sábado, 8 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 282

LECCIÓN 282

Hoy no tendré miedo del amor.

1. Sólo con que pudiese comprender esto hoy, el mundo entero se salvaría. 2Pues es la decisión de abandonar la locura y de acep­tarme tal como Dios Mismo, mi Padre y mi Fuente, me creó. 3Es la resolución de no seguir dormido en sueños de muerte, mientras la verdad sigue viviendo eternamente en el júbilo del amor. 4es asimismo la resolución de reconocer al Ser que Dios creó como el Hijo que Él ama, el Cual sigue siendo mi única Identidad.

2. Padre, Tu Nombre, al igual que el mío, es Amor. 2Ésa es la verdad. 3¿Y es posible acaso cambiar la verdad dándole simplemente otro nom­bre? 4El nombre del miedo es simplemente un error. 5Que hoy no tenga miedo de la verdad.

¿Qué me enseña esta lección?


Me pregunto, ¿cómo pudimos tener miedo del Amor? ¿cómo pudimos tener miedo de Dios?

Si gozábamos de un estado de unión con Él, si nos sentíamos plenamente protegidos y alimentados por su magna Presencia, ¿qué nos impulsó a abandonar ese Estado de Paz y de Unidad?

Cuando observo el comportamiento humano, descubro que el niño mientras forma parte del vientre materno, se siente protegido y alimentado, al igual como el Hijo de Dios, en la etapa Paradisiaca. Al nacer, y tomar contacto con otro escenario, el estado de conciencia cambia y comienza a recibir una nueva información a través de la percepción, la cual estimula en el niño una respuesta independiente de sus padres.

En la medida en que va creciendo, ese niño, va desechando la vía de aprendizaje adquirida a través de sus padres, la cual es sustituida por el proceso individualizado, el cual le llevará a percibirse como un ser separado de sus hacedores.

Esa necesidad de crecimiento, se conoce, en el mundo del sueño, como evolución. Todos los seres se encuentran inmersos en un proceso de evolución. El Hijo de Dios, creado a Imagen y Semejanza de su Padre, es portador en estado potencial de los Atributos del Creador. En la medida en que va evolucionando, va perfeccionándolos y adquiriendo plena consciencia de ellos.

Ese proceso de aprendizaje es la causa que origina que el Hijo de Dios elija utilizar sus Atributos y ponerlos en uso, de tal modo, que movilizando la Voluntad y el Deseo, se proyectó sobre el "Mundo Etérico", donde la materia se manifiesta en forma de ondas de pensamiento, prestándole su “atención” y permitiendo de este modo que las ondas pasasen a convertirse en partículas sólidas, dando lugar al mundo físico.

La "Metafísica", nos revela a través de sus enseñanzas, que el Ser que Somos, fue creado y dotado, potencialmente, de un Cuerpo Mental, un Cuerpo de Deseos y un Cuerpo Etérico. La manifestación del vehículo más inferior, el Cuerpo Físico, es la consecuencia de dirigir el potencial mental y emocional sobre el mundo etérico, llamado también como “doble etérico”, indicando con ello, que es el negativo del mundo físico. Los avances de la física cuántica nos demuestra que el mundo de las partículas que da lugar a lo material, no es más que un mundo de ondas –campo- potenciales, que se solidifican en partículas, una vez que se produce el acto de observación o lo que es lo mismo, una vez que proyectamos sobre él, nuestra conciencia.

En la medida en que me escindo del Amor, del estado de Unidad, me adentro en el mundo del miedo, pues ese es el pensamiento que emerge cuando nos vemos separados de la Fuente. Ese pensamiento es un error, pues al igual como el hijo nunca puede separarse, a pesar de la distancia, de su padre, el Hijo de Dios, nunca se ha separado de su Hacedor.

Nuestra condición natural es el Amor. Tener miedo, es la evidencia de que no nos amamos, ni amamos a los demás. Creemos tener miedo al Amor, porque pensamos que perdemos nuestra individualidad.

Cuando nuestra individualidad nos lleve a comprender que todos procedemos de un mismo origen, el miedo desaparecerá y amaremos el Amor.

Ejemplo-Guía: "La causa de nuestro miedo es Dios"
"En el relato bíblico, Adán, el prototipo del ego o nuestro falso yo, ya no quería permanecer en su estado de unidad con Dios e intentó cambiar lo que su Padre había creado tan perfecto como El y uno con El. El estado posterior en el cual se encontró a sí mismo -al estar fuera del jardín- se convirtió en el símbolo de este acto y en el recordatorio y la justificación de su culpa por lo que creyó que le había hecho a Dios y a sí mismo. La culpa origina el miedo al castigo, de modo que se ve a Dios como un vengador que intenta castigar a sus hijos por el crimen de éstos. El Dios de amor es así transformado en un dios de miedo, y la paz que es nuestra herencia natural se convierte en un estado de terror, ansiedad y continua vigilancia por temor a ser destruidos por el Padre a Quien creemos haber atacado.
Esta atmósfera de miedo y culpa es la condición de la “post-separación” que todos llevamos adentro. Nuestro estado conduce a una culpa mayor que intensifica el miedo y se establece un ciclo aparentemente interminable que no parece tener solución. Este es el patrón que sustenta la mayoría de nuestras actitudes, sentimientos y acciones, y que constituye el infierno psicológico que hemos hecho como sustituto del Cielo para el cual fuimos creados.
En resumen, pues, nuestro miedo básico es a Dios, puesto que inconscientemente creemos que si Lo dejáramos entrar en nuestras vidas seríamos destruidos por su furia por haberlo atacado, lo cual nuestra culpa afirma continuamente. Esta es la causa de nuestra ansiedad básica, la que se mantiene fuera de nuestra conciencia por medio del uso constante de defensas. La causa de nuestra aflicción aparenta deberse a problemas de todas clases, pero en realidad no permitimos que la verdadera causa entre en nuestro consciente".
El texto con el que hemos introducido la reflexión sobre el ejemplo elegido para la Lección de hoy, pertenece a la obra de Kenneth Wapnick  "Artículos de Kenneth Wapnick sobre Un Curso de Milagros".

El auto, nos centra la causa del miedo relacionándola con el acto de desobediencia del Hijo de Dios, consecuencia que obtuvo como respuesta la expulsión del "Paraíso" en el que gozaba de la Abundancia y Protección Divina.

Si Dios es Amor y Su Hijo le profesa un profundo miedo a su Hacedor, es lógico pensar que tengamos miedo al Amor. Tenemos miedo al amor, por haber elegido ver un mundo distinto al Mundo Real en el que Dios nos situó. Ver, es una potestad de la mente, por lo que en verdad, la causa que ha dado origen a tanta confusión debemos buscarla en el libre uso del pensamiento.

Las consecuencia de elegir ver un mundo distinto al de Dios-Unidad-Amor, es creer en un mundo gobernado por el ego-separación-miedo. La visión primigenia es la Fuente verdadera de donde emana nuestra Existencia y ese Hogar es sinónimo, en este mundo limitado, de Felicidad y Dicha.
La visión secundaria se ha convertido en la fuente ilusoria de nuestra identidad pasajera y su hogar temporal, el cuerpo, es sinónimo de muerte, enfermedad y sufrimiento.

No te tener miedo al Amor significa haber aceptado nuestra inocencia, nuestra impecabilidad, habernos perdonado nuestros falsos pensamientos.

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