SENTIDO
GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección 228
enseña que:
• Dios no condena a Su Hijo.
• La autocondenación es un error de percepción.
• Nuestra santidad permanece intacta.
• Los pensamientos de culpa son ilusiones.
• Aceptar la visión de Dios trae liberación.
La mente no
necesita castigarse para corregir errores. Necesita recordar su inocencia
original.
PROPÓSITO
DE LA LECCIÓN:
Practicar la
idea: “Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar”.
Esta
afirmación invita a soltar la culpa innecesaria y aceptar la verdad de nuestra
identidad.
Cada práctica debilita
la tendencia a la autoacusación, fortalece la confianza espiritual, abre la
mente al perdón y restablece la paz interior.
La liberación
comienza cuando dejamos de juzgarnos según criterios del ego.
ASPECTOS
PSICOLÓGICOS:
Esta lección
aborda un fenómeno psicológico muy común: la autocrítica constante.
Muchas
personas mantienen pensamientos recurrentes como:
- “No soy suficiente”.
- “He cometido errores
imperdonables”.
- “No merezco ser feliz”.
Estas
creencias generan ansiedad, culpa y vergüenza.
La práctica de
esta lección ayuda a reconocer que esas ideas no reflejan la verdad profunda
del ser.
Cuando la
mente deja de sostener la autocondenación disminuye la culpa innecesaria, aumenta
la autoestima esencial, aparece mayor compasión hacia uno mismo y se facilita
el perdón hacia los demás.
ASPECTOS
ESPIRITUALES:
Espiritualmente
la lección afirma:
• Dios conoce la santidad de Su
Hijo.
• La identidad espiritual no puede corromperse.
• Los errores de percepción no alteran la verdad.
• La mente puede abandonar los sueños de culpa.
Aceptar la
visión de Dios significa reconocer la inocencia esencial del ser. Ese
reconocimiento es profundamente liberador.
INSTRUCCIONES
PRÁCTICAS:
Hoy puedes practicar así:
- Repite lentamente la idea de la lección.
- Observa cualquier pensamiento de culpa o
autocondenación.
- Recuerda que Dios no te juzga.
- Permite que esos pensamientos se disuelvan.
- Permanece unos momentos en silencio.
No necesitas
convencerte a la fuerza. Simplemente abre la mente a la posibilidad de que la
verdad sobre ti es más luminosa de lo que el ego cree.
❌ No usar la idea para negar responsabilidades.
❌ No ignorar
los errores que necesitan corrección.
❌ No
interpretar la inocencia como perfección del ego.
✔ Reconocer que los errores pueden corregirse sin
culpa.
✔ Practicar el
perdón hacia uno mismo.
✔ Recordar que
la identidad verdadera permanece intacta.
La sanación surge cuando la mente abandona
la condena y acepta la verdad.
RELACIÓN
CON EL PROCESO DEL CURSO:
Las lecciones recientes siguen
profundizando en la identidad espiritual:
221 — aquietar la mente
222 — reconocer que vivimos en Dios
223 — reconocer que nuestra vida es la de Dios
224 — recordar la identidad como Hijo de Dios
225 — reconocer el amor entre Padre e Hijo
226 — recordar el hogar verdadero
227 — aceptar el instante de liberación
228 — abandonar la autocondenación
La mente
comienza a comprender que su verdadera naturaleza es inocente y libre.
CONCLUSIÓN
FINAL:
La lección 228
nos invita a abandonar una de las cargas más pesadas de la mente: la
autocondenación.
Durante mucho
tiempo hemos creído que nuestros errores definían lo que somos. Pero el Curso
enseña que nuestra identidad verdadera nunca fue dañada.
Dios conoce
nuestra santidad. Cuando aceptamos esa visión, la culpa pierde su fundamento. Y
en ese momento la mente descubre algo profundamente sanador: la libertad que
surge al recordar que nunca fue condenada.
✨ FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de juzgarme
con los ojos del ego, comienzo a verme con los ojos de Dios”.
Ejemplo-Guía: ¿Es necesario creer en Dios para tomar conciencia de nuestra inocencia y de nuestra impecabilidad?
¿Eres creyente? ¿Dios existe?
Tal vez pienses que esta pregunta está fuera de lugar y des por hecho que todos los estudiantes de Un Curso de Milagros son creyentes y participan de la existencia de Dios.
Bueno, nos vamos a entretener un poco y, para hacerlo más interesante, haré una declaración con tintes polémicos: yo no "creo" en Dios y tampoco "creo" en que Dios exista tal y como solemos utilizar esos términos. Os anticipo, antes de que aporte más información sobre este debate, que las creencias sobre la existencia de Dios han dado, a lo largo de la historia, más de un guion sangriento como consecuencia de las guerras basadas en creencias religiosas. "Yo creo en Dios-Yo no creo en Dios: pues nos peleamos a ver quién tiene la razón".
Las creencias, estoy seguro de que te sonará, pertenecen al modo de pensar del ego. Tanto es así que el pensamiento original que dio lugar a la creencia en la separación es la causa-madre que ha parido el resto de creencias que nos llevan a identificarnos con un mundo separado y dividido, con un mundo basado en el miedo y en la culpa.
No hace mucho, me encontré con unos escritos que hablan sobre el tema de la creencia y la existencia en Dios. Su autor es Emilio Carrillo y el título del libro es Dios. Os dejo unas líneas que considero interesantes:
“Creencia” y “existencia” de Dios.
Hola, Emilio… ¿Podemos comenzar esta conversación con una cuestión muy directa y que requiere una respuesta franca y, hasta cierto punto, comprometida?
¡Claro! ¿Para qué, si no, ha querido la Providencia que mantengamos este encuentro…?
¿Eres “creyente”?
No.
¿Existe Dios?
No.
Te agradezco tu sinceridad y que no te andes por las ramas. Pero, entonces, ¿por qué hablas tanto de Dios en tus charlas y textos?
¡Cómo no voy a hacerlo cuando Dios es Todo y se manifiesta y acontece a cada instante!
Si esto es así, no comprendo tus contestaciones previas.
Me has preguntado si soy “creyente”, que deriva del verbo “creer”, y si Dios “existe”, conjugación del verbo “existir”. ¿Me permites que acudamos al Diccionario de la Academia de la Lengua para verificar el significado de “creer” y “existir”?
¡Tú mismo…!
En lo relativo a “creer”, el Diccionario señala siete acepciones. La primera es “Tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado”. La segunda, “Dar firme asenso a las verdades reveladas por Dios”. Y la sexta acepción se refiere, sin ambages, a “creer en Dios”. En cuanto a “existir”, la Academia ofrece tres posibles usos: “Dicho de una cosa, ser real y verdadera”; “tener vida”; y “haber, estar o hallarse”.
Aplicado al caso, lo que el Corazón y mi experiencia consciencial y espiritual me indican es que ninguna de estas definiciones o determinaciones tienen nada que ver con Dios. ¡Absolutamente nada!
Porque el entendimiento humano sí puede “alcanzar” a Dios, ya que Dios es, íntima y primordialmente, cada uno de nosotros. Y Dios no puede “revelarnos” nada, pues no es ajeno o distinto a nosotros mismos y la “revelación” exige una diferenciación y una separación entre quien la da y quien la recibe. Por ello, con relación a Dios, de nada valen ni el verbo “creer” ni la expresión “creyente”.
Y porque Dios no es una “cosa”, ni “tiene” vida, ni “está” ni se “halla” en parte alguna, tampoco en el célebre Cielo. Por lo que a Dios tampoco le es de asignación el verbo “existir”, ni cabe, por tanto, afirmar que “Dios existe”.
Más adelante, formando parte del contenido de otra pregunta, Emilio concluye con una reflexión con la cual me siento totalmente identificado:
"En este escenario y atendiendo a tu pregunta, es indudable que son numerosas las personas que, en el lenguaje cotidiano, se declaran “creyentes” o hablan de “creer” en Dios o de que Dios “existe”. Y es perfecto, no pasa nada. Simplemente, en su proceso evolutivo, aún no han tomado consciencia de que así, desde sus pensamientos, ideas y esquemas mentales, están marcando una división y una distancia y fabricando una frontera entre Dios y ellas, lo que conduce a la visión de Dios como algo o alguien “exterior”. Pero esa escisión y esa barrera son sólo una ficción mental; no son reales".
En efecto, creer en un Dios externo es una declaración propia de los juicios del ego. Si somos Hijos de Dios y hemos sido emanados de Su Mente como una expansión creadora, no podemos ser diferentes a como Dios nos ha creado, es decir, no podemos ser un cuerpo separado de Su fuente, sino la esencia misma de la Fuente.
Concluyo con una reflexión: Si Dios hubiese condenado a su Hijo, en realidad, se habría condenado a Sí Mismo. De igual manera, cada vez que condenamos a un hermano, lo que estamos haciendo es condenarnos a nosotros mismos.
Reflexión: ¿Puedo "ser" algo separado de Dios?



Si condeno a un hermano me condeno a mi mismo y condeno a DIOS.
ResponderEliminarSi condeno a un hermano me condeno a mi mismo y condeno a DIOS.
ResponderEliminarExcelente la cita de Emilio Carrillo
ResponderEliminarQue bello es tener presente esta practica,se suaviza n muchas asperesas
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarExcelente lección y reflexión. Solo teniendo la mente abierta se puede contemplar analizarlo desde ese punto de vista.
ResponderEliminarQué alivio,he sentido incomodidad y me autodiscriminaba x no poder vivenciar la existencia de Un Dios, externo a nosotros y muy poderoso.
ResponderEliminarNo....yo y Dios Somos Uno
ResponderEliminarExcelente explicación gracias!!!
ResponderEliminarFuimos creados a imagen y semejanza de Dios es decir somos Dioses en formación con todos los dones de Dios pues es la única herencia que podemos reclamar y ya nos es dada, somos uno con la fuente y con el todo, la creencia en la separación ha hecho que las personas creen un Dios a su imágen y semejanza he allí la creencia en un Dios castigador, la creencia en la ira de Dios y de que Dios nos pueda castigar por algo, esta lección nos recuerda que Dios no nos condena porque para Dios no existe ni el pecado ni la culpa, Dios no me condena porque soy inocente por lo cuál yo tampoco voy a condenarme y también libero de culpa a mí hermano pues también es inocente, Gracias Juan José.
ResponderEliminarSoy Uno con Dios y mis Hermanos🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙
ResponderEliminarGracias🙏❤️
ResponderEliminarHola 👋 Juan José! Hola a tod@s! Soy el santo hijo, de Dios mismo.YO SOY EL YO SOY. Gratitud!🙏
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