viernes, 14 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 288

LECCIÓN 288

Que me olvide hoy del pasado de mi hermano.

1. Éste es el pensamiento que me conduce a Ti y me lleva a mi meta. 2No puedo llegar hasta Ti sin mi hermano. 3Y para conocer mi Fuente, tengo primero que reconocer lo que Tú creaste uno conmigo. 4La mano de mi hermano es la que me conduce a Ti. 5Sus pecados están en el pasado junto con los míos, y me he salvado porque el pasado ya pasó. 6No permitas que lo siga abrigando en mi corazón, pues me desviaría del camino que me lleva a Ti. 7Mi hermano es mi salvador. 8No dejes que ataque al salvador que Tú me has dado. 9Por el contrario, déjame honrar a aquel que lleva tu Nombre, para así poder recordar que es el mío también.

2. Perdóname hoy. 2sabrás que me has perdonado si contem­plas a tu hermano en la luz de la santidad. 3Él no puede ser menos santo que yo, y tú no puedes ser más santo que él.


¿Qué me enseña esta lección?


Formamos una única Unidad en la Filiación creada por Dios. Dios creó a su Hijo a su Imagen y Semejanza, y siendo Su Pensamiento Uno, su creación es Una.

El Hijo de Dios, en la Eternidad, se manifiesta en la Unidad. El Hijo de Dios, en lo temporal, se manifiesta en la individualidad. Cuando el Hijo de Dios se manifiesta en la Unidad, está creando con la Fuerza del Amor. Cuando lo hace desde su individualidad, está fabricando con la fuerza del miedo y sus "creaciones" llevan el sello de la culpa y del pecado.

El Hijo de Dios, tiene como meta alcanzar la condición heredada de Su Padre, pero para alcanzar este objetivo debe "recordar" el Camino que le lleva hasta Él, de la mano de sus hermanos. Dios no estará completo hasta que su Hijo haya conquistado el estado original de compleción.

La proyección de la mente en el mundo material, favoreció la separación y el desarrollo de aspectos diferenciales. Digamos que la Unidad al penetrar en la dimensión física se difuminó dando lugar a multitud de matices. Cada uno de esos matices conforma la Unidad. Es la fuerza del Amor la que da cohesión a la diversidad. La luz blanca -símbolo de lo espiritual, de la pureza, de la unidad- puede ser descompuesta en todos los colores del espectro visible por medio de un prisma (dispersión refractiva). En la naturaleza esta descomposición da lugar al arco iris.

Es importante tomar consciencia de esta lección, pues muchas veces, enfocamos todos nuestros esfuerzos en mejorarnos a nivel individual, pero olvidamos, que aquellos que nos acompañan en el deambular humano, forman parte de nuestra verdadera realidad y debemos compartir nuestra luz para que se expanda allí donde sea necesaria.

Si queremos alcanzar la meta para la que hemos sido creados, si queremos alcanzar la condición Divina, tendremos que conquistar la Unidad Original.


Ejemplo-Guía: "Tu hermano puede ser tu verdugo o tu salvador"

Una visual de lo que está ocurriendo en el mundo, nos aporta una visión clara de lo que está ocurriendo en nuestro interior, pues vemos el mundo en el que creemos y aquello en lo que creemos, es lo que deseamos. Con ello, llegamos a la conclusión, de que el mundo demente que experimentamos, es la proyección de los deseos dementes que emanan de una mente errada.

Podemos encontrarnos, aún, en el pelotón de los que prefieren no oír la verdad y niegan que puedan tener cualquier relación con lo que está ocurriendo en el mundo. Ese mundo de "afuera" no tiene nada que ver con lo que siente y cree internamente. Sin embargo, la defensa de tales argumentos se cae por sí misma cuando la vida nos enfrenta a situaciones conflictivas en las que está en juego nuestros "tesoros". Entonces, de manera inequívoca, se despierta la bestia que duerme en nuestro interior y lanza fieros rugidos en un intento de protegerse de lo que considera un ataque a su integridad.

El que esté libre de pecados que arroje la primera piedra -Ya lo dijo el Maestro-. 

Para poder ver paz en el exterior, es preciso que ese estado se encuentre en nuestro interior. Si aplicamos esta afirmación al mensaje de la Lección de hoy, diremos, que para olvidarnos del pasado de nuestros hermanos, debemos, previamente, olvidarnos del nuestro. Esto qué significa, pues sencillamente, si creemos que hemos pecado, sentiremos culpa y haremos bueno el castigo y todo eso forma parte de nuestro pasado, el cual, lo estamos reviviendo, permanentemente, en nuestro presente.

Con esa visión, con esa creencia, al examinarnos internamente y juzgar con honestidad nuestras acciones, podemos preguntarnos cómo es posible que podamos estar libres de culpa. El Curso añade al respecto: 
"Mas ten en cuenta lo siguiente, no es en el tiempo donde no eres culpable, sino en la eternidad. Has "pecado" en el pasado, pero el pasado no existe. Lo que es siempre no tiene dirección. El tiempo parece ir en una dirección, pero cuando llegues a su final, se enrollará hacia el pasado como una gran alfombra extendida detrás de ti, y desaparecerá. Mien­tras sigas creyendo que el Hijo de Dios es culpable seguirás caminando a lo largo de esa alfombra, creyendo que conduce a la muerte. Y la jornada parecerá larga, cruel y absurda, pues en efecto, lo es."
Si proyectamos nuestro "pecado", nuestra "culpa" sobre nuestros hermanos, viendo en ellos, pecado y culpa, el papel que desempeñarán en nuestras vidas será la de verdugo. Le reprocharemos que sean la mano ejecutora de nuestras desgracias, de nuestra falta de paz, cuando en verdad, entre ambos, entre nuestro hermano y nosotros, existe un "pacto de amor", por el cual, nos servimos los unos a los otros, representando el papel de "espejos", es decir, personificamos la proyección de su mundo interno, no con el propósito de atacar, sino de ayudarle a ver lo que niega de si mismo. Ese papel, nos convierte en los salvadores de nuestro hermano. Es un papel de reciprocidad. Damos y recibimos. Al final de ese camino, descubriremos que realmente somos la emanación de una misma Fuente, de que somos Uno en la Santa Filiación de Dios.

¿Qué relación existe entre la culpa y el pasado?


"Eres invulnerable porque estás libre de toda culpa. Sólo mediante la culpabilidad puedes aferrarte al pasado. Pues la culpabilidad determina que serás castigado por lo que has hecho, y, por lo tanto, depende del tiempo unidimensional, que comienza en el pasado y se extiende hasta el futuro. Nadie que crea esto puede entender lo que significa "siempre", y de este modo la culpabilidad le impide apreciar la eternidad. Eres inmortal porque eres eterno, y "siempre" no puede sino ser ahora. La culpabilidad, pues, es una forma de conservar el pasado y el futuro en tu mente para asegurar de este modo la continuidad del ego. Pues si se castiga el pasado, la continuidad del ego queda garantizada. La garantía de tu continuidad, no obstante, emana de Dios, no del ego. Y la inmortalidad es lo opuesto al tiempo, pues el tiempo pasa, mientras que la inmortalidad es constante."

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