miércoles, 24 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 237

LECCIÓN 237

Ahora quiero ser tal como Dios me creó.

1. Hoy aceptaré la verdad acerca de mí mismo. 2Me alzaré glo­rioso, y dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día. 3Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla. 4contem­plo el mundo que Cristo quiere que yo vea, consciente de que pone fin al amargo sueño de la muerte; consciente de que es la llamada que mi Padre me hace.

2. Cristo se convierte hoy en mis ojos, y en los oídos que escuchan hoy la Voz que habla por Dios. 2Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero Ser. 3Amén.


¿Qué me enseña esta lección?


Soy consciente de mi dualidad. Soy consciente de que mi mente puede servir al ego, para lo cual tan sólo debo continuar identificándome con el cuerpo y con el mundo material, o bien, puede elegir servir a Dios, para lo cual debo despertar del sueño que me mantiene prisionero de la ilusión.

Soy consciente de mi dualidad. Soy consciente de que puedo seguir adorando el mundo que he fabricado basado en la visión de la separación, un mundo donde impera el miedo, la culpa, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte, o bien, puedo elegir Ser tal como Dios me creó, es decir, Uno con su Pensamiento y Uno con el resto de la Filiación. Un  ser creador, basado en la visión de la Unidad y que se expresa desde el Amor, la Gracia, la Abundancia, la Felicidad, la Perfección, la Salud y la Vida.

Soy consciente de mi dualidad. Soy consciente de que vivo en la temporalidad y en el temor a Dios, o bien, soy consciente de que Soy Eterno y de que Amo a Dios.

Hoy, hago consciente mi verdadera condición de Hijo de Dios.

Ejemplo-Guía: "Ser consciente de la dualidad"

Hoy quiero haceros llegar una propuesta, de tal modo, que dicha propuesta pueda servirnos como ejemplo-guía a nivel individual.

Aplicar la Lección de hoy, bajo mi punto de vista, es una invitación a ser conscientes de lo que queremos. Podemos elegir poner nuestra mente al servicio del ego y continuar con nuestro habitual sistema de pensamientos o, en cambio, podemos elegir poner nuestra mente al servicio del Espíritu y apostar por ver las cosas de otra manera.

Muchos de nosotros, no tenemos claro qué debemos elegir y esa duda nos lleva, de forma automática, a plantearnos el cómo debemos hacer las cosas. Ya hemos visto en una anterior Lección lo que significa el empleo del "cómo".

La propuesta que quiero haceros es una experiencia íntima. Se trata de llevar a cabo una reflexión sobre un día cotidiano de nuestra vida (no se trata de hacer algo especial) y observar nuestros pensamientos, nuestras reacciones y nuestros actos.  Una apreciación previa a este ejercicio: la observación no debe ir acompañada de juicio condenatorio. Por ejemplo: "observo que el vecino me ha sacado de mis casillas y he perdido los nervios, lo que me ha llevado a insultarte y cuando pienso en lo que he hecho me siento muy culpable".

Se trata de observarnos y tomar nota de nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y acciones, sin ánimo reprobatorio. El propósito de esta observación es que tomemos consciencia de la dirección de nuestra mente y aprendamos a identificar lo que es servir al ego o servir al Espíritu.

No pasa nada si llegamos a la conclusión de que somos seres duales, de que nuestra mente, está al servicio del ego y a intervalos, sirve al Espíritu. Llegar a esa conclusión es todo un avance, pues se trata de tomar consciencia, de despertar y para ello es imprescindible que sepamos que lo que hemos llamado realidad es tan solo un sueño y que somos los soñadores del sueño.

Cuando nuestra mente esté plenamente al servicio del Espíritu, habremos alcanzado ese instante santo al que llaman despertar y habremos dejado de ser ciudadanos de este mundo para vivir plenamente en el Cielo, nuestro verdadero Hogar.

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