viernes, 28 de febrero de 2025

Capítulo 18. IX. Los dos mundos (2ª parte).

IX. Los dos mundos (2ª parte).

4. El círculo de temor yace justo debajo del nivel que los ojos del cuerpo perciben, y aparenta ser la base sobre la que el mundo descansa. 2Ahí se encuentran todas las ilusiones, todos los pensa­mientos distorsionados, todos los ataques dementes, la furia, la venganza y la traición que se concibieron con el propósito de conservar la culpabilidad, de modo que el mundo pudiese alzarse desde ella y mantenerla oculta. 3Su sombra se eleva hasta la superficie lo suficiente como para conservar sus manifestacio­nes más externas en la oscuridad, y para causarles desespera­ción y mantenerlas en la soledad y en la más profunda tristeza. 4Su intensidad, no obstante, está velada tras pesados cortinajes, y se mantiene aparte de lo que se concibió para ocultarla. 5El cuerpo es incapaz de ver esto, pues surgió de ello para ofrecerle protección, la cual depende de que eso no se vea. 6Los ojos del cuerpo nunca lo verán. 7Pero verán lo que dicta.

El Ser Espiritual que somos, el Hijo de Dios, ha sido creado a imagen y semejanza de Su Creador, con quien comparte el vínculo eterno de la Unidad. Su esencia es Luz y Amor y su identidad es verdadera y real. Por tal motivo no está sujeto al cambio. Es inalterable e inmutable. Perfecto como Su Padre es Perfecto. Su poder es semejante al de Su Padre, pues así ha sido creado.

El uso de ese "poder" lo hace libre para crear, pero también lo hace libre para fabricar, es decir, para imaginar una ficticia realidad sujeta a las leyes de la temporalidad y el cambio.

Ese acto de imaginación le lleva a creer imágenes ilusorias de sí mismo. Sucumbir a la "tentación" del deseo (simbolizada por la tentadora serpiente) le llevó a ver de otra manera, lo que propició una visión basada en su imaginación que le llevó a la creencia de que fue "expulsado" del "paraíso" (símbolo de la unidad). Dicha creencia dio lugar al miedo y a la culpa. En esa visión distorsionada dejó de sintonizar la frecuencia de luz para entrar en un estado de soñoliencia del que aún no ha despertado.

El peso de la culpa, junto al miedo, nubla la visión verdadera y lo mantiene prisionero de la percepción errada. La mente dejó de servir al Amor para ser sierva del miedo.

5. El cuerpo seguirá siendo el mensajero de la culpabilidad y actuará tal como ella le dicte mientras tú sigas creyendo que la culpabilidad es real. 2Pues la supuesta realidad de la culpabili­dad es la ilusión que hace que ésta parezca ser algo denso, opaco e impenetrable, y la verdadera base del sistema de pensamiento del ego. 3Su delgadez y transparencia no se vuelven evidentes hasta que ves la luz que yace tras ella. 4Y ahí, ante la luz, la ves como el frágil velo que es.

Sentirse culpable por haber transgredido la Voluntad de Dios dio lugar a pensamientos de temor y a ver a su Creador como un ser vengativo y despiadado. Ocultar lo que interpretó como su pecado le llevó igualmente a ocultar su culpa. Ese temor es una sombra que cobija en su mente y que, cuando es analizada desde la luz de la verdad, se difumina, pues no es más que el fruto de un acto imaginativo de lo que nunca ocurrió.

La pregunta que debemos hacernos es simple de entender y de contestar: ¿Qué padre que crea a su hijo en un acto de amor lo castigaría por sus errores? El castigo nunca puede ser un acto de amor, así como las tinieblas no pueden ser confundidas con la luz. ¿No es más inteligente pensar que ese padre mostrará su rostro amoroso para invitar a su hijo a ver de otra manera aquello que ha malinterpretado? Siendo así, ¿cómo vamos a continuar culpándonos y culpando a Dios de nuestras desgracias?

6. Esta barrera tan aparentemente sólida, y ese falso suelo que parece una roca, es como un banco de nubes negras que flotan muy cerca de la superficie, dando la impresión de ser una sólida muralla ante el sol. 2Su apariencia impenetrable no es más que una ilusión. 3Cede mansamente ante las cumbres que se elevan por encima de ella, y no tiene ningún poder para detener a nadie que quiera ascender por encima de ella y ver el sol. 4Esta apa­rente muralla no es lo suficientemente fuerte como para detener la caída de un botón o para sostener una pluma. 5Nada puede descansar sobre ella, pues no es sino una base ilusoria. 6Trata de tocarla y desaparece; intenta asirla y tus manos no agarran nada.

En este punto, Jesús pone especial énfasis en hacernos comprender que la ilusión de la culpa y el miedo es un pensamiento muy frágil, a pesar de su rocosa apariencia cuando lo imaginamos desde el temor y la vergüenza.

Podemos comprobar la fragilidad del miedo cuando lo llevamos ante la presencia del amor. Así como la oscuridad se difumina y desaparece cuando encendemos la luz, el miedo nos muestra su verdadera esencia cuando lo miramos desde el amor. El amor es nuestra esencia verdadera y se convierte en nuestra fortaleza cuando lo expandimos a través de nuestra mente, compartiéndolo con los demás.

jueves, 27 de febrero de 2025

Capítulo 18. IX. Los dos mundos (1ª parte).

IX. Los dos mundos (1ª parte).

1.   Se te ha dicho que lleves la oscuridad a la luz, y la culpabili­dad a la santidad. 2Se te ha dicho también que el error tiene que ser corregido allí donde se originó. 3Lo que el Espíritu Santo necesita, por lo tanto, es esa diminuta parte de ti, el insignificante pensamiento que parece estar separado y desconectado. 4El resto está completamente al cuidado de Dios y no necesita guía. 5Pero ese pensamiento descabellado e ilusorio necesita ayuda porque, en su demencia, cree que él es el Hijo de Dios, completo en sí mismo y omnipotente, único gobernante del reino que estableció aparte para forzarlo, mediante la locura, a la obediencia y a la esclavitud. 6Ésa es la pequeña parte que crees haberle robado al Cielo. 7¡Devuélvesela! 8El Cielo no la ha perdido, pero tú has per­dido de vista al Cielo. 9Deja que el Espíritu Santo la saque del desolado reino donde tú la confinaste, rodeada de tinieblas, pro­tegida por el ataque y reforzada por el odio. 10Dentro de sus barricadas todavía se encuentra un diminuto segmento del Hijo de Dios, completo y santo, sereno y ajeno a lo que tú crees que le rodea.

El pensamiento sigue a su fuente. La fuente de donde emana toda creación es la Voluntad, el Amor y la Inteligencia. Esos tres Principios no están separados, sino que forman la unidad de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo pensamiento creador sigue la estela de esos tres Principios. Esos tres Principios se manifiestan bajo la Ley del Libre Albedrío, pues están más allá de cualquier límite imaginable.

La unidad de la que gozan esos tres Principios establece la dirección correcta para expandir la creación. La Voluntad debe unirse al Amor para crear inteligentemente, es decir, para crear desde la Unidad. Cuando la voluntad no se une al amor, la mente nos muestra una visión distorsionada de la unidad, lo que se traduce en una visión carente de amor y, por lo tanto, una visión ilusoria de la verdad.

La dirección del uso de la voluntad nos lleva, bien a crear la verdad o bien a fabricar la ilusión. La diferencia entre ambas radica en que, mientras la verdad es eterna, la ilusión es temporal, o lo que es lo mismo, es irreal.

Este punto nos invita con su enseñanza a que redirijamos nuestra voluntad y la pongamos al servicio del amor. Con ello estaríamos haciendo la Voluntad de nuestro Padre, es decir, estaríamos creando desde la unidad.

2. No te mantengas separado, pues Aquel que sí lo rodea te ha brindado la unión, y ha llevado tu minúscula ofrenda de oscuri­dad a la luz eterna. 2¿Cómo se logra eso? 3Muy fácilmente, pues está basado en lo que ese mísero reino realmente es. 4El árido desierto, las tinieblas y la falta de vida, sólo se ven a través de los ojos del cuerpo. 5La desolada visión que éstos te ofrecen está dis­torsionada, y los mensajes que te transmiten a ti que la inventaste para poner límites a tu conciencia son insignificantes y limitados, y están tan fragmentados que no tienen sentido.

Identificamos la visión como la capacidad que tienen los ojos físicos para percibir lo externo. Sin embargo, la verdadera visión no se encuentra en la capacidad de nuestros ojos físicos, sino en nuestra mente. Es posible que esta afirmación nos invite a reflexionar sobre esta cuestión. Si lo hacemos y ponemos en práctica su mensaje, no tendremos más remedio que confirmar su certeza.

Observemos cualquier objeto que se encuentre ante nuestros ojos. Elijo un objeto para desarrollar este ejercicio. En estos momentos, estoy frente a la pantalla del ordenador. Lo sé porque mis ojos me lo están mostrando y no he podido confundirlo con otro objeto, como por ejemplo la taza de café que se encuentra justamente a su lado. No tengo dudas, nos diremos, pues sé distinguir lo que mis ojos me están mostrando. Pienso que la pantalla es una pantalla y que la taza es una taza porque me lo muestran mis ojos. Sin embargo, el significado de ambos objetos es identificable porque en mi mente se encuentra la información adquirida en un pasado sobre sus significados. ¿Pero podemos decir que el verdadero significado de esos objetos es el que nosotros pensamos que es?

Si elegimos ver al otro desde nuestra visión corporal, lo que haremos será decidir verlo como nosotros creemos que es, no como en realidad es. Lo juzgamos por su apariencia externa y decidimos proyectar sobre él toda la culpabilidad que atesoramos en nuestro interior y que no estamos dispuestos a aceptar. De este modo, el cuerpo se convierte en la barrera que ponemos entre nosotros y la salvación, la cual tan solo puede ser real cuando decidimos ver a nuestros hermanos desde la unidad.

3. Parece como si desde el mundo de los cuerpos, al que la demencia dio lugar, se le devolvieran a la mente que lo concibió mensajes descabellados. 2Y esos mensajes dan testimonio de dicho mundo, y lo proclaman real. 3Pues tú enviaste a esos mensajeros para que te trajesen esos mensajes. 4De lo único que dichos mensa­jes te hablan es de cosas externas. 5No hay mensaje que hable de lo que está subyacente, pues el cuerpo no podría hablar de ello. 6Sus ojos no lo pueden percibir; sus sentidos siguen siendo completa­mente inconscientes de ello y su lengua no puede transmitir sus mensajes. 7Pero Dios puede llevarte hasta allí, si estás dispuesto a seguir al Espíritu Santo a través del aparente terror, confiando en que Él no te abandonará ni te dejará allí. 8Pues Su propósito no es atemorizarte, aunque el tuyo lo sea. 9Te sientes seriamente tentado de abandonar al Espíritu Santo al primer roce con el anillo de temor, pero Él te conducirá sano y salvo a través del temor y más allá de él.

El término "demencia" que utiliza Jesús en este apartado, así como en otros del Curso, puede ser interpretado por muchos de nosotros como inapropiado al pensar que se está realizando un juicio en los términos propios del ego. Si así lo estamos interpretando, deberíamos sopesar que el significado etimológico de dicho término procede del latín dementis, que se traduce en "el que se sale de su mente", o lo que es lo mismo, que no utiliza su mente bajo el Principio de la Inteligencia Divina, la cual expresa la verdad de la unidad.

Por lo tanto, el término demente no es un juicio condenatorio del uso de la mente, sino la comprensión del uso de la voluntad en una dirección errónea que la conduce al encuentro con una realidad imaginada que da lugar a la creencia en la separación.

El pensamiento es demente cuando nos lleva a la creencia en la separación o, lo que es lo mismo, cuando nos lleva a identificarnos con el cuerpo y con la conciencia perceptiva. 

miércoles, 26 de febrero de 2025

Capítulo 18. VIII. El pequeño jardín (4ª parte).

VIII. El pequeño jardín (4ª parte).

10Sal a su encuentro, pues traen a tu Ser consigo. 2condúcelos dulcemente a tu plácido jardín, y recibe allí su bendición. 3De este modo, tu jardín crecerá y se extenderá a través del desierto, y no dejará afuera ni un solo mísero reino excluido del amor, dejándote a ti adentro. 4Y tú te reconocerás a ti mismo, y verás tu pequeño jardín transformarse dulcemente en el Reino de los Cielos con todo el amor de su Creador resplandeciendo sobre él.

Cuando miremos al exterior, no percibamos al otro separado de nosotros, diferente a nosotros; no lo juzguemos como a un adversario que pretende apoderarse de aquello que poseemos. Por encima de todo, verlo de otra manera, sin juicios, y pídele al Espíritu Santo que te muestre su verdadero significado, su verdadero propósito, su verdadera identidad. Piensa que no puede ser distinto a ti. No te dejes confundir por las diferencias de su ropaje físico cuando lo ves como un cuerpo. Que tu mirada perciba los rayos de luz que une tu mente a la suya. Comprobarás que esa luz se une asimismo a la Fuente Creadora de la cual procedemos. Dale la bienvenida desde tu corazón y el amor que emana de este hará el resto.

11. El instante santo es la invitación que le haces al amor para que entre en tu desolado y pesaroso reino y lo transforme en un jar­dín de paz y de bienvenida. 2La respuesta del amor no se hace esperar. 3Llegará porque tú viniste sin el cuerpo y no interpusiste barrera alguna que pudiese obstaculizar su feliz llegada. 4En el instante santo, le pides al amor únicamente lo que él ofrece a todos, ni más ni menos. 5al pedirlo todo, recibirás todo. 6tu radiante Ser elevará el ínfimo aspecto que trataste de ocultar del Cielo, directamente hasta éste. 7Ninguna parte del amor puede invocar al todo en vano. 8Ningún Hijo de Dios se encuentra excluido de Su Paternidad.

El feliz y glorioso encuentro que se produce en el instante santo es una expresión de júbilo en el que el amor triunfa sobre el miedo; donde la unidad transforma la creencia en la separación; donde la relación especial se libera de la culpa y se consolida en una relación santa; donde lo real sustituye a lo ilusorio; donde lo eterno trasciende lo temporal y donde todas las lenguas se unifican en una sola.

12. Puedes estar seguro de esto: el amor ha entrado a formar parte de tu relación especial, y ha entrado de lleno en respuesta a tu vacilante solicitud. 2Tú no te das cuenta de que ha llegado porque aún no has levantado todas las barreras que construiste contra tu hermano. 3Y ninguno de vosotros será capaz de darle la bienve­nida al amor por separado. 4Es tan imposible que tú puedas conocer a Dios solo como que Él pueda conocerte a ti sin tu her­mano. 5Mas juntos no podríais dejar de ser conscientes del amor, del mismo modo en que el amor no podría no conoceros ni dejar de reconocerse a sí mismo en vosotros.

Toda relación especial tendrá un final feliz, pues el amor siempre vence al miedo y a la culpa. Ese final dará lugar a la relación santa en la cual se recuerda el pacto de amor que la humanidad selló en el Cielo en nombre de la Unidad. 

Como bien recoge este punto, el amor es cosa de dos, entendiendo con ello que el amor no se alcanza por separado. Igualmente, la ausencia de amor hará imposible que podamos conocer por nuestra cuenta la naturaleza de Dios, tan imposible como que Él pueda conocerte a ti sin tu hermano.

13.  Has llegado al final de una jornada ancestral, y aún no te has dado cuenta de que ya concluyó. 2Todavía estás exhausto, y el polvo del desierto aún parece empañar tus ojos y cegarte. 3Pero Aquel a Quien has dado la bienvenida ha venido a ti y quiere darte la bienvenida. 4Ha estado esperando mucho tiempo para hacer eso. 5Recíbela de Él ahora, pues Su Voluntad es que lo conozcas. 6Sólo un pequeño muro de polvo se interpone todavía entre tu hermano y tú. 7Sóplalo ligeramente con gran alborozo y verás cómo desaparece. 8Y entrad en el jardín que el amor ha preparado para vosotros dos. 

Tengo la sensación de que he llegado al final de una larga jornada, en la que he permanecido perdido, desorientado, buscando metas inalcanzables, no porque no tuviese fuerzas para ello, sino porque no eran reales. Me siento muy cansado, agotado y deshecho. El miedo consume la energía y juzgar consume la luz del pensamiento. He olvidado mi procedencia y he viajado por todos los confines de la tierra buscando mi origen, mi identidad, mi verdadero hogar.

Toda jornada tiene su final y todo sueño su despertar. Hoy lo sé, porque tengo la certeza de que he llegado al final del camino. Hoy sé que el camino soy yo mismo y que la verdad que buscaba se encuentra en mi interior. 

Hoy me enfrento al juicio final, porque sé que será el final de los juicios. Hoy descubro que no hay nada ni nadie a quien culpar, pues no hay pecado que purgar, ni condenar.

Hoy me libero del miedo, pues al mirar fuera de mí me reconozco en la mente de mi hermano y juntos hemos recordado el pacto de amor que nos une a la Fuente que nos ha creado.

Te doy la bienvenida, hermano, a mi pequeño jardín. En él podremos celebrar nuestra unión en honor a la Unicidad que reina en el Cielo.

martes, 25 de febrero de 2025

Capítulo 18. VIII. El pequeño jardín (3ª parte).

VIII. El pequeño jardín (3ª parte).

7. No aceptes ese nimio y aislado aspecto como tu identidad. 2El sol y el océano no son nada en comparación con lo que tú eres. 3El rayo refulge sólo a la luz del sol, y la ola ondula mientras des­cansa sobre el océano. 4Pero ni en el sol ni en el océano se encuen­tra el poder que mora en ti. 5¿Preferirías permanecer dentro de tu mísero reino, y seguir siendo un triste rey, un amargado gober­nante de todo lo que contempla, que aunque no ve nada está dispuesto a dar la vida por ello? 6Este pequeño yo no es tu reino. 7Elevado como un arco muy por encima de él y rodeándolo con amor se encuentra la gloriosa totalidad, la cual ofrece toda su felicidad y profunda satisfacción a todas sus partes. 8El pequeño aspecto que piensas haber aislado no es una excepción.

La densidad propia del mundo tridimensional, del mundo temporal y perceptivo, hace que sea limitado y que muestre un mundo separado. En la medida en que decidamos por encima de todo ver las cosas de otra manera, estamos pidiendo al Espíritu Santo que nos ofrezca la Expiación y nos permita corregir el error que nos lleva a percibir bajo la creencia en la separación.

Ese propósito de ver las cosas de otra manera es la disposición necesaria para que nuestro verdadero Ser tome las riendas de nuestra existencia, propiciando que la verdadera visión de la grandiosidad del Espíritu nos muestre la Luz con la que ha sido creado. Esa Luz no tiene límites y nos mantiene unidos en la Obra Creadora del Padre, la Filiación.

8El amor no sabe nada de cuerpos y se extiende a todo lo que ha sido creado como él mismo. 2Su absoluta falta de límites es su significado. 3Es completamente imparcial en su dar, y abarca todo únicamente a fin de conservar y mantener intacto lo que desea dar. 4¡Cuán poco te ofrece tu mísero reino! 5¿No es allí, entonces, donde le deberías pedir al amor que entre? 6Contempla el desier­to -árido y estéril, calcinado y triste- que constituye tu mísero reino. 7Y reconoce la vida y la alegría que el amor le llevaría pro­cedente de donde él viene y adonde quiere retornar contigo.

El amor no sabe nada de cuerpos porque su realidad es la unicidad, mientras que el cuerpo es el símbolo de la separación. Cuando las enseñanzas del Curso nos dicen que el cuerpo no existe, no es real, lo que nos está describiendo es el verdadero significado de los términos "existir" y "real"; este es que no cambian, que son eternos, a diferencia del cuerpo que está sujeto a las leyes del ego, a las leyes de la temporalidad.

Poner nuestra atención en el cuerpo es como construir un edificio cuyos pilares son efímeros y pretender que perdure en el tiempo, cuando está llamado a su destrucción.

Pongamos toda nuestra atención en el amor y nuestros pensamientos relucirán como rayos de luz que, en unión con otras luces, crearán un mundo resplandeciente, donde todos juntos gozaremos de la Paz, de la Dicha y de la Felicidad que Dios comparte con Su Hijo.

9. El Pensamiento de Dios rodea tu mísero reino y espera ante la barrera que construiste, deseoso de entrar y de derramar su luz sobre el terreno yermo. 2¡Mira cómo brota la vida por todas par­tes! 3El desierto se convierte en un jardín lleno de verdor, fértil y plácido, ofreciendo descanso a todos los que se han extraviado y vagan en el polvo. 4Ofréceles este lugar de refugio, que el amor preparó para ellos allí donde antes había un desierto. 5Y todo aquel a quien le des la bienvenida te brindará el amor del Cielo. 6Entran de uno en uno en ese santo lugar, pero no se marchan solos, que fue como vinieron. 7El amor que trajeron consigo les acompañará siempre, al igual que a ti. 8Y bajo su beneficencia tu pequeño jardín crecerá y acogerá a todos los que tienen sed de agua viva, pero están demasiado exhaustos para poder seguir adelante solos.

El cuerpo está sediento de deseos y pasiones. Por muchos intentos de satisfacer esa inagotable sed, no consigue saciarla, pues el poder del deseo es insaciable cuando su único propósito es servir al egoísmo y a la soledad. El deseo confunde el amor con la necesidad de ser amado. El deseo no sabe cómo dar, tan solo busca recibir. Lo que no entiende es que para recibir hay que dar y que cada uno da lo que tiene, es decir, si no das, no recibes y si no sabes lo que tienes, no das, por lo que tampoco recibirás.

Pero cuando nos saciamos con las aguas vivas, símbolo de la fuerza eterna del amor, entonces sabremos lo que tenemos, pues lo que tenemos es lo que somos. Conociendo lo que somos, amor, daremos amor y ese acto de expansión nos permitirá conservar lo que damos, pues si damos lo que somos, jamás lo perderemos.

lunes, 24 de febrero de 2025

Capítulo 18. VIII. El pequeño jardín (2ª parte).

VIII. El pequeño jardín (2ª parte).

4. Mas ni el sol ni el océano se dan cuenta de toda esta absurda e insensata actividad. 2Ellos sencillamente continúan existiendo, sin saber que son temidos y odiados por un ínfimo fragmento de sí mismos. 3Aun así, no han perdido conciencia de ese segmento, pues éste no podría subsistir separado de ellos. 4lo que piensa que es, no cambia en modo alguno su total dependencia de ellos para su propia existencia, 5toda vez que ésta radica en ellos. 6Sin el sol el rayo desaparecería, y sin el océano la ola sería inconcebi­ble.


El pensamiento errado ha dado lugar a la creencia en la separación y a la identidad de la dimensión temporal, cuyo emblema principal es el cuerpo. El cuerpo atiende a las leyes del sistema de pensamiento del ego, lo que le lleva a negar que su identidad no sea otra que la que percibe, negando cualquier otra posibilidad, como por ejemplo que sea el efecto de un pensamiento errado.

Este punto utiliza el símil del sol y el océano para hacernos comprender su similitud con el Ser Espiritual. En este sentido, el rayo de sol, así como la ola del océano, se comportan al igual que el cuerpo con respecto al pensamiento, pues todos ellos se creen separados de su origen.

5. Tal es la extraña situación en la que parecen hallarse aquellos que viven en un mundo habitado por cuerpos. 2Cada cuerpo parece ser el albergue de una mente separada, de un pensa­miento desconectado del resto, que vive solo y que de ningún modo está unido al Pensamiento mediante el cual fue creado. 3Cada diminuto fragmento parece ser autónomo, y necesitar a otros para algunas cosas, pero sin ser en modo alguno completa­mente dependiente para todo de su único Creador, ya que nece­sita la totalidad para poder tener algún significado, pues por sí solo no significa nada. 4Ni tampoco puede tener una vida aparte e independiente.

El origen de nuestra actual ignorancia, de nuestra identificación con el envoltorio material, con el cuerpo, es la creencia en la separación. Es lo que hemos llamado en lo descrito anteriormente como una desconexión de frecuencia lo que nos impide reconocer con nitidez el mensaje que transmite el Pensamiento Creador, llevándonos a imaginar el contenido de dicho mensaje, el cual no conseguimos interpretar con nitidez.

Nos decimos que creemos en Dios, pero lo invocamos tan solo para que medie a nuestro favor cuando pretendemos satisfacer nuestros deseos. Lo invocamos para que nos sane, para que nos aporte felicidad y paz, para que nuestro equipo de futbol gane a su rival, para triunfar en nuestras guerras y vencer a nuestros enemigos. Y así, hasta agotar el libro de nuestros dementes y egoístas deseos.

A Dios le adscribimos el poder para hacernos el bien y el mal. Lo concebimos como piadoso, pero al mismo tiempo vengativo. Es por ello que, en nuestra ignorancia, elevamos nuestras súplicas para que interfiera en favor de nuestra salvación y, en calidad de juez, condene a nuestro prójimo, el mismo que nos ataca y amenaza. 

También los erigimos como Dios Único y Verdadero, y le pedimos que asole con su magnanimidad la presencia de otros dioses que parecen competir con nuestra ideología.

Podemos decir que creemos más en que Dios está hecho a nuestra imagen y semejanza que en la verdadera realidad, que hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza.

6. Al igual que el sol y el océano tu Ser continúa existiendo, sin darse cuenta de que ese minúsculo fragmento se considera a sí mismo ser tú. 2No es que esté ausente, pues no podría existir si estuviese separado, ni el todo del que forma parte estaría com­pleto sin él. 3No es un reino aparte, regido por la idea de que está separado del resto. 4Ni tampoco está rodeado de una cerca que le impide unirse al resto, o que lo mantiene separado de su Crea­dor. 5Este pequeño aspecto no es diferente de la totalidad, ya que hay continuidad entre ambos y es uno con ella. 6No vive una vida separada, pues su vida es la unicidad en la que su ser fue creado.

Así es. No somos conscientes de que, a pesar de nuestra demencial ignorancia, de nuestro total desconocimiento de lo que realmente somos, nuestra verdadera esencia está en conexión con la Fuente de la cual hemos emanado. Sin esa unión, la existencia no sería posible.

El despertar abrirá nuestros ojos a la realidad del Todo de la cual formamos parte. Nos hará conscientes de que todas las mentes son una con la de Dios y recordaremos la frecuencia con la que debemos conectar para sintonizar la Voz Una que nos hace ser la Filiación Divina. En ese estado de conciencia, la función del cuerpo ya no será necesaria y el nivel perceptivo dará lugar a un nivel diferente de manifestación.

viernes, 21 de febrero de 2025

Capítulo 18. VIII. El pequeño jardín (1ª parte).

VIII. El pequeño jardín (1ª parte).

1. Estar consciente del cuerpo es lo único que hace que el amor parezca limitado, 2pues el cuerpo es un límite que se le impone al amor. 3La creencia en un amor limitado fue lo que dio origen al cuerpo, que fue concebido para limitar lo ilimitado. 4No creas que esto es algo meramente alegórico, pues el cuerpo fue concebido para limitarte a ti. 5¿Cómo podrías tú, que te ves a ti mismo dentro de un cuerpo, saber que eres una idea? 6 Identificas todo lo que reconoces con cosas externas, con algo externo a ello mismo. 7Ni siquiera puedes pensar en Dios sin imaginártelo en un cuerpo, o en alguna forma que creas reconocer.

Merece la pena reflexionar sobre el contenido de este punto, pues nos hace una invitación a reconocer nuestra verdadera identidad, nuestra verdadera realidad. En estos momentos en los que estoy escribiendo estas líneas, trato de tomar consciencia de quién es el que las escribe. Observo el movimiento de los dedos que, de una manera inteligente, pulsan las letras adecuadas para que el contenido de cada frase sea el que mi mente está dictándole a mi cerebro para que sea éste el que dé la orden a mis manos para que realicen el acto de escribir. Todo parece sincronizado, me atrevería a decir mágico, pues en verdad no tengo ni idea de cómo se lleva a cabo este maravilloso hecho.

Si alguien me dice que no es mi cerebro el que escribe, sino que es mi ser espiritual el que está creando a través de la mente esta realidad que percibo, tendría que tomarme un respiro para poder integrar tal afirmación en mi sistema de pensamiento, sencillamente, pues cuando miro, lo que veo es mi cuerpo actuando al servicio de las instrucciones de un cerebro que almacena en mi cabeza el aprendizaje recibido en otro tiempo pasado.

Sin embargo, si callo los pensamientos que me argumentan en contenido de lo que percibo y soy capaz de mirar con ojos nuevos, con una búsqueda sincera por conocer de dónde proceden las ideas que estoy transcribiendo, descubro que no soy consciente del contenido del mensaje que estoy compartiendo en estos momentos. De mi mente fluyen a raudales ideas que no forman parte de mis creencias adquiridas, sino que utilizan mi mente para expresarse y manifestarse a mi conciencia. La sensación de libertad que percibo cuando estoy escribiendo, cuando mi mente se pone al servicio de algo trascendente, es inmensa. El tiempo parece colapsarse y me siento como parte de un todo que me envuelve, aportándome la certeza de que estoy permanentemente ante una presencia que me aporta una nueva identidad.

2. El cuerpo es incapaz de saber nada. 2Y mientras limites tu con­ciencia a sus insignificantes sentidos, no podrás ver la grandeza que te rodea. 3Dios no puede hacer acto de presencia en un cuerpo ni tú puedes unirte a Él ahí. 4Todo límite que se le imponga al amor parecerá siempre excluir a Dios y mantenerte a ti separado de Él. 5El cuerpo es una diminuta cerca que rodea a una pequeña parte de una idea que es completa y gloriosa. 6El cuerpo traza un círculo, infinitamente pequeño, alrededor de un minúsculo segmento del Cielo, lo separa del resto, y proclama que tu reino se encuentra dentro de él, donde Dios no puede hacer acto de pre­sencia.

En la experiencia compartida en el punto anterior, el cuerpo juega un papel de mediador. El cerebro no es creador, es un receptor que recibe las señales procedentes de la mente, la cual enfoca la voluntad procedente del Ser Espiritual que capta la energía en estado potencial que emana de la Fuente Creadora y de la que forma parte. Cuando el sincronismo, esto es, cuando existe linealidad entre el Espíritu y la forma, la percepción es verdadera, pues aquello que percibimos es la expresión densa de la luz.

Pero cuando no existe tal linealidad, esto es, cuando la voluntad del Ser se dirige en una dirección diferente a la Original, se produce una interferencia en la frecuencia que da lugar a que la percepción verdadera se distorcione, llevándonos a identificarnos con lo irreal y lo ilusorio.  El cerebro deja de captar la luz y en su lugar percibe oscuridad; deja de captar la verdad y el conocimiento y en su lugar traduce de manera ignorante y demente. 

3. Dentro de ese reino el ego rige cruelmente. 2Y para defender esa pequeña mota de polvo te ordena luchar contra todo el universo. 3Ese fragmento de tu mente es una parte tan pequeña de ella que, si sólo pudieses apreciar el todo del que forma parte, verías ins­tantáneamente que en comparación es como el más pequeño de los rayos del sol; o como la ola más pequeña en la superficie del océano. 4En su increíble ignorancia, ese pequeño rayo ha decidido que él es el sol, y esa ola casi imperceptible se exalta a sí misma como si fuese todo el océano. 5Piensa cuán solo y asustado tiene que estar ese diminuto pensamiento, esa ilusión infinitesimal, que se mantiene separado del universo y enfrentado a él. 6El sol se vuelve el "enemigo" del rayo de sol al que quiere devorar, y el océano aterroriza a la pequeña ola y se la quiere tragar.

Tal vez estés preguntándote, ¿cómo es posible que un pensamiento tan insignificante puede hacernos olvidar nuestra verdadera grandeza? Es en estos momentos que debemos recordar una de las lecciones más importantes del Curso en Milagros: "No hay grados de dificultad en los milagros". ¿Qué queremos decir con ello? Pues, que no podemos utilizar el sistema de pensamiento del ego para buscar la respuesta a nuestras preguntas. No podemos buscar en la ignorancia la respuesta que nos aporte la verdad, pues la ignorancia no conoce la verdad. 

Podemos creer que la mente es grande para unas cosas y pequeña para otras; podemos pensar que hay pensamientos grandes y pensamientos pequeños. Estaríamos en un error si hemos llegado a estas conclusiones. La mente, al igual que el pensamiento, simplemente es. Si lo calificamos como bueno o malo, estaremos describiendo la dualidad, percepción que pertenece al sistema de pensamiento del ego.

Pensemos que el pensamiento es la manifestación de la energía en estado potencial a través de la mente. Siendo esto así, podremos comprender por qué no hay pensamientos pequeños o grandes; por qué el poder de ese pensamiento es el mismo para dirigir nuestra atención hacia una dirección u otra o, lo que es lo mismo, para utilizar la mente para crear la realidad o para fabricar la ilusión; para estar vivos o dormidos.

jueves, 20 de febrero de 2025

Capítulo 18. VII. No tengo que hacer nada (2ª parte).

 VII. No tengo que hacer nada (2ª parte).

5. Tu camino será diferente, no en cuanto a su propósito, sino en cuanto a los medios. 2La relación santa es un medio de ahorrar tiempo. 3Un instante que tú y tu hermano paséis juntos os resti­tuye el universo a ambos. 4Ya estás listo. 5Ahora sólo tienes que recordar que no tienes que hacer nada. 6Sería mucho más efectivo ahora que te concentrases únicamente en esto, que reflexionar sobre lo que debes hacer. 7Cuando la paz llega por fin a los que luchan contra la tentación y batallan para no sucumbir al pecado; cuando la luz llega por fin a la mente que se ha dedicado a la contemplación; o cuando finalmente alguien alcanza la meta, ese momento siempre viene acompañado de este feliz descubri­miento: "No tengo que hacer nada".

Así es como elevaremos la condición de nuestras relaciones especiales y las transformaremos en santas. Ello nos permitirá recortar el tiempo del aprendizaje y el cuerpo será utilizado en su percepción verdadera, esto es, como un medio para alcanzar el fin de la salvación.

Cuando nuestras mentes se visualicen formando parte de la unicidad de la Filiación, ya no tendremos que hacer nada. El camino se ha recorrido y es el momento de gozar de la paz que nos brinda ese instante santo.

6. He aquí la liberación final que todos hallarán algún día a su manera y a su debido tiempo. 2Tú no tienes necesidad de ese tiempo. 3Se te ha economizado tiempo porque tú y tu hermano estáis juntos. 4Éste es el medio especial del que este curso se vale para economizarte tiempo. 5No aprovechas el curso si te empeñas en utilizar medios que le han resultado muy útiles a otros, y descuidas lo que se estableció para ti. 6Ahorra tiempo valiéndote únicamente de los medios que aquí se ofrecen, y no hagas nada más. 7"No tengo que hacer nada" es una declaración de fidelidad y de una lealtad verdaderamente inquebrantable. 8Créelo aunque sólo sea por un instante, y lograrás más que con un siglo de con­templación o de lucha contra la tentación.

Si la causa errada era la visión de la separación, la Expiación de ese error nos situará ante una nueva visión, la Visión de la Unidad que nos muestra la verdad de lo que somos. 

Mientras que el cuerpo ha significado el símbolo de la separación y del pecado, el Ser que somos significa el símbolo del Cielo, el de la unicidad.

7. Hacer algo siempre involucra al cuerpo. 2Y si reconoces que no tienes que hacer nada, habrás dejado de otorgarle valor al cuerpo en tu mente. 3He aquí la puerta abierta que te ahorra siglos de esfuerzos, pues a través de ella puedes escaparte de inmediato, liberándote así del tiempo. 4Ésta es la forma en que el pecado deja de ser atractivo en este mismo momento. 5Pues con ello se niega el tiempo, y, así, el pasado y el futuro desaparecen. 6El que no tiene que hacer nada no tiene necesidad de tiempo. 7No hacer nada es descansar, y crear un lugar dentro de ti donde la actividad del cuerpo cesa de exigir tu atención. 8A ese lugar llega el Espíritu Santo, y ahí mora. 9Él permanecerá ahí cuando tú te olvides y las actividades del cuerpo vuelvan a abarrotar tu mente consciente.

Las enseñanzas de Un Curso de Milagros afirman que no es lo que hacemos sino lo que pensamos lo que debemos dirigir correctamente. Esta afirmación está basada en lo que verdaderamente somos, seres espirituales, cuya causa es mental. El creer que nuestra identidad es corporal nos induce a pensar que lo importante es aquello que hacemos y que es sobre el cuerpo, al que le atribuimos la autoría de nuestras acciones, donde debemos llevar las rectificaciones. Con este modo de pensar, el tiempo adquiere un especial protagonismo, pues los errores los situamos en el pasado y las rectificaciones en el futuro, es decir, en escenarios del tiempo que no existen realmente.

Tan solo el presente, el ahora, es el instante que debemos utilizar para llevar a cabo el cambio que queremos alcanzar, no el de las formas, sino el de las causas o, lo que es lo mismo, el de los pensamientos.

8. Mas este lugar de reposo al que siempre puedes volver siem­pre estará ahí. 2Y serás más consciente de este tranquilo centro de la tormenta, que de toda su rugiente actividad. 3Este tranquilo centro, en el que no haces nada, permanecerá contigo, brindán­dote descanso en medio del ajetreo de cualquier actividad a la que se te envíe. 4Pues desde este centro se te enseñará a utilizar el cuerpo impecablemente5Este centro, del que el cuerpo está ausente, es lo que hará que también esté ausente de tu conciencia.

Una vez que logramos ver la verdad, que alcanzamos la visión de la unidad, que gozamos del instante santo, dicho estado nunca desaparecerá; es más, siempre ha permanecido ahí en espera de ser visionado por nuestra consciencia.

Es posible que tengamos la sensación de que nos desconectamos de la paz que nos inunda cuando se produce el encuentro con el instante santo. Si esto se produce es porque hemos elegido de nuevo considerar al cuerpo como un objetivo y no como un medio. Pero ello no significa que hayamos perdido la Crística; tan solo hemos decidido mirar a un lado, pero no tardará el momento en el que decidamos dirigir nuestra visión hacia el camino correcto.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Capítulo 18. VII. No tengo que hacer nada (1ª parte).

VII. No tengo que hacer nada (1ª parte).

1. Tienes todavía demasiada fe en el cuerpo como fuente de for­taleza. 2¿Qué planes haces que de algún modo no sean para su comodidad, protección o disfrute? 3De acuerdo con tu interpreta­ción, esto hace del cuerpo un fin y no un medio, lo cual siempre quiere decir que todavía te atrae el pecado. 4Nadie que aún acepte el pecado como su objetivo, puede aceptar la Expiación. 5Por lo tanto, todavía no has aceptado tu única responsabilidad. 6Aquellos que prefieren el dolor y la destrucción no le dan la bienvenida a la Expiación.

Estamos tan identificados con el cuerpo que le damos plena autonomía para convertirlo en la causa de todas nuestras iniciativas y convertirlo en el máximo responsable a la hora de lograr satisfacer nuestros sentidos. Lo que hemos hecho, al pensar de este modo, es otorgarle una función que no tiene, la de crear. 

El cuerpo no es una causa, sino un efecto. Y en su condición de efecto no es real, pues la causa que lo ha originado es un pensamiento erróneo e ilusorio. El pensamiento errado no existe realmente salvo que nuestra mente lo considere real, dando lugar a efectos que, ilusoriamente, son reales, como esos efectos que producen los ilusionistas llevándonos a ver lo que no existe.

Convencer al cuerpo de que no es real requiere un profundo cambio en nuestra manera de pensar. Exige que desaprendamos lo aprendido y que, en su lugar, permitamos que la Expiación corrija nuestros errores mentales. 

Creer que el cuerpo es el símbolo del pecado es creer en la separación. Mientras que nuestros pensamientos nos lleven a vernos separados de los demás, estaremos dando prioridad al cuerpo y a las relaciones especiales, las cuales se "alimentan" de la culpa y el miedo.

2. Hay algo que nunca has hecho: jamás te has olvidado comple­tamente del cuerpo. 2Quizá alguna que otra vez lo hayas perdido de vista, pero nunca ha desaparecido del todo. 3No se te pide que dejes que eso ocurra por más de un instante; sin embargo, en ese instante es cuando se produce el milagro de la Expiación. 4Des­pués verás el cuerpo de nuevo, pero nunca como lo veías antes. 5Y cada instante que pases sin ser consciente de tu cuerpo te pro­porcionará una perspectiva diferente de él cuando regreses.

Dejar de ver el cuerpo como un fin, como un objetivo, nos ayudará a verlo de otra manera. Utilizarlo como un medio para alcanzar la relación santa nos abrirá la mente para servir a la Expiación. Nuestra voluntad dejará de perseguir la satisfacción de los sentidos físicos y en su lugar se pondrá al servicio del Amor, el cual propiciará la presencia del instante santo que nos elevará hasta la visión del Cielo, símbolo de la Unicidad.

3. No hay ni un solo instante en el que el cuerpo exista en abso­luto. 2Es siempre algo que se recuerda o se prevé, pero nunca se puede tener una experiencia de él ahora mismo. 3Sólo su pasado y su futuro hacen que parezca real. 4El tiempo lo controla entera­mente, pues el pecado nunca se encuentra totalmente en el pre­sente. 5En cualquier momento que desees podrías experimentar la atracción de la culpabilidad como dolor, y, por lo tanto, evita­rías sucumbir a ella. 6La culpabilidad no ejerce ninguna atracción en el ahora. 7Toda su atracción es imaginaria, y así, es algo en lo que se piensa en conexión con el pasado o con el futuro.

Como veíamos en el punto anterior, el cuerpo es el efecto de un pensamiento errado y, por lo tanto, es irreal. Esa visión nos ha llevado a identificarnos con lo que no es verdad y nos ha llevado a interpretar que el cuerpo es fruto del pecado, pues es la consecuencia de la acción transgresora que propició que Dios nos expulsara del Paraíso.

Tan solo en el ahora, libre del pasado y del futuro, nuestra mente puede desvincularse del tiempo y conectar con la Fuente de la Verdad, la que emana de la Esencia de nuestro Creador. En ese instante nuestra voluntad se hace una con la Voluntad de Dios, lo que significa que la visión basada en la separación se diluye dando paso a la Visión Crítica de la Unidad.

4. Es imposible aceptar el instante santo sin reservas a no ser que estés dispuesto, aunque sólo sea por un instante, a no ver el pasado ni el futuro. 2No te puedes preparar para él sin ubicarlo en el futuro. 3La liberación se te concede en el instante en que la desees. 4Son muchos los que se han pasado toda una vida prepa­rándose y ciertamente han tenido sus momentos de éxito. 5Este curso no pretende enseñar más de lo que ellos aprendieron en el tiempo, pero sí se propone ahorrar tiempo. 6Tal vez estés tra­tando de seguir un camino muy largo hacia el objetivo que has aceptado. 7Es extremadamente difícil alcanzar la Expiación luchando contra el pecado. 8Son muchos los esfuerzos que se lle­van a cabo tratando de hacer santo aquello que se odia y se abo­rrece. 9No es necesario tampoco que dediques toda tu vida a la contemplación, ni que te pases largos períodos de tiempo medi­tando con objeto de romper tu atadura al cuerpo. 10Todos esos intentos tendrán éxito a la larga debido a su propósito. 11Pero los medios son tediosos y requieren mucho tiempo, pues todos ven la liberación de la condición actual de insuficiencia y falta de valor en el futuro.

Cuando el Maestro Jesús nos refiere que debemos "ser como niños para entrar en el reino de los cielos", nos enseña a ver de forma real la función del tiempo, es decir, nos enseña a expresar la inocencia del niño, la pureza de su mente, en el presente, en el ahora, libre de las limitaciones del pasado.

¿Nos parece mucho un instante? Esa fusión de voluntades unidas en una misma visión de amor será suficiente para que se abran las puertas que nos conducirán a la salvación. 

Este punto nos muestra cómo podemos utilizar el tiempo para que nos demoremos el encuentro con el instante santo. Si decidimos continuar viendo el cuerpo como la fuente del pecado, es decir, si decidimos verlo como un fin y no como un medio, continuaremos utilizando para alcanzar la purificación del mismo, sometiéndolo a un proceso de expiación que requerirá mucho tiempo y dolor.

Busquemos al que camina a nuestro lado. Miremoslo y digámosle: "Te amo y te bendigo". "Nuestras mentes son una y permanecen eternamente unidas a la Fuente de nuestro Creador". "Caminemos juntos hacia Él".

martes, 18 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (4ª parte).

VI. Más allá del cuerpo (4ª parte). 

10. Puedes alzar la mano y tocar el Cielo. 2Tú, cuya mano se encuentra asida a la de tu hermano, has comenzado a extenderte más allá del cuerpo, pero no fuera de ti mismo, para alcanzar juntos la Identidad que compartís. 3¿Cómo iba a encontrarse dicha Identidad fuera de vosotros donde Dios no está? 4¿Acaso es Él un cuerpo? 5¿E iba a haberte creado diferente de Sí Mismo y donde Él no podría morar? 6Él es lo único que te rodea. 7¿Qué limitaciones puedes tener tú a quien Él abarca?

Hemos estado toda nuestra vida comunicándonos con los demás, percibiéndolos desde el exterior, lo que nos ha llevado a creer que no nos une ningún lazo de relación. La visión de la separación ha ocasionado que las relaciones entre hermanos estén tintadas de odio, rencor, ataques y culpa.

La salvación, la nuestra y la de los demás, es el punto que nos une. Buscamos nuestra salvación a costa de la salvación de los demás, cuando en verdad es imposible alcanzar esa meta cuando realizamos el camino separados los unos de los otros. Nuestra identidad es compartida en la Mente de Dios y por nuestras propias Mentes. 

Si quieres ver la realidad de tu hermano, no lo busques fuera de ti, sino en tu interior. 

11. Todo el mundo ha experimentado lo que podría describirse cómo una sensación de ser transportado más allá de sí mismo. 2Esta sensación de liberación va mucho más allá del sueño de libertad que a veces se espera encontrar en las relaciones especia­les. 3Es una sensación de habernos escapado realmente de toda limitación. 4Si examinases lo que esa sensación de ser "transpor­tado" realmente supone, te darías cuenta de que es una súbita pérdida de la conciencia corporal, y una experiencia de unión con otra cosa en la que tu mente se expande para abarcarla. 5Esa otra cosa pasa a formar parte de ti al tú unirte a ella. 6tanto tú como ella os completáis, y ninguno se percibe entonces como separado. 7Lo que realmente sucede es que has renunciado a la ilusión de una conciencia limitada y has dejado de tenerle miedo a la unión. 8El amor que instantáneamente reemplaza a ese miedo se extiende hasta lo que te ha liberado y se une a ello. 9Y mientras esto dura no tienes ninguna duda acerca de tu Identidad ni deseas limitarla. 10Te has escapado del miedo y has alcanzado la paz, no cuestio­nando la realidad, sino simplemente aceptándola. 11Has aceptado esto en lugar del cuerpo, y te has permitido a ti mismo ser uno con algo que se encuentra más allá de éste, al simplemente no permitir que tu mente esté limitada por él.

Tanto en sentido literal como en el figurado, es decir, tanto si se trata de "vernos" fuera del cuerpo, lo que se conoce como viaje astral, o si trascendemos los miedos que limitan una relación especial logrando amar incondicionalmente, experimentaremos la sensación de ser "transportado" más allá de los límites que establece el cuerpo y la conciencia basada en la percepción.

El Amor no pertenece al mundo del ego, pues dicho mundo es el hijo del miedo. Cuando conseguimos conectar con su elevada frecuencia y sintonizamos su canal, la comunicación interior nos libera de las pesadas cadenas del miedo y nos sentimos libres y etéreos.

12. Esto puede ocurrir independientemente de la distancia física que parezca haber entre ti y aquello a lo que te unes; indepen­dientemente de vuestras respectivas posiciones en el espacio o de vuestras diferencias de tamaño y aparente calidad. 2El tiempo es irrelevante: la unión puede ocurrir con algo pasado, presente o con algo que se prevé. 3Ese "algo" puede ser cualquier cosa y estar en cualquier parte; puede ser un sonido, algo que se ve, un pensamiento, un recuerdo, o incluso una idea cualquiera sin nin­guna referencia concreta. 4Mas siempre te unes a ello sin reservas porque lo amas y quieres estar a su lado. 5Por eso te apresuras a ir a su encuentro, dejando que tus limitaciones se desvanezcan, aboliendo todas las "leyes" que tu cuerpo obedece y apartándote serenamente de ellas.

Esa es la vivencia. Se trata de una vivencia de unión verdadera propiciada por el Amor, el cual, al expandirse, nos comunica con la esencia de lo amado.

Se habla de las vivencias de éxtasis que acompaña a la liberación del miedo cuando nos entregamos al amor verdadero. Dichas vivencias fortalecen la firme creencia de que no somos un ropaje material, sino que nuestra identidad es esencia espiritual y presencia eterna.

13. No hay violencia alguna en este escape. 2No se ataca al cuerpo, sino simplemente se le percibe correctamente. 3El cuerpo no puede limitarte, ya que ésa no es tu voluntad. 4En realidad no se te "saca" de él, ya que no puede contenerte. 5Te diriges hacia donde realmente quieres estar, adquiriendo, no perdiendo, una sensación de Ser. 6En estos instantes en que te liberas de toda restricción física, experimentas mucho de lo que sucede en el ins­tante santo: un levantamiento de las barreras del tiempo y del espacio, una súbita experiencia de paz y alegría. aMas por encima de todo, pierdes toda conciencia del cuerpo y dejas de dudar acerca de si todo esto es posible o no.

El recuerdo de lo que somos nos facilitará el encuentro con nuestra verdadera identidad. Si somos Espíritu, nuestra comunicación con su esencia sublimará la relación que hemos mantenido con el cuerpo y experimentaremos conscientemente cómo ese encuentro con nuestro verdadero yo se producirá, aportándonos la sensación de transportarnos a otra dimensión más sutil y etérea. En verdad, lo que está ocurriendo es que nos dirigimos hacia donde realmente procedemos y queremos estar, adquiriendo, no perdiendo, una sensación de Ser.

14. Es posible porque tú lo deseas. 2En la súbita expansión de con­ciencia que tiene lugar sólo con que tú lo desees reside el irresisti­ble atractivo del instante santo. 3Te exhorta a que seas tú mismo, en la seguridad de su abrazo. 4Ahí se te libera de todas las leyes de la limitación y se te da la bienvenida a la mentalidad receptiva y a la libertad. 5Ven a este lugar de refugio, donde puedes ser tú mismo en paz. 6No mediante la destrucción ni mediante un escape, sino simplemente mediante una serena fusión. 7Pues la paz se unirá a ti allí sencillamente porque has estado dispuesto a abandonar los límites que le habías impuesto al amor, y porque te uniste a él allí donde mora y adonde te condujo, en respuesta a su dulce llamada a que estés en paz.

En la medida en que seamos capaces de ir desprendiéndonos de los envoltorios de materia grosera con los que hemos ido identificándonos, es decir, en la medida en que nuestra voluntad deje de servir al miedo, a la creencia en la separación, a la culpa, al ataque, al odio y a la ira, para prestar sus servicios al amor, iremos abandonando el contenido de nuestra vieja mochila y soltando el elevado peso de su carga. Ello propiciará que dejemos de sentirnos prisioneros de las limitaciones impuestas por la falsa percepción y pasemos a experimentar la felicidad que nos dispensará nuestra visión de libertad.

Capítulo 25. VIII. La restitución de la justicia al amor (11ª parte).

VIII. La restitución de la justicia al amor (11ª parte). 11.  De la misma manera en que al especialismo no le importa quién paga el costo de...