miércoles, 30 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 335

LECCIÓN 335

Elijo ver la impecabilidad de mi hermano.


1. Perdonar es una elección. 2Nunca veo a mi hermano tal como es, pues eso está mucho más allá de la percepción. 3Lo que veo en él es simplemente lo que deseo ver, pues eso es lo que quiero que sea verdad. 4A eso es a lo único que respondo, por mucho que parezca que es a los acontecimientos externos. 5Elijo lo que deseo contemplar, y eso, y sólo eso, es lo que veo. 6La impecabilidad de mi hermano me muestra que quiero contemplar la mía propia. 7Y la veré, puesto que he decidido ver a mi hermano en la santa luz de su inocencia.

2. ¿De qué otro modo podría restituírseme Tu recuerdo, sino viendo la inocencia de mi hermano? 2Su santidad me recuerda que él fue creado uno conmigo y semejante a mí. 3En él encuentro mi Ser, y en Tu Hijo encuentro asimismo el recuerdo de Ti.


¿Qué me enseña esta lección? 

¿Hay algo más hermoso, puro y elevado que el perdón? 

Aquellos que hemos sentido el pesado fardo de la culpa sobre nuestras frágiles espaldas, sabemos el alivio que compensa el sincero perdón. 

He creído notar una cierta diferencia entre perdonar y perdonarse. Hubiera apostado, que perdonar a otros, resulta más fácil que perdonarse a uno mismo. Tal vez, esa ilusión se debiera a que es más fácil ver fuera lo que no vemos dentro. 

Hoy tengo la certeza, de que no hay diferencias, pues en la medida en que perdonamos a otros, estamos realmente afirmando que nos hemos perdonado, pues nadie puede dar lo que no tiene.

Cuando vemos la impecabilidad en nuestros hermanos, estamos manifestando al mundo nuestra condición de perdonar. Estamos compartiendo la fuerza del Amor y el gesto más elevado que podemos expresar es no ver el pecado en nosotros, ni en los demás. De este modo, no tendremos ni tan siquiera que perdonar, pues no hay nada que perdonar.

La siguiente cita, define maravillosamente el contenido de esta lección: “lo que el corazón desea, la mente nos lo muestra”, o dicho de otro modo, “lo que veo es lo que deseo ver”.

Realmente somos afortunados. Ser Hijos de Dios, nos aporta la condición de la Plenitud, de la Gracia, de la Abundancia, pero, lo hemos olvidado. Hasta tal punto ha sido así, que nuestra visión separada, característica del sistema de pensamiento del ego, nos lleva a perseguir como máximos objetivos, la compensación de nuestra escasez, de nuestras necesidades y conflictos, de nuestras preocupaciones y miedos.

El logro de la Paz ha de llevarnos a tener la total Certeza de que Somos Seres Espirituales Plenos y Uno, con Dios y con Todo lo Creado. Cuando esta visión forme parte de nuestras creencias, sabremos lo que es la Salvación.

Ejemplo-Guía: "Lo que el corazón desea, la mente nos lo muestra"

Sí, con esta afirmación, quedamos totalmente desarmados. Si lo que veo es lo que deseo ver, ya no puedo seguir ocultándome a mi mismo, que soy el único soñador de mis sueños, el único fabricante de mis experiencias, del mundo que, ilusoriamente, creo ver.

Todo el Curso, con sus enseñanzas, nos llevan a un punto, que el ego considera muy crítico: desaprender lo aprendido, para volver aprender.

Tenemos la creencia de que hemos andado un largo camino, y durante ese trayecto, a pesar de haber andado el camino junto a nuestros hermanos, en ningún momento hemos percibido que entre ellos y nosotros haya podido existir unidad. La percepción del otro, ha despertado nuestros miedos. Ese miedo no requiere de manifestación externa para experimentarlo. Ya se encuentra en nuestra mente, pues ese miedo es ausencia de amor, ausencia de consciencia de unidad. El miedo que proyectamos en el otro, es un miedo inventado por nosotros mismos. Vivir con miedo, ser consciente de que somos los hacedores del miedo, nos hace débiles y por esta razón, preferimos un agente externo que nos incite a su justificación para poder condenarlo fuera.

La afirmación que da título a este ejemplo-guía, debe conducirnos hacia la verdad. Tal vez, podamos sentir la necesidad de no darle credibilidad, pues hacerlo significa que no podemos continuar culpando a los demás de nuestras acciones. Pero si conseguimos trascender ese temor interior a vernos tal y como somos, recordaremos nuestra verdadera identidad, la cual no es otra que ser el Hijo de Dios. ¿Acaso el hijo no es igual que el padre? ¿Acaso no cuenta con su mismo poder creador?

La Lección de hoy, sin duda alguna, nos invita a despojarnos de nuestra falsa identidad. De manos de la creencia en el pecado, dimos credibilidad a la culpa y con ello, a la falsa creencia de que Dios nos expulsó del "Paraíso" y nos "castiga" por nuestros pecados.

Cuando reflexionamos sobre la supuesta sentencia condenatoria de Dios sobre su descendencia, y lo hacemos con una Visión de Impecabilidad, de Amor, nos resulta muy difícil creer que el Ser de donde emana la Esencia Creadora del Amor, se muestre insensible y juzgue a su creación con rigor. Si eres padre, no te resultará difícil llegar a esa evidencia. Yo soy padre de tres hijos y mi limitado corazón es incapaz de juzgar tal condena.

Esta Lección es una invitación a percibir de manera correcta. A sustituir la errónea creencia en que es en el ataque donde encontraremos la salvación. Ver la Impecabilidad en nuestros hermanos, es el reconocimiento de que somos Uno en la Filiación de Dios.

Ver la Impecabilidad en nosotros mismos y por ende, en los demás, es la evidencia de que nuestra mente sirve al Espíritu y de que nuestros pensamientos se encuentran en paz.

martes, 29 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 334

LECCIÓN 334

Hoy reclamo los regalos que el perdón otorga.


1. No esperaré ni un solo día más para encontrar los tesoros que mi Padre me ofrece. 2Todas las ilusiones son vanas, y los sueños desaparecen incluso a medida que se van tejiendo con pensamien­tos basados en percepciones falsas. 3No dejes que hoy vuelva a aceptar regalos tan míseros. 4La Voz de Dios les ofrece Su paz a todos los que escuchan y eligen seguirlo. 5Esto es lo que elijo hoy. 6Y así, voy en busca de los tesoros que Dios me ha dado.

2. Busco sólo lo eterno. 2Pues Tu Hijo no podría sentirse satisfecho con menos de eso. 3¿Qué otra cosa, entonces, podría brindarle solaz, sino lo que Tú le ofreces a su desconcertada mente y a su atemorizado corazón, a fin de proporcionarle certeza y traerle paz? 4Hoy quiero contemplar a mi hermano sin mancha alguna de pecado en él. 5Eso es lo que Tu Voluntad dispone que yo haga, pues así es como podré contemplar mi propia impe­cabilidad.

¿Qué me enseña esta lección? 



La identificación del Hijo de Dios con el mundo físico, le lleva a aprender por la vía de la experiencia, por la vía del rigor. La Ley de Causa y Efecto, se convierte en el proceso de aprendizaje en el que debemos tomar consciencia de que aquello que vivimos es la consecuencia directa de lo que hemos sembrado.

Esa Ley está inscrita en nuestro interior y, de una manera inconsciente, respondemos a ella, cada vez que justificamos el castigo, el dolor, como la consecuencia directa de nuestros actos.

Si algo nos va mal, si nos encontramos ante una experiencia que interpretamos como conflictiva, buscamos un culpable, y nos decimos: ¿qué has hecho mal para que te ocurra esto? El tiempo es el aliado de la Ley de Causa y Efecto, y esta creencia ha dado lugar a la Ley del Karma.

Pero, este proceder, pertenece al mundo de la ilusión, al mundo de la temporalidad. Hasta que no recuperemos la consciencia de lo que Somos y de quienes Somos, no nos liberaremos de la celda donde permanecemos prisioneros del error.

El perdón es el camino que debemos recorrer para conseguir alcanzar la Salvación. El perdón es la expresión de la verdad que debemos integrar en nuestra consciencia. Cuando perdonamos, hacemos innecesaria la experiencia del rigor para aprender. El perdón abre las puertas al milagro y éste hace innecesario el tiempo para corregir el error, lo hace de inmediato.

El perdón nos indica que hemos decidido no juzgar, no condenar. Con el perdón recuperamos la visión de la inocencia y con ello, gozamos de la Gracia y de la Paz de nuestro Padre.



Ejemplo-Guía: "¿Quieres ser feliz? Entonces, perdona, perdona, perdona..."

Si crees que mereces ser castigado, lo serás. Si crees que puedes sentir dolor, lo sentirás. Si crees que eres un pecador, sentirás culpa. Si sientes culpa, buscarás redención. Si buscas redención, estarás justificando el castigo. Así, se cierra un círculo que te mantiene prisionero de la ilusión, del error, del miedo.

Ninguna medicina, ningún ungüento mágico, nos sanará de esa enfermedad. Tan sólo existe una llave que puede librarnos de esa prisión. Esa llave es el perdón.

Si crees que eres merecedor de ser perdonado, te perdonarás.

Busca en tu vida cualquier experiencia. Contesta a esta pregunta, ¿te ha aportado la felicidad que colma tu sed de paz?

Nos ha podido tocar mil millones de euros en la lotería. Una explosión de alegría nos inundará. Descorcharemos botellas de champán y brindaremos con todo el mundo en honor a nuestra suerte. Pero apenas culmine ese momento de euforia, nos acosará el temor a perder lo que hemos conseguido. Hemos dejado de ser feliz.

En ese pensamiento de pérdida, va implícito el ataque del otro que desea lo que tenemos. Esa imagen recorre nuestra mente y nos atormenta. Invertiremos parte de nuestro premio de asegurar que nadie puede desposeernos de lo que hemos conseguido y viviremos angustiados por el miedo a.....

Es evidente que en ese pensamiento de temor, hay una ausencia total de amor y de perdón. El amor y el perdón tan solo son posibles cuando dejamos de ver separación entre nuestros hermanos.

Si buscas la felicidad, tan solo podremos encontrarla en nuestro interior, en nuestro pensamiento de perdón. Compartir ese regalo, nos otorgará el regalo de la felicidad y de la paz. 

¡Perdona!, y lo comprobarás.

lunes, 28 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 333

LECCIÓN 333

El perdón pone fin al sueño de conflicto.


1. El conflicto debe ser resuelto. 2Si se quiere escapar de él, no debe evadirse, ignorarse, negarse, encubrirse, verse en otra parte, llamarse por otro nombre u ocultarse mediante cualquier clase de engaños. 3Tiene que verse exactamente como es, allí donde se cree que está, y tiene que verse también la realidad que se le ha otorgado y el propósito que le ha asignado la mente. 4Pues sólo entonces se desmantelan sus defensas y la verdad puede arrojar su luz sobre él según desaparece.

2. Padre, el perdón es la luz que Tú elegiste para que desvaneciese todo conflicto y toda duda, y para que alumbrase el camino que nos lleva de regreso a Ti. 2Ninguna otra luz puede dar fin a nuestro sueño malvado. 3Ninguna otra luz puede salvar al mundo. 4Pues dicha luz es lo único que jamás ha de fallar, ya que es el regalo que le has hecho a Tu Hijo bienamado.


¿Qué me enseña esta lección?

El propio Carl Gustav Jung, se hubiese podido inspirar en el contenido de esta lección para determinar un tratado psicológico orientado a superar el miedo y el conflicto.

Por lo general, cuando algo nos da miedo, tendemos a identificarnos con él y con ello a hacerlo real, pero al mismo tiempo, tratamos de alejarlo de nuestra consciencia y lo reprimimos, mandándolo a nuestro inconsciente. Es allí, donde se almacenan todos nuestros temores, todas nuestras fobias, sin que ejerzamos un control sobre ellas.

Esta lección nos indica que debemos mirar de frente al conflicto, cuando éste ocupe nuestra mente. Es importante reconocer que le estamos dando poder sobre nuestras vidas. Le permitimos paralizarnos, le permitimos que nos prive de la paz, de la alegría, de la felicidad.

Debemos ser conscientes, de que el sentimiento que despierta en nosotros se lo permitimos. Podemos verlo de otra manera y, con ello, estamos tomando el control de nuestra mente.

El conflicto es una interpretación, un juicio, cuyo origen se encuentra en la mente. Nada fuera de nosotros puede hacernos daño. Tan sólo si se lo permitimos. Es nuestra decisión.

Debemos ser los dueños y señores de nuestras vidas. Debemos decidir si servir al mundo de la ilusión y, con ello, al mundo del miedo, o por el contrario, decidimos servir a la verdad, al Ser que Somos y,  con ello, al mundo del Perdón y del Amor.

Todo miedo procede de la falsa creencia en el pecado. Liberémonos de esa limitación y recuperemos nuestra visión inocente. Amemos en cada momento y el conflicto no tendrá cabida en nuestras vidas.

Ejemplo-Guía: "Auto-terapia"

Cuando analizábamos la enseñanza recogida en la Lección 331, veíamos que el conflicto es imposible cuando hacemos que nuestra voluntad y la Voluntad de nuestro Padre vibren al unísono.
Terminábamos nuestra reflexión, diciendo que detrás de cada situación de conflicto descubriremos una total ausencia de Amor, o lo que es lo mismo, descubriremos la ilusión del miedo, que el sistema de pensamiento del ego hace tan real.

Esta Lección, vuelve a abordar el tema del conflicto percibido por el ego y nos aporta un método para resolverlo. No se trata de ocultar su percepción, pues el simple hecho de creer en que podemos ocultarlo denota dos cosas, una que lo hacemos real y otra, que nos produce miedo, temor y culpa.

Las recomendaciones que nos aporta el Curso va en el sentido de hacernos plenamente conscientes de aquello que nos lleva a percibir el conflicto. Para ello, debemos orientar nuestros pensamientos hacia la causa que da origen al mismo. Ello, nos llevará a descubrir que el miedo, así como su efecto, el conflicto, son meros pensamientos que se caracterizan por la ausencia de Amor.
Donde vemos el miedo, es la señal inequívoca de que hemos tomado la decisión de sustituir el amor por ese otro sentimiento.

Parémonos un instante en lo que hemos dicho. No podemos permitir que se quede en un mensaje teórico. Es el momento de practicar esa teoría. 
¿Nos da miedo la oscuridad? No la evites, como has venido haciendo cuando te encontrabas en su presencia. Mírala. Observa tus pensamientos. ¿Quién lo domina?
¿Quién te obliga a pensar de una manera determinada? Hazte consciente de que tú eres el único que puede dar valor a las imágenes  que tu mente te presenta.
Reconocer esto es muy importante, pues nos da la opción de elegir identificarnos con el sueño, con las pesadillas, o reconocer que tan solo estamos soñando.

domingo, 27 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 332

LECCIÓN 332

El miedo aprisiona al mundo. El perdón lo libera.

1. El ego forja ilusiones. 2La verdad desvanece sus sueños malva­dos con el brillo de su fulgor. 3La verdad nunca ataca. 4Sencilla­mente es. 5Y por medio de su presencia se retira a la mente de las fantasías, y así ésta despierta a lo real. 6El perdón invita a esta presencia a que entre, y a que ocupe el lugar que le corresponde en la mente. 7Sin el perdón, la mente se encuentra encadenada, creyendo en su propia futilidad. 8Mas con el perdón, la luz brilla a través del sueño de tinieblas, ofreciéndole esperanzas y propor­cionándole los medios para que tome conciencia de la libertad que es su herencia.

2. Hoy no queremos volver a aprisionar al mundo. 2El miedo lo man­tiene aprisionado. 3Mas Tu Amor nos ha proporcionado los medios para liberarlo. 4Padre, queremos liberarlo ahora. 5Pues cuando ofrecemos libertad se nos concede a nosotros. 6Y no queremos seguir presos cuando Tú nos ofreces la libertad.


¿Qué me enseña esta lección? 

El origen del miedo es el pecado, sin embargo, el pecado no es real, tan solo existe en la mente que, erróneamente, cree en él. Por lo tanto, el miedo, tampoco es real, tan solo existe en la mente que lo hace real.

A lo que el Hijo de Dios ha llamado pecado, es a la creencia de que se encuentra separado de su Creador, como consecuencia de haber dirigido su atención, su voluntad, hacia la dimensión física, con el único propósito de utilizar su poder creador.

Ese acto volitivo de ser “independiente” le ha llevado a dejar de aprender por “vía directa” y elegir aprender a través de la experiencia. Ese tránsito ha sido recogido en la Biblia como la necesidad de “ganar el pan con el sudor de su frente”.

El “pan” es el símbolo del alimento espiritual que enriquece nuestra conciencia. Aprender por la vía de la experiencia, nos conecta con la vía del dolor, en la cual, se justifica el castigo, el sufrimiento, como medidas de aprendizaje por sentirnos pecadores. 

Sin embargo, existe una vía liberadora, es la vía del Perdón. Cuando perdonamos, estamos reconociendo que la verdadera naturaleza del hombre es la inocencia. El perdón nos hace recordar que podemos acceder a la verdad por la vía directa, y para conseguirlo, lo único que tenemos que hacer es ver la Unidad que nos mantiene unido a todo lo creado.


Ejemplo.Guía: "El miedo a Amar"

¿Cómo es posible que podamos tener miedo al amor? 

Tan solo para el sistema de pensamiento del ego, nos hace partícipes de la creencia de que podemos tener miedo al amor.

Desde la Visión de Cristo, podemos asegurar que el amor no ve el miedo, por lo tanto, es imposible sentir miedo al amar:
La atracción de la culpabilidad hace que se le tenga miedo al amor, pues el amor nunca se fijaría en la culpabilidad en absoluto. 2La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad ­-donde se ve a sí mismo- y fundirse con ella en santa unión y en compleción. 3De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor. 4Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como que el miedo depende de ella. 5El amor sólo se siente atraí­do por el amor. 6Al pasar por alto completamente a la culpabili­dad, el amor no ve el miedo. 7Al estar totalmente desprovisto de ataque es imposible que pueda temer. 8El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe. 9El miedo contempla la culpabilidad con la misma devo­ción con la que el amor se contempla a sí mismo. 10Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos. (C.19.IV.i.10)
Para el ego, el miedo amar, llega a convertirse en uno de sus fobias favoritas, hasta tal punto es así, que gran parte del guion de lo que llama "vida" es protagonizado por escenas relacionadas con el miedo a fracasar en el amor. La causa de tanta desdicha debemos buscarla en el miedo a no ser amado. Para evitar experimentar el rechazo y el abandono, el ego despliega una serie de estrategias a cual más demente: el celo, la duda, el juicio, el castigo, etc

Cuando experimentamos una vivencia amorosa, lo que el Curso denomina relaciones especiales, lo hacemos guiado por el miedo, por la creencia en la separación y por compensación de culpa. ¿Cómo para no tener miedo a amar, desde esa perspectiva?

El miedo a perder, inspirado por el deseo de posesión, es el resultado de una mentalidad egoica. Si el Amor es libertad, las experiencias amorosas inspiradas por el ego es lo más alejado de interpretarse como una experiencia liberadora.
Todas las relaciones especiales tienen como meta el pecado, 2pues son tratos que se hacen con la realidad, a la que la aparente unión se adapta. 3No te olvides de esto: hacer tratos es fijar lími­tes, y no podrás sino odiar a cualquier hermano con el que tengas una relación parcial. 4Quizá trates de respetar el trato en nombre de lo que es "justo", exigiendo a veces ser tú el que pague, aun­que lo más frecuente es que se lo exijas al otro. 5Al hacer lo que es ''justo”, pues, tratas de mitigar la culpabilidad que emana del propósito que aceptaste para la relación.(C.21.III.2-5)

sábado, 26 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 331

12. ¿Qué es el ego?

1. El ego no es otra cosa que idolatría; el símbolo de un yo limi­tado y separado, nacido en un cuerpo, condenado a sufrir y a que su vida acabe en la muerte. 2Es la "voluntad" que ve a la Voluntad de Dios como su enemigo, y que adopta una forma en que Ésta es negada. 3El ego es la "prueba" de que la fuerza es débil y el amor temible, la vida en realidad es la muerte y sólo lo que se opone a Dios es verdad.

2. El ego es demente. 2Lleno de miedo, cree alzarse más allá de lo Omnipresente, aparte de la Totalidad y separado de lo Infinito. 3En su demencia cree también haber vencido a Dios Mismo. 4Y desde su terrible autonomía "ve" que la Voluntad de Dios ha sido destruida. 5Sueña con el castigo y tiembla ante las figuras de sus sueños: sus enemigos, que andan tras él queriendo asesinarlo antes de que él pueda proteger su seguridad atacándolos primero.

3. El Hijo de Dios no tiene ego. 2¿Qué puede saber él de la locura o de la muerte de Dios, cuando mora en Él? 3¿Qué puede saber de penas o de sufrimientos, cuando vive en una dicha eterna? 4¿Qué puede saber del miedo o del castigo, del pecado o de la culpabili­dad, del odio o del ataque, cuando lo único que le rodea es paz eterna, por siempre imperturbable y libre de todo conflicto, en la tranquilidad y silencio más profundos?

4. Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamien­tos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperan­zas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el precio que hay que pagar por creer en él. 2Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios. aY la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos seguidores se preparan para morir.

5. Una sola azucena de perdón, no obstante, puede transformar la oscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma. 2Y la paz se les restituirá para siempre a las santas mentes que Dios creó como Su Hijo, Su morada, Su dicha y Su amor, completamente Suyas, y completamente unidas a Él.


LECCIÓN 331

El conflicto no existe, pues mi voluntad es la Tuya.

1. Padre, ¡qué absurdo creer que Tu Hijo podía causarse sufrimiento así mismo! 2¿Cómo iba él a poder planear su condenación sin que se le hubiera provisto de un camino seguro que lo condujese a su liberación? 3Me amas, Padre, 4y nunca habrías podido dejarme en la desolación, para morir en un mundo de dolor y crueldad. 5¿Cómo pude jamás pen­sar que el Amor se había abandonado a Mismo? 6No hay otra volun­tad que la Voluntad del Amor. 7El miedo es un sueño, y no tiene una voluntad que pueda estar en conflicto con la Tuya. 8Estar en conflicto es estar dormido; la paz, estar despierto. 9La muerte es una ilusión, y la vida, la verdad eterna. 10Nada se opone a Tu Voluntad. 11El conflicto no existe, pues mi voluntad es la Tuya.

2. El perdón nos muestra que la Voluntad de Dios es una sola y que la compartimos. 2Contemplemos los santos panoramas que hoy nos muestra el perdón, de modo que podamos encontrar la paz de Dios. 3Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

La Paz sólo es posible cuando nuestra Voluntad es Amar y Perdonar.

Cualquier otra dirección que demos a nuestra voluntad, si no nos lleva a amar y perdonar, es una voluntad que sirve a la ilusión y al error.
Debemos ser conscientes, que del mismo modo que nuestra mente nos lleva a cometer errores, nos lleva a corregirlos y a perdonarlos. Esta lección es muy importante, pues, en el camino del despertar, podemos encontrarnos que nuestro comportamiento no siempre está a la altura de nuestras pretensiones, y cuando esto ocurre es fácil sucumbir en la tentación de caer en el sentimiento de culpabilidad y en la búsqueda del correctivo que nos libere de ella, del castigo.

Sin apenas darnos cuenta de ello, nos sorprendemos con expresiones como esta: “me he quitado un peso de encima”. Lo que hemos hecho es liberar nuestra consciencia de la culpa, que en realidad se vive como un gran peso.

Cuando nos ponemos al servicio del Espíritu Santo, le solicitamos expiación. Su respuesta nos permite tomar consciencia de la verdad en el momento en el que estamos actuando erróneamente. Ese nivel de percepción verdadera, es la antesala del despertar.

Tomar consciencia del error cuando lo cometemos, ha de llevarnos, no al castigo, sino a la satisfacción de ser consciente de ello, y a continuación, corregirlo y perdonarnos y/o perdonar a los demás.

Una vez despiertos, una vez que sabemos que nos hemos identificado con un profundo sueño, del cual hemos sido los soñadores, tendremos la visión real de que el Hijo de Dios permanece inalterable en el seno de su Creador.

Durante el sueño, olvidamos nuestro origen y caemos en manos de las estrategias del ego. Él nos convencerá de que la única realidad es la que percibe del mundo físico, pero jamás podrá encontrar la paz encontrándose en el centro del conflicto.

Ejemplo-Guía: "¿Qué situaciones son las que vives desde el conflicto?

Retomamos, hoy, la dinámica de adentrarnos en nuestro mundo interior y buscar respuestas que nos ayuden a conocernos. Esta dinámica, siempre es más directa que elegir aprender por la vía del "espejo", es decir, de recibir de los demás aquello que estamos proyectando sobre ellos.

Cada vez que ponemos en manos del ego, nuestras decisiones, debemos esperar que el resultado de las mismas, desemboquen en una experiencia conflictiva. La razón de que esto sea así, nos lo enseña la Lección de hoy. Mientras que pensemos que nuestra voluntad puede negar a la Voluntad de nuestro Padre, estaremos alimentando el conflicto y con ello, la ausencia de Paz.

Pensar en términos de ego, es decir, aplicar el sistema de pensamiento del ego, basado en la creencia de que somos seres separados de los demás y de nuestro creador (pensamos que nos hemos creado a nosotros mismos), nos lleva a dirigir nuestra vida desde la guía de nuestra voluntad. Si sembramos desde la creencia de la separación, del miedo, de la culpa, no podemos esperar que nuestra cosecha, nos aporte felicidad, dicha, plenitud, pues la separación genera luchas; el miedo, dolor y la culpa, sufrimiento.

Se hace evidente, que si no queremos vivir el conflicto, tenemos que alcanzar un nivel de coherencia con la verdad de lo que somos. Ser coherente, significa que nuestra voluntad no es otra que hacer la Voluntad de Dios. Ya hemos dicho en otra ocasión, que la hacer la Voluntad de Dios es ser conscientes de lo que somos: un Ser Espiritual, ilimitado, inocente, impecable y eterno.

Esta Lección nos invita a reflexionar sobre aquellas situaciones que experimentamos desde el conflicto. No tendremos dificultad en comprobar que detrás de cada una de estas situaciones se encuentra una total falta de amor, o lo que es lo mismo, miedo.     

viernes, 25 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 330

LECCIÓN 330

Hoy no volveré a hacerme daño.


1. Aceptemos hoy que el perdón es nuestra única función. z¿Por qué atacar nuestras mentes y ofrecerles imágenes de dolor? 3¿Por qué enseñarles que son impotentes, cuando Dios les ofrece Su poder y Su Amor y las invita a servirse de lo que ya es suyo? 4La mente que ha llegado a estar dispuesta a aceptar los regalos de Dios ha sido reinstaurada al espíritu, y extiende su libertad y su dicha tal como dispone la Voluntad de Dios unida a la suya pro­pia. 5El Ser que Dios creó no puede pecar, por lo tanto, no puede sufrir. 6Elijamos hoy que Él sea nuestra Identidad, para poder así escapar para siempre de todas las cosas que el sueño de miedo parece ofrecernos.


2. Padre, es imposible hacerle daño a Tu Hijo. 2Y si creemos sufrir, es sólo porque no reconocemos la única Identidad que compartimos Con­tigo. 3Hoy queremos retornar a Ella, a fin de librarnos para siempre de todos nuestros errores y salvarnos de lo que creíamos ser.

¿Qué me enseña esta lección?


¿Quién ha creado el pecado? ¿Quién le ha otorgado tanto poder a esa creencia?

¿Acaso reporta algún beneficio creerse un pecador?


No, no es el cuerpo, la causa que buscamos. El cuerpo está bajo el mandato de la mente. Por lo tanto, el origen de la creencia en el pecado procede de la dirección que le ha otorgado el Hijo de Dios a la mente.

Mientras que existía plena conexión con el Padre, el Hijo de Dios era inconsciente de su individualidad. La adquisición de la identidad individualizada le llevó a adquirir una nueva visión, la separación. Percibir el cuerpo, le lleva a la creencia de que se encuentra separado del resto y de su creador.


A este acto, le asignó la cualidad del pecado y se marcó el firme propósito de recuperar su estado de pureza, para lo cual, renunció a la inocencia, a la felicidad, a la alegría, a la abundancia y cedió su hegemonía a la culpa, al castigo, al dolor, al sufrimiento, a la tristeza y a la enfermedad, a la muerte.

Condenar nos atribuye poder sobre los demás, pero en realidad, es una búsqueda de dominio propio. Nos sentimos culpables por lo que hacemos, pero no por amor a actuar correctamente, sino por miedo. Podríamos considerar nuestras acciones como erróneas, en vez de pecaminosas, pues el error se corrige, mientras que el pecado nos lleva a exigir castigo y sufrimiento.

Soy Hijo de Dios, inocente y puro. No juzgaré mis actos condenatoriamente y no exigiré castigo para tomar consciencia de mis errores. Me perdono y perdono al mundo. Me libero de toda culpa.

Mi mente sirve al Amor y mis ojos ven la Unidad en todo lo creado. 

Ejemplo-Guía: "Una historia real de culpa y dolor"
Resumo brevemente, el sentimiento de una persona que decide compartir su sufrimiento con el único deseo de encontrar comprensión y amor.

"Me encuentro agotada. Hay momentos en los que no deseo vivir por más tiempo la vida que estoy experimentando. No tengo fuerzas para seguir adelante con esta carga".

Madre de familia, que se enfrenta a una experiencia de fracaso en su matrimonio y que sufre muy intensamente al ver que su familia está desecha. Se ve obligada a tener que tomar decisiones que a veces no le aportan paz, pero al mismo tiempo se siente engañada y humillada, lo que la lleva a una lucha interior que la agota.

Esta persona visualiza su vida desde el papel de víctima. No comprende, como ha podido llegar a esta situación, cuando ha ofrecido tanto en su relación. En su mundo interno, mantiene oculto sentimientos de culpa hacia la situación de uno de sus hijos. El recuerdo de un embarazo no deseado y los actos afrontados, a veces inconscientemente, para no desear que esa criatura llegase a este mundo, ahora la atormentan al contemplar las limitaciones con las que nació su hijo. A pesar de estar entregada en cuerpo y alma en la educación y cuidado de ese hijo, no puede evitar sentir un profundo dolor al verse culpable de esa experiencia.

Este alma debe comprender, que entre padres e hijos, entre esposo y esposa, entre hermanos, siempre hay un pacto de amor que los hace cómplices para que cada una de las partes de la relación pueda afrontar el programa que su Ser Divino ha elegido. Con la visión del ego, con la creencia en la separación, esta luz no se percibe. Pero cuando logramos recordar lo que realmente somos, entonces sí abrimos los ojos a la realidad y dejamos de ver la ilusión.

Un nuevo argumento alcanza la mente de esta madre y esa visión le aporta paz. No hay culpa. Nunca la habido, salvo para su creencia en ella.

Esa práctica de perdón, aplicada a la relación de su matrimonio, le permitirá alcanzar, igualmente, el estado de paz deseado. Comprender que los demás son nuestras proyecciones, nos permite verlo como nuestros maestros, pues nos están revelando nuestro mundo interno. Ese pacto de Amor, no pertenece a este mundo. Se elige en el Cielo y su plan consiste en ser útiles, unos a otros, en el inevitable encuentro con el Plan de Salvación.

jueves, 24 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 329

LECCIÓN 329

He elegido ya lo que Tu Voluntad dispone.



1. Padre, pensé que me había apartado de Tu Voluntad, que la había desafiado, que había violado sus leyes y que había interpuesto otra volun­tad más poderosa que la Tuya. 2En realidad, no obstante, no soy otra cosa que una extensión de Tu Voluntad que se extiende continuamente. 3Eso es lo que soy, y ello jamás ha de cambiar. 4Así como Tú eres Uno, yo soy uno Contigo. 5Eso fue lo que elegí en mi creación, en la que mi voluntad se hizo eternamente una con la Tuya. 6Esa decisión se tomó para siempre. 7No puede cambiar ni oponerse a sí misma. 8Padre, mi voluntad es la Tuya. 9Estoy a salvo, tranquilo y sereno, y gozo de una dicha intermina­ble porque así lo dispone Tu Voluntad.

2. Hoy aceptaremos la unión que existe entre nosotros, y entre nosotros y nuestra Fuente. 2No tenemos otra voluntad que la Suya y todos somos uno porque todos compartimos Su Voluntad. 3A través de Ella reconocemos que somos uno solo. 4A través de Ella encontramos por fin el camino que nos conduce a Dios.



¿Qué me enseña esta lección?

Somos Hijos de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza. Somos extensión de la Mente Creadora de Dios y por lo tanto, Somos Uno con Él.

Como fruto de su labor creadora, somos portadores potenciales de sus mismos Atributos. Por lo tanto, tenemos la potestad de utilizar esos dones con plena libertad.

Ser herederos legítimos de Sus Poderes, nos hace Uno con Él, sin embargo, el uso del Libre Albedrío, nos ha llevado a prestar atención y a dirigir nuestra facultad volitiva hacia un estado de la Energía a la que hemos dado la cualidad de la forma.

La identificación del Hijo de Dios con su fabricación, le ha llevado a creer que ese mundo es la realidad. Le ha llevado a creer que su acto, ha sido un acto pecaminoso, indigno a los ojos de Su Padre.

En verdad, la acción del Hijo de Dios, le ha llevado al error de creerse separado de su Esencia, de la Fuente que lo ha creado y, ello, lo ha hundido en la espesa niebla de la culpa.

Mientras que permanece identificado con el cuerpo, con el mundo físico, su voluntad está supeditada a la satisfacción de los deseos, ese impulso que propició la consciencia dual.

“Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo” Podemos traducirlo: “Permíteme amar la Unidad, vivir en la Unidad, Ser la Unidad”.

 Ejemplo-Guía: "Hágase Tu Voluntad"

¿Qué dispone la Voluntad del Padre? 

Estamos habituados a sentir una atracción especial por conocer lo que el destino nos depara. En ocasiones, ese deseo es tan intenso, que decidimos consultar con oráculos sobre este particular. En verdad, nos angustia saber que el destino nos depara un futuro de necesidad, de infelicidad, de enfermedad y calamidades, etc.

Cuestionarnos estas preocupaciones es propio del sistema de pensamiento del ego, pues de este modo mantiene ocupada la mente con pensamientos dirigido hacia la percepción del mundo de la ilusión. En esta visión es obvio que encontramos la presencia del miedo y una total ausencia de amor.

En nuestras oraciones solemos utilizar la expresión "Hágase Tu Voluntad, en la tierra como en el Cielo", y si realmente hemos visionado la realidad, en vez de la ilusión, con esta súplica, lo que estamos pidiendo es que nos permita comprender Su Plan de Salvación y para ello, lo único que tenemos que hacer es reconocer que somos un Ser Espiritual:
1. O bien ves la carne o bien reconoces el espíritu. 2En esto no hay términos medios. 3Si uno de ellos es real, el otro no puede sino ser falso, pues lo que es real niega a su opuesto. 4La visión no ofrece otra opción que ésta. 5Lo que decides al respecto determina todo lo que ves y crees real, así como todo lo que consideras que es verdad. 6De esta elección depende todo tu mundo, pues mediante ella estableces en tu propio sistema de creencias lo que eres: carne o espíritu. 7Si eliges ser carne jamás podrás escaparte del cuerpo al verlo como tu realidad, pues tu decisión reflejará que eso es lo que quieres. 8Pero si eliges el espíritu, el Cielo mismo se inclinará para tocar tus ojos y bendecir tu santa visión a fin de que no veas más el mundo de la carne, salvo para sanar, consolar y bendecir.

2. La salvación es un deshacer. 2Si eliges ver el cuerpo, ves un mundo de separación, de cosas inconexas y de sucesos que no tienen ningún sentido. 3Alguien aparece y luego desaparece al morir; otro es condenado al sufrimiento y a la pérdida. 4Y nadie es exactamente como era un instante antes ni será el mismo. un instante después. 5¿Qué confianza se puede tener ahí donde se percibe tanto cambio? a¿Y qué valía puede tener quien no es más que polvo? 6La salvación es el proceso que deshace todo esto. 7Pues la constancia es lo que ven aquellos cuyos ojos la salvación ha liberado de tener que contemplar el costo que supone conser­var la culpabilidad, ya que en lugar de ello eligieron abando­narla.

3. La salvación no te pide que contemples el espíritu y no percibas el cuerpo. 2Simplemente te pide que ésa sea tu elección. 3Pues puedes ver el cuerpo sin ayuda, pero no sabes cómo contemplar otro mundo aparte de él. 4Tu mundo es lo que la salvación habrá de deshacer, permitiéndote así ver otro que tus ojos jamás habrían podido encontrar. 5Cómo va a lograrse esto no es algo que deba preocuparte. 6No comprendes cómo apareció ante ti lo que ves, 7pues si lo comprendieses, desaparecería. 8El velo de la ignorancia está corrido igualmente sobre lo bueno que sobre lo malo, y se tiene que traspasar para que ambas cosas puedan desaparecer a fin de que la percepción no encuentre ningún lugar donde ocul­tarse. 9¿Cómo se puede hacer esto? 10No se puede hacer en abso­luto. 11Pues ¿qué podría aún quedar por hacer en el universo que Dios creó?

4. Sólo la arrogancia podría hacerte pensar que tienes que allanar el camino que conduce al Cielo. 2Se te han proporcionado los medios para que puedas ver el mundo que reemplazará al que tú inventaste. 3¡Hágase tu voluntad! 4Esto es verdad para siempre tanto en el Cielo como en la tierra, 5independientemente de dónde creas estar o de lo que creas que la verdad acerca de ti mismo debe realmente ser. 6Independientemente también de lo que contem­ples, y de lo que elijas sentir, pensar o desear. 7Pues Dios Mismo ha dicho: "Hágase tu voluntad". 8Y, consecuentemente, se hace.

5. Tú que crees que puedes ver al Hijo de Dios como quisieras que fuese, no olvides que ningún concepto que abrigues de ti mismo puede oponerse a la verdad de lo que eres. 2Erradicar la verdad es imposible. 3Pero cambiar de conceptos no es difícil. 4Una sola visión que se vea claramente y que no se ajuste a la imagen que antes se percibía, hará que el mundo sea diferente para aquellos ojos que hayan aprendido a ver porque el concepto del yo habrá cambiado.

6. ¿Eres invulnerable? 2Entonces el mundo te parece un lugar ino­fensivo. 3¿Perdonas? 4Entonces el mundo es misericordioso, pues le has perdonado sus ofensas, de modo que te contempla tal como tú lo contemplas a él. 5¿Eres un cuerpo? 6Entonces ves en cada hermano un traidor, listo para matar. 7¿Eres espíritu, inmor­tal y sin la más mínima posibilidad de corrupción ni mancha alguna de pecado sobre ti? 8Entonces ves estabilidad en el mundo, pues ahora es absolutamente digno de toda tu confianza: un lugar feliz en donde descansar por un tiempo, en donde no hay nada que temer, sino sólo amar. 9¿Le negarían los puros de corazón la bienvenida a alguien? 10¿Y qué podría herir a los que son verdaderamente inocentes?

7. ¡Hágase tu voluntad, santa criatura de Dios! 2No importa si crees estar en el Cielo o en la tierra. 3Lo que la Voluntad de tu Padre ha dispuesto para ti jamás ha de cambiar. 4La verdad en ti permanece tan radiante como una estrella, tan pura como la luz, tan inocente como el amor mismo. 5Y tú eres digno de que se haga tu voluntad. (C.31.VI.1:7)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 328

LECCIÓN 328

Elijo estar en segundo lugar para obtener el primero.

1. Lo que parece ser el segundo lugar es en realidad el primero, pues percibimos todo al revés hasta que decidimos escuchar la Voz que habla por Dios. 2Nos parece que sólo podemos alcanzar autonomía si nos esforzamos por estar separados, y que la manera de salvarnos es aislándonos del resto de la creación de Dios. 3No obstante, lo único que podemos derivar de ello es enfermedades, sufrimientos, pérdidas y muerte. 4Esto no es lo que nuestro Padre dispone para nosotros, y no existe otra voluntad que la Suya. 5Unirnos a Su Voluntad es encontrar la nuestra. 6Y, puesto que nuestra voluntad es la Suya, es a Él a Quien debemos acudir para reconocer nuestra voluntad.

2. No hay otra voluntad que la Tuya. 2Y me alegro de que nada que pueda imaginarme contradiga lo que Tú quieres que yo sea. 3Tu Volun­tad es que yo me encuentre completamente a salvo y eternamente en paz. 4Y comparto gustosamente Contigo, Padre mío, esa Voluntad que Tú me otorgaste como parte de mí.


¿Qué me enseña esta lección?

No puedo evitar que mi mente recuerde la parábola recogida por Mateos en su evangelio en la que se nos enseña, que “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”.

Permitid que comparta su contenido. Es una hermosa lección:


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:



"El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:


“Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo”.

Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo la mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo:

“¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?”

Ellos le respondieron:

“Porque nadie nos ha contratado”.

Él les dijo:

“Vayan también ustedes a mi viña”.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador:

“Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros”.

Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole:

“Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor”.

Pero él respondió a uno de ellos:

“Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos". Mateos, 20. 1-16


Como bien recoge la lección, en el mundo físico, percibimos todo al revés.

En el mundo donde impera la visión de la separación, donde dar es perder, ser el primero se convierte en el primordial propósito, pues alcanzar la primacía es sinónimo de poder y de orgullo. Pero no estaríamos analizando esta singularidad, si no fuese porque, por lo general, para alcanzar ese puesto relevante, no importa los medios que utilizamos para conseguirlo. Vemos al otro como al rival y su oposición es interpretado como un ataque, lo cual nos faculta para defendernos, por supuesto, con un buen ataque.

Pero las cosas son diferentes cuando se produce en nosotros una inversión en nuestros valores. Comenzamos a ver que la separación es un error, portador de sufrimiento, dolor, tristeza, enfermedad y muerte, y en su lugar, sustituimos el miedo por el Amor, lo que nos llevará a ceder el lugar de primogénito a nuestro hermano. Ese acto, está exento de vanidad, tan sólo lo mueve el impulso de dar.

¿Qué valor tiene, desde el punto de vista de la Unidad, ser el primero?

La competitividad pertenece al mundo del ego. En el Reino de los Cielo, ese concepto no tiene valor alguno.

La sociedad, el acto de ceder la primacía al otro se interpreta como un acto de debilidad, de falta de carácter y de personalidad. Nada más lejos de la verdadera realidad.

Ejemplo-Guía: "Ser el primero en el mundo, no es igual, que ser el primero en la eternidad"



Así nos lo presenta el Curso:

"El primero en el tiempo no significa nada, pero el Primero en la eternidad es Dios el Padre, Quien es a la vez Primero y Uno. Más allá del Primero no hay ningún otro, pues no hay ninguna secuencia, ni segundo ni tercero, ni nada excepto el Primero." 
¿Por qué necesitamos ser el primero? ¿Por qué tenemos ese deseo de ser especial?

Podemos leer en el Capítulo 24 del Curso, en el apartado I, que el deseo de ser especial es el sustituto del amor.

1. El amor es extensión. 2Negarte a dar un regalo -por insignifi­cante que sea- es no conocer el propósito del amor. 3El amor lo da todo eternamente. 4Si retienes una sola creencia, una sola ofrenda, el amor desaparece, pues has pedido que un sustituto ocupe su lugar. 5Y ahora la pugna -el substituto de la paz- no puede sino acompañar a la única alternativa que puedes elegir en lugar del amor. 6El que la hayas elegido es lo que le confiere toda la realidad que parece tener.

2. Las creencias nunca se atacarán unas a otras abiertamente, ya que es imposible que se puedan producir desenlaces conflictivos. 2Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantie­nen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensa­tos o no. 3Y son muchos los resultados insensatos que se han obtenido y muchas las decisiones absurdas que se han tomado que ahora se han convertido en creencias a las que se les ha otor­gado el poder de determinar las decisiones subsiguientes. 4No subestimes el poder que tienen estos guerreros ocultos para des­truir tu paz. 5Pues ésta se encuentra a su merced mientras tu deci­sión de dejarla en sus manos siga en pie. 6Los enemigos secretos de la paz -tu más mínima decisión de elegir el ataque en vez del amor- se encuentran ahí por tu propia elección, sin ser reconoci­dos y prestos a desafiarte a combatir y a llevarte a una violencia mucho más grande de lo que te imaginas. 7No niegues su presen­cia ni sus terribles resultados. 8Lo único que se puede negar es su realidad, no sus consecuencias.

3. La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. 2Esto se manifiesta de muchas formas, pero siempre choca con la realidad de la creación de Dios y con la grandeza con la que Él dotó a Su Hijo. 3¿Qué otra cosa podría justificar el ataque? 4¿Quién podría odiar a alguien cuyo Ser es el suyo propio y a Quien conoce? 5Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. 6Y cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesi­dad de juzgar.

4. Lo que Dios creó no puede ser atacado, pues no hay nada en el universo que sea diferente de ello. 2Lo que es diferente, sin embargo, exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es "mejor", alguien incapaz de ser como aquel a quien con­dena, alguien "superior" a él, y en comparación, inocente. 3Y así, el deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y en un fin. 4Pues ser especial no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser "inferiores", es "natural" y "justo". 5Los que se creen especiales se sienten débiles y frágiles debido a las diferencias, pues lo que los hace especiales es su enemigo. 6Sin embargo, ellos lo protegen y lo llaman "amigo". 7Luchan por él contra todo el universo, pues no hay nada en el mundo que sea más valioso para ellos.

5. El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. 2He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. 3Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. 4Ser especial es una postura que requiere defensa. 5Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. 6Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión. 7Hay que atacar a aquel que es "peor" que tú, de forma que tu especialismo pueda perpetuarse a costa de su derrota. 8Pues ser especial supone un triunfo, y esa victoria consti­tuye la derrota y humillación de tu hermano. 9¿Cómo puede vivir tu hermano con el fardo de todos tus pecados sobre él? 10¿Y quién, sino tú, es su conquistador?

6. ¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? 2¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? 3¿No harías todo lo posible por ayudarlo a alcan­zarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? 4Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido, eres su amigo. 5Ser especial jamás se puede compar­tir, pues depende de metas que sólo tú puedes alcanzar. 6Y él jamás debe alcanzarlas, pues de otro modo tu meta se vería en peligro. 7¿Qué significado puede tener el amor allí donde el obje­tivo es triunfar? 8¿Y qué decisión puede tomarse en favor de ese objetivo que no acabe perjudicándote?

7. Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. 2No hay diferencia alguna entre vosotros. 3Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. 4Lo que no das, lo pierdes. 5Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. 6Por lo tanto, es el único propósito que tenéis. 7¿Podríais atacaros el uno al otro si decidieseis no permitir que el deseo de ser especial se interpusiese entre vosotros? 8Observa imparcial­mente qué es lo que hace que no aceptes a tu hermano del todo, o qué es lo que te lleva a pensar que quizá os convendría más estar separados. 9¿No es siempre acaso tu creencia de que tu sensación de ser especial se ve menoscabada por vuestra relación? 10¿Y no es éste el "enemigo" que hace que cada uno de vosotros sea una ilusión para el otro?

8. Tu temor a Dios y a tu hermano procede de cada creencia de ser especial que aún no has reconocido. 2Pues exiges que tu hermano se postre ante ella en contra de su voluntad. 3Y Dios Mismo tiene que honrarla o pagar las consecuencias. 4Todo vestigio de malicia, toda punzada de odio y todo deseo de perpetuar la separación nace ahí. 5Pues en este punto el propósito que compartes con tu hermano queda velado de vuestras conciencias. 6Te resistes a aceptar este curso porque te enseña que tú y tu hermano sois igua­les. 7No tenéis ningún propósito que no sea el mismo, ni ninguno que vuestro Padre no comparta con vosotros. 8Pues se ha elimi­nado de vuestra relación todo objetivo de ser especial. 9¿Destrui­rías ahora el objetivo de santidad que el Cielo le confirió a esta relación? 10¿Qué perspectiva puede tener el que se cree especial que no cambie con cada aparente golpe, con cada afrenta, o con cada juicio que se imagina ha sido emitido contra él?

9. Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, 2pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? 3No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. 4Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. 5He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. 6Aquí él no puede sino ser tu ene­migo, no tu amigo. 7Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. 8Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo.

Aplicar esta enseñanza en nuestras vidas, nos lleva a visionar una nueva sociedad, donde la competitividad deje paso a otro tipo de valores, en los que prime los dones y talentos de cada uno, de forma natural. De esta manera, sí podremos compartir lo que somos.
No se trata de atacar los sistemas sociales actuales. Se trata de dirigir nuestra atención a la verdadera causa que nos ha llevado a diseñar un mundo a nuestra medida, me estoy refiriendo a nuestra mente. Es en nuestros pensamientos donde debemos realizar el cambio que queremos ver reflejado en el mundo. Cuando el amor primer por encima de nuestro deseo de ser especiales, dejaremos de ver la separación, dejaremos de percibir la rivalidad, dejaremos de atacar y dejaremos de tener miedo a dar.