lunes, 10 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 284

LECCIÓN 284

Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor.

1. Las pérdidas no son pérdidas cuando se perciben correcta­mente., 2El dolor es imposible. 3No hay pesar que tenga causa  alguna. 4cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño.
5Ésta es la verdad, que al principio sólo se dice de boca, y luego, después de repetirse muchas veces, se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas. 6Más tarde se considera seria­mente cada vez más y finalmente se acepta como la verdad. 7Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor. 8Y hoy deseo ir más allá de las palabras y de todas mis reservas, y aceptar plenamente la verdad que reside en ellas.

2. Padre, lo que Tú me has dado no puede hacerme daño, por lo tanto, el sufrimiento y el dolor son imposibles. 2Que mi confianza en Ti no fla­quee hoy. 3Que acepte como Tu regalo únicamente aquello que produce felicidad y que acepte como la verdad únicamente aquello que me hace  feliz.

¿Qué me enseña esta lección?


La pérdida, el dolor, el pesar, el sufrimiento, tan sólo es real para el ego, pues forma parte de su modelo de pensamiento, de sus falsas creencias y de su identificación con el cuerpo material.

En cambio, para el Espíritu, la idea de pérdida, de dolor, de pesar y de sufrimiento forma parte de la ilusión, de lo irreal. El Espíritu que tiene su Hogar en el Cielo, no experimenta esas necesidades propias del ego. En el Mundo de Dios, la escasez no existe. En dicho Mundo, Todos formamos una Unidad y la pérdida es un concepto que no es real.

Desde la visión del ego, empleamos mucho tiempo y esfuerzo en cultivar el perfeccionamiento del cuerpo, sin embargo, en lo que respecta a la mente, le dedicamos muy poca atención, cuando en verdad, son los pensamientos los que fabrican nuestra realidad.

La mente funciona como un receptor de radio, en el que dependiendo de la frecuencia que sintonicemos podremos oír una cosa u otra.

Hoy he estado desarrollando esta idea y prestándole atención a mis pensamientos. Dependiendo de la frecuencia que elegía, podía ver las cosas de una manera u otra. Si elegía la frecuencia del ego, cuando miraba a mi alrededor, tan sólo percibía las formas externas de los demás, y no podía evitar emitir un juicio de valor sobre aquello que ocupaba mi mirada.
Si en cambio, elegía sintonizar en la frecuencia del Espíritu, mi visión cambiaba por completo y veía en los demás mi propio rostro.

Reconozco que mantener la atención y sintonizar la alta frecuencia del Espíritu en todos los momentos, por ahora es un propósito. Pero, me imagino que es cuestión de práctica y cuanto más lo practique, llegará un día en que forme parte de mi comportamiento habitual. 

Ejemplo-Guía: "¿Qué frecuencia sintoniza nuestra mente?"

Esta pregunta es muy parecida a la que ya hemos trabajado, cuando reflexionábamos sobre la "voz" a la que prestamos atención. Es una manera distinta de abordar el mismo tema, por lo que no me extenderé mucho.

Si la frecuencia que sintoniza nuestra mente es "radio ego" o "radio separación", nuestro sistema de pensamiento nos llevará a creer que el cuerpo nos puede dar placer. En este sentido, nos recuerda el Curso, que si esto es así, "también creerás que te puede causar dolor".  La razón de que esto sea así, no es porque Dios nos esté castigando, sino porque si encontramos placer,  fuera de nosotros, ¿qué estamos haciendo realmente? Una vez más, decidimos substituir a Dios, lo que significa que estamos recapitulando el error original en que nos creímos separados de Dios, ese instante en el nos dijimos: "El Cielo no es suficiente, quiero algo más.”

La frecuencia "radio ego" nos mantiene embelesados con una sintonía que se asemeja al sueño, donde nuestra conciencia se encuentra identificada con todos y cada uno de los personajes que participan en lo soñado. Es un sueño tan profundo y real que llegamos a percibir a través de los sentidos, la presencia de todos los actores que llenan de historias el sueño. 

En el sueño percibimos y sentimos emociones muy variopintas. Unas nos causan placer y otras dolor, aunque en la mayoría de las ocasiones, nuestra conciencia no se identifica como la única causa que da origen a esas experiencias, sino que proyecta fuera de sí, su contenido interior hasta encontrar a los agentes apropiados a los que juzgará como los causantes de esas sensaciones.

En nuestros sueños nocturnos, podemos encontrar un claro ejemplo de la dinámica que experimentamos en el sueño de la vida. Seguro que habrás vivido, durante el sueño nocturno, vivencias tan nítidas, que al despertar tienes la clara sensación de que las has vivido realmente. Hasta tal punto, lo vivido en el sueño, te ha influenciado, que tu estado de ánimo está condicionado por el tipo de experiencia ilusoriamente vivida.

Si alguien pusiese en duda la realidad de esa vivencia no le prestarías atención. Pero si lo analizas con detenimiento, las escenas que aparecen en tu mente durante ese sueño nocturno no existen en tu realidad  o mejor dicho, en tu sueño de vida. Pero eso no quita que te hayas sentido vivamente influenciado por sus sensaciones.

De este modo, cuando sintonizamos la frecuencia "radio ego" estamos experimentando un sueño, en el que todo cuanto nos ocurre lo hacemos realidad, incluido el dolor, la enfermedad y la temida muerte. Podemos decir, que el mundo del sueño tiene sus propias leyes y creer en ellas nos lleva a hacer real lo que tan solo tiene lugar en nuestra mente.
Es únicamente cuando elegimos el milagro y podemos decir y verdaderamente creer que “no me gobiernan otras leyes que las de Dios” (L-pl.76) que los efectos de las leyes del ego desaparecen: “Los milagros despiertan nuevamente la conciencia de que el espíritu, no el cuerpo, es el altar de la verdad. Este reconocimiento es lo que le confiere al milagro su poder curativo” (T-1.I.20) (Kenneth Wapnick)
Pero existen otras frecuencias. Yo la llamaría -puesto a crear-, la "frecuencia verdadera" o la "frecuencia del Espíritu". Sintonizarla significa que hemos dejado de ser inconsciente a la hora de experimentar el sueño, lo que nos lleva a ser el "soñador del sueño". Este estado nos permite ser conscientes de que el sueño no nos está soñando a nosotros y que cualquier cosa que veamos en el sueño, la hemos puesto nosotros ahí. Como dice Ken Wapcnick, esto lo hacemos "para satisfacer uno de estos dos propósitos, para satisfacer una de estas metas; para quedarte arraigado en el sueño de la separación y el especialismo o para dar los pasos que te conducirán a que despiertes del sueño."

La práctica de esta Lección, sin duda alguna, nos invita a elegir qué frecuencia vamos a sintonizar en el día de hoy, y para cada instante de nuestra vida. Mi experiencia, me dicta que podemos empezar "jugando" con el dolor emocional. Alguien nos hace un desprecio y nos sentimos dolidos por ello. Podemos expresarlo, reprochando su actitud o podemos reprimirlo y dejar que crezca en nuestro interior hasta "engordar" tanto que nos amenace con reventarnos.

Si pensamos que el otro, el de afuera, puede hacernos daño, estamos viendo la causa donde no se encuentra. En cambio, si cambiamos nuestras creencias y decidimos ver que lo externo es la proyección de nuestra mente, entonces, cuando recibamos un agravio de otra persona, lo bendeciremos, pues ha venido a ofrecernos el regalo que necesitábamos para hacernos consciente de esa particularidad que ha sido el motivo del agravio y del reproche. De este modo, llegará el instante en que nada externo a nosotros podrá hacernos daño, dicho de otra manera, el daño lo hemos utilizado para nuestro despertar.

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