viernes, 2 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 246

LECCIÓN 246

Amar a mi Padre es amar a Su Hijo.

1. Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón. 2Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios. 3Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.

2. Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a TiPadre mío. 2Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Volun­tad. 3reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. 4Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. 5Amén.

¿Qué me enseña esta lección?


No podemos amar a nuestro Padre, si no nos amamos a nosotros mismos. Esto es así, pues, el Hijo es una extensión del Padre; es una parte de Si Mismo; el Hijo ha sido creado a su Imagen y Semejanza.

De igual forma, no podemos amar a nuestros hermanos, si ese amor no se encuentra en nuestro interior. Cuando nos amamos, estamos tomando consciencia de la Unidad que gobierna sobre todo lo creado. No podemos amar una parte de nosotros y odiar otra. Eso no es posible, pues la dualidad no forma parte del Amor Unificador.

Podemos, y de hecho así lo hacemos, amar nuestra naturaleza más elevada y noble, y sin embargo, odiar aquellos aspectos de nuestro yo, de los que no nos sentimos orgullosos. En estos casos, experimentaremos circunstancias en las que nos veremos atraídos por aquellas personas que nos inspiran elevados valores, mientras que sentiremos aversión, por aquellas otras, que representan los bajos instintos.

Amar a Dios, significa Amar a nuestros hermanos y amarnos a nosotros mismos: Amar la Totalidad.

El sentimiento de sentirnos especiales, es una prueba que nos ofrece la oportunidad de valorar el verdadero sentido de la Unidad.

Ejemplo-Guía: "Reflexionando sobre el Amor"

Muchos, decimos amar a Dios, sin embargo, odiamos a aquellos que nos dañan. La Lección de hoy nos enseña, que no podemos amar a Dios, si no amamos, igualmente, a Su Hijo.

Sí, desde la perspectiva de la percepción, desde la visión de la separación y de la dualidad, es posible amar un elevado ideal y al mismo tiempo odiar aquello que aborrecemos. Pero, esta visión es errónea, pues el verdadero Amor está basado en la certeza de que formamos parte de una misma Filiación y que esa vinculación se encuentra plenamente unida a nuestra Fuente, a la Mente de nuestro Creador.

Es imposible amar a Dios y no amar a Su creación, pues ambos forman un unidad.

En nuestro maniobrar humano, observamos que muchos padres tienen preferencias por uno de sus hijos en detrimento de otros. La escala de niveles, frutos de un sistema de pensamiento basado en el juicio, en la división y en la diferenciación, nos lleva a seleccionar nuestro amor, sometiéndolo a un sistema de medida.

Amo lo que considero bueno y beneficioso y rechazo lo que considero malo o perjudicial. La razón de que este sistema de pensamiento se exprese de esta manera, la encontramos en la creencia de que existe un "afuera" que nos produce un profundo miedo y tratamos de identificarlo para protegernos de él. Esa proyección fabricada por nuestra mente nos lleva a identificarnos como cuerpos separados, siendo la imagen del otro la que nos amenaza. De igual modo, las circunstancias que experimentamos, son valoradas como agresoras a nuestros intereses, a nuestros deseos, lo que nos convierte en víctimas de un fatal destino, cuando en verdad, ese "destino" no es más que la proyección de nuestro mundo interno.

"Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a TiPadre mío". Esta expresión, define de manera hermosa la ruta que nos lleva directamente a la Plenitud del Alma, pues nos conduce, de manera inequívoca, hasta las puertas del Cielo. No importa el camino, pues todos los caminos, sin filtros de juicios, nos conducen hacia la Salvación.

Si, desde nuestro corazón, somos capaces de expresar la frase anterior, sin duda, estaremos en condición de gozar de la Paz de Dios, pues el Amor recorrerá cada una de las células de nuestro Ser.

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