sábado, 20 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 233

LECCIÓN 233

Hoy le doy mi vida a Dios para que Él la guíe.

1. Padre, hoy te entrego todos mis pensamientos. 2No quiero quedarme con ninguno de ellos. 3En su lugar, dame los Tuyos. 4Te entrego asi­mismo todos mis actos, de manera que pueda hacer Tu Voluntad en lugar de ir en pos de metas inalcanzables y perder el tiempo en vanas imaginaciones. 5Hoy vengo a Ti. 6Me haré a un lado y simplemente Te seguiré. 7Sé Tú el Guía hoy, y yo el seguidor que no duda de la sabiduría de lo Infinito, ni del Amor cuya ternura no puedo comprender, pero que es, sin embargo, el perfecto regalo que Tú me haces.

2. Hoy nos dirige un solo Guía. 2mientras caminamos juntos le entregamos este día sin reserva alguna. 3Éste es Su día. 4por eso es un día de incontables dones y de infinitas mercedes para nosotros.


¿Qué me enseña esta lección?


El ego no entiende los designios de Dios. Prefiere culpar al Creador de su mala suerte, de su mala fortuna. De este modo, adquiere el rol de víctima antes que reconocer que en la vida cosechamos aquello que sembramos.

Existe un dicho popular donde vivo, que dice” “Solo nos acordamos de Santa Bárbara, cuando truena”. Es frecuente que recurramos a la Divinidad tan sólo cuando las cosas nos van mal, pero no antes. Esta situación nos recuerda, que no utilizamos nuestros valores espirituales en la fase de creación, pero sí pretendemos que, en la fase de los efectos, todo nos sonría y nos aporte felicidad y éxitos.

Esas creencias están obsoletas. Pensar que nuestros pensamientos y sentimientos no contribuyen en  las experiencias que vivimos, es determinar que Dios juega caprichosamente al azar con nuestro destino. Cuando en verdad, Dios, respeta la libertad con la que nos ha dotado, nuestro libre albedrío.

Hoy, entrego todos mis pensamientos, sentimientos y acciones a mi Creador. Hoy, decido crear en Su Nombre y para ello, deseo que sea su Voluntad la que se exprese a través de mí.

En la medida en que dirijo mi Amor hacia Dios, estoy recibiendo ese Amor multiplicado por mil. Aquello que damos, recibimos.

Cuando ese Amor se hace carne, entonces, nos expandimos a través de nuestros hermanos, con los que compartimos la condición de Seres Divinos, de Hijo de Dios.


Ejemplo-Guía: "¿A quién elijo entregar mi vida? 

En la Lección de ayer, hacíamos una reflexión sobre cómo debíamos vivir las enseñanzas del Curso y decíamos que la búsqueda del "cómo" nos lleva a situarnos en el escenario de la percepción, de la conciencia, y dicho escenario es el habitat natural del ego, el cual acostumbra a basar sus creencias en el juicio, en las reglas, en las leyes, que limitan la expresión natural del Ser.

Bueno, en el día de hoy, el Curso nos invita a que continuemos profundizando en la línea ya trazada, que ha de conducirnos a tomar consciencia de lo que somos en realidad. Si ayer pedíamos que Dios permaneciese en nuestra mente, hoy tomamos la decisión más importante, Le entregamos nuestra vida.

La pregunta que da título al ejemplo-guía, nos lleva a dar una respuesta clara y sincera. ¿A quién estamos entregando nuestra vida? Quizás te sientas llamado a reflexionar sobre tus actos, pero sí así lo hacemos, nos encontraremos con el "cómo-conciencia", que nos aportará una información de cómo nos comportamos en el mundo, con lo cual nos está revelando, que albergamos la creencia de que este mundo es real. Por otro lado, nos llevará a realizar un juicio condenatorio de todas nuestras acciones consideradas "malas". Buscamos lo bueno y nos encontramos con su polaridad, a la cual condenamos y nos condenamos.

Sí, soy consciente de que hay que realizar una elección. Pero esa debe ser nuestra única decisión, la cual debe realizarse en el nivel de las "causas", en el nivel mental, no en el de los efectos, no en el cómo hacer las cosas. Si nuestra elección es que elegimos entregar nuestra vida a Dios, es por una única razón, hemos recordado que somos Su Hijo. Si elegimos entregar nuestra vida al ego, es por una única razón, tenemos la creencia de que somos un cuerpo.

Y una vez que hemos elegido entregar nuestra vida a Dios, ¿qué?

Si una vez que tenemos la certeza de que somos el Hijo de Dios, nos planteamos esta cuestión, es que no hemos entendido la pregunta, lo que nos lleva a no, entender, igualmente, la respuesta. Tener la certeza de Ser el Hijo de Dios, es suficiente y no importa cómo hagamos las cosas, pues sin duda no haremos nada que no sea Su Voluntad, es decir, gozaremos de la visión de que lo único que debemos hacer es expresar nuestra voluntad.

Un Curso de Milagros, en el Capítulo 30, en su apartado I, lo dedica a describir "Reglas para tomar decisiones". 

"1. Tomar decisiones es un proceso continuo, 2pero no siempre te das cuenta de cuándo las estás tomando. 3Mas con un poco de práctica con aquellas de las que ya eres consciente, comienza a establecerse un patrón que te ayudará con las demás. 4No es con­veniente que te preocupes por cada paso que tengas que dar. 5Si adoptas una perspectiva correcta al despertar, habrás ganado ya una gran ventaja. 6Mas si experimentas gran resistencia y ves que tu resolución flaquea, es que todavía no estás listo. 7No luches contra ti mismo. 8Piensa más bien en la clase de día que te gustaría tener, y dite a ti mismo que hay una manera muy fácil de que este mismo día pueda transcurrir así. 9Trata entonces una vez más de tener la clase de día que deseas.

2. (1) Este enfoque comienza con la siguiente declaración: 


2Hoy no tomaré ninguna decisión por mi cuenta.


Os invito a completar la lectura de dicho punto. Si te preocupa cómo dedicar el día a Dios una vez elegido entregarle tu vida, te ayudará a comprender que no debemos tomar decisiones por nuestra cuenta, pues serán decisiones inspiradas por el ego. 

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