viernes, 12 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 225

LECCIÓN 225

Dios es mi Padre, y Su Hijo lo ama.

1. Padre, no puedo sino corresponder a Tu Amor, pues dar es lo mismo que recibir y Tú me has dado todo Tu Amor. 2Tengo que corresponder él, pues quiero tener plena conciencia de que es mío, de que arde en mi mente y de que, en su benéfica luz, la mantiene inmaculada, amada, libre de miedo y con un porvenir en el que sólo se puede perfilar paz. 3¡Cuán apacible es el camino por el que a Tu amoroso Hijo se le conduce hasta Ti!

2. Hermano mío, ahora hallamos esa quietud. 2El camino está libre y despejado. 3Ahora lo recorremos juntos y en paz. 4Tú me has tendido la mano, y yo nunca te abandonaré. 5Somos uno, y es sólo esta unidad lo que buscamos a medida que damos los últi­mos pasos con los que concluye una jornada que nunca comenzó.


¿Qué me enseña esta lección?

No puedo amar a mis hermanos, si no me amo a mi mismo.

No puedo amarme a mi mismo, si no amo a Dios.

Amar a Dios, es dar lo que recibo de Él. Amar a mis hermanos es amar a Dios y amarme a mi mismo.

Esa es mi única y verdadera función en el mundo. Ver la Unidad en Todo lo creado, es una expresión del amor del que somos portadores.

El amor es esencial para la vida, como el agua que bebemos.

Todos Somos Amor, pero lo hemos olvidado.

Recordar lo que Somos, es renacer al Amor.


Ejemplo-Guía: "Practicando la Unidad"

Muchos nos preguntamos, en algún momento de nuestras vidas, ¿es posible experimentar la unidad?

En el noble empeño de encontrar una respuesta a esta cuestión, reconozco que no siempre me he orientado en la dirección correcta, pues he perseguido un objetivo, la experiencia de la unidad, en el escenario incorrecto, en el mundo de la percepción, lo que me ha llevado a exigir un comportamiento acorde al logro de la unidad.

Hoy, tengo una visión que considero más cercana a la realidad y por ello a la verdad. No es en el mundo de las formas, en el escenario donde experimentamos, en el ámbito de la percepción, en los efectos, donde debo realizar la conquista de la unidad, sino en el mundo de la mente, en el ámbito de las creencias, en las causas, donde debo crear el pensamiento Uno, ese nivel de comprensión cercano al Conocimiento de lo que Somos y que ha de aportarnos la certeza de que formamos un único vínculo con nuestro Creador y con Su Creación.

Esta visión, se convierte en el camino que nos conduce a la Salvación. Recorrer esa senda nos da la oportunidad de vivir en el eterno presente donde nuestra relación con el mundo que nos rodea se traduce en una oportunidad para perdonar la pesada culpa que recae sobre las creencias de la humanidad.

La Unidad tan solo es posible cuando hemos conquistado esa unidad a nivel interno, lo que significa, que no hay percepción de niveles, no hay incoherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. No hay juicio; no hay percepción de separación. Y damos testimonio permanente de nuestra condición divina a través de compartir con el mundo nuestra visión espiritual, nuestra inocencia, nuestra impecabilidad, nuestra santidad.

Practicar la Unidad se convierte en un ejercicio enriquecedor que nos llevará una consciencia cercana a Dios y que se ha de ver expresada en el trato con el mundo que percibimos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario