martes, 7 de junio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 159

LECCIÓN 159

Doy los milagros que he recibido.

1. Nadie puede dar lo que no ha recibido. 2Para dar algo es pre­ciso poseerlo antes. 3En este punto las leyes del Cielo y las del mundo coinciden: 4Pero en este  punto difieren también. 5El  mundo cree que para poseer una cosa tiene que conservarla. 6La salvación enseña lo contrario. 7Al dar es como reconoces que has recibido. 8Es la prueba de que lo que tienes es tuyo.

2. Comprendes que estás sano cuando ofreces curación: 2Aceptas que el perdón se ha consumado en ti cuando perdonas. 3En tu hermano te reconoces a ti mismo, y así, te das cuenta de que eres pleno. 4No hay milagro que no puedas dar, pues todos te han sido dados. 5Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran y dándoselos al mundo.

3. La visión de Cristo es un milagro. 2Viene de mucho más allá de sí misma, pues refleja el Amor Eterno y el renacimiento de un amor que, aunque nunca muere, se ha mantenido velado. 3La visión de Cristo representa el Cielo, pues lo que ve es un mundo tan semejante al Cielo que lo que Dios creó perfecto puede verse reflejado en él. 4En el espejo tenebroso que el mundo presenta sólo se pueden ver imágenes distorsionadas y fragmentadas. 5El mundo real representa la pureza del Cielo.

4. La visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros. 2Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro que das, sigue siendo tuya. 3Es el vínculo mediante el cual el que da y el que recibe se unen en el proceso de extensión aquí en la tierra, tal como son uno en el Cielo. 4Cristo no ve peca­dos en nadie. 5ante Su vista, los que son incapaces de pecar son todos uno. 6Su santidad les fue otorgada por Su Padre y por Cristo.

5. La visión de Cristo es el puente entre los dos mundos. 2Y tú puedes tener absoluta confianza de que su poder te sacará de este mundo y te llevará a otro que ha sido santificado por el perdón. 3Las cosas que aquí parecen completamente sólidas, allí son meras sombras, transparentes, apenas visibles, relegadas al olvido a veces e incapaces de poder opacar la luz que brilla más allá de ellas. 4A la visión se le ha restituido la santidad, y ahora los ciegos pueden ver.

6. Éste es el único regalo del Espíritu Santo, el tesoro al que pue­des recurrir con absoluta certeza para obtener todas las cosas que pueden contribuir a tu felicidad. 2Todas ellas ya se encuentran aquí, 3y se te dan sólo con que las pidas. 4Aquí las puertas no se cierran nunca, y a nadie se le niega la más mínima petición ni su necesidad más apremiante. 5No  hay enfermedad que no esté ya curada, carencia que no se haya suplido, ni necesidad que no haya sido satisfecha en éste, el áureo tesoro de Cristo.

7. Aquí es donde el mundo recuerda lo que perdió cuando fue construido. 2Pues aquí se lo repara y se le renueva, pecó bajo una nueva luz. 3Lo que estaba destinado a ser la morada del pecado se convierte ahora en el centro de la redención y en el hogar de la misericordia, donde se cura a todos los que sufren y donde se Ies da la bienvenida. 4nadie se le niega la entrada a este nuevo hogar donde le aguarda su salvación. 5Nadie es un extraño aquí. 6Nadie le pide nada a otro salvo el regalo de aceptar la bienvenida que se le ofrece.

8. La visión de Cristo es la tierra santa donde las azucenas del perdón echan raíces. 2Ése es su hogar. 3Desde ahí se pueden llevar hasta el mundo pero jamás podrán crecer en sus tierras estériles y superficiales. 4Tienen necesidad de la luz y del calor, así como del amoroso cuidado que la caridad de Cristo les provee. 5Necesitan el amor con el que Él las contempla. 6Y se convierten en Sus emisarios, que dan tal como recibieron.

9. Toma lo que quieras de Su depósito, para que sus tesoros pue­dan multiplicarse. 2Las azucenas no abandonan su hogar cuando se traen al mundo. 3Sus raíces siguen aún allá. 4No abandonan su fuente, sino que llevan su beneficencia consigo, y convierten al mundo en un jardín como aquel del que vinieron, y, al que retornarán con una fragancia todavía mayor. 5Ahora son doblemente benditas. 6Han transmitido los mensajes de Cristo que traían y éstos les han sido devueltos. 7Y ellas se los llevan devuelta gustosamente a Él.

10. Contempla el caudal de milagros desplegados ante ti para que los des. 2¿No eres acaso merecedor de ésos mismos regalos cuando Dios Mismo dispuso que se te concediesen? 3No juzgues al Hijo de Dios, sino sigue el camino que Dios ha señalado, 4Cristo ha soñado el sueño de un mundo perdonado. 5Ese es Su regalo, a través del cual puede tener lugar una dulce transición de la muerte a la vida, de la desesperación a la esperanza., 6Permi­támonos por un instante soñar con Él. 7Su sueño nos despierta a la verdad. 8Su visión nos provee de los medios por los que regresar a nuestra santidad eterna en Dios, la cual nunca perdimos.


¿Qué me enseña esta lección?


Para el ego, dar es perder y este sistema de pensamiento le lleva a sentirse escaso y necesitado, pues al no dar, lo poco que posee lo pierde, al no ser compartido. Al igual que el agua estancada llega a corromperse, la energía del amor, debe llevarnos a compartir aquello que Somos.

¿Cómo dar las pertenencias terrenales con las que se identifica el cuerpo, la morada del ego? Si las doy, me quedo sin ellas. Aquello que no se renueva, enferma.

Cuando se produce el nosotros el despertar de la consciencia, cuando decidimos ver con los ojos del Espíritu, el espectáculo que visualizamos nos lleva a evidenciar la Unidad que relaciona a todo lo creado. Ya no tenemos duda, aquellos que Somos es una parte de la Gran Filiación que conforma la Santa Descendencia de Dios.

Dios, que se ha dado a Si Mismo, a través de su Creación, recibe como fruto de su Acto las experiencias que le ofrece su Hijo.

De igual modo, aquello que su Hijo comparte con el mundo, retornará como fruto a su verdadero y único sembrador.

Nuestra Mente es Santa y cuando sirve a Cristo, el Arquetipo del Amor, nos convertimos en sus fieles mensajeros y nuestras obras están impregnadas de la pureza de ese Amor.

Ejemplo-Guía: "No doy porque tengo miedo a perder"

Ya lo decíamos ayer, dar y recibir, sembrar y cosechar, forman parte de una misma unidad. Como bien expresa esta Lección, es una ley que comparten el Cielo y el mundo.

A pesar de ello, existe una gran resistencia a la hora de aceptar la ley de causa y efecto, a pesar de su evidencia, a pesar de su fácil comprensión.

Ocurre, que nadie quiere reconocer que aquello que recibe es fruto de su siembra, cuando los frutos son amargos. Pero esa resistencia no pueda negar la realidad de la ley y tarde o temprano tendremos que asumir la responsabilidad de nuestros actos.

Si elevamos esa Ley a la visión del Espíritu, la resistencia desaparece y el miedo a afrontar la verdad deja de tener sentido. Tomar consciencia de lo que somos, un Ser Espiritual, nos facilitará la comprensión a la hora de reconocer que somos herederos de los Atributos con los que Nuestro Padre nos ha creado, es decir, si Dios es Amor, nosotros, su Hijo, somos Amor. Por lo tanto, cuando tomamos consciencia de que somos Amor y lo expandimos, al igual como lo hizo Nuestro Hacedor, lo que estamos haciendo es un acto de creación y esa semilla se multiplicará abundantemente.

Al igual como Dios se completa con su Hijo, con su Obra, el Hijo de Dios se completa a través de sus obras de amor. Si recibiendo es como tomamos consciencia de lo que damos, podemos decir, que el Amor que dispensemos hacia nuestros Creador, le llenará del gozo y de la plenitud de Conocer que Su Obra es Perfecta.

Cuando hemos elegido como tema del ejemplo la experiencia de temor que sentimos cuando damos por miedo a perder, no nos estamos refiriendo tan sólo al aspecto material. La afirmación abarca todos los aspectos de nuestro ser. Por ejemplo, no perdonamos, porque pensamos que ese acto nos humilla, nos hace débiles, lo que vivimos como una pérdida.

Si nos trasladamos al terreno de las relaciones de pareja, es muy significativo que la gran mayoría de los fracasos de relación en ese nivel se produzca porque nos convertimos en posesivos y egoístas, lo que nos lleva a expresarnos en esos términos como causa del temor a perder al ser que creemos amar, y digo creemos, porque realmente no es Amor verdadero el que sentimos por ella, pues si así fuera, respetaríamos por encima de todo su libertad, lo que significa que no tendríamos miedo a perder.

Fijaros la información tan valiosa que podemos obtener de nosotros mismos, reflexionando sobre aquello que estamos recibiendo. Se requiere mucha valentía y honestidad con uno mismo para afrontar esa búsqueda que nos llevará a lo más profundo de nuestro ser, a esa zona oscura del subconsciente donde almacenamos todas las emociones que hemos juzgados negativas y a las que mantenemos condenadas a vivir prisioneras de nuestra reprimida conciencia. Pero como nada puede permanecer oculto, serán los demás, los que nos recordarán cómo somos, haciéndonos receptores de la energía que un día pusimos en circulación y habíamos olvidado.

Cuando descubrimos el Espíritu Crístico en nuestro interior y en el resto de nuestros hermanos, estaremos en condiciones de compartir ese Regalo de Dios con el mundo. Como bien expresa la Lección, la Visión de Cristo es un milagro, por lo que compartir esa Visión nos hará hacedores de milagros.

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