sábado, 18 de junio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 170

LECCIÓN 170

En Dios no hay crueldad ni en mí tampoco.

1. Nadie ataca sin la intención de herir. 2En esto no hay excepcio­nes. 3Cuando piensas que atacas en defensa propia estás afir­mando que ser cruel te protege, que la crueldad te mantiene a salvo. 4Estás afirmando que herir a otro te brinda libertad. 5Y estás afirmando también que atacar cambia el estado en que te encuen­tras por otro mejor, más seguro, donde estás más a salvo de los asaltos del peligro y del temor.

2. ¡Qué descabellada es la idea de que atacando es la manera de defenderse del miedo! 2Pues he aquí donde se engendra el miedo y se le nutre de sangre para que crezca, se expanda y sea cada vez más rabioso. 3Ésta es la manera de proteger el miedo, no de esca­parse de él. 4Hoy aprendemos una lección que te evitará más demoras y sufrimientos de los que te puedes imaginar. 5es ésta:

6Tú fabricas aquello de lo que te defiendes. aY al defenderte contra ello haces que sea real e ineludible. 7Depón tus armas, y sólo entonces percibirás su falsedad.

3. Parece ser un enemigo externo a quien atacas. 2Sin embargo, al defenderte forjas un enemigo interno; un pensamiento extraño que está en guerra contigo, que te priva de paz y divide tu mente en dos bandos que parecen ser totalmente irreconciliables. 3Pues ahora el amor tiene un "enemigo", un opuesto; y el miedo, el extraño, necesita que lo defiendas contra la amenaza de lo que realmente eres.

4. Si examinases detenidamente los medios por los que tu ilusoria defensa propia procede a lo largo de su curso imaginario, te per­catarías de las premisas sobre las que se basa la idea. 2En primer lugar, es obvio que las ideas tienen que abandonar su fuente, pues eres tú quien lanza el ataque y quien tuvo que haberlo concebido primero. 3No obstante, lanzas el ataque contra algo externo a ti y en tu mente te separas de aquel a quien atacas, completamente convencido de que la división a la que has dado lugar es real.

5. En segundo lugar, los atributos del amor se le confieren a su "enemigo". Pues el miedo se convierte en tu refugio y en el pro­tector de tu paz, y recurres a él en busca de solaz y de escape de cualquier duda con respecto a tu fortaleza, así como con la espe­ranza de poder descansar en una quietud sin sueños. 3Y al así despojar al amor de lo que le pertenece a él y sólo a él, se le dota con los atributos del miedo. 4Pues el amor te pediría que depusie­ses todas tus defensas por ser éstas meras necedades. 5Y cierta­mente tus armas se desmoronarían y quedarían reducidas a polvo, 6pues eso es lo que son.

6. Al tener al amor como enemigo, la crueldad se convierte nece­sariamente en un dios. 2los dioses exigen que sus seguidores obedezcan sus mandatos sin rechistar. 3A aquellos que cuestionan la sensatez o cuando menos la cordura de tales exigencias, se les castiga severa e implacablemente. 4Pues son sus enemigos los que son irrazonables y dementes, mientras que ellos son siempre justos y misericordiosos.

7. Hoy examinaremos fríamente a este dios cruel. 2nos daremos cuenta de que aunque sus labios están manchados de sangre y de que de su boca parecen salir llamas, está hecho de piedra. 3No puede hacer nada. 4No tenemos que desafiar su poder, 5pues no tiene ninguno. 6Y quienes ven en él su seguridad, no tienen ni guardián ni fortaleza a los que invocar en caso de peligro, ni ningún poderoso guerrero que salga en su defensa.

8. Este momento puede ser terrible. 2Pero también puede ser el momento en que te emancipas de tu abyecta esclavitud. 3Pues al estar frente a este ídolo y verlo exactamente como es, llevas a cabo una elección. 4¿Vas a restituirle al amor lo que has procu­rado arrebatarle para ponerlo a los pies de ese inanimado bloque de piedra? 5¿O vas a inventar otro ídolo para que lo reemplace? 6Pues el dios de la crueldad adopta muchas formas. 7Siempre es posible encontrar otra.

9. Mas no creas que el miedo es la manera de escapar del miedo. 2Recordemos lo que se ha subrayado en el texto con respecto a los obstáculos que la paz tiene que superar. 3De éstos, el último, el más difícil de creer que en realidad no es nada, si bien aparenta ser un bloque sólido, impenetrable, temible e insuperable, es el miedo a Dios Mismo. 4He aquí la premisa básica que entrona como un dios al pensamiento del miedo. 5Pues el miedo es vene­rado por aquellos que le rinden culto, y el amor parece ahora estar revestido de crueldad.

10. ¿De dónde ha surgido la creencia tan irracional de que hay dioses de venganza? 2El amor no ha confundido sus atributos con los del miedo. 3Mas los que le rinden culto al miedo perciben su propia confusión en el "enemigo" del miedo, y la crueldad de éste como parte del amor. 4¿Y qué podría ser ahora más temible que el Corazón del Amor Mismo? 5Sus labios parecen estar man­chados de sangre y de su boca parece brotar fuego. 6Pero sobre todo, Él es terrible e increíblemente cruel, y siega las vidas de todos aquellos que lo consideran su Dios.

11. No hay duda acerca de la elección que hoy has de llevar a cabo. 2Pues hoy posarás tu mirada por última vez sobre ese bloque de piedra que tú mismo esculpiste, y dejarás de llamarle dios. 3Has llegado hasta este punto antes, pero has elegido que ese dios cruel permanezca contigo en otra forma. 4por eso el temor a Dios volvió a apoderarse de ti. 5Pero esta vez lo dejarás allí. 6Y al volver regresarás a un mundo nuevo, aliviado de ese peso; un mundo que no se ve a través de sus ojos ciegos, sino a través de la visión que te ha sido restituida gracias a tu elección.

12. Ahora tus ojos le pertenecen a Cristo y es Él quien mira a tra­vés de ellos. 2Ahora tu voz le pertenece a Dios y se hace eco de la Suya. 3Ahora tu corazón permanecerá en paz para siempre. 4Lo has elegido a Él en lugar de los ídolos, y los atributos con los que tu Creador te bendijo te son por fin restituidos. 5La Llamada a Dios ha sido oída y contestada. 6Ahora el miedo ha dado paso al amor, al Dios Mismo reemplazar la crueldad.

13. Padre, somos como Tú. 2En nosotros no hay crueldad, puesto que en Ti no la hay. 3Tu paz es nuestra. 4Y bendecimos al mundo con lo que hemos recibido exclusivamente de Ti. 5Elegimos una vez más, y elegi­mos asimismo por todos nuestros hermanos, sabiendo que son uno con nosotros. 6Les brindamos Tu salvación tal como la hemos recibido ahora. 7Y damos gracias por ellos que nos completan. 8En ellos vemos Tu gloria y en ellos hallamos nuestra paz. 9Somos santos porque Tu santidad nos ha liberado. 10Y Te damos gracias por ello. 11Amén.


¿Qué me enseña esta lección?


¿Qué Padre podría ser cruel con su hijo?

Al menos que ese Padre, tenga un comportamiento demente e irracional, ningún padre puede desear el mal, el castigo, el dolor, el daño, el sufrimiento, para su hijo.

Tan sólo para el ego, el cual está escindido de la Verdad de que Todos Somos una Unidad, mantiene la creencia de que estamos separados unos de otros y de que debe defenderse de los demás con un planificado y vengativo ataque.

La crueldad es la consecuencia directa del miedo. Desde este punto de vista, el cruel, carece de todo amor. En su lugar, decide odiar, pues darle cabida al amor en su vida le lleva a renunciar a todos sus tesoros físicos, a todas sus posesiones materiales.

El dios que venera el ego, es un dios de temor, que nos recuerda nuestra violación, nuestro pecado y que nos mantiene atado al peso de la culpa y a la idea de castigo como vía de redención. Estas creencias han dado lugar a la fabricación de un mundo ilusorio y no real, en el cual nos encontramos atrapados.

Dios es nuestra Verdadera y única realidad, pues Somos una Emanación de su Mente Creadora. Nuestro objetivo es desarrollar esas potencialidades de la que somos portadores hasta alcanzar el nivel de Dioses Creadores.


Ejemplo-Guía: "El mundo que conocemos, es el terreno que hemos elegido para enfrentar a nuestros dioses"

La Mitología nos ha legado un amplio historial de fábulas y leyendas en las que los dioses se enfrentan unos a otros en pos de conseguir el poder.

Esta representación alegórica, no carece de un significado profundo, sino todo lo contrario, se convierten en la representación proyectada por la naturaleza humana, la cual expresa externamente un comportamiento belicoso, competitivo, en el que se enfrentan aquellos "dioses" a los que rendimos culto.

Podemos hacer referencia a todos los líderes religiosos de las diferentes doctrinas, en cuyo nombre, el hombre no duda en blandir su espada para dar muerte a los enemigos de su fe. Las religiones, se convierten en creencias que nublan nuestros ojos llevándonos a sustituir la visión de la unidad por la visión de la separación, la visión del miedo.

En nombre del Temor a nuestro dios particular, nos convertimos en soldados dispuestos a dar la vida por nuestras creencias. Estamos dispuestos a matar, si es necesario, para que nuestras creencias no se vean en peligro de ser atacadas.

Pero, si esa dinámica es propia a nivel social, no podemos negar, que las sociedades la componen los miembros que la conforman, y en este sentido, debemos reconocer, que ese comportamiento de masas responde a una expresión personal de cada uno de nosotros. Es decir, todos los movimientos bélicos que hoy en día ocupan las primeras páginas de los medios de comunicación, aunque hablan de grupos radicales, que se escudan en unas siglas religiosas, en verdad, podemos leer entre líneas que están hablando de nuestro radicalismo interno, de nuestros juicios condenatorios, de nuestros miedos y el afán de atacar en nombre de la defensa de nuestras creencias y valores.

Preguntémonos, ¿A qué ídolo/s practico culto? ¿Qué estoy dispuesto a hacer para defender a aquello a lo que presto culto? ¿Me siento libre prestando culto a ese ídolo?

Creencias, ideologías, partidismo, participan de la misma idea, el culto a un adoctrinamiento. 

No suelo ver, ni oír, las noticias de los medios de comunicación, pero el otro día, pude escuchar, como los aficionados de fútbol de las selecciones de Inglaterra y Rusia se habían enfrentados como consecuencia del partido que celebraban ambos países. Utilizamos esos escenarios para sacar fuera toda nuestra ira, nuestras pasiones, nuestros espíritu vengativo, nuestros rencores, nuestros miedos. Atacamos al otro porque interpretamos que si no lo hacemos, él lo hará con nosotros en su afan por vencernos y robarnos la dicha del triunfo. Antes tales noticias, la parte egoica nos hace sentir la pegada de la rabia, de la indignación, nos lleva a hacer real la experiencia del ataque, de la guerra, de las luchas.

Estas situaciones son excepcionales para realizar un cambio en nuestras creencias. En vez de entrar en el juicio condenatorio y creernos poseídos por el don de la justicia, es una oportunidad para vernos dibujados en esa noticia. En la medida en que entremos a juzgar y condenar, lo que estamos admitiendo es nuestra complicidad mental con lo que ocurre en el exterior. Si no nos dejamos llevar por el impulso y comprendemos la razón por la que se producen tales hechos, estaremos contribuyendo a ver las cosas de otra manera y no dar perpetuidad al daño y al dolor que causan tales experiencias.

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