o no podrás apreciar a Dios. Él no necesita que lo aprecies, pero sí. No se puede amar lo que no se aprecia, pues el miedo hace que sea imposible apreciar nada. Cuando tienes miedo de lo que eres no lo apre­cias, y, por lo tanto, lo rechazas. 5Como resultado de ello, enseñas rechazo.

El poder de los Hijos de Dios está presente todo el tiempo porque fueron creados para ser creadores. La influencia que ejercen unos sobre otros es ilimitada, y tiene que usarse para su salvación conjunta. Cada uno de ellos tiene que aprender a ense­ñar que ninguna forma de rechazo tiene sentido. La separación es la noción del rechazo. Mientras sigas enseñando esto lo segui­rás creyendo. No es así como Dios piensa, y tú tienes que pensar como Él si es que has de volver a conocerlo.

Recuerda que el Espíritu Santo es el vínculo de comunicación entre Dios el Padre y Sus Hijos separados. Si escuchases Su Voz sabrías que tú no puedes herir ni ser herido, y que son muchos los que necesitan tu bendición para poder oír esto por sí mismos. Cuando sólo percibas esa necesidad en ellos, y no respondas a ninguna otra, habrás aprendido de mí y estarás tan deseoso de compartir lo que has aprendido como lo estoy yo”. (T-26.I.1:19)

A diferencia como creen los seguidores de la fe cristiana, la crucifixión no jugó ningún papel en la Expiación. Sólo la resurrección lo hizo y esa fue la contribución de nuestro hermano Jesús. Debemos ver en la resurrección el símbolo de la liberación de la culpabilidad por medio de la inocencia.

La resurrección es el triunfo definitivo de Cristo sobre el ego, no atacándolo sino transcendiéndolo. Pues Cristo ciertamente se eleva por encima del ego y de todas sus "obras"; y asciende hasta el Padre y Su Reino. ¿Qué prefieres, unirte a la resurrección o a la crucifixión? ¿Condenar a tus hermanos o liberarlos? ¿Te gustaría trascen­der tu prisión y ascender hasta el Padre?

Este mundo es la imagen de la crucifixión del Hijo de Dios. Y hasta que no nos demos cuenta de que el Hijo de Dios no puede ser crucificado, éste será el mundo que veremos. No podremos compren­der esto, no obstante, hasta que no aceptemos el hecho eterno de que el Hijo de Dios no es culpable. Él sólo merece amor porque sólo ha dado amor. No se le puede condenar porque él nunca ha con­denado. La Expiación es la última lección que necesita aprender, pues le enseña que puesto que nunca pecó, no tiene necesidad de salvación.