miércoles, 15 de junio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 167

LECCIÓN 167

Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.

1. No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad. 2No admite grados. 3Es la única condición que todo lo que Dios creó comparte. 4Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. 5La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. 6La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. 7La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno.

2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la vida. 2Tú lo llamas muerte. 3Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. 4Es la idea subya­cente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. 5Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. 6Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve sus­piro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. 7Por lo tanto, niegan que vives.

3. Tú crees que la muerte es algo que sólo tiene que ver con el cuerpo. 2Sin embargo, es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico. 3Los pensamientos se encuentran en la mente. 4Éstos pueden entonces aplicarse según lo dicte la mente. 5es en su punto de origen donde debe efectuarse el cam­bio si es que éste ha de tener lugar. 6Las ideas no abandonan su fuente. 7El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con respecto a ti mismo. 8Es la razón de que puedas curar. 9Es la causa de la curación. 10Es la razón de que no puedas morir. 11Su veracidad te estableció como uno con Dios.

4. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Crea­dor. 2Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que tú jamás puedes cambiar. 3Es la creen­cia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo dife­rente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.

5. La muerte no puede proceder de la vida. 2Las ideas permane­cen unidas a su fuente. 3Pueden extender todo lo que su fuente contiene. 4En este sentido, pueden ir mucho más allá de sí mis­mas. 5Pero no pueden dar origen a lo que jamás se les dio. 6Tal como fueron concebidas, así será como ellas a su vez conciban. 7Tal como nacieron, así es como darán a luz. 8Y de allí de donde provinieron, allí mismo regresarán.

6. La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. 2No puede cambiar su estado de vigilia. 3No puede hacer un cuerpo, ni tampoco habitar en un cuerpo. 4Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. 5La mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles los atributos que no posee, ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. 6No puede dar lugar a lo físico. 7Lo que parece morir no es sino la señal de que la mente está dormida.

7. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. 2Como tal, se puede reconciliar con lo que la creó porque no es realmente un opuesto. 3Su forma puede cambiar, así como apa­rentar ser lo que no es. 4Mas la mente es mente, tanto si está des­pierta como dormida. 5No es lo opuesto a nada que ella misma haya creado, ni a lo que parece hacer mientras cree estar dormida.

8. Dios sólo crea mentes despiertas. 2Él no duerme, y Sus creacio­nes no pueden poseer algo que Él no les confiera, ni dar lugar a condiciones que Él no comparte con ellas. 3El pensamiento de muerte no es lo opuesto a los pensamientos de vida. 4Libres para siempre de toda oposición, los Pensamientos de Dios son eterna­mente inmutables, y tienen el poder de extenderse inmutable­mente para siempre, aunque dentro de sí mismos, pues son omnipresentes.

9. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. 2Cuando la mente elige ser lo que no es y asumir un poder que le es ajeno y que no posee, un estado foráneo al que no puede adap­tarse o una condición falsa que no forma parte de su Fuente, simplemente parece que se va a dormir por un rato. 3sueña al tiempo: un intervalo en el que lo que parece acontecer en reali­dad nunca ha sucedido, los cambios ocurridos carecen de funda­mento y los acontecimientos que parecen tener lugar no están en ninguna parte. 4Cuando la mente despierta, sencillamente conti­núa siendo como siempre fue.

10. Seamos hoy criaturas de la verdad, y no neguemos nuestro santo patrimonio. 2Nuestra vida no es como nos la imaginamos. 3¿Quién podría cambiar la vida sólo porque cierre los ojos, o porque haga de sí mismo lo que no es al estar dormido y ver en sueños algo opuesto a lo que él es? Hoy no pediremos la muerte en ninguna de sus formas. 5Tampoco dejaremos que ni siquiera por un instante cosas imaginarias que aparentemente se oponen a la vida moren allí donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de vida eterna.

11. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo esta­bleció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. 2Él es Dueño y Señor de lo que hoy pensamos. 3Y en Sus Pensamientos, que no tienen opuesto, entenderemos que sólo hay una vida, y ésa es la vida que compartimos con Él, con toda la creación, así como con sus pensamientos, los cuales Él creó como una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de vida de donde provino.

12. Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la que nos llega la perfección, la cual permanece por siem­pre en las santas mentes que Él creó perfectas. 2Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre. 3La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia perfec­ción reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo que allí se ve reflejado. 4Y ahora ya no es un simple reflejo, 5sino que se convierte en aquello que refleja y en la luz que hace que el reflejo sea posible. 6La visión deja ahora de ser necesaria. 7Pues una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.



¿Qué me enseña esta lección?


Las ideas no abandonan su fuente. Si hemos sido creados a Imagen y Semejanza de nuestro Padre, gozamos de su Eternidad, pues hemos sido Emanados de su Mente como un Pensamiento con capacidad para desarrollarse y crear.

En el mundo temporal, la mente ha quedado prisionera de las percepciones que recibe de dicho Plano, hasta tal punto, que ha dado lugar a la fabricación de ideas que le llevan al error de que su única realidad es la que es capaz de percibir por los sentidos físicos.

Desde este punto de visto erróneo, el cuerpo es transitorio y a la fase experimentada por su transición se le llama muerte. Podemos decir, que la mente se encuentra identificada con un mundo ilusorio, se encuentra dormida a la verdadera realidad viviendo un sueño permanente en el que experimenta las leyes fabricadas por el ego: miedo, culpa, castigo, dolor, enfermedad, etc.

Por lo tanto, el origen de la muerte es mental, pues emana de un pensamiento erróneo. Cada vez que nuestra consciencia se identifica con el “sueño” del ego, está experimentando la vivencia de la muerte, pues en verdad está negando el Principio de la Vida, de la Eternidad y de la Felicidad.

Ejemplo-Guía: "Estamos eligiendo, permanentemente, entre la vida y la  muerte"

"La idea de la muerte adopta muchas formas. Es la idea subya­cente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve sus­piro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte".

No me he podido resistir a entresacar este párrafo de esta maravillosa Lección, porque me he sentido totalmente identificado con él. Internamente, me resuena esa verdad. Tengo la certeza de que con cada pensamiento de tristeza, se produce una micro-muerte en mi interior. Esta aseveración está siendo demostrada por la ciencia oficial. está confirmado que el estado de nuestra mente influye directamente en las células de nuestro cuerpo. Es la evidencia, de que la ilusión se extiende en todo las fabricaciones que forman parte de la propia ilusión.

Si nuestra mente permanece dormida y como consecuencia de ello sueña que es un cuerpo físico, ese pensamiento se manifestará en el comportamiento de dicho cuerpo.

La Lección de hoy nos revela de una manera definitiva, que el pensamiento sigue a su Fuente. Si somos el Hijo de Dios, si hemos sido emanados de Su Mente Creadora, nuestra Mente nunca puede morir, pues eso significaría que Dios puede morir.

Ese es el error fundamental del ego, creer que Dios puede morir, al igual como muere, desde su visión ilusoria, el cuerpo con el que se encuentra identificado.

¿Cómo podemos permanecer eternamente vivos? ¿Qué debemos hacer?

No busquemos fórmulas externas, pues estaríamos haciendo realidad el sueño. La respuesta es que no tenemos que hacer nada. Es como si le pidiésemos a Dios que nos demuestre su existencia. Hasta ese nivel puede llegar la vanidad y la arrogancia de nuestro ego. 

Vivir, eso es todo lo que podemos hacer y más que hacer, es cuestión de Ser. Ya lo eres Todo, no necesitas nada más. Ser, con plena consciencia de que Eres, perfecto, inocente, amoroso, impecable, abundante. Eres el Hijo de Dios, ¿acaso no es suficiente para vivir en una eterna felicidad? 

Elegir. Tan sólo elegir, Ser. 

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