lunes, 5 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 249

LECCIÓN 249

El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda sensación de pérdida.

1. El perdón nos ofrece un cuadro de un mundo en el que ya no hay sufrimiento, es imposible perder y la ira no tiene sentido. 2El ataque ha desaparecido y a la locura le ha llegado su fin. 3¿Qué sufrimiento podría concebirse ahora? 4¿En qué pérdida se podría incurrir? 5El mundo se convierte en un remanso de dicha, abun­dancia, caridad y generosidad sin fin. 6Se asemeja tanto al Cielo ahora, que se transforma en un instante en la luz que refleja. 7Y así, la jornada que el Hijo de Dios emprendió ha culminado en la misma luz de la que él emanó.

2. Padre, queremos devolverte nuestras mentes. 2Las hemos traicionado, sumido en la amargura y atemorizado con pensamientos de violencia y muerte. 3Ahora queremos descansar nuevamente en Ti, tal como Tú nos creaste.

¿Qué me enseña esta lección?


Cierra los ojos e intenta llevar a tu mente al primer pensamiento que eligió “ver” el mundo físico y abandonar la verdadera Visión que lo mantenía en conexión directa con su Creador.

Ese primer pensamiento sintió la llamada del deseo y dispuso la voluntad al servicio de un impulso que le llevó a querer conocer por sí mismo.

Esa vivencia me recuerda a lo que ocurre con el ser humano cuando alcanza la edad para sentir por sí mismo y para decidir qué rumbo dar a su vida. Es como una recapitulación inscrita en el inconsciente colectivo de la humanidad y que se revive cada vez que alcanzamos la edad en la que degustamos el poder de elegir.

Dejamos atrás un periodo en el que han sido nuestros padres los que han decidido por nosotros, sin embargo, con la pubertad, hemos despertado a la voz de los deseos y sentimientos, los cuales nos invitan a tomar conciencia de nuestra individualidad. Nos descubrimos como seres diferenciados. Observamos que los cuerpos con los que nos identificamos son diferentes unos a otros. 
Mientras que nos encontrábamos en Unión con Dios, todos gozamos de esa unidad. Ahora sin embargo, hemos descubierto la diversidad y experimentamos la separación.

Sí, hemos elegido aprender por nuestra propia vía, pero ocurre que esta decisión nos ha llevado a experimentar el dolor, el miedo, la culpa, la desolación y el sufrimiento.

No es ese el camino que Dios dispuso para nosotros, pero nuestra elección de aprender desconectado de la Guía Divina, nos ha situado en el “camino de la perdición”, el camino de la ilusión, del error.

El perdón, es el antídoto que pone fin a esa vía de sufrimiento, de desesperación, de muerte.

Mantén cerrado tus ojos. Trasládate a ese primer pensamiento que te llevó a la división. Míralo. Tan sólo fue una decisión errónea, pero nunca un pecado. Puedes corregir ese error. Ponlo en manos del Espíritu Santo, pídele Expiación. El corregirá tu mente y podrás ver la rectitud. El perdón disolverá el recuerdo del error y te situará en un contexto nuevo en el que podrás visionar una nueva realidad, pues la Unidad es la puerta que nos conduce a la Plenitud.

Ejemplo-Guía: "Viviendo desde el perdón"

¿Me acompañas? Te preguntarás ¿a dónde? 

Quiero andar el camino que me ha de llevar hasta la Salvación. He de decirte, que dicho camino lo recorreré desnudo, bueno, mi único compañero de viaje se llama perdón. Es muy singular, pues cuando tengo hambre me da de comer; cuando siento sed, me da de beber. Cuando quiero conversación, se convierte en mi contertulio y cuando requiero descanso, se transforma en un confortable colchón que me hace sentir en el mismo Cielo.

Sí, ha sido necesario dejar atrás aquellos viejos ropajes que evocaban viejos recuerdos de sufrimiento., de dolor, de miedos. He dicho adiós, definitivamente, al pasado y le he agradecido su enseñanza, pero ya no la necesito, pues mi alma añora liberarse de las ataduras que me impiden experimentar la eternidad que subyace en cada nuevo presente.

¿Me acompañas? Ya sabes dónde.

¿Cómo lo andaremos? No lo se. Pero pienso que eso no es lo más importante. Lo verdaderamente importante es que hemos elegido andarlo.

Las piedras que encontremos en la senda, serán distintas piedras, pero no te preocupes por su tamaño; no sientas miedo por su aparente realidad, todas ellas, se disuelven cuando las afrontas desde el perdón. ¿No lo crees? Haz la prueba.

Tu "piedra" se llama "la pérdida de un ser muy querido". Sientes un profundo odio por la persona que le ha causado la muerte y crees que no descansarás hasta que el culpable reciba su merecido. Tu mente y tu corazón se alimentan del odio y del deseo de venganza. Has perdido la paz y, ese sentimiento, te impide ser feliz. Piensas que esa "piedra", es tan inmensamente grande, que jamás podrás acompañarme hasta el final del camino.

Recuerda que para andar el camino que nos conduce hasta la Salvación, debemos abandonar nuestros viejos ropajes. Si pretendemos realizar esa travesía con el ropaje del odio y de la venganza, pronto nos agotaremos y abandonaremos la aventura.

Es preciso que en nuestra mente se haya producido una llamada que nos invite a ver las cosas de otra manera. Si seguimos creyendo que somos un cuerpo, todo lo que le ocurra a ese cuerpo, nos producirá dolor, pues pensamos que somos la víctima de lo que le ocurre a ese cuerpo. Pero, cuando alcanzamos a comprender el inmenso poder que tiene nuestra mente para fabricar e imaginar, como por ejemplo, la identidad de un cuerpo, entonces podemos elegir utilizar esa mente para que nos permita ver la verdadera realidad.

Sabemos por las enseñanzas recogidas en el Curso, que no hay grados de dificultad para los milagros. Podemos decir, que no hay grados que diferencien las "piedras" que se convierten en los obstáculos que creemos ver en el camino que nos conduce a la Salvación. 

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