martes, 9 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 252

LECCIÓN 252

El Hijo de Dios es mi Identidad.

1. La santidad de mi Ser transciende todos los pensamientos de santidad que pueda concebir ahora. 2Su refulgente y perfecta pureza es mucho más brillante que cualquier luz que jamás haya contemplado. 3Su amor es ilimitado, y su intensidad es tal que abarca dentro de sí todas las cosas en la calma de una queda certeza. 4Su fortaleza no procede de los ardientes impulsos que hacen girar al mundo, sino del Amor ilimitado de Dios Mismo. 5¡Cuán alejado de este mundo debe estar mi Ser! Y, sin embargo, ¡cuán cerca de mí y de Dios!

2. Padre, Tú conoces mi verdadera Identidad. 2Revélamela ahora a mí que soy Tu Hijo, para que pueda despertar a la verdad en Ti, y saber que se me ha restituido el Cielo.

¿Qué me enseña esta lección?

La Lección 252 de Un Curso de Milagros, «El Hijo de Dios es mi Identidad», me enseña que mi verdadera naturaleza no es la que perciben mis sentidos, sino la que Dios creó en la eternidad. Esta lección me invita a recordar quién soy y a aceptar con gratitud la herencia divina que me ha sido concedida. Reconocer mi identidad como Hijo de Dios disuelve toda duda, restaura la paz en mi mente y me conduce al recuerdo de la unidad con mi Creador.

Cada día, al despertar, mi primer pensamiento se eleva en agradecimiento a Dios por concederme la luz necesaria para hacerme consciente de lo que soy realmente. Este acto de gratitud fortalece mi espíritu y orienta mi mente hacia la verdad. Repetir este pensamiento a lo largo de la jornada me permite mantener viva la conciencia de Su Presencia. Como enseña el Curso: «Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios» (L-pI.156.1:2). En esta certeza encuentro serenidad, propósito y claridad interior.

Soy consciente de las limitaciones y artimañas que utiliza el ego para persuadirme de que estoy perdiendo el tiempo al buscar una nueva identidad. Sin embargo, el ego teme el despertar, pues sabe que reconocer la verdad implica renunciar a su dominio. Cuando despierto del sueño de la ilusión, descubro que su aparente poder se desvanece. Tal como afirma el Curso: «No soy un cuerpo. Soy libre» (L-pI.199.8:7). En esta comprensión se revela la inexistencia de toda limitación.

Recordar mi verdadera Identidad no supone adquirir algo nuevo, sino aceptar lo que siempre ha sido verdad. Soy el santo Hijo de Dios, creado en la inocencia y en el Amor. Al reconocerlo, acepto también mi función en el mundo: extender la luz y reflejar la paz divina. El Curso lo expresa con claridad: «Mi santidad envuelve todo lo que veo» (L-pI.36.1:1). Así, cada encuentro se convierte en una oportunidad para manifestar la unidad y el amor.

Con humildad y devoción elevo hoy mi plegaria: «¡Padre!, soy tu santo Hijo. Hoy reclamo mi herencia. Que mi voluntad sea hacer Tu Voluntad; que mi amor sea expandir Tu Amor y que mi pensamiento no tenga otro propósito que expresar la Unidad que emana de Tu Mente». En esta entrega encuentro mi verdadera libertad.

¡Que así sea! Amén.


SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 252 enseña que:

  • Tu identidad no es personal, es divina.
  • No puede ser comprendida, sólo reconocida.
  • Es amor ilimitado, puro e inmutable.
  • No pertenece al mundo, pero no está separada de ti.
  • Está disponible en el instante en que dejas de identificarte con lo falso.

No es transformación. Es revelación.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la apertura a esta verdad: “El Hijo de Dios es mi Identidad.”

Cada repetición debilita la identificación con el ego, disuelve la autoimagen limitada, abre la mente a lo infinito y permite una experiencia más profunda del Ser.

No es afirmación mental…  es una puerta.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección actúa en el nivel más profundo:  la estructura del “yo”.

Normalmente, la identidad está basada en la historia personal, en los roles, en experiencias y en juicios internos.

Esto genera inseguridad, comparación, miedo a perder y necesidad de validación.

Cuando esta estructura se afloja, aparece silencio interno, disminuye la autoexigencia, se disuelve la presión por “ser alguien” y surge una sensación de suficiencia.

No porque te definas mejor… sino porque dejas de definirte.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección es directa:

  • eres extensión de Dios
  • no estás separado
  • no has cambiado en esencia
  • el Cielo no se ha perdido

Y revela algo profundamente restaurador: No tienes que volver a Dios… porque nunca te fuiste.

Tu identidad es una con Él, una con la verdad y una con el Amor.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

  • Permanece en quietud unos instantes.
  • Suelta cualquier pensamiento sobre ti mismo.

Y abre espacio a esta idea: “El Hijo de Dios es mi Identidad.”

Sin intentar entenderla. Sin intentar sentir algo específico. Sólo, permitir.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No intentar imaginar tu identidad divina.
No convertir la idea en concepto intelectual.
No compararte con una “versión ideal”.

Permitir no saber cómo es.
Soltar definiciones personales.
Usar la idea como apertura, no como conclusión.

La verdad no se piensa… se revela en el silencio.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Aquí el proceso alcanza un punto muy alto:

  • 247 → Veo correctamente.
  • 248 → No soy lo que sufre.
  • 249 → El sufrimiento desaparece.
  • 250 → No hay límites en mí.
  • 251 → No necesito nada.
  • 252 → Soy.

Ya no hay búsqueda. No hay corrección. Sólo reconocimiento.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 252 no te lleva a ningún lugar… te detiene.

Y en ese detenerte, algo se revela:

No eres lo que creías.
No eres lo que defendías.
No eres lo que temías perder.

Eres algo que no cambia, no se reduce y no se fragmenta,

Y cuando esto se intuye, aunque sea levemente, todo se vuelve más simple y todo se vuelve más silencioso.

Porque reconozco que nunca dejé de ser lo que soy.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de buscar quién soy, la verdad de mi Ser se revela en silencio.”

 

Ejemplo-Guía: "¿Quién es el Hijo de Dios?

Para muchos estudiantes de Un Curso de Milagros, especialmente al comienzo de su estudio, no resulta claro quién es el Hijo de Dios. Surgen entonces preguntas inevitables: ¿Es Cristo el Hijo de Dios? ¿Somos nosotros el Hijo de Dios? Estas dudas son comprensibles, pues el lenguaje del Curso desafía las concepciones tradicionales y nos invita a trascender las interpretaciones dualistas heredadas.

No menos interesantes son las cuestiones relacionadas con el supuesto acto pecaminoso atribuido al Hijo de Dios, el cual se ha convertido en la piedra angular sobre la que descansa nuestro actual sistema de creencias. Con el propósito de arrojar luz sobre estas inquietudes, examinemos algunos mensajes extraídos del Texto del Curso.

Se nos dice: «El Hijo de Dios incluye tanto al Padre como al Hijo porque es a la vez Padre e Hijo» (T-11.II.1:3).

Y también: «Cristo es el Hijo de Dios que no está en modo alguno separado de Su Padre y cuyos pensamientos son tan amorosos como el Pensamiento de Su Padre, mediante el cual fue creado» (T-11.VIII.9:4).

Estas afirmaciones revelan una profunda verdad metafísica. Si el Hijo de Dios es el fruto de la Creación, una extensión de la Mente divina, es lógico comprender que incluya en sí mismo la naturaleza de su Fuente. De igual modo, si Cristo es el Hijo de Dios, y el Hijo incluye tanto al Padre como al Hijo, entonces Padre, Cristo y Filiación constituyen una unidad inseparable. No se trata de entidades separadas, sino de una realidad única y eterna.

Cada Hijo de Dios es uno en Cristo, porque su Ser reside en Él, del mismo modo que Cristo reside en Dios. Aunque esta idea pueda parecer confusa en un primer momento, se aclara al comprender que Cristo no es una figura exclusiva, sino el Arquetipo del Amor divino, la verdadera Identidad que compartimos con Dios.

La redacción del Curso puede dar la impresión de que el Hijo de Dios y Cristo son entidades distintas, pero no es así. Cristo representa el Pensamiento Amoroso de Dios, mientras que el Hijo de Dios es la extensión de ese Pensamiento. En esencia, ambos son uno. El error radica en que el Hijo de Dios ha olvidado su verdadera naturaleza y ha dado lugar a un pensamiento ilusorio que le ha llevado a creerse pecador y culpable.

Por ello, el Curso nos advierte: «No te engañes con respecto al Hijo de Dios, pues, si lo haces, no podrás sino engañarte inevitablemente con respecto a ti mismo» (T-11.VIII.9:5-6).

El Hijo de Dios cree estar perdido en la culpabilidad, solo en un mundo tenebroso donde el dolor parece acecharle desde el exterior. Sin embargo, cuando mira en su interior y contempla la luz que allí reside, recuerda cuánto lo ama su Padre. Entonces comprende que jamás ha sido condenado y que su pureza permanece intacta.

El Texto lo expresa con claridad: «La traición que el Hijo de Dios cree haber cometido sólo tuvo lugar en ilusiones… Su realidad es eternamente inmaculada. El Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado» (T-17.I.1:1-5).

Así, el llamado “pecado original” no es más que un error de percepción, un sueño sin consecuencias reales. No requiere castigo, sino corrección. Esa corrección se produce mediante la Expiación, que nos conduce al recuerdo de nuestra verdadera identidad.

El Espíritu Santo custodia esta verdad en nuestra mente y nos guía hacia su reconocimiento: «El Espíritu Santo mantiene a salvo la visión de Cristo para cada Hijo de Dios que duerme» (T-12.VI.5:1).

Cuando aceptamos esta visión, comenzamos a despertar del sueño de la separación y a reinvertir en nuestra verdadera realidad, la cual es una con el Padre y con el Hijo.

Finalmente, el Curso nos invita a contemplar nuestra santidad con reverencia: «Contempla al Hijo de Dios, observa su pureza y permanece muy quedo» (T-13.X.11:10-11).

La Lección 252 nos recuerda que el Hijo de Dios es nuestra verdadera Identidad. No somos seres culpables ni separados, sino expresiones eternas del Amor divino. Reconocer esta verdad es despertar a la unidad con Dios y aceptar la paz que nos pertenece.

Hoy acepto mi verdadera Identidad.
Hoy recuerdo que soy el Hijo de Dios.
Hoy reconozco que en Cristo permanezco para siempre, uno con mi Padre.


Reflexión: La verdad es que soy el Hijo de Dios.

12 comentarios:

  1. Juan José, vengo siguiéndole diariamente en sus conclusiones de cada lección. Gracias.

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  2. Bello y profundo comentario de lección de hoy....gracias

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  3. Gracias Juan José. Que bueno q te encontré tus reflexiones me han abierto el entendimiento, ahora todo se me hace más razonable digamos así

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  4. Soy un Hijo de Dios Libre y Perdonado🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙

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  5. Juan José te sigo a diario en cada leccion, como la explicas es de vital importancia para mi, que hermoso es leer todo lo que publicas....gracias
    Bendiciones

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  6. Gracias, que maravillosa información

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