lunes, 12 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 256

LECCIÓN 256

Dios es mi único objetivo hoy.

1. La única manera de llegar a Dios aquí es mediante el perdón. 2No hay otra manera. 3Si la mente no le hubiese concedido tanto valor al pecado, ¿qué necesidad habría habido de encontrar el camino que conduce a donde ya te encuentras? 4¿Quién tendría aún incertidumbre? 5¿Quién podría estar inseguro de lo que es? 6¿Y quién podría seguir durmiendo entre espesas nubes de duda con respecto a la santidad de aquel que Dios creó libre de pecado? 7Aquí sólo podemos soñar. 8Pero podemos soñar que hemos perdonado a aquel en quien todo pecado sigue siendo imposible, y esto es lo que elegimos soñar hoy. 9Dios es nuestro objetivo, y el perdón, el medio por el que nuestras mentes por fin regresan a Él.

2. Y así es, Padre nuestro, como queremos llegar a ti por el camino que Tú has señalado. 2No tenemos otro objetivo que oír Tu Voz y hallar el camino que Tu sagrada Palabra nos ha señalado.

¿Qué me enseña esta lección?


Hoy puedo proclamar, libremente, que soy Dios en formación. Esta misma proclamación, no hace mucho, me hubiese sentenciado a morir quemado en la hoguera.

Tomar consciencia de que estamos viviendo en un sueño, nos permite proclamar lo que verdaderamente Somos, con la certeza de que se producirá el despertar definitivo que nos permitirá expresarnos con la Plenitud de la que somos portadores.

Hoy proclamo que Dios es mi único objetivo, y con ello, estoy expresando mi voluntad de Ser Uno con Todo lo Creado; estoy expresando, que mi único objetivo sea Amar por encima de todas las cosas; estoy expresando, que mi única creencia sea cumplir mi función de perdonar, allí donde ante he visto el pecado.

Hoy proclamo que Dios es mi único objetivo; hoy sustituyo la culpa, por el perdón; sustituyo el miedo, por el amor; sustituyo el castigo, por la expiación; sustituyo el sufrimiento, por la dicha; sustituyo la tristeza, por la alegría; la depresión, por la felicidad.

Hoy proclamo que Dios es mi único objetivo; hoy sustituyo mi falsa identidad, el cuerpo, por mi verdadero Ser, el Espíritu; hoy retorno a mi hogar, el Cielo, y dejo atrás, el mundo del apego y de la ilusión.

Ejemplo-Guía: "Soy Dios en formación"

Sí, es una manera de expresarlo. Podría haber prescindido del término formación, pues, en verdad, soy el Hijo de Dios, por lo tanto, no puedo ser diferente al Ser que me ha creado.

El aplicar el término "formación" es una definición "apropiada" dentro del sueño. De esta manera, el sistema de pensamiento y creencias del ego, podrá entender, que nos encontramos en un proceso de aprendizaje donde la única lección que debemos aprender es la que nos lleva a recordar que somos el Hijo de Dios y que somos Uno con todo lo creado.

Cuando nuestro objetivo nos lleva a creer en un mundo diferente al de Dios, estamos haciendo real la ilusión. Nada puede existir en realidad si está fuera de la Mente de Dios. Todo lo que se encuentra en Su Mente es eterno y no está sujeto al cambio, esto es el sello de lo verdadero. Por lo tanto, el mundo que ha fabricado el Hijo de Dios y al cual le ha otorgado realidad, no es más que un mundo ilusorio y pasajero, pues está sujeto a las leyes del cambio y la temporalidad.

Fruto de las experiencias extraídas del mundo de la percepción, sabemos que todo en el mundo físico está sujeto a las leyes del cambio. El sistema de pensamiento del ego, acepta que todo cambia, que nada permanece en su estado original, incluido las malas experiencias. Algunos dichos o refranes, refrendan ese pensamiento: "No hay mal que por cien años dure" ó, "siempre que llovió, escampó".

A pesar de ello, hacemos real lo vivido en el plano perceptivo. Hacemos que las experiencias negativas pervivan en nuestra mente al darle valor al pasado, cuando en realidad, el pasado, ya pasó y lo que ha pasado ya no es real.

Si nuestro objetivo es Dios, el tiempo deja de tener significado. Vivimos en el presente, una fase atemporal que nos permite vivenciar la eternidad. Si nuestro objetivo es Dios, nuestra visión intuye la verdad que encierra los ropajes físicos del cuerpo. Más allá de la densidad de la materia, vemos la poderosa fuerza del Espíritu. Más allá del pecado, vemos la inocencia. Más allá de la culpa, vemos la impecabilidad.

Si nuestro objetivo es Dios, elegimo el perdón como la única práctica empleada a cada instante; elegimos vivir en estado de paz permanente; elegimos expandir la esencia con la que hemos sido creados, la fuerza del Amor.

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