Nuestra conciencia se ha iluminado con la verdad
de nuestra esencia divina y se propone servir fielmente al Espíritu. Sin
embargo, este compromiso requiere una firme voluntad, pues los antiguos hábitos
adquiridos al servicio del ego intentan recuperar su influencia. El Curso nos
recuerda que «nadie puede servir a dos señores» (T-5.II.11:10). Debemos elegir
entre el miedo y el amor, entre la ilusión y la verdad, entre la separación y
la unidad.
No obstante, es importante no sentirnos culpables
si, en nuestro deseo de servir al Espíritu, recaemos en los errores del ego. La
culpa exige castigo, y el castigo refuerza la creencia en el pecado. Por ello,
el Curso nos enseña que el error no debe castigarse, sino corregirse. Cuando
tomamos conciencia de una equivocación, debemos ponerla en manos del Espíritu
Santo y pedir la Expiación. Él deshará el error y restaurará la paz en nuestra
mente. Como afirma el Curso: «La culpa siempre exige castigo» (T-13.I.3:1),
pero la Expiación la disuelve con amor.
No tengo otro propósito que el de perdonar.
Perdonar es limpiar la mente de la falsa creencia en el pecado y reconocer la
inocencia eterna del Hijo de Dios. En la medida en que me perdono a mí mismo,
me capacito para perdonar a los demás. El perdón transforma la percepción y nos
conduce a la visión verdadera. Como enseña el Curso: «El perdón es la llave de
la felicidad» (L-pI.121.1:1).
A través del perdón, comprendemos que no hay nada
que perdonar en realidad, pues la creencia en el pecado es una ilusión. La
visión de Cristo nos revela la inocencia que siempre ha permanecido intacta. En
esta comprensión se disuelven el miedo y la culpa, y la mente descansa en la
certeza del Amor.
Hoy mantengo la luz
permanentemente encendida. Permanezco vigilante y fiel a mi propósito,
escuchando la Voz del Espíritu Santo y recordando la verdad de mi Ser. No tengo
otra función que la de perdonar y amar. En esta elección encuentro la paz, la
libertad y la salvación. Amén.
SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección 257
enseña que:
- El conflicto surge de
objetivos contradictorios.
- La confusión es resultado
de olvidar el propósito.
- Recordar lo que realmente
quieres unifica la mente.
- El propósito verdadero es
compartido con Dios.
- El perdón es el medio para
mantener esa dirección.
No es esfuerzo
adicional. Es alineación interna.
PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:
Practicar la
idea: “Que no me olvide de mi propósito”.
Cada
repetición centra la mente, reduce la dispersión, elimina contradicciones
internas y fortalece la coherencia.
No es
disciplina rígida, es recordatorio constante.
ASPECTOS PSICOLÓGICOS:
Esta lección
trabaja sobre la ambivalencia interna y la falta de dirección.
Cuando olvidas
tu propósito te dispersas, dudas de tus decisiones, te contradices y aparece
ansiedad y frustración.
Cuando lo
recuerdas, se reduce el conflicto interno, aumenta la claridad, se alinean
pensamiento y acción, aparece una sensación de orden.
No porque todo
sea perfecto, sino porque dejas de dividirte.
ASPECTOS ESPIRITUALES:
Espiritualmente,
esta lección afirma que tu voluntad es una con la de Dios, el propósito no es
personal, es compartido, el perdón es el camino constante y la paz es el
resultado inevitable.
Y revela algo
muy profundo: No necesitas encontrar tu propósito…
necesitas dejar de olvidarlo.
INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:
Hoy:
- Observa momentos de
confusión o duda.
- Detecta decisiones
contradictorias.
Y entonces: “Que
no me olvide de mi propósito”.
Puedes
acompañarlo con:
- “¿Qué quiero realmente
aquí?”
- “¿Estoy eligiendo paz o
conflicto?”
Y volver
suavemente a la dirección.
❌ No usar la idea como autoexigencia rígida.
❌ No juzgarte
por olvidar.
❌ No intentar
controlar cada pensamiento.
✔ Recordar con suavidad, no con presión.
✔ Permitir
errores sin perder dirección.
✔ Volver una y
otra vez al propósito.
El olvido no
es fracaso, es parte del proceso de recordar.
RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:
La progresión
se vuelve muy coherente:
- 254 → Escucho la verdad.
- 255 → Elijo la paz.
- 256 → Unifico mi objetivo.
- 257 → Lo recuerdo constantemente.
Ahora no se
trata de aprender más, sino de mantener lo aprendido presente.
CONCLUSIÓN FINAL:
La Lección 257
es profundamente estabilizadora:
No necesitas resolver cada
situación.
No necesitas entender todo.
No necesitas hacerlo perfecto.
Sólo necesitas
recordar lo que quieres realmente.
Y cuando lo
haces, incluso por un instante, la mente se ordena, el conflicto disminuye y la
dirección vuelve.
Porque en el
fondo, siempre ha sido simple: quieres paz, quieres verdad, quieres recordar. Y
eso… ya está en ti.
FRASE INSPIRADORA: “Cuando recuerdo mi propósito, mi mente se unifica y el camino se vuelve claro”.
Ejemplo-Guía: "¿Por qué nos olvidamos...?
Sin ánimo de
frivolizar sobre un tema tan trascendente, me pregunto por qué el recuerdo de
Dios, en el momento de nuestra creación, no nos fue incorporado de “serie”, es
decir, por qué no recordamos automáticamente nuestra verdadera identidad.
Cuando analizamos
aquellas funciones que el cuerpo realiza de manera autónoma, como respirar, o
aquellas otras que se manifiestan a través de una necesidad, como alimentarse o
beber, podemos observar una constante que garantiza su funcionamiento. Sin embargo,
también descubrimos que dichas funciones pueden ser alteradas por la voluntad.
Podemos dejar de respirar de manera voluntaria o abstenernos de alimentarnos.
En ambos casos, se produce una elección.
Esa es la clave. Esa
es la respuesta a la cuestión que hemos planteado: olvidamos lo que realmente
somos porque lo hemos elegido. El olvido no es un accidente ni una carencia
impuesta, sino una decisión de la mente.
Estaríamos en un error
interpretativo si pensáramos que la capacidad de recordar no nos ha sido
incorporada de “serie”. Del mismo modo que ocurre con las funciones
automatizadas del cuerpo, podemos alterar esa capacidad. Es decir, podemos
elegir olvidar. Esta elección dio lugar a la creencia en la separación,
fundamento del sistema de pensamiento del ego.
Un Curso de Milagros nos enseña que la comunicación directa con Dios se
interrumpió cuando inventamos otra voz. Al decidir olvidar la Voz de Dios, se
hizo necesaria una respuesta amorosa a ese aparente extravío. Entonces, Dios
nos dio otra Voz que hablara por Él: el Espíritu Santo. A través de Él, el
conocimiento permanece intacto en nuestra mente, esperando ser recordado.
Es por ello que el
Curso nos revela que el Espíritu Santo nos insta tanto a recordar como a
olvidar: a recordar lo que somos y a olvidar lo que no somos. Recordar nuestra
identidad divina implica olvidar la ilusión del ego. En este sentido, se nos
dice: «Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, lo
cual te capacita para recordar lo que sí eres» (T-7.IV.7:11).
Surge entonces una
cuestión fundamental: ¿es posible olvidarse del ego? La respuesta es
afirmativa. Podemos olvidarnos totalmente del ego en el momento en que así lo
elijamos, pues el ego es una creencia completamente inverosímil. Nadie puede
seguir sosteniendo una creencia que ha reconocido como falsa.
El Capítulo 5 del Texto, en su apartado II titulado La decisión de olvidar, arroja luz sobre este proceso. En él se nos enseña: «La disociación no es otra cosa que la decisión de olvidar» (T-5.II.1:2).
El miedo surge porque hemos olvidado la verdad y hemos sustituido el
conocimiento por una conciencia de sueños. Sin embargo, al aceptar nuevamente
aquello de lo que nos disociamos, el temor desaparece.
Renunciar a esta
disociación trae consigo mucho más que la ausencia de miedo. En esa decisión
radican la dicha, la paz y la gloria de la creación. El Espíritu Santo custodia
en nuestra mente el recuerdo de Dios y de nuestra verdadera identidad,
aguardando únicamente nuestra disposición para aceptarlo. Tal como nos enseña
el Curso: «Dios se encuentra en tu memoria… No permitas que nada en este mundo demore
el que recuerdes a Dios» (T-5.II.2:3,6).
Recordar es
simplemente restituir en la mente lo que siempre ha estado en ella. No somos
los autores de la verdad; tan sólo la aceptamos nuevamente. Este acto de
aceptación constituye el puente que nos conduce del mundo de la percepción al
conocimiento eterno: «Recordar es simplemente restituir en tu mente lo que ya se encuentra allí»
(T-5.II.3:1).
La lección de hoy nos
invita a comprender que el olvido fue una elección, y que recordar también lo
es. Al elegir recordar a Dios, recordamos nuestra verdadera identidad como Su
Hijo. En ese recuerdo se disuelven las ilusiones del ego y se restaura la paz
que siempre nos ha pertenecido.
Hoy elijo recordar.
Hoy elijo olvidar la ilusión.
Hoy elijo reconocer que Dios es mi único objetivo y mi verdadera realidad.
En ese acto de memoria
divina, recupero la certeza de que jamás he dejado de ser Uno con Él.

Al querer soltarme para recordar siento miedo .
ResponderEliminarPor lo tanto no hay libertad, amor en mi?
Cuando decidas mirar ese miedo de frente, te darás cuenta que no tiene ningún poder sobre ti, pues si tu misma lo creas, tu misma puedes dejar de aportarle significado.
EliminarMuy bueno, muchas gracias.
ResponderEliminarMarcel
Gracias J.J
ResponderEliminarAmén...y Graciassssss🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
ResponderEliminarActo Volitivo, estar con la vela de luz del Espíritu Santo siempre encendida, para NO olvidar Quién Soy. Gracias
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