La Lección
246 de Un Curso de Milagros,
«Amar a mi Padre es amar a Su Hijo», me enseña que el amor a Dios, a mí mismo y
a mis hermanos es uno e indivisible. No existe una verdadera devoción al Padre
si no reconozco Su Presencia en Su Creación. Amar a Dios implica aceptar mi
propia santidad y reconocerla en toda la Filiación, pues el Hijo es una
extensión de Su Amor eterno.
No podemos
amar a nuestro Padre si no nos amamos a nosotros mismos. Esto es así porque el
Hijo ha sido creado a Su Imagen y Semejanza, como una expresión de Su propia
naturaleza divina. Tal como enseña el Curso: «Mi mente es parte de la de Dios.
Soy muy santo» (L-pI.35.1:2). Reconocer esta verdad es aceptar que somos dignos
de amor y que nuestra esencia es pura e inocente. Negarnos a nosotros mismos
sería negar la obra perfecta de Dios.
De igual
modo, no podemos amar a nuestros hermanos si ese amor no reside en nuestro
interior. Cuando nos amamos, tomamos conciencia de la unidad que gobierna sobre
todo lo creado. El amor no puede fragmentarse ni dividirse, pues su naturaleza
es integradora. «El amor no abriga resentimientos» (L-pI.68.1:1). Por ello, no
es posible amar una parte de nosotros y odiar otra, ya que la dualidad no forma
parte del Amor que procede de Dios.
Sin embargo,
en nuestra experiencia humana, solemos amar aquellos aspectos de nuestro ser
que consideramos nobles y rechazar aquellos de los que no nos sentimos
orgullosos. Este conflicto interior se proyecta hacia el exterior, llevándonos
a sentir atracción por quienes reflejan nuestros ideales y aversión por quienes
representan lo que tememos o negamos. El Curso nos recuerda que la percepción
es un reflejo de la mente: «La proyección da lugar a la percepción»
(T-13.V.3:5). Así comprendemos que toda relación es una oportunidad para sanar
y perdonar.
Amar a Dios
significa amar a nuestros hermanos y amarnos a nosotros mismos. Significa amar
la Filiación y reconocer que todos compartimos una misma Fuente. En esta
comprensión desaparecen las barreras de la separación y se restablece la
conciencia de unidad.
El deseo de
sentirnos especiales se presenta como una prueba que nos ofrece la oportunidad
de elegir entre la separación y la unidad. Al trascender la especialidad,
aceptamos el Amor universal y recordamos nuestra verdadera Identidad. Hoy elijo
amar a mi Padre amando a Su Hijo, reconociendo en todos la luz divina que nos
une eternamente. Amén.
SENTIDO
GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección 246 enseña que:
• El amor a Dios no es separado del
amor al prójimo.
• El odio bloquea la percepción de Dios.
• El otro es parte de tu Ser.
• El amor es una decisión consciente.
• La unidad es la verdad subyacente.
No es moralidad. Es metafísica
aplicada.
PROPÓSITO
DE LA LECCIÓN:
Practicar la idea: “Amar a mi Padre
es amar a Su Hijo”.
Cada
repetición suaviza la percepción de los demás, disuelve el juicio, abre el
corazón y fortalece la conciencia de unidad.
ASPECTOS
PSICOLÓGICOS:
Esta lección
trabaja directamente sobre los resentimientos, los juicios, el rechazo y la separación.
Al practicarla
disminuye la hostilidad, aumenta la empatía, se reducen conflictos internos y aparece
mayor coherencia emocional.
Porque dejas
de dividir la experiencia.
ASPECTOS
ESPIRITUALES:
Espiritualmente
la lección afirma que Dios y Su Hijo son inseparables, que el amor es la única
vía de conocimiento, que la unidad es la realidad y que el otro es parte de ti.
Esto revela
una verdad profunda, cada encuentro es una oportunidad de recordar a Dios.
INSTRUCCIONES
PRÁCTICAS:
Hoy:
- Repite la idea al comenzar el día.
- Al ver a alguien, recuerda: “Es el Hijo de
Dios”.
- Observa cualquier juicio o rechazo.
- Sustitúyelo por una intención de amor.
- Permite que la percepción cambie.
No necesitas sentir amor inmediato.
Solo estar dispuesto.
❌ No forzar emociones.
❌ No negar lo
que sientes.
❌ No intentar
“ser perfecto”.
✔ Practicar la intención.
✔ Ser honesto
contigo.
✔ Avanzar
gradualmente.
El amor se revela, cuando dejas de
bloquearlo.
RELACIÓN
CON EL PROCESO DEL CURSO:
La progresión continúa:
- 245: Extiendo la paz.
- 246: Extiendo el amor como unidad.
Aquí el
proceso se profundiza: ya no solo das paz, reconoces al otro como tú mismo.
CONCLUSIÓN
FINAL:
La lección 246
transforma completamente la forma de ver a los demás. El otro deja de ser
alguien separado. Se convierte en un espejo, un puente, una oportunidad.
Amar deja de
ser una emoción variable. Y pasa a ser un reconocimiento constante. Y en ese
reconocimiento ocurre algo muy profundo: te acercas a Dios.
Porque amar al
Hijo, es la única forma de recordar al Padre.
✨ FRASE INSPIRADORA: “Cada vez que elijo
amar, recuerdo de dónde vengo”.
Muchos
afirmamos amar a Dios; sin embargo, experimentamos resentimiento hacia aquellos
que creemos que nos han dañado. La lección de hoy nos recuerda una verdad
esencial: no podemos amar a Dios si no amamos igualmente a Su Hijo. Amar a Dios
implica reconocer y honrar la divinidad en toda Su Creación, sin excepción
alguna.
Desde la perspectiva de la percepción, basada en
la separación y la dualidad, parece posible amar un elevado ideal y, al mismo
tiempo, rechazar aquello que nos desagrada. No obstante, esta visión es
errónea, pues el verdadero Amor se fundamenta en la certeza de que todos
formamos parte de una misma Filiación. Esta unión eterna se encuentra
inseparablemente vinculada a nuestra Fuente, la Mente de nuestro Creador. Como
enseña el Curso: «Juzgar no es un atributo de Dios» (T-2.VIII.2:3). Donde no
hay juicio, sólo puede haber amor.
Es imposible amar a Dios y no amar a Su Creación,
pues ambos constituyen una unidad indivisible. Negar amor a un hermano es negar
amor a Dios y, en última instancia, negarlo a nosotros mismos. En este sentido,
el Curso nos recuerda que dar y recibir son lo mismo, y que todo lo que
ofrecemos retorna a nuestra mente.
En nuestra experiencia humana, observamos que
muchos padres muestran preferencias por uno de sus hijos en detrimento de
otros. Este comportamiento refleja un sistema de pensamiento basado en la
comparación, el juicio y la diferenciación. Bajo esta lógica, el amor se somete
a una escala de valores: amamos lo que consideramos bueno y rechazamos lo que
percibimos como perjudicial.
La raíz de este sistema de pensamiento se
encuentra en la creencia de que existe un “afuera” que nos amenaza. Desde ese
miedo, proyectamos nuestras inseguridades y nos identificamos con cuerpos
separados. La imagen del otro parece entonces un peligro, y las circunstancias
de la vida se interpretan como agresiones a nuestros intereses. Así nos
convertimos en víctimas de un destino que, en realidad, no es más que la
proyección de nuestro mundo interno.
Sin embargo, el Amor verdadero no conoce
divisiones ni jerarquías. Surge de la certeza de la unidad y nos conduce al
reconocimiento de nuestra identidad espiritual. Cuando recordamos que somos
Hijos de Dios, comprendemos que no hay enemigos, sino hermanos que nos brindan
oportunidades para sanar nuestra percepción mediante el perdón.
La lección de hoy nos invita a recorrer el camino
del Amor con total confianza, expresando desde lo más profundo de nuestro ser:
«Aceptar
é seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre mío»
(L-pII.246.1:1).
Esta afirmación define de manera hermosa la senda
que nos conduce a la plenitud del alma, pues nos guía directamente hacia las
puertas del Cielo. No importa el camino que recorramos; cuando lo transitamos
sin juicios, todos conducen a la salvación.
Si somos capaces de expresar esta oración con
sinceridad, estaremos en condiciones de experimentar la paz de Dios. El Amor
recorrerá cada célula de nuestro ser y se manifestará en nuestros pensamientos,
palabras y acciones. Al amar sin condiciones, reconocemos la unidad con toda la
Creación y recordamos nuestra verdadera naturaleza.
Hoy elijo amar a Dios
amando a Su Hijo. Hoy dejo a un lado todo juicio y acepto el camino que Él ha
dispuesto para mí. Y en ese Amor encuentro la paz eterna.
Reflexión: ¿Hay diferencia entre querer y amar?

Excelente...
ResponderEliminarGracias
ResponderEliminarAceptaré seguir el camino que tú elijas para que yo venga a ti padre mio!☀️
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarMaravilloso
ResponderEliminarEsta hermosa lección Amar a mi padre es amar a su hijo me induce nuevamente que todo está en el amor propio en cuanto pueda amarme a mi misma puedo amar a la creación de Dios, nadie puede dar lo que no tiene, es muy importante el autoamor, quererse, valorarse, respetarse, aceptarse tal cual como Dios te creo, y poder reconocer que la voluntad de mi padre es mi voluntad que es la felicidad perfecta, sin el temor a Dios que las religiones me inculcaron sin miedo puedo decir Padre hágase tú voluntad segura de que quieres lo mejor para mí. Gracias JJ te abrazo desde aquí que es allá, somos uno.
ResponderEliminarEn respuesta a tu pregunta, una vez leí q quién quiere una rosa la corta para llevársela, pero el que ama a una rosa, la ve, la aprecia, aprecia su color, su fragancia, pero no la arranca
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