miércoles, 8 de junio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 160

LECCIÓN 160

Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí.

1. El miedo es un extraño en los caminos del amor. 2Identifícate con el miedo, y te vuelves un extraño ante tus propios ojos. 3Y de este modo, no te conocerás a ti mismo. 4Lo que tu Ser es sigue siendo algo ajeno para la parte de ti que cree que es real, aunque diferente de ti: 5¿Quién podría estar en su sano juicio en tales circunstancias? 6¿Quién sino un loco podría creer que él es lo que no es, y juzgar en contra de sí mismo?

2. Hay un extraño entre nosotros que procede de una idea tan ajena la verdad que habla un idioma distinto, percibe un mundo que la verdad desconoce y entiende aquello que la ver­dad juzga como carente de sentido. 2Pero aún más extraño es el hecho de que no reconoce a aquel a quien visita, y sin embargo, sostiene que el hogar de éste es suyo, mientras que el que está en su hogar es el que es el extraño. 3No obstante, qué fácil sería decir: "Este es mi hogar. 4Aquí es donde me corresponde estar y no me iré porque un loco me diga que tengo que hacerlo".

3. ¿Qué razón hay para no decir esto? 2¿Cuál podría ser la razón sino que has invitado a ese extraño a ocupar tu lugar, y has per­mitido convertirte en un extraño ante tus propios ojos? 3Nadie se dejaría desahuciar tan innecesariamente a no ser que pensase que hay otro hogar que está más de acuerdo con sus gustos.

4. ¿Quién es el extraño? 2¿A quién no le corresponde estar en el hogar que Dios proveyó para Su Hijo, a ti o al miedo? 3¿Es acaso el miedo obra Suya, creado a Su semejanza? 4¿Es acaso el miedo lo que el amor completa y mediante lo cual se completa a sí mismo? 5No hay hogar que pueda darle cobijo al amor y al miedo, 6pues no pueden coexistir. 7Si tú eres real, el miedo no puede sino ser una ilusión. 8Mas si el miedo es real, entonces eres tú el que no existe.

5. ¡Qué fácilmente se puede resolver este dilema! 2Todo aquel que teme no ha hecho sino negar su verdadera identidad y decir: "Yo soy el extraño aquí. 3De modo que le cedo mi hogar a uno que es más como yo que yo mismo, y le doy todo cuanto pensé que era mío". 4Ahora se ha exilado por fuerza, sin saber quién es, inseguro de todo, menos de esto: que él no es él mismo, y que se le ha negado su hogar.

6. ¿En pos de qué va a ir ahora? 2¿Qué podría encontrar? 3Alguien que se ha convertido en un extraño ante sus propios ojos no puede encontrar un hogar no importa dónde lo busque, pues él mismo ha imposibilitado su regreso. 4Está perdido a menos que un milagro venga y le muestre que ya no es un extraño. 5El mila­gro vendrá. 6Pues su Ser sigue morando en su hogar. 7Y su Ser no ha invitado a ningún extraño ni se ha confundido a Sí Mismo con ningún pensamiento ajeno a Él. 8E invocará a lo que es Suyo a Sí Mismo en reconocimiento de lo que es Suyo.

7. ¿Quién es el extraño?. 2¿No es acaso aquel a quien tu Ser no invoca? 3Ahora eres incapaz de reconocer a ese extraño que mero­dea entre vosotros, pues le has cedido tu legítimo lugar. 4No obs­tante, tu Ser está tan seguro de lo que es Suyo como Dios lo está de Su Hijo. 5Dios no está confundido con respecto a la creación. 6Está seguro de lo que es Suyo. 7Ningún extraño se puede interpo­ner entre Su conocimiento y la realidad de Su Hijo. 8Él no sabe de extraños. 9Él está seguro de Su Hijo.

8. La certeza de Dios es suficiente. 2A aquel a quien Él reconoce como Su Hijo le corresponde estar allí donde Él estableció a Su Hijo para siempre. 3Él ha contestado tu pregunta: "¿Quién es el extraño?" 4Oye Su Voz asegurarte, con serenidad y certeza, que tú no eres un extraño  para tu Padre ni tu Creador se ha vuelto un extraño para ti. 5Aquel a quien Dios se ha unido es eternamente uno, pues está en su hogar en Él, y no es un extraño para Sí Mismo.

9. Hoy damos gracias de que Cristo haya venido a buscar en el mundo lo que es Suyo. 2Su visión no ve extraños, sino que con­templa a los Suyos y se une ellos jubilosamente. 3Ellos lo ven como un extraño, pues no se reconocen a sí mismos. 4No obstante, a medida que le den la bienvenida, lo recordarán. 5Y Él los condu­cirá dulcemente de regreso a su hogar, donde les corresponde estar.

10. Cristo no se olvida de nadie. 2No deja de darte ni uno solo de tus hermanos para que los recuerdes a todos, de manera que tu hogar pueda ser pleno y perfecto, tal como fue instituido. 3Él no se ha olvidado de ti. 4Mas tú no lo podrás recordar a Él hasta que contemples todo tal como Él lo hace. 5El que niega a su hermano lo está negando a Él, y, por lo tanto, se está negando a aceptar el don de la visión mediante el cual puede reconocer a su Ser claramente, recordar su hogar y alcanzar la salvación.


¿Qué me enseña esta lección?

Para el ego, el hogar es su cuerpo físico, y su único ámbito de acción, el mundo material de cuyas percepciones se enriquece y alimenta.

Para el Espíritu, el hogar, es el Cielo, esa “Tierra Paradisiaca” dispuesta por el Creador para que su progenie creciera y evolucionase, en un clima de Unidad y Amor y donde gozase de la Abundancia y Plenitud que dispensa la Gracia Divina.

La percepción del cuerpo, llevó al ego a fabricar la creencia de la separación y como consecuencia de esta ilusión, le atribuye el origen que dio lugar al “Temor de Dios”; el origen del miedo a la muerte, como castigo tras haber pecado al no haber seguido las recomendaciones del Creador de "no comer del árbol prohibido”:

8 Había  plantado el Señor  Dios  desde  el principio un jardín delicioso, en que colocó al hombre que había formado 9 y en donde  el Señor  Dios  había hecho nacer  de  la  tierra   misma   toda   suerte   de árboles  hermosos a la vista,  y de frutos  suaves  al paladar:  y también  el árbol de la vida en medio del paraíso, y el árbol de la ciencia del bien y del mal...
15   Tomó, pues,  el Señor Dios  al hombre,   y púsole en el paraíso de delicias, para que la cultivase y guardase. 16 Diole también este  precepto diciendo: Come si  quieres del fruto de  todos los  árboles  del paraíso:  17 Más del fruto del árbol de la ciencia  del bien  y del  mal  no  comas, porque  en  cualquier día que comieres de  él,  infaliblemente morirás..." (Génesis 2, 8-17).


Comer del Árbol de la ciencia del bien y del mal, tendría un efecto inmediato, la muerte.
Esa muerte hace referencia al estado o condición en la que hace aparición el ego, en contraposición, al estado o condición natural del Ser Verdadero, la eternidad.

El descubrimiento del cuerpo, nos llevó a identificarnos con su ilusoria realidad y a olvidar nuestro origen divino:

9  Entonces el  Señor Dios  llamó  a  Adán  y díjole: ¿Dónde estás?  10 El cual respondió: He oído tu  voz en  el  paraíso y   he temido  y  llenándome de vergüenza  porque estoy  desnudo, y así me he escondido. 11  Replicóle:  Pues ¿quién  te  ha  hecho advertir que estás desnudo, sino el haber comido del fruto de  que  yo  te  había  vedado  que  comieses?. (Génesis 3, 9-11).

Mientras que sigamos alimentando la creencia de que nuestro hogar es el cuerpo y atribuyéndole al Espíritu la calidad de “extraño” estaremos negando el Amor y potenciando el miedo a la muerte.

Es hora de despertar. Es hora de recuperar la verdadera visión que nos permita sentirnos ciudadanos conscientes del Paraíso.

Ejemplo-Guía: ¿Dónde se encuentra nuestro hogar?

¿En el mundo que percibes? ¿En el Cielo que proclama las Sagradas Escrituras? ¿Dónde?

Es evidente que no nos estamos refiriendo a las cuatro paredes en la que hemos instituido nuestro domicilio particular. El hogar al que la Lección hace referencia es la realidad con la que nos hemos identificado: ¿cuerpo o Espíritu? ¿mundo o Cielo?

Allí donde tenemos nuestro tesoro, es donde ponemos nuestro corazón. Si nuestras creencias nos lleva a pensar que somos un cuerpo, estaremos confirmando el sistema de pensamiento que ha fabricado el ego y al convertirnos en su servidor estaremos convirtiéndonos en "víctimas" de sus leyes, es decir, recibiremos lo que damos, y en esa misma medida, al dar desde la visión en la escasez y en el miedo a perder, recibiremos necesidad y sufrimiento.

Las enseñanzas que estamos recibiendo del Curso de Milagros, nos lleva a cambiar nuestra manera de pensar, dicho de otro modo, nos invita a elegir entre el mundo -fuente del miedo- y el Cielo -fuente del Amor-. Me atrevería a decir, que si tuviese que resumir cuáles son las claves del Curso, la más importante es tomar consciencia de lo que somos. Elegir al Ser verdadero que somos nos lleva a poner nuestro corazón en lo esencial: el Amor. 

La Visión del Amor, es la Visión del Cristo. El Hijo de Dios ha sido creado de la Esencia del Amor, luego el Hijo de Dios es la Esencia de Cristo. 

El planteamiento es verdaderamente fácil, si eligiendo desde la visión del miedo, propia del ego, la vida nos conduce al dolor y al sufrimiento, ¿por qué elegimos ese camino? 

¿Cuál es tu opinión? ¿Crees que tu vida sería diferente si eligieras desde la Visión de Cristo? 

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