jueves, 22 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 266

LECCIÓN 266

Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios.

1. Padre, mediste todos Tus Hijos para que fuesen mis salvadores y mis consejeros de visión; los heraldos de Tu santa Voz. 2En ellos Tú te ves reflejado y en ellos Cristo me contempla desde mi Ser. 3No permitas que Tu Hijo se olvide de Tu santo Nombre. 4No permitas que Tu Hijo se olvide de su santo Origen. 5No permitas que Tu Hijo se olvide de que su nombre es el Tuyo.

2. En este día entramos al paraíso, invocando el Nombre de Dios y el nuestro, reconociendo nuestro Ser en cada uno de nosotros y unidos en el santo Amor de Dios. 2¡Cuántos salvadores nos ha dado Dios! 3¿Cómo podríamos perdernos en nuestro trayecto hacia Él, cuando Él ha poblado el mundo con aquellos que seña­lan hacia Él, y nos ha dado la vista para poder contemplarlos?


¿Qué me enseña esta lección?


Hoy, es el día en el que podemos celebrar un glorioso homenaje al Principio de la Unidad.

Hoy, tomo consciencia de que Todos y cada uno de mis Hermanos, reflejan el Santo Nombre de Dios.

Hoy, hago consciente en mí, el Sagrado Nombre que me mantiene unido al Padre.

Hoy, elevo mi agradecimiento a Dios, pues en su Magna Gracia, lo ha dispuesto todo para que disponga, a través de mis Hermanos, de la Luz que me permitirá ver el Camino que ha de conducirme de retorno al Hogar.

¡Bendito Seas, Padre, por permitirme ver la Unidad inscrita en la diversidad con la que se expresa Tu Obra!

Ejemplo-Guía: "Nuestro hermano, no es nuestro enemigo, es nuestro maestro"

Si te resulta difícil aceptar esta afirmación, es porque estás eligiendo ver con los ojos del cuerpo.

Dios, nuestro Creador, nos ha dotado con los ojos de la mente para que podamos ver la verdad: todos somos Uno, unidos por el Lazo de la Mente que nos une al Padre.

Los ojos del cuerpo, es la herramienta que utiliza el ego para hacernos ver un mundo irreal e ilusorio, pero al que damos el valor que nos lleva a identificarnos con él, creyendo que somos aquello que nuestros sentidos son capaces de percibir.

Es evidentes, al menos así nos lo argumenta el sistema de pensamiento del ego, que si nos identificamos con el cuerpo, veremos a nuestros hermanos como "enemigos", en esa visión estamos proyectando nuestro sentimiento de "culpabilidad" y la "ira" que sentimos por haber violado las leyes divinas y por haber fallado a nuestro Hacedor. Estos argumentos son erróneos, pero nosotros los hemos elevado a la creencia de pecado y se ha convertido en una pesada carga que nos impide ver la realidad de lo que somos.

A pesar de todos estos argumentos, el Espíritu Santo, utiliza la visión del cuerpo para que veamos en él una función que nos ha de permitir trascender las limitaciones físicas. Esta función es la comunicación. A través de la comunicación, podremos alcanzar a comprender que nuestras mentes se alimentan de una misma Fuente y tenemos la capacidad para elegir ver las cosas de otra manera.

Por ejemplo, podemos elegir sustituir el ataque y el miedo, por la dádiva y el amor. Si no percibimos a nuestros hermanos como algo externo a nosotros, ni como diferente a nuestro ser, aprenderemos a integrar lo que proyectamos como valores que fluyen desde nuestro interior y que ellos reflejan, pues lo que vemos en ellos, es lo que hemos proyectado. De este modo, lo de dentro y lo de fuera, o lo que es lo mismo, nosotros y ellos, nos revela que somos uno.

Os propongo un ejercicio práctico. Elige un día y haz que ese día, tu visión vea en cada uno de tus hermanos con los que entables, cualquier tipo de relación, a tu maestro. Este maestro, tiene un único objetivo, revelarte, como si de un espejo se tratase, tus diferentes rostros internos. Cuando seas consciente de estos rostros, no los juzgues, no los condenes, acéptalos y perdónalos. De este modo te liberarás de ellos y dejarás de proyectarlos de manera inconsciente.

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