jueves, 30 de junio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 182

LECCIÓN 182

Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.

1.  Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar. 2en algún recodo de tu mente sabes que esto es verdad. 3El recuerdo de tu hogar sigue rondándote, como si hubiera un lugar que te llamase a regresar, si bien no reconoces la voz, ni lo que ésta te recuerda. 4No obstante, sigues sintiéndote como un extraño aquí, proce­dente de algún lugar desconocido. 5No es algo tan concreto que puedas decir con certeza que eres un exilado aquí. 6Es más bien un sentimiento persistente, no más que una leve punzada a veces, que en otras ocasiones apenas recuerdas, algo que descartas sin ningún miramiento, pero que sin duda ha de volver a rondarte otra vez.

2. No hay nadie que no sepa de qué estamos hablando. 2Sin embargo, hay quienes tratan de ahogar su sufrimiento entrete­niéndose en juegos para pasar el tiempo y no sentir su tristeza: 3Otros prefieren negar que están tristes, y no reconocen en abso­luto que se están tragando las lágrimas. 4Hay quienes afirman incluso que esto de lo que estamos hablando son ilusiones y que no se debe considerar más que como un sueño. 5Sin embargo, ¿quién podría honestamente afirmar, sin ponerse a la defensiva o engañarse a sí mismo, que no sabe de lo que estamos hablando?

3. Hoy hablamos en nombre de todo aquel que vaga por este mundo, pues en él no está en su hogar. 2Camina a la deriva enfras­cado en una búsqueda interminable, buscando en la oscuridad lo que no puede hallar, y sin reconocer qué es lo que anda buscando. 3Construye miles de casas, pero ninguna de ellas satisface a su desasosegada mente. 4No se da cuenta de que las construye en vano. 5El hogar que anda buscando, él no lo puede construir. 6El Cielo no tiene sustituto. 7Lo único que él jamás construyó fue un infierno.

4. Tal vez pienses que lo que quieres encontrar es el hogar de tu infancia. 2La infancia de tu cuerpo y el lugar que le dio cobijo son ahora recuerdos tan distorsionados que lo que guardas es simple­mente una imagen de un pasado que nunca tuvo lugar. 3Mas en ti hay un Niño que anda buscando la casa de Su Padre, pues sabe que Él es un extraño aquí. 4Su infancia es eterna, llena de una inocencia que ha de perdurar para siempre. 5Por dondequiera que este Niño camina es tierra santa. 6Su santidad es lo que ilumina al Cielo, y lo que trae a la tierra el prístino reflejo de la luz que brilla en lo alto, en la que el Cielo y la tierra se encuentran unidos cual uno solo.

5. Este Niño que mora en ti es el que tu Padre conoce como Su Hijo. 2Este Niño que mora en ti es el que conoce a Su Padre. 3Él anhela tan profunda e incesantemente volver a Su hogar, que Su voz te suplica que lo dejes descansar por un momento. 4Tan sólo pide unos segundos de respiro: un intervalo en el que pueda volver a respirar el aire santo que llena la casa de Su Padre. 5Tú eres también Su hogar. 6Él retornará. 7Pero dale un poco de tiempo para que pueda ser lo que es dentro de la paz que es Su hogar, y descansar en silencio, en paz y en amor.

6. Este Niño necesita tu protección. 2Se encuentra muy lejos de Su hogar. 3Es tan pequeño que parece muy fácil no hacerle caso y no oír Su vocecilla, quedando así Su llamada de auxilio ahogada en los estridentes sonidos y destemplados y discordantes ruidos del mundo. 4No obstante, Él sabe que en ti aún radica Su protección. 5Tú no le fallarás. 6Él volverá a Su hogar, y tú lo acompañarás.

7. Este Niño es tu indefensión, tu fortaleza. 2Él confía en ti. 3Vino porque sabía que tú no le fallarías. 4Te habla incesantemente de Su hogar con suaves murmullos. 5Pues desea llevarte consigo de vuelta a él, a fin de poder Él Mismo permanecer allí y no tener que regresar de nuevo a donde no le corresponde estar y donde vive proscrito en un mundo de pensamientos que le son ajenos. 6Su paciencia es infinita. 7Esperará hasta que oigas Su dulce Voz dentro de ti instándote a que lo dejes ir en paz, junto contigo, a donde Él se encuentra en Su casa, al igual que tú.

8. Cuando estés en perfecta quietud por un instante, cuando el mundo se aparte de ti y las vanas ideas que abrigas en tu desaso­segada mente dejen de tener valor, oirás Su Voz. 2Su llamada es tan conmovedora que ya no le ofrecerás más resistencia. 3En ese instante te llevará a Su hogar, y tú permanecerás allí con Él en perfecta quietud, en silencio y en paz, más allá de las palabras, libre de todo temor y de toda duda, sublimemente seguro de que estás en tu hogar.

9. Descansa a menudo con Él hoy. 2Pues Él estuvo dispuesto a convertirse en un Niño pequeño para que tú pudieras aprender cuán fuerte es aquel que viene sin defensas, ofreciendo única­mente los mensajes del amor a quienes creen ser sus enemigos. 3Con el poder del Cielo en Sus manos, los llama amigos y les presta Su fortaleza para que puedan darse cuenta de que Él quiere ser su Amigo. 4Les pide que lo protejan, pues Su hogar está muy lejos, y Él no quiere regresar a él solo.

10. Cristo renace como un Niño pequeño cada vez que un pere­grino abandona su hogar. 2Pues éste debe aprender que a quien quiere proteger es sólo a este Niño, que viene sin defensas y a Quien la indefensión ampara. 3Ve con Él a tu hogar de vez en cuando hoy. 4Tú eres un extraño aquí, al igual que Él.

11. Dedica algún tiempo hoy a dejar a un lado tu escudo que de nada te ha servido, y a deponer la espada y la lanza que blandiste contra un enemigo imaginario. 2Cristo te ha llamado amigo y her­mano. 3Ha venido incluso a pedirte ayuda para que lo dejes regre­sar a Su hogar hoy, íntegro y completamente. 4Ha venido como lo haría un niño pequeño, que tiene que implorar la protección y el amor de su padre. 5Él rige el universo, y, sin embargo, te pide incesantemente que regreses con Él y que no sigas convirtiendo a las ilusiones en dioses.

12. Tú no has perdido tu inocencia. 2Y eso es lo que anhelas, 3lo que tu corazón desea. 4Ésa es la voz que oyes y la llamada que no se puede ignorar. 5Ese santo Niño todavía sigue a tu lado. 6Su hogar es el tuyo. 7Hoy Él te da Su indefensión, y tú la aceptas a cambio de todos los juguetes bélicos que has fabricado. 8Y ahora el camino está libre y despejado, y el final de la jornada puede por fin vislumbrarse. 9Permanece muy quedo por un instante, regresa a tu hogar junto con Él y goza de paz por un rato.


¿Qué me enseña esta lección?

El hogar se convierte en el espacio donde debemos convivir con nuestros creadores y donde recibimos el alimento que ha de permitirnos crecer física y anímicamente. El hogar se convierte, igualmente, en la fuente donde recibimos el aprendizaje necesario para crecer en armonía y bien-ser.

Ese hogar terrenal, se manifiesta como el intento de re-construir el Verdadero Hogar de donde procedemos, donde formamos la Gran Familia de la Filiación, donde Somos Uno con nuestro Padre Celestial.

Pero el intento de re-construir el Cielo en la Tierra, encuentra un gran obstáculo, la voluntad del ego no persigue los mismos objetivos que la Voluntad Divina. Mientras que el ego, fabrica un mundo ilusorio y temporal, el Espíritu crea un mundo Real y Eterno. Mientras que el ego cree en la separación, el Espíritu cree en la Unidad. Mientras que el ego, cree en la culpabilidad, en el pecado y en el castigo como vía de redención, el Espíritu, cree en la inocencia, en el perdón y en el amor como vía de liberación y salvación.

Acallemos las voces procedentes del mundanal ruido que nos impiden oír el susurro de nuestra personalidad inocente. Prestemos atención a la llamada de nuestro Padre, el cual nos invita a abrir los ojos y a evidenciar la grandeza de Su Hogar… Él nos tiende Sus manos y nos da la bienvenida a nuestra Patria, a nuestro Verdadero Origen.

Sí reconocemos ese santo lugar, pues en realidad siempre habíamos permanecido en él. Tan sólo un sueño temporal nos ha llevado a creer que fuimos expulsados del mismo.


Ejemplo-Guía: "El retorno al verdadero Hogar"

Soy consciente de que vivimos la ilusión de estar en este mundo, sin pertenecer a él. Este pensamiento, me ha llevado a reflexionar sobre una cuestión que tarde o temprano nos haremos: ¿es necesario morir a este mundo para experimentar la dicha del Cielo?

Una primera respuesta acude a mi mente. Al igual que el creer vivir en este mundo es una ilusión, morir en él es, igualmente, una ilusión.

Esta respuesta no me deja otra opción que afrontar este asunto desde la Verdad, es decir, no somos lo que creemos ser, no somos un cuerpo, ni estamos separados de nuestra Fuente, por lo tanto, no podemos hablar de retorno a nuestro verdadero Hogar, pues en verdad, nunca lo hemos abandonado.

La Lección de hoy nos habla del Niño que habita en nuestro interior y que nos habla con el propósito de que al oír su Voz, recordemos que estamos dormidos y experimentando un profundo sueño. Un sueño que no deja de ser, parte de la ilusión que hemos fabricado.

Ese acto volitivo del Hijo de Dios, nos ha situado en un estado de conciencia semejante al sueño del olvido y desde esa lejana morada, todo lo que se percibe nos hace perder la conexión que nos mantiene unido a nuestra Fuente, a Dios.

Consciente de ese estado ilusorio, conocedor de que cualquier propuesta que hagamos con la intención de recordar nuestro Origen, nuestra Estirpe, forma parte del juego de la ilusión, se nos presenta el reto de encontrar el camino que nos permita ese anhelado encuentro con nuestro verdadero Ser, el único que ha de permitirnos despertar de la angustiosa pesadilla en la que nos encontramos sumidos.

No creo que tengamos que morir a este mundo para alcanzar las puertas del Cielo, es más, creo que el fin más elevado de este ilusorio mundo ha de permitirnos recordar lo que hemos olvidado, de que somos Dioses en formación. Pero sí podemos morir a las cosas de este mundo, lo que significa, que dentro del sueño no le damos valor a lo que percibimos en él, pues si lo hacemos estaríamos reconociendo de que son reales y esa visión, ya la conocemos, es la que nos conduce a la senda del sufrimiento, pues es la vía del miedo y de la separación.

Sí, hay que acallar la atención que nuestra mente presta a los asuntos del mundo y dejar oír la Voz del Niño Crístico que nos habla desde nuestro interior. Ese niño es como la luz que alumbra las penumbras que nos atemorizan en las pesadillas de nuestro sueño. Ese Niño, es una invitación a pensar de una manera diferente, donde el ataque sea sustituido por la indefensión. 

Es en el instante presente, en el ahora, cuando debemos vencer el miedo y sustituirlo por el único antídoto, el Amor. Si abanamos este mundo sin haber realizado esa reconversión del pensamiento, seguiremos retornando una y otra vez, con el propósito de iluminar nuestra conciencia.

Hoy, ahora, es el único y verdadero tiempo. Deja que tu Niño interior se manifieste. Está llamando a tu puerta. Ve y ábrele las puertas para su Soplo de Inocencia purifique todo tu hogar. Su rostro es el Amor y lo verás dibujado en los rostros de todos y cada uno de tus hermanos.

1 comentario:

  1. Hermosa lección, y si estoy aquí en este camino porque llevo varios años buscando el camino de regreso a casa! Gracias por tan hermosa explicación

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