2. Para los ejercicios de hoy se requieren tres sesiones de práctica largas. 2Se aconseja que lleves a cabo una por la mañana y otra por la noche, con una tercera adicional a intercalarse entremedias en el momento que parezca más conducente a ello. 3Todas las sesiones deben hacerse con los ojos cerrados. 4Es a tu mundo interno al que deben dirigirse las aplicaciones de la idea de hoy.Esta lección vuelve a recordarme que la capacidad de decidir cómo responder a lo que percibo reside únicamente en mi mente. Nada de lo que ocurre fuera me obliga a reaccionar de una manera determinada. Cuando juzgo una situación y la condeno, estoy eligiendo mirar desde la separación, el miedo y la culpa. Desde ahí, solo parecen posibles dos respuestas: sentirme víctima o atacar aquello que percibo como una amenaza.
La lección me invita a hacer consciente el instante santo, ese breve espacio en el que puedo elegir de nuevo. Cuando respondo desde el Ser, dejo de resistirme a lo que ocurre y reconozco que cada experiencia puede convertirse en un aula de aprendizaje. Desde esa comprensión, la respuesta ya no nace del miedo, sino de la unidad y del amor. Así, no intento imponer paz, sino dar testimonio de ella.
Uno de los mensajes centrales de esta lección es que no puede haber paz fuera si antes no hay paz en la mente. La mente es la causa; la percepción es el efecto. Por eso, la paz no se alcanza modificando el escenario externo, sino aceptando una corrección interior. Cuando la paz es elegida en la mente, la percepción se suaviza de forma natural.
Resulta paradójico que la paz sea tan deseada y, sin embargo, tan poco experimentada. La razón es simple: mientras busquemos la paz en el mundo, seguiremos identificados con el ego y con la creencia en la separación. Desde ahí, la paz se convierte en un objetivo lejano, algo que parece depender de condiciones externas.
En esa búsqueda equivocada, el mundo acaba siendo acusado de no darnos lo que creemos necesitar. Volvemos a adoptar el papel de víctimas y proyectamos nuestra falta de coherencia interna en los demás, a quienes señalamos como responsables de nuestra falta de paz: los padres, la pareja, el jefe, los amigos o cualquier figura cercana.
El Curso nos invita a reconocer que la paz no se encuentra fuera porque nunca se perdió dentro. Cuando dejamos de exigirla al mundo y aceptamos elegirla en la mente, descubrimos que siempre estuvo disponible. Y desde ahí, podemos ver paz en lugar de lo que antes parecía conflicto.
Existe la posibilidad de ver paz en lugar de lo que
ahora veo.
El propósito de esta lección es desactivar el
automatismo del ataque. Hasta ahora, el Curso ha desmontado las creencias
fundamentales del ego:
- no soy víctima (31),
- he inventado el mundo que veo
(32),
- hay otra manera de ver (33).
Ahora da el siguiente paso lógico: mostrar cuál es esa otra manera de ver.
La paz no se presenta como una consecuencia futura,
sino como una opción disponible en el presente. Esta lección enseña que el
conflicto no es inevitable, sino elegido, y que la paz es igualmente una
elección.
Instrucciones prácticas:
La práctica de esta lección es sencilla, directa y
profundamente transformadora.
Consiste en:
- Detectar
cualquier perturbación, por leve que sea.
- No
analizarla.
- No
justificarla.
- Aplicar
la idea diciendo lentamente: “Podría ver paz en lugar de esto.”
Después de decirla, no se pide que se fuerce un cambio
emocional inmediato. Solo se pide reconocer que existe otra opción.
La lección
subraya algo esencial:
- No importa la magnitud del
problema.
- No hay situaciones pequeñas o
grandes.
- La paz es aplicable a todo por
igual.
Aspectos psicológicos y espirituales:
A nivel psicológico esta lección introduce una ruptura
en el ciclo habitual de reacción: estímulo → juicio → emoción → defensa.
Al decir “podría
ver paz”, la mente se detiene. Se abre un espacio entre el estímulo y la
respuesta. Ese espacio es libertad.
Psicológicamente, la lección reduce la reactividad, suaviza la identificación con el conflicto y devuelve sensación de elección.
Espiritualmente,
esta lección afirma algo fundamental: La paz es el estado natural de la mente
cuando el ataque se abandona.
No se trata de
crear paz, sino de dejar de sostener el ataque. La paz no se fabrica; se
recuerda.
Elegir paz es
elegir alinearse con la Voluntad de Dios, que no conoce el conflicto.
Relación con el resto del Curso:
La Lección 34
es una bisagra clave en el Libro de Ejercicios.
- Las lecciones 31–33 desmontan
el error.
- La 34 introduce la alternativa
concreta.
A partir de aquí, el Curso comenzará a profundizar en el perdón, entrenar la visión pacífica y sustituir el juicio por la aceptación.
Esta lección
prepara directamente:
- la práctica del perdón
(35–40),
- la idea de que la mente puede
elegir su estado,
- la experiencia del instante
santo.
Consejos para la práctica:
- No exijas sentir paz
inmediatamente.
- No uses la frase como
afirmación positiva.
- No la conviertas en un
mecanismo de negación.
La práctica es correcta cuando no luchas con lo que sientes, pero tampoco lo das por inevitable.
Un buen
indicador es este pensamiento: "Tal vez no necesito tener razón en esto".
Conclusión final:
La Lección 34 no te pide que cambies lo que ves, te
pide que reconozcas tu derecho a elegir cómo verlo.
El conflicto
no es obligatorio. La perturbación no es inevitable. La paz no es un premio
futuro. Es una opción disponible ahora.
Cada vez que
eliges decir: Podría ver paz en lugar de esto, le recuerdas a tu mente
que no está atrapada. Y en ese recuerdo comienza la verdadera visión.
Ejemplo-Guía: "La relación con mi pareja no me hace sentir en paz".
Iniciamos este ejemplo con uno de los ámbitos donde con mayor frecuencia experimentamos conflicto. Habitualmente, la relación de pareja se vive desde la conciencia de separación, desligada de un propósito profundo de aprendizaje y sanación. Desde esa perspectiva, la relación se interpreta en términos de necesidad, expectativa o carencia.
En el mejor de los casos, solemos atribuir el encuentro a factores externos —el destino, la casualidad o las circunstancias— sin reconocer que la relación es, ante todo, un escenario que la mente ha elegido para verse a sí misma. Así, cuando la paz no está presente, tendemos a señalar a la relación o a la otra persona como la causa del malestar, olvidando que la experiencia que vivimos es el reflejo del sistema de pensamiento desde el que estamos mirando.
Este ejemplo nos invita a cuestionar esa interpretación inicial y a abrirnos a una comprensión distinta del sentido de la relación.
Desde esa perspectiva inicial, solemos pensar que lo que estamos viviendo carece de un significado más profundo. No reconocemos que la experiencia —el efecto— responde a una causa que no se encuentra en lo visible, sino en la mente. El encuentro con la otra persona se interpreta como algo fortuito, basado en una atracción especial que nos invita a acercarnos y a compartir la vida, sin advertir que ya estamos proyectando un significado.
Esa primera etapa suele venir acompañada de una sensación cercana a la felicidad. El amor humano, vivido desde la especialidad, exalta las emociones y hace que el mundo parezca más ligero. A veces incluso se tiene la impresión de que el tiempo y el espacio se diluyen. Nos sentimos más completos, más plenos, como si algo que faltaba hubiese sido finalmente encontrado.
En ese momento, la mente crítica parece estar en silencio. Sin embargo, no ha desaparecido; lo que ocurre es que está ocupada proyectando un ideal. No estamos viendo a la persona tal como es, sino a través de una imagen construida desde nuestros deseos y expectativas.
Con el paso del tiempo, la mente egoica recupera su protagonismo y vuelve a hacer lo que le es habitual: analizar, comparar y juzgar. Y lo que juzga no es algo externo, sino una proyección de su propio contenido. El ego no reconoce esta dinámica y mantiene la ilusión de que lo percibido tiene una causa independiente.
Si en la mente no hay paz, si aún persisten contradicciones, miedos, culpas o juicios, ese contenido no tardará en proyectarse hacia fuera. Entonces, la persona amada se convierte en el espejo perfecto donde se refleja lo que no ha sido sanado. Es ahí cuando comienzan las censuras, los reproches, las exigencias y las formas de ataque sutiles o evidentes.
Desde la enseñanza del Curso, este momento no es un fracaso de la relación, sino una oportunidad de reconocimiento. La relación deja de sostener el ideal y comienza a mostrar el contenido real de la mente que la está utilizando. Ahí se abre la posibilidad de elegir ver de otra manera.
En esta experiencia no hablamos de víctimas y verdugos en el sentido metafísico que plantea Un Curso de Milagros, aunque el ego no puede aceptar fácilmente esta afirmación. Para el ego, el mundo de las formas es real y definitivo, y desde ahí interpreta el sufrimiento como prueba incuestionable de ataque, culpa y separación.
Por eso, cuando se introduce esta enseñanza, el ego reacciona con fuerza. Nos presenta imágenes extremas de violencia, abuso o agresión y nos pregunta: ¿cómo puedes decir que no hay víctimas ni culpables? Su objetivo no es buscar comprensión, sino defender el mundo de los efectos, ya que es en ese mundo donde el ego encuentra justificación para su existencia.
El Curso no niega el dolor que se experimenta en el nivel de la forma, ni invita a minimizar el sufrimiento humano. Lo que cuestiona es la causa que le atribuimos. Desde la visión espiritual, no se afirma que el ataque sea real en sí mismo, sino que el sistema de pensamiento que lo interpreta como definitivo pertenece a la mente separada.
Desde esa mente, desconectada de su Fuente, siempre se encontrarán argumentos para sostener la culpa, la condena y la división. Sin embargo, el Curso nos invita a mirar más allá del por qué y a abrirnos al para qué. No para justificar el dolor, sino para reconocer que incluso las experiencias más difíciles pueden ser utilizadas con un propósito de sanación cuando son entregadas a una interpretación distinta.
En cada instante podemos elegir entre dos maneras de ver: desde el miedo o desde el amor. Cuando elegimos el miedo, utilizamos la mente para fabricar un mundo de separación. Desde ahí surgen pensamientos defensivos, expectativas de ataque y respuestas basadas en la desconfianza. Ese miedo, proyectado al nivel de la forma, se traduce en conflicto, enfrentamiento y división.
Cuando elegimos el amor, permitimos que la mente sea corregida. Este uso recto de la mente no fabrica un mundo nuevo, sino que reinterpreta el que vemos. Desde esa percepción, el otro deja de ser un enemigo o una amenaza y es reconocido como un hermano. Las relaciones dejan de basarse en la especialidad y comienzan a orientarse hacia el respeto, la unión y la sanación.
Aunque no es posible desarrollar aquí en profundidad el tema de las relaciones especiales, conviene recordar que el Curso las describe como intentos del ego de sustituir el Amor verdadero por formas de dependencia, miedo o necesidad. A continuación, algunos mensajes del Curso que nos ayudarán a comprender mejor su significado y su propósito de transformación:
“Creer que las relaciones especiales, con un amor especial, pueden ofrecerte la salvación, es creer que la separación es la salvación” (T-15.V.3:3).
“Todas las relaciones especiales contienen elementos de miedo en ellas debido a la culpabilidad. Por eso es que están sujetas a tantos cambios y variaciones. No se basan exclusivamente en el amor inmutable. Y allí donde el miedo ha hecho acto de presencia no se puede contar con el amor, pues ha dejado de ser perfecto. El Espíritu Santo, en Su función de intérprete de lo que has hecho, se vale de las relaciones especiales, que tú utilizas para apoyar al ego, para convertirlas en experiencias educativas que apunten hacia la verdad. Siguiendo Sus enseñanzas, todas las relaciones se convierten en lecciones de amor” (T-15.V.4:1-6).
“El Espíritu Santo sabe que nadie es especial. Mas Él percibe también que has entablado relaciones especiales, que Él desea purificar y no dejar que destruyas. Por muy profana que sea la razón por la que las entablaste, Él puede transformarlas en santidad, al eliminar de ellas tanto miedo como le permitas. Puedes poner bajo Su cuidado cualquier relación y estar seguro de que no será una fuente de dolor, si estás dispuesto a ofrecérsela a Él para que no apoye otra necesidad que la Suya. Toda la culpabilidad que hay en tus relaciones especiales procede del uso que haces de ellas. Todo el amor del uso que Él hace de ellas. No temas, por lo tanto, abandonar tus imaginadas necesidades, las cuales no harían sino destruir la relación. De lo único que tienes necesidad es de Él” (T-15.V.5:1-8).
Reflexión: Si no hay paz en tu mente, no la verás fuera de ti. Si no deseas la paz, no la percibirás.


Necesidades imaginarias. Muchas gracias
ResponderEliminarPaz Paz Paz Paz Paz...Paz Paz Paz Paz Paz
Eliminarbuenas madrugadas es urgente, para nosotros entender que el Amor es unidad...si bien la pareja es de dos , cuando hay miedo, no hay unidad ni amor,así que nosotros...somos responsables.de lo que vemos, sentimos, y hacemos...es nuestra tarea tener paz dejemos q el Espíritu Santo...haga su trabajo sin miedo...
ResponderEliminarHola, buen día.
ResponderEliminarMuchas gracias J. José por tus enseñanzas, tus explicaciones.
Me hago consciente de esa paz que tengo dentro de mí y soy Paz.
Saludos.
Juan José.Ante todo muchas gracias por estas hermosas y certeras reflexiones!!Me cuesta comprender el concepto de separación y de unidad, sé que tiene que ver con el miedo y con el amor. Separación de qué, en la práctica. Creo debo proyectarme desde la paz interna ante cada situación y no desde la mente o ego para evitar la separación y de esa manera proyectarme hacia la unidad. No lo tengo muy claro.Cuesta traspasar la percepción de los sentidos. Gracias nuevamente.
EliminarGracias, Gracias, Gracias
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarAusgezeichnet, prima, super
ResponderEliminarEl Espíritu Santo es mi guía ♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
ResponderEliminarPadre,me entrego totalmente a ti,haz de mi lo que Quieras🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍🤍🤍✨✨✨✨✨✨✨✨🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
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