martes, 20 de diciembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 355

LECCIÓN 355

La paz, la dicha y los milagros que otorgaré cuando acepte la Palabra de Dios son ilimitados. ¿Por qué no aceptarla hoy?

1. ¿Por qué debo esperar, Padre mío, para recibir la dicha que Tú me prometiste? 2Pues Tú mantendrás Tu Palabra, que le diste a Tu Hijo en el exilio. 3Estoy seguro de que mi tesoro me aguarda y de que sólo tengo que extender la mano para encontrarlo. 4 Incluso ahora mismo mis dedos ya lo están tocando. 5Está muy cerca. 6No es necesario que espere ni un instante más para estar en paz para siempre. 7Es a Ti a Quien elijo, y a mi Identidad junto Contigo. 8Tu Hijo quiere ser él mismo, y reconocerte como su Padre y Creador, así como su Amor.


¿Qué me enseña esta lección? 

Sentí la necesidad interior de dar un paseo. El sol había conseguido ganar la partida a la
débil niebla con la que despuntó la mañana e invitaba a disfrutar de su presencia. No podía negarme a aquella invitación de disfrutar del paisaje nostálgico característico de la entrada del invierno, en el que la mezcla de los opuestos, calor y frío, me extraía a quedar absorto de un diálogo interior.

Protegí mi cuerpo del frío y me calcé con unos botines adecuados que me permitiese cubrir mi andadura con comodidad. Inicié mis pasos, con la satisfacción inicial de poder gozar de unos minutos de comunicación con mi naturaleza espiritual. Esa decisión me llevó a desechar la radio que, en tantas ocasiones, me hacía de compañía en ese tipo de aventura.

No tardé en agradecer aquella decisión, pues apenas hube andado un corto trayecto, pude entrar en un estado de intimidad interior que me permitió aislarme del mundo exterior, hasta tal punto, que en ocasiones, extasiado por la paz que percibía del entorno, me hacía levitar por encima del suelo.

Uno sabe distinguir cuando algo especial está sucediendo en su interior. La percepción que experimenté, hizo que la piel adquiriese una sensación que ya había sentido en otras ocasiones. Los vellos se erizaron y me sentí más liviano. La causa de aquella sensación respondía al sentimiento que albergaba mi corazón. Estaba tan lleno de Amor, que no podía controlar el inmenso caudal de emociones que se daban cita en mi interior.

De mis ojos emanaron lágrimas que pugnaban por suavizar la presión que sentía en mi pecho. A penar si podía respirar entrecortadamente. Comprendí que estaba experimentando un exceso de energía procedente del corazón, donde de manera mental, situé a mi Ser Espiritual en un estrecho abrazo con su Creador.

Tuve la clarividencia de que no pertenecía a este mundo. Tuve la clarividencia de que más allá de ese instante santo, nada era real. Tuve la clarividencia de que era un Ser Completo, Pleno, Sano, Abundante. Tuve la clarividencia de que formaba una Unidad con todo lo que me rodeaba. Y disfruté, gocé, como un niño al sentir la Paz y la Dicha que me inundaba.

Me pregunté, por qué no era capaz de mantener ese estado vivo, presente, en mi consciencia. Supe que la respuesta a esta cuestión se encuentra, solo y únicamente, en mi interior. Se trata de vivir en el eterno presente, eligiendo, en todo momento, Amar.

Ejemplo-Guía: "Damos lo que creemos ser"

Otra manera de expresarlo es: "siempre compartimos lo que deseamos compartir".

No podemos olvidar que existe una relación muy estrecha entre lo que creemos y deseamos ser, es más, el mundo en el que creemos, es el que hemos deseado ver.

Si crees en un mundo limitado, es porque estás deseando un mundo donde estableces límites. Estos límites, con suma frecuencia se traducen en leyes, normas, que convertirnos en nuestros carceleros. 

Es importante recordar que siempre hay una manera diferente de ver las cosas. Por lo general, esa visión suele entrar en conflicto con los cánones establecidos.

Mi propuesta para este ejercicio de reflexión, es invitaros a renovar todas las creencias que alberguemos, y cuando digo todas, son todas. En esta totalidad, incluyo cualquier creencia que hayamos podido adquirir con respecto al Curso que estamos estudiando.  Sí, es preciso quedarnos desnudos de creencias, para permitir que la Verdad nos envuelva en su inmensidad, de tal modo, que quedemos ante la Presencia del Verdadero Conocimiento, el cual está más allá de las limitadas creencias.

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