viernes, 21 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 295

LECCIÓN 295

El Espíritu Santo ve hoy a través de mí.

1. Hoy Cristo pide valerse de mis ojos para así redimir al mundo. 2Me pide este regalo para poder ofrecerme paz mental y eliminar todo terror y pesar. 3Y a medida que se me libra de éstos, los sueños que parecían envolver al mundo desaparecen. 4La redención es una. 5Al salvarme yo, el mundo se salva conmigo. 6Pues todos tenemos que ser redimidos juntos. 7El miedo se presenta en múltiples formas, pero el amor es uno.

2. Padre mío, Cristo me ha pedido un regalo, regalo éste que doy para que se me dé a mí. Ayúdame a usar los ojos de Cristo hoy, y permitir así que el Amor del Espíritu Santo bendiga todo cuanto contemple, de modo que la compasión de Su Amor pueda descender sobre mí.

¿Qué me enseña esta lección?


Ver con los ojos del cuerpo, nos lleva a percibir la separación y, como consecuencia de ello, a identificarnos con un mundo ilusorio y no real.

Los argumentos que fortalecen la creencia del ego, se fundamenta en las experiencias que extrae de su proyección en el mundo físico, donde su identidad queda supeditada a la imagen de un cuerpo.

El proceso de individualización de la conciencia nos ha llevado a negar la Unidad y a sustituirla por la convicción de que nos encontramos separados unos de otros, así como de la Fuente que nos ha Creado, de Dios.

Ver con los ojos del Espíritu, es regalar al Cristo, nuestra visión, de modo, que la percepción errónea ceda su hegemonía a la percepción verdadera, lo que permitirá que dejemos de identificarnos con lo ilusorio y conozcamos nuestra verdadera Realidad, nuestra Esencia Divina. Desde esa visión, Todo es Uno, y nuestra única meta, será hacer consciente esa Unidad a través de nuestras relaciones con los demás.

Ver con los ojos del cuerpo, nos lleva a la contemplación del miedo, del pecado, de la culpa, del castigo, del sufrimiento, del sacrificio, del conflicto, de la enfermedad, de la muerte.

Ver con los ojos del Espíritu Crístico, nos lleva a la contemplación del Amor, de la Inocencia, del Perdón; de la Salvación; de la Dicha; de la Bondad; de la Curación, de la Paz y de la Armonía, de la Eternidad, de la Verdadera Vida.


Ejemplo-Guía: "Ver con los ojos del cuerpo es estar ciego"

No es una afirmación drástica, ni tan siquiera rigurosa, pues, ¿acaso el que goza de la visión puede crear un mundo demente y caótico? ¿cómo es posible que viendo el sufrimiento que causan nuestros actos, podamos continuar infligiéndolos? 

No estamos aludiendo a una limitación de uno de los sentidos físico, de la vista, estamos refiriéndonos a una percepción errónea de la verdadera vida, la que tiene como base esencial, el Amor.

Los ojos del cuerpo pueden estar abiertos y percibir las múltiples formas que le ofrece el mundo material, pero el cuerpo es neutral, ya lo hemos estudiado, y tan sólo es el mensajero, pero no el mensaje. Si nuestra mente ve división, nuestro cuerpo verá diferencias y percibirá separación. Si nuestra mente ve unidad, a pesar de que nuestros cuerpos expresen rasgos distintos, sabremos apreciar los lazos de amor que nos unen.

Recorramos el contenido del Texto y recordemos lo que nos aporta sobre el aspecto que estamos analizando:
"Al contemplar con claridad el mundo que te rodea, no puedes sino darte cuenta de que estás sumergido en la demencia. Ves lo que no está ahí, y oyes lo que no emite sonido. Las emociones que expresas reflejan lo opuesto de lo que sientes. No te comunicas con nadie, y te encuentras tan aislado de la realidad como si tú fueses lo único que existe en todo el universo. En tu demencia pasas por alto la realidad completamente, y dondequiera que tu mirada se posa no ves más que tu mente dividida. Dios te llama, mas tú no le oyes, pues estás embebido en tu propia voz. Y no puedes ver la visión de Cristo, pues sólo te ves a ti mismo.
Criatura de Dios, ¿es eso lo que le quieres ofrecer a tu Padre? Pues si te lo ofreces a ti mismo, se lo ofreces a Él. Mas Él no te lo devolverá, pues no es digno de ti porque no es digno de Él. Aun así, Él quiere librarte de ello y ponerte en libertad. Su Respuesta cuerda te dice que lo que te has ofrecido a ti mismo no es verdad, pero que el ofrecimiento que Él te hizo sigue en pie. Tú que no sabes lo que haces puedes aprender lo que es la demencia y mirar más allá de ella. Se te ha concedido poder aprender a negarla y a escapar de tu mundo privado en paz. Verás todo lo que negaste en tus hermanos al haberlo negado en ti mismo. Pues los amarás y, al acercarte a ellos, los atraerás a ti al percibirlos como los testi­gos de la realidad que compartes con Dios. Yo estoy con ellos tal como estoy contigo, y juntos los extraeremos de sus mundos privados, pues tal como nosotros estamos unidos, así nos uniremos a ellos. El Padre nos da la bienvenida a todos con alegría, y alegría es lo que le debemos ofrecer. Pues se te ha encomendado cada Hijo de Dios a quien Dios se dio a Sí Mismo. Y es Dios lo que les debes ofrecer, para que puedas reconocer el regalo que Él te hizo.
La visión depende de la luz. En la oscuridad no puedes ver. Mas en la oscuridad -el mundo privado que habitas cuando duermes- ves en sueños a pesar de que tus ojos están cerrados. Ahí es donde lo que ves es obra tuya. Con todo, si abandonas la oscuridad dejarás de ver todo lo que hiciste, pues verlo depende de negar la visión. Sin embargo, negar la visión no quiere decir que no puedas ver. Mas eso es lo que hace la negación, pues mediante ella aceptas la demencia, al creer que puedes construir un mundo privado y gobernar tu propia percepción. Mas para esto, la luz tiene que ser excluida. Cuando ésta llega, no ­obstante, los sueños se desvanecen y entonces puedes ver.
No intentes alcanzar la visión valiéndote de los ojos, pues tú mismo inventaste tu manera de ver para así poder ver en la oscuridad, y en eso te engañas. Más allá de esta oscuridad, pero todavía dentro de ti, se encuentra la visión de Cristo, Quien contempla todo en la luz. Tu "visión" emana del miedo, tal como la Suya emana del amor. Él ve por ti, al ser tu testigo del mundo real. Él es la manifestación del Espíritu Santo, y lo único que hace es contemplar el mundo real, invocar a sus testigos y acercártelos. Cristo ama lo que ve en ti, y Su deseo es extenderlo. Y no retornará al Padre hasta que haya extendido tu percepción de forma que incluya al Padre. Y allí acaba la percepción, pues Él te habrá llevado consigo de vuelta al Padre.
Solo puedes experimentar dos emociones. Una la inventaste tú y la otra se te dio. Cada una de ellas representa una manera diferente de ver las cosas, y de sus correspondientes perspectivas emanan dos mundos distintos. Ve a través de la visión que se te ha dado, pues a través de la visión de Cristo Él se contempla a Sí Mismo. Y al ver lo que Él es, conoce a Su Padre. Más allá de tus sueños más tenebrosos Él ve en ti al inocente Hijo de Dios, res­plandeciendo con un fulgor perfecto que tus sueños no pueden atenuar. Y esto es lo que verás a medida que veas todo a través de Su visión, pues Su visión es el regalo de amor que Él te hace, y que el Padre le dio para ti.
El Espíritu Santo es la luz en la que Cristo se alza revelado. Y todos los que desean contemplarlo lo pueden ver, pues han pedido luz. No lo verán a Él solo, pues tal como ellos no están solos, Él tampoco lo está. Al ver al Hijo, ascendieron con Él hasta el Padre. Y todo esto lo entenderán porque miraron en su interior, más allá de la oscuridad, y al ver el Cristo en ellos lo reconocie­ron. En la cordura de Su visión se contemplaron a sí mismos con amor, y se vieron tal como el Espíritu Santo los ve. Y con esta visión de la verdad que mora en ellos, toda la belleza del mundo vino a resplandecer sobre ellos." (T.13.V.6:11)

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