domingo, 9 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 283

LECCIÓN 283

Mi verdadera Identidad reside en Ti.

1. Padre, forjé una imagen de mí mismo, y a eso es a lo que llamo el Hijo de Dios. 2Mas la creación sigue siendo como siempre fue, pues Tu crea­ción es inmutable. 3No quiero rendirle culto a ningún ídolo. 4Yo soy aquel que mi Padre ama. 5Mi santidad sigue siendo la luz del Cielo y el Amor de Dios. 6¿Cómo no va a estar a salvo lo que Tú amas? 7¿No es acaso infinita la luz del Cielo? 8¿No es Tu Hijo mi verdadera Identidad, toda vez que Tú creaste todo cuanto existe?

2. Ahora todos somos uno en la Identidad que compartimos, ya que Dios nuestro Padre es nuestra única Fuente, y todo lo creado forma parte de nosotros. 2así, le ofrecemos nuestra bendición a todas las cosas y nos unimos amorosamente al mundo, el cual nuestro perdón ha hecho que sea uno con nosotros.

¿Qué me enseña esta lección?


Es imposible que algo exista fuera de la Mente de Dios. Pero tenemos que tener la certeza, que tan sólo lo que es eterno, es real.

La identidad adoptada por el Hijo de Dios, identificándose con el cuerpo físico, no es real, pues es temporal. En verdad, es una máscara ilusoria que oculta la verdadera realidad, la del Ser, Eterno y Perfecto.

Vemos lo que creemos ser, y en esa medida, si nos identificamos con el cuerpo, tan sólo veremos en los demás la imagen de un cuerpo. Es por ello, que se hace necesario ver las cosas de otra manera; verlas tal y como son. En la medida en que despertemos a nuestra verdadera identidad, comenzaremos a ver a los demás como seres espirituales, que forman la Filiación del Hijo de Dios.

Hoy soy totalmente consciente de lo que soy y cuál es mi verdadera identidad. Hoy soy consciente de que mi identidad reside en Dios.

Ejemplo-Guía: "¿Cuál es tu verdadera identidad?"

Tal vez no te resulte extraña la cuestión que hemos elegido para reflexionar sobre esta Lección. Se trata de una pregunta, que sorprende a cuantos estamos identificados con el ego, pues pone en duda su existencia y sin embargo, acompaña a muchas almas cuya visión del mundo que perciben ya no les satisface.

Ya hemos visto a lo largo del estudio de estas Lecciones, que el ego es una confusión con respecto a nuestra verdadera identidad. Como bien se expresa en el Texto del Curso, el ego no ha tenido nunca un modelo consistente, no se desarrolló nunca de manera consistente, es el resultado de la aplicación incorrecta de las leyes de Dios, llevada a cabo por mentes distorsionadas que están usando indebidamente su poder.

La creencia en el ego como nuestra identidad, nos lleva a vernos separado del resto de la creación y nos lleva a utilizar un sistema de pensamiento, basado en el miedo y en el pecado. En definitiva, nos lleva a la fabricación de un mundo demente.

Es evidente, que un mundo demente, un mundo en que nos encontramos separados de nuestra verdadera identidad, no favorece el estado de paz. La disociación es algo ilusorio y cuando nos encontramos bajo el efecto de lo ilusorio, de la separación, pensamos que la verdad nos va a agredir.

Cuán lejos está esa creencia de la verdad. Un Curso de Milagros nos dice: 
"Recuerda siempre que tu Identidad es una Identidad compartida, y que en eso reside Su realidad".
Si percibimos a nuestros hermanos como los causantes de nuestro dolor, como los enemigos que nos arrebatan nuestra felicidad, entonces estamos afirmando que atacar es la manera en que perdemos conciencia de nuestra identidad, pues cuando atacamos es señal inequívoca de que hemos olvidado quiénes somos.

Si nuestra Identidad reside en Dios, si nuestra realidad es la de Dios, cuando atacamos no nos estamos acordando de Él, lo que no significa que Él se haya marchado, sino a que hemos elegido conscientemente no recordarlo.

A medida que avanzamos en nuestro camino espiritual, tendremos la oportunidad de reconocer que el único significado de este mundo es ayudarnos a recordar nuestra verdadera identidad. Sin embargo, el ego atacará esta verdad aportandonos argumentos que reafirman la creencia en que somos un cuerpo físico. Uno de sus mejores argumentos es que enfermemos, pues si sentimos dolor, hacemos el cuerpo real, y si el cuerpo es real, el espíritu no puede ser nuestra identidad.

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