martes, 13 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 257

LECCIÓN 257

Que no me olvide de mi propósito.

1. Si me olvido de mi objetivo no podré sino estar confundido e inseguro acerca de quién soy, y así, mis acciones no podrán sino ser conflictivas. 2Nadie puede estar al servicio de objetivos con­tradictorios, y servirlo bien. 3Tampoco puede desenvolverse sin que se abata sobre él una profunda angustia y depresión. 4Resol­vamos hoy, por lo tanto, recordar lo que queremos realmente, para así unificar nuestros pensamientos y acciones de manera que tengan sentido y para llevar a cabo únicamente lo que Dios quiere que hagamos este día.

2. Padre, el perdón es el medio que Tú has elegido para nuestra salva­ción. 2No permitas que nos olvidemos hoy de que no tenemos otra volun­tad que la Tuya. 3Y así, nuestro propósito tiene asimismo que ser el Tuyo si queremos alcanzar la paz que Tú has dispuesto para nosotros.

¿Qué me enseña esta lección?

¡La Luz Permanentemente Encendida!

Sí, nuestra consciencia acaba de iluminarse con la verdad de lo que Somos, y se propone el firme propósito de servir a nuestro Ser Espiritual.

Pero se requiere una ardua voluntad en la confirmación del nuevo propósito, para no dejarnos llevar por los hábitos adquiridos, mientras que servíamos al ego.

Servir a dos señores o amos a la vez no es posible.

Es importante, que no nos sintamos culpables, si en nuestro deseo de servir al Espíritu, caemos, nuevamente, en el error de servir al ego. La culpa, exige castigo, y el castigo nos conecta, de nuevo, con el error.

Si cometes un error, y tomas consciencia de ello, ponte en manos del Espíritu Santo y pídele Expiación. Él deshará el error y tendrás la oportunidad de corregirlo. Tengo la certeza de que esto es así.

No tengo otro propósito que el de perdonar. Esto es así, porque quiero limpiar el error de que he pecado. En la medida en que me perdono, estoy capacitado para perdonar el error en los demás. El camino del perdón nos conduce a la visión verdadera de que no hay nada que perdonar, pues la creencia en el pecado es una ilusión.

¡La Luz Permanentemente encendida!


Ejemplo-Guía: "¿Por qué nos olvidamos...?

Si ánimo de frivolizar sobre un tema tan trascendente, me pregunto por qué el recuerdo de Dios, en el momento de nuestra creación, no nos fue incorporado de "serie", es decir, por qué no recordamos automáticamente.

Cuando analizamos aquellas funciones que el cuerpo realiza de manera autómata, como por ejemplo respirar, o aquellas otras que se manifiestan a través de una necesidad, como alimentarse, beber, etc, podemos observar una constante que garantiza el funcionamiento de dicha función. 

El dejar de hacerlo, es decir, el dejar de respirar de manera voluntaria o el dejar de alimentarse o beber, nos lleva a tomar una decisión, nos lleva a elegir. Esa es la clave. Esa es la respuesta a la cuestión que hemos planteado. Olvidamos lo que realmente somos, porque lo hemos elegido.

Estaríamos en un error interpretativo si pensáramos que la capacidad de recordar no nos ha sido incorporado de "serie". Pero, al igual como ocurre con las funciones automatizadas del cuerpo, podemos elegir alterar dicha función, es decir, podemos elegir olvidar.

Un Curso de Milagros nos dice, que la comunicación directa con Dios se interrumpió al inventarnos otra voz. Cuando decidimos olvidar su Voz, Él nos dio otra Voz para que hablase por Él, pues ya no podía compartir Su conocimiento, libremente, con nosotros.

Es por ello, que el Curso nos revela que el Espíritu Santo nos insta tanto a recordar como a olvidar. A recordar lo que somos y a olvidar lo que no somos.

¿Es posible olvidarse del ego?

Podemos olvidarnos del ego por completo en cualquier momento que así lo elijamos porque el ego es una creencia completamente inverosímil, y nadie puede seguir abrigando una creencia que él mismo haya juzgado como increí­ble. 

Nos indica Un Curso de Milagros, que "Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, lo cual te capacita para recordar lo que sí eres".
Os dejo una referencia extraída del Capítulo 5 del Texto, concretamente el punto II, titulado "La decisión de olvidar". Ciertamente, para recordar:

II. La decisión de olvidar 

1. A menos que primero conozcas algo no puedes disociarte de ello. 2El conocimiento, entonces, debe preceder a la disociación, de modo que ésta no es otra cosa que la decisión de olvidar. 3Lo que se ha olvidado parece entonces temible, pero únicamente porque la disociación es un ataque contra la verdad. 4Sientes miedo porque la has olvidado. 5Y has reemplazado tu conocimiento por una con­ciencia de sueños, ya que tienes miedo de la disociación y no de aquello de lo que te disociaste. 6Cuando aceptas aquello de lo que te disociaste, deja de ser temible.

2. Sin embargo, renunciar a tu disociación de la realidad trae consigo más que una mera ausencia de miedo. 2En esa decisión radica la dicha, la paz y la gloria de la creación. 3Ofrécele al Espí­ritu Santo únicamente tu voluntad de estar dispuesto a recordar, pues Él ha conservado para ti el conocimiento de Dios y de ti mismo, y sólo espera a que lo aceptes. 4Abandona gustosamente todo aquello que pueda demorar la llegada de ese recuerdo, pues Dios se encuentra en tu memoria. 5Su Voz te dirá que eres parte de Él cuando estés dispuesto a recordarle y a conocer de nuevo tu realidad. 6No permitas que nada en este mundo demore el que recuerdes a Dios, pues en ese recordar radica el conocimiento de ti mismo.

3. Recordar es simplemente restituir en tu mente lo que ya se encuentra allí. 2Tú no eres el autor de aquello que recuerdas, sino que sencillamente vuelves a aceptar lo que ya se encuentra allí, pero había sido rechazado. 3La capacidad de aceptar la verdad en este mundo es la contrapartida perceptual de lo que en el Reino es crear. 4Dios cumplirá con Su cometido si tu cumples con el tuyo, y a cambio del tuyo Su recompensa será el intercambio de la percepción por el conocimiento. 5Nada está más allá de lo que Su Voluntad dispone para ti. 6Pero expresa tu deseo de recor­darle, y ¡oh maravilla!, 7Él te dará todo sólo con que se lo pidas.

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